Retrato de Andrew Wylie por Lisbeth Salas

Andrew Wylie, 2: “Podemos aumentar la audiencia global de los autores hispanohablantes”

El agente literario habla de su estrategia para que los escritores españoles y latinoamericanos sean más leídos

Andrew Wylie, el agente literario de personalidad poliédrica que empezó la entrevista con su reloj de pulso boca abajo, media hora después, sin dejar de hablar ni mirar al frente, le dio la vuelta. Unos minutos lo tuvo así; luego, con el mismo gesto ajeno, pero con la hora en su campo visual, lo volvió a poner boca abajo.

Confirma que no escribirá sus memorias. Pero la historia de cada nuevo creador que ha conseguido es el punto de unión de los hilos globales de la telaraña de The Wylie Agency. Una historia que en 1980 empezó con IF (Izzy) Stone, el periodista de investigación que dirigió I. F. Stone’s Weekly. Quince años después Wylie sumaba más de 200 autores. Fue la época en que gestó su reputación de uno de los agentes literarios más influyentes del mundo y se ganó el apodo de El Chacal y otros similares al romper reglas no escritas y conseguir para su catálogo a nombres como Rushdie, Sontag, Amis y Saul Bellow.

“Somos apostadores. Y las apuestas son altas”, es la letanía de fondo.

En 2007 había conquistado a unos 700 creadores…

Diez años después tiene más de 1.100 autores entre escritores, artistas plásticos, cantantes y compañías culturales de todo el mundo.

Y quiere más. Nuevos desafíos: llegar a los dos mil creadores o clientes antes de morir. En noviembre cumplirá 70 años

Andrew Wylie sabe que la realización de ese sueño pasa por conquistar el territorio de la lengua española. El área que se le ha resistido. ¿O resistía? Si el invierno empezaba con poco más de una docena de autores hispanohablantes en su cartera, está a punto de terminar con 28… Y subiendo…

Allá, aquí, ha empezado a tender los nuevos hilos de una vida zurcida con docenas de microhistorias cuyo rastro no hace falta que escriba él porque ya corren de boca en boca.

A ellos también ha seducido con su clave del éxito: “No tener personalidad y sí poseer el don de adaptarse a la personalidad de los autores y saber qué es lo que necesitan”. Y, simplemente, saber a quien representa para ser “el jardinero de la casa de los autores a quienes represento y que, desafortunadamente, están en confinamiento solitario en sus propiedades”.

Aquel atardecer otoñal de esta entrevista en Guadalajara, Andrew Wylie prometía “tomar medidas para hablar con autores latinoamericanos”. Es más, aseguró: “Quiero convencerles de que podemos aumentar la audiencia global de los escritores hispanohablantes”.

Es un reto muy personal. Tres veces Wylie ha intentado conquistar este mercado, pero desde España. Y tres veces el sueño se ha derrumbado. Antes lo intentó con socios. Ahora su desembarco lo hace solo, y desde Nueva York, una de las capitales de Latinoamérica, a través de Cristóbal Pera.

Su primer intento fue a mediados de los años 90, con una oficina en Madrid y la alianza con Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo PRISA (propietario entonces de editoriales como Alfaguara y Taurus) y presidente y exdirector del diario EL PAÍS, de España. Las siguientes dos veces lo intentó con la agencia de Carmen Balcells, a través de su agencia literaria en Barcelona que representa a muchos de los escritores más importantes de habla hispana y más codiciados, entre ellos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

Veinte años después de aquella primera vez, Wylie vuelve a intentarlo. Una de las señales de que es un buen momento, afirma, es que las editoriales están aumentando sus oficinas para representar a sus propios autores, “lo que significa que hay mercado”.

Winston Manrique Sabogal. ¿Qué espera de este nuevo desembarco en el mundo hispanohablante?

Andrew Wylie: Estamos muy emocionados y esperamos muy buena participación, específicamente de los mercados en América Latina, en Cuba, es una oportunidad, y en España.

