El escritor español Bernardo Atxaga.

Bernardo Atxaga: «Lo que más se percibe en la historia es el miedo»

El escritor español reflexiona sobre la amistad, el dolor, la muerte y otros temas que aborda en su novela 'Casas y tumbas', publicada semanas previas a la pandemia de la Covid-19. En un vídeo comparte el origen de esta obra

El punteo nostálgico de la guitarra con fugas alegres y esperanzadoras de Atahualpa Yupanqui al tocar la chacarera La humilde acompañó muchas horas a Bernardo Atxaga durante la escritura de su novela Casas y tumbas (Alfaguara). La propia historia de la canción compuesta por Cachilo Díaz tiene mucho de la novela del escritor español.

La canción vuelve a sonar y sorprende a Bernardo Atxaga:

“Es la chacarera La humilde interpretada por Atahualpa Yupanqui. Él me gusta mucho como guitarrista. Mientras escribí esta novela me puse a pensar que siempre miramos hacia Norteamérica, como si tuviéramos una torticolis que nos hace girar la cabeza hacia allí. En literatura, como en música, hace años que procuro escapar de esa orientación. ¡La chacarera es preciosa!».

Y más en las manos de Atahualpa que sigue sonando en el salón de un hotel madrileño a finales del invierno cuando Atxaga (Asteasu, Gipuzkoa, España, 1951) presentó Casas y tumbas. Una novela publicada en vísperas de la pandemia de la Covid-19 en cuyas páginas vive la vida en todos sus claroscuros. Una obra que recuerda la belleza de la amistad, de los afectos que sustentan el día a día sobre todo en temporadas grises cuando el dolor y la muerte rondan y esos amigos hacen que esa vida quiera seguir hacia adelante.

Como en esa chacarera La humilde, la última que compuso Cachilo Díaz luego de varios años de silencio tras la muerte de su hermano. De aquel dolor, tras aquel duelo, el artista argentino regaló esta canción al baile popular argentino “de parejas sueltas, cuyo compás es variable, tres por cuatro, seis por ocho”, escribe Atxaga.

Parte de ella está en Casas y tumbas con sus seis pasajes autónomos, pero entrelazados por los mismos personajes o lugares o temas sin crear una tensión narrativa clásica, sino una aproximación a seis momentos clave de esas vidas a lo largo de 45 años: de 1970 a 2017, de los últimos días del dictador Francisco Franco a la búsqueda de noticias o datos en Internet. Episodios que iluminan esas vidas en tono íntimo cargado de poesía para reflejar el entorno, el País Vasco, España, el mundo y el curso que toma la existencia y la sociedad. Amistad, sueño, la ronda de la muerte, la vida. Una recreación muy personal de la historia de España en la triangulación País Vasco, sur de Francia y Madrid con amigos de la infancia o compañeros del servicio militar antes de la muerte de Franco, del fin de la dictadura.

Sobre el origen de Casas y tumbas, sobre sus diferentes orígenes habla en este vídeo Bernardo Atxaga:

El escritor Bernardo Atxaga cuenta el origen de su novela 'Casas y tumbas'. / WMagazín

Winston Manrique Sabogal. La canción, La humilde, fue el sonido que salió después de mucho silencio por la muerte de un hermano de Cachilo Díaz, y esta novela, Casas y tumbas, no parece salida después del silencio sino escrita desde el silencio.

Bernardo Atxaga. Efectivamente. Está bien la referencia a quien escribió la primera canción tras la muerte de su hermano porque es otra de mis convicciones. Es la importancia de la tumba en relación de su vínculo con todo lo que llamamos arte, la música, la poesía… La primera canción de la que se tiene noticia, las primeras palabras y notación musical, se haya en la tumba de hace 2.500 años de Seikilos para su esposa Euterpe. Es un poco lo mismo. También seguí a Juan Gelman de joven; luego tuve la oportunidad de conocerlo y preguntarle si él había podido escribir después de la muerte de su hijo. Dijo que estuvo como cuatro años sin poder escribir ni una sola palabra.

