El escritor Andrés Neuman. /Foto cortesia Páginas de Espuma

Andrés Neuman: «Hay que poetizar las llamadas fealdades, repoetizarlo todo, empezando por el cuerpo»

El escritor argentino crea un ingenioso y hondo volumen de textos híbridos sobre partes del cuerpo humano. 'Anatomía sensible' invita a la reconciliación del individuo con su físico y critica la sociedad que quiere transformar su realidad bella

¿Cuándo fue la primera vez que usted tuvo conciencia de alguna parte de su cuerpo? ¿Era niño? ¿Adolescente, quizás? ¿O cuando descubrió algo bello o feo en otra persona? ¿ O solo cuando tuvo una dolencia o a través del dolor de un ser querido?

En el rincón de un salón blanco detrás de un escritorio de madera, Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) disecciona los motivos por los cuales decidió explorar las partes del cuerpo humano con la experiencia de un lugareño y el asombro de un descubridor. Como un demiurgo poeta.

De allí nacieron treinta textos breves de sendas partes del cuerpo humano agrupadas en Anatomía sensible (Páginas de Espuma) para ofrecer una mirada distinta sobre partes obvias, reivindicar otras y arrojar luz sobre algunas zonas casi desconocidas o que se quieren mantener ocultas.

El escritor argentino no se limitó a las descripciones físicas, sino, y sobre todo, a otorgarles a estas partes una especie de ánima y personalidad e invitar no solo a su conocimiento sino, especialmente, a la reconciliación con ellas. Para lograrlo recurrió a diversos recursos literarios hasta dar con textos híbridos que van del cuento al aforismo y la reflexión filosófica esparcidos de humor, ironía o sarcasmo… Elementos vestidos de una belleza singular a tono con estos tiempos de mezclas que rompen etiquetas y van más allá de los géneros.

El origen de Anatomía sensible “fue el progresivo hartazgo ante el bombardeo del cuerpo canónico y representación machaconamente imitativa, reiterativa, del cuerpo en las artes audiovisuales y literarias”, como lo cuenta en el siguiente vídeo:

Andrés Neuman cuenta el origen de 'Anatomía sensible', en Madrid el otoño de 2019. /WMagazín

Tras ese interés de escribir un libro que partiese de una discusión sistemática sobre esos silencios sobre algunas partes del cuerpo nació este volumen de historias que redescubren una belleza física gracias a la mirada, imaginación, ingenio y manejo del lenguaje sensible y poético de Neuman:

“Siempre me han interesado las formas breves, como las llamaba Piglia, y nunca he dejado de trabajar intermitentemente en esa dirección. El hecho de que las novelas tengan, por razones completamente ajenas a la literatura, más repercusión pública o más atención de los medios o del mercado, no es razón para que literariamente interesen ni más ni menos.

Este libro, especialmente, ha sido una ocasión de poner en juego distintos intereses genéricos y estéticos  que siempre he tenido: poder combinar al narrativa breve, la poesía y el microensayo con una estructura articulada global que perteneciera más al concepto novela. En ese sentido este libro juega con la idea de género en sus dos sentidos: en la fusión literaria, es un libro híbrido, y también cuestiona un poco en un sentido más sexual, es decir que la voz que habla, mira y goza de esos cuerpos es multigénero y tiene distintos apetitos y distintas inclinaciones: es un hombre y es una mujer y es hetero y es gay; y de todas esas miradas  se nutre Anatomía sensible. No tiene que ver con cómo yo veo el cuerpo, es una especie de voz coral colectiva como si el cuerpo fuera un poliedro para ser observado, disfrutado y sufrido por un colectivo y hay huellas trazos de ese colectivo en el punto de vista del libro.

Winston Manrique Sabogal. ¿Recuerda cuándo tuvo conciencia, por primera vez, de alguna parte de su cuerpo?