W. M. S.: ¿Cuál va ser la estrategia o cómo va a ser su presencia en la lengua española?

A. Wylie: Vamos a dedicar muchos esfuerzos y mucho tiempo para ayudarles a estos autores a tener una mejor audiencia, a que sean más conocidos a nivel mundial. Realmente, nos vamos a enfocar en expandir el público que tienen los autores en español. No hacemos ningún truco de magia ni nada, simplemente los ayudamos a expandir sus lectores.

W. M. S.: ¿Hay, en el mundo, un interés real en la literatura hispanohablante?

A. Wylie: Entre más disponibles estén esos autores, más interés habrá por ellos.

W. M. S.: Pero la verdad es que en la mayoría de países el porcentaje de traducciones es mínimo. En el mundo anglosajón, por ejemplo, oscila entre el 1% y el 3%. ¿Cómo convence usted a un escritor hispanohablante de que su libro va a entrar en esos mercados con estas cifras de traducciones tan reducidas?

A. Wylie: ¡Al final de cuentas te tienes que adaptar. Nos tenemos que adaptar! Yo tenía un amigo, que falleció hace un par de años, con quien iba a la Feria del Libro de Fráncfort. Íbamos en coche desde Londres. Cuando estábamos en Inglaterra hablaba así (y el volumen de la voz de Wylie es normal…). Cuando pasábamos por Francia hablaba en este nivel (y sube el volumen de su voz mientras lo dice) y cuando llegábamos a Alemania hablaba más fuerte (y Wylie habla a los gritos, mientras ríe). Yo le decía: ‘Oye, más bien lo único que tienes que hacer es cambiar el idioma, no subir el volumen de la voz’. Pero es la manera como nos vamos a adaptar. Y así es, más o menos, como tiene que ser (y ríe a la vez que sube los hombros y abre las manos).

…Vamos a ayudar al proceso de traducción. También quiero ayudar a los autores franceses que son muy buenos, pero que están muy aislados del resto del mundo. Allí las editoriales son las dueñas de los derechos globales de las obras, y eso, tal vez, no ayuda mucho a la traducción.

W. M. S.: Su nómina de autores en español no es muy amplia. Tiene como una docena (en aquel momento era así), entre ellos a Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño, Guillermo Cabrera Infante, Antonio Muñoz Molina y Rodrigo Rey Rosa. Sé que no me va a decir a qué autores importantes tratará de convencer para que estén en su agencia, pero, ¿qué le gusta de los nuevos escritores latinoamericanos para querer representarlos?

A. Wylie: Es muy difícil definir específicamente qué es lo que me gusta de los autores jóvenes de América Latina. Sería generalizar, y sería una generalización enorme. Cada uno tiene su estilo. Lo que sí es verdad es que en Latinoamérica hay autores con talentos muy específicos y eso es precisamente lo que llama la atención.

Por lo pronto su lista de autores hispanohablantes incluye a Alberto Barrera Tyszka, Mario Bellatín, Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante, Mauro Javier Cárdenas, Horacio Castellanos Moya, Alfredo Corchado, María Jimena Duzán, Víctor Fowler, Jeremías Gamboa, Carla Guelfenbein, Anabel Hernández, Enrique Krauze, Jorge Enrique Lage, Eduardo Lago, Josep Massot, Antonio Muñoz Molina, Pola Oloixarac, Diego Osorno, Edmundo Paz Soldán, José Manuel Prieto, Rodrigo Rey Rosa, Legna Rodríguez Iglesias, Alberto Salcedo Ramos, Sivak Martín, Jordi Soler y Alejandro Zambra.

Roberto Bolaño en el catálogo de Wylie en la Feria de Francfort 2015.

