Winston Churchill (Palacio de Blenheim, 1874-Londres, 1965).

Andrew Roberts: «Churchill veía su desempeño en la II Guerra Mundial como un fracaso»

El 24 de enero se cumplen 55 años de la muerte del Primer Ministro británico y uno de los artífices de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. El autor de una gran biografía reconstruye en esta entrevista las semillas que hicieron de Churchill el hombre que pasó a la historia

Lo que el mundo consideró un logro de Winston Churchill para él fue un fracaso. Un mundo que estará en deuda con un aristócrata que siempre reclamó más amor de sus padres, una persona emocional y de llanto fácil, apasionado de la política, conocedor de la Historia, con grandes altibajos en sus decisiones, que vivió de los préstamos de sus amigos, pedante y sabelotodo para muchos e hipnotizado por Shakespeare.

“No dejes que el libro caiga sobre tu pie”, dice Andrew Roberts (Londres, 1963), y suelta una carcajada. Se refiere a las 1.500 páginas de su biografía sobre Winston Churchill (Palacio de Blenheim, 1874-Londres, 1965). El libro que guarda lo dicho anteriormente, y más. Una obra exhaustiva que por momentos se lee como un ensayo, luego como una novela de guerra, después como un cuento de amor, más adelante como un thriller, una saga familiar… Pasajes de diversos géneros literarios en un magnífico mosaico poblado de los detalles de una vida, no siempre positivos, que en su conjunto forjaron a una persona decisiva en el destino de la humanidad.

Churchill. La biografía (Crítica) muestra a una persona y un político de una estirpe en extinción. Y aunque hay centenares de libros sobre el político británico, esta biografía se enriquece con documentos inéditos que crean su retrato más completo en lo personal y político, como los diarios del rey Jorge VI, con quien empezó una relación mala y terminó llorando su muerte.

Un Winston Churchill que falleció hace 55 años, el 24 de enero de 1965, a la edad de 90 años, y que seguramente apoyaría, según Andrew Roberts, la decisión de su país de retirarse de la Unión Europea, entre otras cosas por respeto a la decisión del referéndum del Brexit.

Tras la broma de “No dejes que el libro caiga sobre tu pie”, Andrew Roberts busca establecer un viaje a las semillas, a los momentos clave que harían de Winston Churchill el personaje que ha quedado para la historia por su desempeño fundamental en la derrota de Hitler. Respuestas que ayudan a comprender cómo cada acto importante de Churchill es un eco o destello de otro acto o sueño de su infancia o juventud. A los 25 años ya había participado en campañas militares importantes y era miembro del Parlamento.

Andrew Roberts, historiador británico y autor de ‘Churchill. La biografía ‘ Crítica).

Winston Manrique Sabogal. Para situar a Churchill en su momento mundial, ¿cuáles serían los puntos comunes y diferenciadores de los cinco protagonistas de la Segunda Guerra Mundial: Churchill, Hitler, Roosevelt, Mussolini y Stalin?

Andrew Roberts. Lo que varios de ellos tenían en común era su gran capacidad de oratoria. Se nos olvida lo eficaz que era Mussolini con su retórica. Obviamente Hitler y Churchill eran grandes oradores, también lo eran era Roosevelt. En cambio Stalin no era un orador carismático, pero sí tenía la cualidad de la tenacidad que también vemos en Churchill. Los fascistas eran líderes eficaces en la política totalitaria, pero no en el liderazgo militar. La parte interesante en Stalin es que aunque era un dictador totalitario  y un paranoico fue, poco a poco, moviéndose hacia un sistema democrático en el sentido de las decisiones estratégicas en el staff, en el alto mando”.

W. Manrique Sabogal. Encuentro en el libro tres momentos que forjan el Winston Churchill como Primer Ministro británico en la Segunda Guerra: La infancia y la relación frustrada con sus padres, su estancia en India, colonia británica entonces, donde se propone leer historia y documentarse y su participación en la Primera Guerra Mundial. Allí se cuaja el estadista más allá del político corriente.

A. Roberts. Es muy perceptivo esto. El subtítulo del libro en inglés es Caminando con el destino. Esto tiene mucho que ver con la preparación para la gran prueba y ese momento. Las tres áreas que has escogido son clave para comprender su personalidad y su coraje político, físico y moral y su resistencia. Su infancia es marcada por la mala relación que tuvo con su padre y el descuido y negligencia de su madre. Esto le dejó el deseo de convertirse en un gran hombre y demostrarle a sus padres que él era una persona tan grande e importante como su padre y eso se mantuvo con él durante toda su vida, incluso mucho tiempo después de la muerte de su padre.

