Ilustración de Ana Juan.

Ilustración de Ana Juan.

Autorretrato literario de los 39 escritores latinoamericanos más prometedores

Conclusiones de las respuestas de los autores menores de 40 años de Bogotá39, con mayor proyección, según el Hay Festival. Puedes ver aquí las 3 entregas de este especial de WMagazín

Viven en este mundo pero habitan en otro para tratar de entender el mundo que les tocó, pero sobre todo para explorar sus vidas interiores.

Escribir es su felicidad, es la forma de pagar una deuda o continuar el diálogo con los escritores que los han hecho felices.

Tensar el lenguaje, jugar y curiosear por sus sonidos y combinaciones en busca de sus efectos es la estrategia.

Son tres ángulos del plano general del autorretrato literario de los narradores latinoamericanos menores de 40 años de Bogotá39-2017, señalados como los más prometedores según el Hay Festival. Los 39 escritores aceptaron la invitación de WMagazín de presentarse aquí a sus lectores respondiendo dos preguntas: ¿Por qué y para qué escriben? y ¿Cómo definiría su literatura y cuáles sus intereses literarios?

“Siempre he creído que, en términos generales, los escritores escribimos porque no sabemos explicarnos de otra manera. Es decir, porque nuestra forma de habitar la realidad es a través de la palabra”. Esta respuesta del mexicano Emiliano Monge condensa gran parte del sentir de estos narradores latinoamericanos.

Trece escritores de Bogotá39-2017. / GIF de Luis Manrique Rivas
Primera parte de Autorretrato literario de Bogotá39-2017.  / GIF de Luis Manrique Rivas

Los 39 autores son como dos líneas que serpentean en paralelo, pero con un mismo ADN: mística y pasión al escribir, un impulso que no pueden evitar. Lo sienten como una necesidad vital. Saben que ahí hay placer, que ahí hay felicidad, que ahí hay libertad, que ahí dan sentido a sus vidas, que ahí desentrañan su mundo y el ajeno, que ahí hay una forma de resistencia, que ahí pueden formular preguntas, que ahí pueden exorcizar sus obsesiones, que ahí enaltecen las historias pequeñas que dan vida a la Historia con mayúscula. Creen que ese es su destino.

Todo para, como dice el peruano Juan Manuel Robles, “construir mundos autónomos en los que pueda sentir como en casa”.

Porque ellos son antes que cualquier otra cosa lectores.  Algo que en los escritores crea un círculo entre la lectura y la escritura que lo descifra la argentina Samanta Schweblin: “Escribo porque leo, y porque no puedo aguantar la curiosidad de saber qué escribiría si me sentara a escribir”.

Ese es el verbo del que no pueden y no quieren escapar. Lo ven como un compromiso consigo mismos, con la literatrua y el mundo que los rodea. Esto impulsa al argentino Diego Erlan a confesión casi coral del grupo: “Escribo porque no puedo hablar. Y la escritura es producto de ese silencio que aturde”.

Donde hay más puntos de vista es en la definición de su propia literatura. Ellos ratifican la tendencia de la creación literaria latinoamericana del siglo XXI: lo urbano ha desplazado a lo rural; los mundos personales sustituyeron a los universos totalizadores; las búsquedas íntimas reflejan las incertidumbres políticas y problemática globales; la pluralidad de estilos y referentes literarios universales más allá de los locales; una construcción de la identidad masculina individual frente a una identidad general de la sociedad; y “una generación muy sexuada, llena de vida”, según Carmen Boullosa uno de los tres jurados junto a Darío Jaramillo y Leila Guerriero.

Pero ahí también hay unos cuantos puntos en común. Desde la intención de la autoexploración hasta el juego con el lenguaje, la intensión de tensar el idioma, de descubrirlo, de amansarlo, si es el caso, para poder contar en palabras lo que parece inasible. Búsqueda de la “plasticidad del lenguaje”, afrima la mexicana Gabriela Jáuregui.

Los 39 son conquistadores del idioma que los hace autores muy literarios, pero no rebuscados. Daniel Saldaña da el ejemplo cuando revela: “Me interesa encontrar una prosa específica para cada historia, una tensión del lenguaje que adquiera cierto protagonismo”.

Es la palabra, el lenguaje como herramienta sublime, como lo describe el uruguayo Damián González Bertolino: “Me preocupa el lenguaje, no solo en cuanto al armado de la frase, sino en esa vibración que va de frase en frase. Me interesan cuestiones como la forma o el estilo y el probar de un libro a otro con algo nuevo”.

Segunda parte de escritores de Bogotá39-2017. / GIF de Luis Manrique Rivas
Segunda parte de Autorretrato literario de Bogotá39-2017. / GIF de Luis Manrique Rivas

Es la escritura y la lectura como organismos vivos. Lo describe la brasileña Mariana Torres: “Me gusta pensar que las historias que escribo están vivas, y se mantendrán vivas en los lectores. Igual que se mantienen vivas en mí cuando las leo”. En palabras de la ecuatoriana Mónica Ojeda “la literatura es carne: es decir que tiene un lenguaje de sensaciones y de experiencias materiales que están rozando, y a veces traspasando, los límites de lo que conocemos”.

Eso despierta anhelos como los de la argentina Lola Copacabana que consisten en “lograr un potenciamiento mutuo entre el lenguaje y las ideas”.

Una conjunción que en este grupo de narradores es espontánea. Se aprecia en la manera como lo expresa el colombiano Felipe Restrepo Pombo: “No pienso en ‘mi literatura’ como un estilo o una postura. Es, en cambio, una sensibilidad, una mirada sobre el mundo complejo en el que nos tocó vivir”.

De ahí nace el doble o triple compromiso, con ellos, la literatrua y el mundo, la realidad circundante que no pueden soslayar. “Me gustan los textos que trabajan esa frágil frontera borrando la distancia entre la estética y la política. Me gusta llevar una idea hasta el límite, hasta el punto en que deja de ser lo que era y se convierte en algo más: el arte en política, la política en arte”, explica el costarricense Carlos Fonseca.

En esas búsquedas ponen a prueba no solo el lenguaje sino también los géneros literarios en pos de algo nuevo. “Como una serie de textos que alternan y a veces hacen convivir lo ingenuo y lo trágico y que buscan parecerse a ‘la literatura’, pero terminan siendo siempre artefactos de la época del fin de la ficción: autobiográficos, breves, transgénero, sentimentales y postautónomos”, según el argentino Mauro Libertella.

Palabras más, palabras menos están las palabras del colombiano Giuseppe Caputo al reconocer que lo que “enciende” su escritura es la “voluntad de exploración y un deseo de descubrimiento”.

En estos autorretratos, los 39autores hablam de la literatura como algo necesario, según la brasileña Natalia Borges Polesso, “para ejercitarse en el mundo. Entonces, escribo para tratar de comprender más ampliamente lo que antes era oscuro. Y continúo la escritura porque este es un ejercicio sin fin”.

Son 39 por qués y para qués escribir y aproximaciones de 39 literaturas hijas de un mismo dios señalado por la mexicana Brenda Otero, en el que todo empieza y termina en un bucle infinito: “Una sensación de libertad que solamente encuentro leyendo o escribiendo”.

13 escritores de Bogotá39-2017. / GIF de Luis Manrique Rivas
Tercera y última parte de Autorretrato literario de Bogotá39-2017. / GIF de Luis Manrique Rivas

*Ilustración de portada de Ana Juan.

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