Wylie insiste en la necesidad de dar a conocer a esos autores en otras lenguas, en subir el volumen de la voz, como acaba de explicar en su faceta más histriónica. En esa línea, The Wylie Agency es responsable de buena parte del éxito global del chileno Roberto Bolaño (1953–2003). El otoño pasado, Wylie coprotagonizó una noticia porque los herederos de Bolaño decidieron cambiar de editorial: pasar de Anagrama, donde empezó y se le dio el apoyo necesario, a Alfaguara, sello del grupo Penguin Random House. “Es un grupo global que difundirá mejor su obra”, ha dicho y resume Wylie.

Cuando la obra de Bolaño llegó a manos de Wylie, eran los años en que el agente literario estaba justo en un periodo de tranquilidad sobre si abrir o no oficina para el mundo hispanohablante. Recuerda cómo fue su segundo intento de desembarcar en España. Lo intentó con Carmen Balcells, a finales de los años 90. Wylie le hizo a la gran agente barcelonesa una propuesta para comprarle la Agencia paulatinamente, durante cinco años, pero no prosperó. El tercer intento lo empezó en mayo de 2014. Otra vez con Balcells. Según Wylie, un día recibió un correo electrónico de la corresponsable del llamado Boom latinoamericano que decía:

“¿Te interesa abrir una agencia literaria juntos?
Carmen”.

Wylie le contestó que si le interesaba él podría ir a Barcelona. Y Balcells le contestó:

“Yo te hice una pregunta: ¿quieres poner una agencia conmigo?”.

Y Wylie aceptó. Sería una superagencia literaria con más de 1.500 autores, que incluía casi una veintena de premios Nobel, entre ellos García Márquez que representa casi la mitad de los ingresos de la agencia española. Las conversaciones duraron 19 meses. Pero se interrumpieron. Wylie anunció, a finales de agosto de 2015, que abriría una oficina. Balcells falleció pocas semanas después. El liderazgo y modernización de la Agencia lo asumió su hijo Luis Miguel Palomares Balcells: “Nuestros autores pueden estar tranquilos”.

 

W. M. S.: ¿Señor Wylie, usted estaba en negociaciones con Carmen Balcells para crear una superagencia literaria, las conversaciones continúan o es un capítulo cerrado?

A. Wylie: Es un capítulo cerrado.

Punto. No dice nada más. Se queda serio a la vez que sube las cejas. Ese giro en la historia confirmó su decisión de seguir adelante solo ante un mercado que le ha sido esquivo. En aquellos días, eran dos las preguntas que se hacía el mundo editorial: ¿Dónde estaría esa oficina? Se especuló mucho sobre Madrid. La otra pregunta era: ¿Quién será el responsable de llevar el timón? Nadie aventuró un nombre claro.

Porque para nadie es un secreto que esa nueva sede para el mercado en español modifica el ecosistema del libro en esta lengua. Al final, The Wylie Agency, anunció el verano de 2015 que su oficina para el mundo hispanohablante la iba a dirigir el español Cristóbal Pera. Él “ayudará a redibujar un nuevo camino en el mundo editorial”, decía el comunicado. Un as bajo la manga, porque Pera, de origen catalán, conoce muy bien el mundo editorial latinoamericano y español. Fue durante casi una década el director editorial de Penguin Random House Grupo editorial en México. Desde ese cargo no solo conoció y tuvo trato directo con todos los autores latinoamericanos, muchos de ellos buscados por Wylie, sino que trabajó allí la obra de García Márquez y ha tratado con los herederos de su legado literario. ¿Y la sede? Al final, la ciudad elegida fue Nueva York, una de las capitales culturales de América Latina.

La escenificación de su desembarco definitivo en territorio de la lengua española la realizó Wylie en la cita literaria más importante del mundo hispanohablante: la pasada 30ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México. Una edición que tuvo, además, al continente latinoamericano como invitado de honor. Andrew Wylie se paseó por allí, tuvo varias reuniones y dio la conferencia inaugural del XV Foro Internacional de Editores y Profesionales del Libro.

“Guadalajara es el nuevo Fráncfort”, sentenció Wylie.

