Volúmenes del ‘Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana’, de editorial Herder.

75 años del Instituto Caro y Cuervo, la casa de la biografía de la lengua española

La entidad colombiana es una de las más importantes en su género, sus obras están en las principales bibliotecas de medio mundo y ha obtenido premios como el Príncipe de Asturias

“Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,/ como las leves briznas al viento y al azar… / Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría…”, con estos versos de Canción de la vida profunda del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, el Instituto Caro y Cuervo de Colombia inició la celebración de su 75º aniversario. Es uno de los centros de estudio, investigación y preservación de la lengua castellana, la literatura y la cultura más importantes del mundo hispanohablante.

El aniversario fue el 25 de agosto, pero su historia tiene más de 145 años. El Caro y Cuervo se creó en Bogotá en 1942 como una división del Ateneo Nacional de Altos Estudios cuando Germán Arciniegas, historiador y ensayista, era ministro de Educación.  Aunque su embrión se remonta a 1872. Ese año Rufino José Cuervo, prestigioso filólogo colombiano, empezó a tomar notas para la creación de su Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Una exhaustiva biografía de las palabras, tan interesante y amena que Gabriel García Márquez la llamó “la novela de las palabras”. Cuervo trabajó en ese proyecto hasta el día de su muerte en 1911. Solo llegó hasta la letra D. Un trabajo tan admirado que dio origen a la creación del Instituto en 1942 con el objetivo de continuar el diccionario que finalmente se terminó en 1994. Ocho volúmenes y más de 8.000 páginas que le hicieron merecedor, en 1999, del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades “por aportar una investigación relevante a la cultura universal en el campo de la lengua”.

Aparte de Rufino José Cuervo, el nombre del Instituto rinde homenaje a otro gran filólogo: Miguel Antonio Caro, autor de obras como Gramática de la lengua latina. Y Caro y Cuervo firmaron otra obra clave: Gramática de la lengua latina para el uso de los que hablan castellano. 

“Celebramos que, en estos tres cuartos de siglo, el Instituto Caro y Cuervo ha comprometido equipos científicos y docentes en torno a la investigación y conservación del patrimonio lingüístico del país, no solo con el español sino también con las lenguas indígenas y criollas”, afirma Carmen Millán, directora del Instituto. “Además”, añade Millán, “se ha distinguido por ser una institución de educación superior que hoy cuenta con cuatro maestrías, seis diplomados y varios cursos de extensión”. El Caro y Cuervo es pionero en el estudio y la preservación de las lenguas indígenas y criollas, como el palenquero, que se habla en San Basilio de Palenque, y el creol, de San Andrés y Providencia, de la mano de docentes e investigadores expertos en lexicografía, semántica, fonética, lingüística general, literatura y lenguas clásicas.

Fiesta de las palabras

Celebración de los 75 años del Instituto Caro y Cuervo con estudiantes en la Hacienda Yerbabuena, cerca de Bogotá. / Fotografía del Instituto Caro y Cuervo

Docenas de escritores, investigadores y lingüistas asistieron del 24 al 27 agosto a estos festejos en diferentes espacios de Bogotá. Conferencias, charlas, debates, exposiciones, talleres de escritura e incluso sirvió para revivir los recitales poéticos del siglo pasado en el emblemático Teatro Colón. Allí se escucharon los famosos versos de Canción de la vida profunda de Porfirio Barba Jacob, del Nocturno, de José Asunción Silva, o del El sueño de las escalinatas, de Jorge Zalamea, de una selección de cuarenta y seis poemas reunidos por Daniel Samper Pizano en Poesía para ser dicha.