Andrés Neuman. Qué bonita pregunta… Es curioso porque cuando nacemos siendo solo cuerpo y cuando tenemos lo que se llama uso de razón ya hemos tenido uso del cuerpo, es decir que en ese sentido llegamos tarde a nuestro cuerpo, es una paradoja.

Eso muestra hasta qué punto la construcción del cuerpo es cultural, porque, efectivamente cuando empezamos a pensar en nuestro cuerpo ya llevamos conviviendo con él bastante. De hecho, empiezas a pensar en tu cuerpo de manera bastante tardía. Hay gente que no empieza a pensar en su cuerpo hasta que envejece y le empieza a fallar. Desde ese punto de vista sería una buena pregunta cuál es el punto de inflexión. Muchas veces, creo que nuestro vínculo con el cuerpo, y esto es lo interesante, siempre es imaginario… Nuestro vínculo con el cuerpo es poco físico. Esto es una paradoja que se explica por la especie de océano cultural que media entre nuestro propio cuerpo y nosotros porque: primero, si pensamos en qué es un cuerpo bello inmediatamente nos remitimos a Grecia, y en Grecia todas las artes plásticas erigieron un canon  de belleza física que es muy anterior al conocimiento científico objetivo y material del cuerpo. La anatomía como ciencia se desarrolló cuando ya llevábamos mucho tiempo de representación de desnudos. Es muy interesante porque, en teoría, ahora que la ciencia conoce casi todo de nuestro cuerpo, nuestro canon de belleza de algún modo más o menos inconsciente se sigue remitiendo a la representación del cuerpo cuando no se le reconocía científicamente, es decir que todavía, siglos y siglos de ciencia después, nos imaginamos el cuerpo más estéticamente que materialmente.

Por otra parte, la forma de tomar conciencia del cuerpo, muchas veces, es el cine, la poesía, la fotografía, la pintura… Es decir que lo más a mano que tenemos es el cuerpo que, además, no lo vemos. De ahí la fascinación narcisista por el espejo. Curiosamente tomamos conciencia de nuestro cuerpo cuando lo vemos representado artísticamente y, entonces, hacemos un desvío estético, necesitamos verlo representado y problematizado en otro espacio para regresar y decir: “¿Y el mío qué? Ahí empieza el conflicto.

W. Manrique Sabogal. Acaso fue Narciso el primer mito o personaje literario que tendría conciencia de su cuerpo y su anatomía al reconocer la belleza en sí mismo en el agua.

A. Neuman. Todos los mitos clásicos son un modo indirecto de expresar el asombro por el cuerpo. Ícaro, por ejemplo, hace un descubrimiento trágico de su cuerpo y es devuelto violentamente a la tierra, su cuerpo no era lo que él quería. Sísifo tiene una carga que habría que pensar hasta qué punto es distinguible de su propia vida o de su propio cuerpo. La mitología está llena de conflictos con el cuerpo. Por no hablar de Aquiles, incluo hasta el día de hoy hemos construido toda una ideología del photoshop que tiene que ver con no mostrar nuestro “talón de Aquiles”. Photoshopeamos nuestro talón de Aquiles. Por eso creo que la mitología es muy corporal.

W. Manrique Sabogal. En Anatomía sensible hay un apartado muy especial dedicado al ojo, la parte del cuerpo que nos hace conscientes del cuerpo, pero a través del cuerpo que vemos: “El ojo no pertenece al cuerpo sino a su posibilidad de representación”. Es muy bonito. Expresa que el ojo no está en su sitio, pero está para mirar lo que tiene alrededor. La conciencia de ese niño o adolescente se forjará en el cuerpo de alguien que le gustará o por el que se siente atraído.

A. Neuman. ¡Claro! Por lo tanto, hay una distancia hacia el cuerpo observado. Por eso nos perturba tanto que miren nuestro cuerpo, porque nos recuerdan que esa distancia se puede recorrer en el sentido inverso y el objeto lejano ser nuestro propio cuerpo mirado por el otro. Lo que me interesaba en el libro no era solo abordar el aspecto visual del cuerpo que está muy presente, y es muy importante, sin duda, sino que en realidad todo cuerpo es una sinestesia. Todo cuerpo tiene un olor, un tacto, un sabor y también una música como en la voz. La voz es y no es física.