W. M. S.: Con la irrupción del mundo digital y los cambios de hábitos ¿cree que cada vez se lee menos como se dice?

A. Wylie: ¡No. No! ¡Cada vez más! Hay muchas historias falsas que se mencionan sobre el negocio de las editoriales que nadie está leyendo, pero todo eso es falso.

W. M. S.: ¿Acaso ha sido un mensaje interesado para vender más libros electrónicos?

A. Wylie: Todo el mundo tenía miedo de que se fuera a acabar el libro tradicional. Pero la realidad es que el ebook representa una mínima parte de las ventas. Representa lo que son, por ejemplo, las noticias de la tarde comparadas con las noticias reales. No hay una comparación que se resista. Si un libro es bueno, vas a querer quedarte con él, algo que no puedes hacer con los libros digitales. Por eso va a tener más larga vida de la que se cree.

 

Wylie nunca ha sido muy amigo del libro electrónico ni de empresas como Amazon. Considera que ponen en riesgo la calidad literaria. Alguna vez ha dicho que “Amazon quiere hacer al mundo editorial lo que hizo Apple al de la música”. Esta tarde defiende apasionadamente el libro tradicional, el de papel. Como Borges, uno de los autores de su agencia, cree que el libro es uno de los instrumentos más asombrosos, porque como decía el autor de El Aleph, “todos los demás son extensiones de su cuerpo… Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Wylie habla de cómo el libro físico es, además, irremplazable al establecer vínculos sentimentales con el lector. Sobre todo con libros de calidad. Insiste en que su agencia apuesta por la calidad de sus autores. Aunque eso signifique sonsacarlos de otras agencias.

A. Wylie: Lo que hago es entrar en el territorio de agentes literarios que no hacen bien su trabajo y donde parece que el autor no es una prioridad. Sé que dicen que robo escritores, pero no es verdad. Lo que sucede es que esos autores no estaban bien representados y nosotros le ofrecemos mejores cosas. Quizás el problema de las agencias literarias es que no son globales, sino regionales.

W. M. S.: Usted que empezó escribiendo, luego vendiendo libros y finalmente se convirtió en representante de autores qué le diría a alguien que no lo conoce.

A. Wylie: Trataría de asegurarme de que esa persona entienda que leer es, probablemente, el placer más grande que hay en la vida.

 

Tras pronunciar la palabra “Vida”, sus ojos azules se cierran un poco y sin dejar de mirar al frente, suavemente su mano derecha coge su muñeca izquierda y gira su reloj blanco que estaba boca abajo. Luego esa misma mano juega con las pequeñas rosas amarillas que están sobre la mesa.

Flores amarillas que recuerdan al veinteañero que publicó su único poemario y libro, el embrión denifivo que lo ha traído hasta lo que es hoy. Con todos sus clarooscuros. Esa persona que se levanta de madrugada a trabajar y que tiene fama de intratable, depredador, chacal, inclemente, aguafiestas, pero que ha renovado el negocio editorial a nivel global. Guste o no.

Andrew Wylie busca a los autores, y algunos autores lo buscan a él.

Es el resultado de un muchacho bien que en su juventud fue un rebelde sin causa, chico calavera, estudiante de Harvard y que buscó ganarse la vida de diferentes maneras. Pero todos esos Wylies tenían un hilo de conexión: la lectura. A mitad de camino de su propia revolución y búsqueda de estar en el mundo, un día descubrió que su pasión por la lectura de calidad podría ser una forma de realización personal y resolverle su futuro: sin dejar de disfrutar de los libros conocería a sus autores y les proporcionaría lo que él consideraba su justo reconocimiento económico.

A costa de una reputación dudosa. Vio que para conseguirlo la mejor manera era convertirse en un personaje que fuera la suma de las personalidades de sus autores. Aunque eso significara olvidarse del joven que soñó con escribir y del verdadero Andrew Wylie.

© Retrato de Andrew Wylie por Lisbeth Salas

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