Otro de los escenarios de la celebración fue la Imprenta Patriótica, propiedad del Instituto y una de las pocas imprentas artesanales que quedan en el mundo. Aquí se han impreso numerosas obras literarias y lingüísticas como Poesía. Inédita y olvidada de Rafael Pombo, Los caminos del afecto, una exploración a la literatura erótica homosexual, y Papeles americanos, de Juan Gustavo Cobo Borda, una de sus novedades, que reúne las ficciones de Borges, los colores de Szyszlo, la música y los ancestros de Arguedas y de Fuentes, el fuego de García Márquez, de Parra y Sábato, de Paz y de Cortázar. Ahora, en su espacio se celebraron encuentros entre lectores y escritores como los llevados a cabo entre Pilar Quintana y Antonio García, elegidos en la lista Bogotá 39 de 2007, y Juan Cárdenas y Cristian Romero, de Bogotá 39 de este año, conversaron sobre la metamorfosis de la literatura colombiana.

Los escritores perseguidos, a lo largo de la historia, por diversos regímenes represivos también fueron recordados. De ello se encargó el escritor español Santiago Posteguillo, autor de El séptimo círculo del infierno (Planeta, 2017). Su obra narra un viaje a través de la historia de los libros, las peripecias que tuvieron que vivir varios escritores hostigados por el KGB, el régimen nazi, la Inquisición, el FBI, el gobierno chino, las dictaduras fascistas o comunistas, y cómo algunos de ellos han conseguido convertir ese infierno en su universo vital de creación.

En todo el mundo

La presencia del Caro y Cuervo en el mundo se refleja en más de ochenta bibliotecas que cuentan con sus publicaciones sobre el patrimonio lingüístico y literario de Colombia. A su vez, la biblioteca del Insituto, la Biblioteca José Manuel Rivas Saconni, conserva ejemplares de otros centros de estudio e investigación internacionales como una colección de clásicos griegos y latinos donada por la Universidad de Harvard. A ese catálogo se sumará este año uno de los proyectos con los que el Instituto celebrará sus 75 años: el Diccionario de colombianismos: Nueva expedición al patrimono léxico colombiano que incluye 10.000 palabras.

Sus proyectos e investigaciones han hecho eco en España. Tras el Príncipe de Asturias obtuvo en 2001 el Premio Bartolomé de Las Casas, “por el conocimiento y preservación de los pueblos indígenas” en el libro Lenguas Indígenas de Colombia, considerada la obra más importante sobre la materia. Un año después, en 2002, la Universidad de Salamanca le concedió el Premio Elio Antonio de Nebrija, en el que también concursaban reconocidos lingüistas como Eugenio Coseriu, Jacques de Bruyne y Gabriel Jackson, “por ser un elemento clave para el estudio y difusión de la lengua y la cultura”. En convenio con el Instituto Cervantes, el Caro y Cuervo abrió, en 2014, una sede en Madrid (España) en el propio edificio de la institución española. Una oficina muy cerca de entidades como Casa de América, Círculo de Bellas Artes, Biblioteca Nacional de España y Real Academia Española. Allí se celebrarán los 75 años del Instituto en Madrid, el próximo 19 de septiembre.

El Insituto Caro y Cuervo es uno de los más importantes centros de estudio y preservación de la lengua castellana junto al Centro Cultural Inca Garcilaso, de Perú, el Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM y el Observatorio de la lengua española y las culturas hispánicas de Estados Unidos, del Instituto Cervantes y la Universidad de Harvard.

Setenta y cinco años de una institución cuyo origen está en un trabajo del siglo XIX, el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Una obra que se abre con la palabra “Abajo” explicada con una frase de El Quijote, de Miguel de Cervantes: “¿Para qué quieres ahondar la tierra y buscar nuevas vetas de nuevo y nunca visto tesoro, poniéndote á peligro que toda venga abajo?”.

Los ocho tomos originales del ‘Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana’.

2 comentarios

  1. Recuerdo con afecto a mis maestros Paulina Piedrahita e Ignacio Chávez Cuevas, ambos en clases de Lingüística en la Universidad de Los Andes.

  2. Ojalá se mantuviera el aprecio por el buen uso del idioma en esta época de “invasiones tecnológicas” que tratan de deformarlo. Felicitaciones al Instituto en este aniversario.

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