W. Manrique Sabogal. Usted describe un episodio iluminador para Churchill, y es cuando de joven camina con su padre por Estrasburgo y ve una serie de estatuas de militares cubiertas con telas.

A. Roberts. Hace que comprenda la psicología de Francia, la derrota y el resentimiento que puede causar la derrota militar que, por supuesto, fue utilizada posteriormente por Adolf Hitler. Por volver a tu pregunta del segundo asunto clave, Churchill tuvo una educación de ser autodidacta que fue central para todo esto. Él leyó todo el canon de la literatura occidental: filosofía, teología y la política y la historia. Así que con veinte años y pico ya se había cimentado así mismo de una forma más potente y exhaustiva que sus colegas que habían asistido a Oxford o a Cambridge. Y, por último, la Primera Guerra Mundial le dio lecciones que pudo poner en práctica durante la Segunda Guerra Mundial.

W. Manrique Sabogal. En India leyó, por ejemplo, Historia de la decadencia y caída del imperio romano, de Andrew Gibbon.

A. Roberts. Luego experimentó la caída del Imperio Británico.

W. Manrique Sabogal. Retomando el subtítulo de la biografía en inglés, Caminando con el destino, una vez él le dice a Violet, una de sus amistades fundamentales, una frase que lo define: “Todos somos gusanos, pero yo soy una luciérnaga”.

A. Roberts. (el historiador suelta una carcajada sonora y simpática).

W. Manrique Sabogal. Es muy gráfico, él cree saber dónde está y quién es.

A. Roberts. Sí, totalmente. Además, es ingenioso, otro aspecto de su personalidad muy atractivo. Aunque no siempre era agradable el hecho de que fuera una luciérnaga para quienes lo rodeaban. Su ego era tal como queda manifiesto en esa cita, siempre tenía que ser el centro de atención.

W. Manrique Sabogal. Y se complementa cuando Pamela Lytton le dice a March: “La primera vez que conoces a Winston verás todos sus defectos, pero pasarás el resto de tu vida descubriendo todas sus virtudes”.

A. Roberts. Y así fue la escritura de este libro, porque sus defectos, sus pifias, sus errores son enormes y tienes que lidiar con ello, hay que aceptarlo. Pero a través de cada uno de ellos se puede entrever que en los tres grandes temas del siglo XX: el auge del militarismo prusiano durante la Gran Guerra, el auge de Adolf Hitler antes de la II Guerra Mundial y el auge del imperio soviético después de la Segunda Guerra no solo acertó con los tres temas sino que fue el primer gran político en hacerlo. Así que los errores son menores en comparación con esos tres grandes temas centrales. Creo que a eso se refería Pamela Lytton, en cierto modo

W. Manrique Sabogal. Hay una cuestión fundamental y es su gran talento para la oratoria, apoyado por su conocimiento sobre historia y cultura general y el recurso que encontró en la escuela para memorizar pasajes o lecciones. ¿De dónde le viene esa forma de expresarlo? ¿Qué tanto está Shakespeare presente?

A. Roberts. Pienso que poseía una memoria fonográfica que es como una memoria fotográfica, pero para el sonido y las frases y, desde luego, Shakespeare a quien admiraba y adoraba. Lo citaba mucho, de hecho inventaba frases shakespereanas diciendo cosas que él pensaba que Shakespeare debía haber dicho (y se ríe), lo cual no es tan fácil… Pero también había muchísimo trabajo muy duro por encima de esa extraordinaria memoria, toma de notas, poesía y demás cosas que luego fueron parte de los discursos de guerra que pronunció y que seguirán vivos.

W. Manrique Sabogal. ¿Dónde se habría gestado, si existe ese momento, el hecho de creer que él está destinado para algo grande?

A. Roberts. Es de su época escolar. Creo que es cuando tenía 16 años y le dijo a un amigo: “Llegaremos a ver grandes disturbios en nuestra vida y yo seré llamado para salvar Londres e Inglaterra”.

W. Manrique Sabogal. Me refiero a algo más atrás, al momento que habría de gestarla.

A. Roberts. Churchill nació como aristócrata, nieto de un duque en un palacio magnífico y fue a uno de los dos mejores colegios del país; su padre era un político carismático, de éxito. Cuando era jovencito estuvo en la Cámara de los Comunes y escuchó los discursos, era un momento en que el Imperio británico era inmenso. Así que se crio, en cierto modo, para el liderazgo mundial. Y esto influyó en toda su personalidad.