W. Manrique Sabogal. Entran en juego los cinco sentidos.

A. Neuman. Hay un trabajo con los cinco sentidos porque muchas veces nos quedamos en la parte visual del cuerpo, que es fundamental, pero tendemos a olvidar los otros sentidos. El cuerpo como sinestesia, la sinestesia no es un recurso literario, es una realidad física. Somos una sinestesia con patas y es extraño que luego a la hora de representarnos estéticamente nos mutilemos, hay un acto permanente de automutilación. Solo ocultamos nuestros llamados talones de Aquiles o photoshopeamos nuestras cicatrices como cultura. Mientras fingimos mostrar nuestro cuerpo ocultamos la mayor parte para reproducir un  canon impuesto, incluso  suprimimos la mayor parte de los sentidos. Es decir que el cuerpo está sometido, incluso, a torturas imaginarias que lo reducen, lo oprimen, lo simplifican, lo censura.

W. Manrique Sabogal. Decía que somos también un producto cultural y el cuerpo es resultado más de la mirada del otro que de sí mismo.

A. Neuman. Es un intento de reapropiarse del cuerpo y de ampliar el campo de batalla de la belleza y discutir con los paradigmas impuestos de qué es y que no es un cuerpo bello, es importante remarcarlo. Estamos en un momento donde la cosmética se está comiendo a la estética dicho en términos filosóficos. Y la estética es una parte importante de la filosofía que se pregunta por la belleza y discute su significado; y la cosmética es más bien un acto de ocultamiento y maquillaje del cuerpo. La cosmética obedece a una idea preconcebida y la estética discute sobre esas ideas y a mí me interesa la estética, no la cosmética.

W. Manrique Sabogal. Parece difícil combatir eso en estos momentos.

A. Neuman. He imaginado como tres fases de este conflicto: una es la mera reproducción más o menos acrítica o consumista de un paradigma de belleza y entonces no hay nada que discutir, pero sí quizás muchos malestares con los que se lidia como se puede. Hay un segundo momento de rebelión  contra esto de protesta, de ¡qué barbaridad, cómo nos estamos alienando y oprimiendo! Pero hay una tercera fase para combatir y es que hay que poetizar las llamadas fealdades, no hace falta construir una alternativa estética. Porque sí tú criticas la belleza canónica, pero saliendo de ahí lo que hay es el vacío, el silencio, si no hay una bibliografía estética, un marco de referencia en el que apoyarse es un mero salto al vacío, un viaje sin suelo. Creo, mucho más que nunca, en la función de los discursos artísticos en general y la literatura, en particular, precisamente para construir ese otro suelo, ese otro espacio donde salir de ciertos cánones no implique quedarse sin lenguaje; construir un lenguaje donde otras bellezas sean posibles y para eso hay que repoetizarlo todo, empezando por el cuerpo.

Esta celebración de las imperfecciones, que dice la editorial, amplía el territorio de la belleza que busca ser reducida a una mirada y un único canon. Para hacerlo Andrés Neuman  utiliza recursos para nombrar lo que no ha sido nombrado y renombrar y ofrecer una nueva anatomía de lo conocido.

Lo hace él mismo con la literatura donde es una explorador constante. Ya desde aquel 1999 con aquella Bariloche, Finalista del Herralde de Novela, se vio hacia dónde quería ir. Diez años después reconfirmó su lugar destacado en la literatura en español contemporánea tras el Alfaguara de Novela con El viajero del siglo, premio de la Crítica y finalista del Rómulo Gallegos. Y siempre cuentos y poemas y pomas y cuentos como estos que renuevan la narrativa en pos de otra belleza.

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