Greta Garbo como ‘Anna Karénina’ (1935), de la novela homónima de Leon Tolstói.

‘Anna Karénina’, una novela feminista

La obra maestra de Tolstói legó un gran personaje a la vida. En el año del Me Too y en días de las Conversaciones de Formentor tituladas 'Vírgenes, diosas y hechiceras', Simonetti hace una lectura en la cual el autor ruso solo salva a su heroína: "Muere porque siendo mujer, tuvo la pretensión de ser libre de decidir a quién amar"

Cualquiera diría que no tiene sentido postular que Anna Karénina es una novela feminista: ¡se trata de una mujer que se suicida a consecuencia de su adulterio!

A Tolstói le repugnaba el mundo al que pertenecían Anna y Vronski, el amante que la arrastra a la perdición. Ambos se mueven en el ambiente elegante de San Petersburgo, con su doble moral, su frivolidad, su pomposidad funcionaria y su amor por las apariencias. Tolstói prefiere la Moscú más campesina y más rusa antes que la ciudad afrancesada e imperial, pero es en el campo, según él, donde florecen las virtudes humanas. A través de la constante comparación que despierta la historia de Levin y Kitty —la otra pareja protagonista de la doble trama—, sabemos que Tolstói cree que solo en medio de la naturaleza el hombre alcanza la correcta dimensión de su ser, su lugar en el orden de las cosas que van desde los insectos hasta los astros: es ahí donde se fortalece su carácter y se fragua su humildad. Levin es el alter ego de Tolstói, personaje que hacia el final se convierte a una suerte de cristianismo panteísta y que nos adoctrina sobre los caminos de dicha salvación, tal como el autor ruso lo haría con sus discípulos a partir del término de la novela y durante el resto de su vida. De hecho, Tolstói insiste en contrastar las imágenes salvíficas que rodean el amor de Levin y Kitty (los abedules nevados, como casullas nuevas, del día en que se encuentran en la pista de patinaje; las resonancias espirituales de la ceremonia matrimonial; el parto del primer hijo y la vida del niño que se agita como la llamita de una lámpara de aceite) con las imágenes funestas que envuelven el amor de Anna y Vronski (el atropello del guardagujas en la estación de Moscú donde se conocen; la caída de Vronski en las carreras, cuando con un movimiento involuntario le quiebra el espinazo a su amada yegua Fru Fru; la pesadilla que comparten Anna y su amante, en la que aparece un hombre de barbas desgreñadas con el capote cubierto de nieve y que dice en francés que hay que batir el hierro; la agonía de Anna cuando da a luz a la hija de Vronski). Y, aun así, a quien ha salvado Tosltói para la posteridad ha sido a Anna Karénina, dotándola de una integridad moral que la ensalza ante los ojos del lector como una mártir en un mundo y un tiempo injustos, donde los hombres no pagan ninguno de los precios a los que las mujeres sí están obligadas. Basta pensar en su hermano Stepán Arcádevich Oblonski, cuya infidelidad sin castigo da inicio a la novela. Por su lado, Vronski se mueve con total libertad en todos los círculos. Es ella la proscrita. Mientras él se pasea por el patio de butacas del teatro de la ópera sin recibir siquiera una mirada de reproche, Anna es insultada por una mujer desde el palco contiguo. Mientras él va al casino a encontrarse con Levin y Oblonski en una fiesta llena de hombres influyentes y cargada de vodka, ella permanece en la penumbra de sus habitaciones, donde solo los indóciles a la norma imperante se aventuran a visitarla. El encierro y la inacción quizá sean las peores condenas en vida que el carácter vital de Tosltói pueda imaginar.

Greta Garbo y Fredric March en 'Anna Karénina', de 1935, dirigida por Clarence Brown.

Anna se lo dice a Vronski una y otra vez: no tienen nada de qué avergonzarse, porque su amor es verdadero y, por lo tanto, legítimo. Para ella, la humillación habría sido permanecer en su matrimonio con Karenin, con el solo fin de conservar las apariencias. Lo que no toleran los censores de la sociedad rusa es el desafío que Anna les plantea con su rechazo a la hipocresía. Antes prefieren el cinismo de la princesa Betsy, que a pesar de tener un amante a vista y paciencia de todos, jamás rompería con las estructuras familiares para dejarse llevar por sus sentimientos.

Aquí está la mayor reivindicación de Anna Karénina: muere porque no está dispuesta a la falsedad que su medio le exige, porque no está dispuesta a llevar una doble vida como le ofrece su marido, porque defiende que el amor está primero que cualquier convención, porque cree que debería tener las mismas libertades que los hombres. Anna es víctima de esos ojos que la juzgan con una vara distinta a aquella con que juzgan a Vronski, porque siendo mujer, tuvo la pretensión de ser libre de decidir a quién amar.

(Anna Karénina se editó por primera vez en forma de libro en 1878, pero nació como folletín en la revista El mensajero ruso entre enero de 1875 y abril de 1877).

  • Anna Karénina. Lev Tolstói. Traducción de Víctor Gallego Ballestero (Editorial Alba).
  • Anna Karénina. Lev Tolstói. Traducción de Juan López Morillas. (Alianza Editorial).
  • Anna Karénina. Lev Tolstói. Traducción de Irena y Laura Andresco (Penguin Random House).
  • Puedes leer el comienzo de la novela editada por Penguin Random House en este enlace.

  • Pablo Simonetti (Santiago de Chile, 1961) ha publicado en el último año Desastres naturales (Alfaguara). Puedes ver la entrevista que WMagazín publicó por esa novela en este enlace.
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Keira Knightley como 'Anna Karénina', de Joe Wright (2012) con guión de Tom Stoppard.

 

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