W. Manrique Sabogal. Churchill está entre la leyenda y el mito, y usted dice que era un hombre proteico.

A. Roberts. Sí, es extraordinario el número de facetas en su vida en las que destacaba: fue un grandísimo soldado, un gran albañil, un gran pintor, un escritor que llegó a ganar el Nobel de Literatura… Incluso, si no hubiera llegado a ser Primer Ministro hubiese sido alguien muy relevante, lo que no coincide con la verdad de todos nuestros políticos.

W. Manrique Sabogal. En esa idea proteica él ve a los británicos como llamados a ordenar el mundo.

A. Roberts. No era casualidad. Los británicos no veían casual que la quinta parte del mundo estaba bajo el control británico. Churchill había leído a Edward Gibbon y veía a los británicos como los herederos del Imperio Romano. Así que al final de su vida se sintió muy deprimido al ver cómo estaba su país y se veía a sí mismo como un fracaso porque en el Imperio británico había cada vez más independencias.

W. Manrique Sabogal. No se imaginó que aquella lectura de joven de Caída del imperio romano la viviría él de alguna manera con su país.

A. Roberts. ¡Exacto! Y en 1942 en su gran discurso dijo: «Yo no me convertí en el Primer Ministro del rey para presidir la liquidación del Imperio Británico”. Y aunque el resto de nosotros vemos como un gran éxito lo que hizo, Churchill veía su desempeño en la II Guerra Mundial como un fracaso por esto.

W. Manrique Sabogal. Usted recuerda que era un hombre movido por las emociones y las pasiones y que era una persona de llanto fácil.

A. Roberts. Sus contemporáneos se enorgullecían del llamado labio superior rígido de los ingleses. Los aristócratas victorianos no mostraban emociones y pensaban que uno de los motivos por los que llegamos a obtener tal imperio fue porque no mostrábamos nuestras emociones a los nativos. Así es que la gente veía a Churchill como un llorón por la manera que tenía de ir con el corazón por delante. La manera de verle no es como victoriano sino como una especie de reminiscencia de un periodo anterior que es el periodo de la regencia cuando lo que estaba bien visto era llorar en público.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué tanto había de actuación o de espontáneo en sus lágrimas?

A. Roberts. Era un político. Así es que siempre había un porcentaje de actuación. Él podía inducir su llanto, pero en el fondo venían de algún sitio.

W. Manrique Sabogal. Pidió amor y afecto a sus padres.

A. Roberts. Pero nunca lo recibió. Hay un momento en su autobiografía Mi juventud en la que dice una de las cosas más tristes que alguien puede escribir sobre su madre: “Ella brillaba para mí como una estrella al atardecer, brillante pero a gran distancia”.

W. Manrique Sabogal. A su esposa Clementine, muy importante en su vida, la amaba y le enviaba cartas apasionadas.

A. Roberts. Estaba desesperadamente enamorado de ella desde el momento en que la conoció. Era una historia de amor verdadero. Él la adoraba y ella era muy buena consejera, influyó mucho en su carrera.

W. Manrique Sabogal. Otro apoyo, económico, fueron los amigos que le prestaron dinero a lo largo de su vida.

A. Roberts. Tuvo su comprensión. Él escribía libros, y el motivo por el que lo hacía era por dinero. Por eso tenemos sus 37 libros y 800 artículos. Sus biógrafos tenemos mucha suerte en tener estos escritos porque nos permite explorar una mente extraordinaria. Nos vino bien que fuera un derrochador.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de que le hayan dado el Nobel de Literatura en 1953?

A. Roberts. Él quería el Nobel de la Paz, pero no se lo dieron porque era un líder de la guerra. El comité menciono seis libros que son grandes obras de la literatura. Debió ser la única persona de la historia que ganó el Nobel de Literatura y quedó decepcionado.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué libros de Churchill le gustan literariamente?

A. Roberts. Mi juventud, su autobiografía, Grandes contemporáneos, su libro de ensayos de gente que conocía; y su historia de la Gran Guerra es extraordinaria, desafortunadamente la de la Segunda Guerra tiene demasiados discursos y datos. Pero creo que su gran libro fue su biografía sobre uno de sus antepasados: Marlborough: His Life and Times un trabajo magnífico de historia y biografía.

Andrew Roberts sigue explicando por qué son buenos textos literarios los de Winston Leonard Spencer Churchill cuya biografía cerró con un verso del poema más querido por los británicos: If, de Kiplig, y que condensa al primer ministro: “Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor / la pierdan y te culpen a ti».

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