Me parece que inmediatamente después de la muerte o la desgracia se requiere silencio y, a partir de ahí, surge otra vez y se renueva todo, es como si otra vez corriera el agua y los poemas. En mi caso esta novela tiene una buena percepción del silencio, porque, la verdad, yo estoy ya casi al final de mis… Tuve muchas ganas de irme al exilio… Luego lo coloreo un poco con citas de Amiel (el filósofo Henry-Frédéric) que dice que toda vida al final tiene una parte que es el exilio. Yo no he hecho la guerra, sin embargo, estoy en una misma disposición de Robert Graves cuando dijo lo de “Adiós a todo eso”. Es una sensación que llevo hace mucho tiempo. Más que despedirme querría cerrar bien, no disimuladamente.

Ahora ya entro, definitivamente, en una zona más silenciosa de mí mismo y haber que da de sí.

W. Manrique Sabogal. El tono de la novela es reposado, la canción de Cachilo surge de un gran dolor, es decir el reencuentro con la vida y Casas y tumbas es eso.

B. Atxaga. …Yo así lo creo. Quizá habría que explicarlo desde el final. El hecho de que la muerte del hermano del autor de la chacarera fue para mí la extrema gravedad de mi hija. Fue algo sorprendente, yo no contaba con ello. Yo contaba con mi propia fragilidad. El hecho que me pone en movimiento es la enfermedad de mi hija acompañada de la extrema gravedad del otro niño que se cita en el último capítulo que es Andoni que, en principio, tenía otro capítulo, pero que he dejado para otro libro, se titulaba La muerte de Andoni a la luz del LSD; es un viaje lisérgico en el que se cuenta la muerte de Andoni. Es un texto triste, una pieza autónoma. Lo he publicado en euskera. Algunas personas me dijeron que ese texto marcaría mucho la novela. Luego hice un epílogo que se titulaba Conferencia sobre la vida y la muerte en el cementerio de Ugarte.

 

La literatura de Atxaga bebe de la tracidión oral del País Vasco, de las historias legendarias escuchadas de niño, de las refundidas en los testimonios de sus parientes. De la imaginación y fantasía del niño impregnadas de la naturaleza desbordante de su tierra zurcida con hilos de realidad a través de los ojos del hijo de un carpintero y una maestra que le enseñaron a ver el mundo. Y en estas Casas y tumbas es lo que él ha visto, escuchado, sentido y presentido sobre vivos y muertos situado en el poblado de Ugarte, «en la frontera entre el viejo y el nuevo universo”.

Bernardo Atxaga, cuyo verdadero nombre es Joseba Irazu Garmendia, escribe poesía, novela, cuento, ensayo, literatura infantil y juvenil, teatro e incluso ha escrito letras para canciones de folk, pop y rock. Licenciado en Ciencias Económicas y Filosofía es miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia y de la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras vascas. Por toda su obra, en 2019 obtuvo el Premio Nacional de las Letras «por su contribución fundamental a la modernización y a la proyección internacional de las lenguas vasca y castellana, a través de una narrativa impregnada de poesía en la que ha combinado de una manera brillante realidad y ficción”.

W. Manrique Sabogal. Leo un pasaje del libro, hacia el final, que recoge buena parte del espíritu de la obra ¿y de usted?: “Los sueños eran también recipientes. No alojaban, como la orquídea, la luz y el silencio, sino el miedo. ¿Cuántos sueños serían precisos para recoger todos los miedos, de manera que la cabeza quedara libre?”.

B. Atxaga. ¡Así es! Es la idea de los recipientes y la idea de que la orquídea recoja luz y nos alegre. Y es parte de una experiencia. Yo veía esas orquídeas en el pasillo del hospital de mi hija y al mirarla me reconfortaba. Mira la historia de la palabra pánico: la gente en la antigua Grecia no tenía luz, iba por los bosques y oía ruidos, sonidos, que no asociaba a nada humano y crearon un fantasma, el dios Pan. Entonces, el miedo al dios Pan dio lugar a la palabra pánico.

Si miramos la historia de lo que ahora llamamos subjetividad, que antes no se llamaba así, pero existía como tal hecho, lo que más se percibe es el miedo. Lo que más se percibe en la historia es el miedo. Es una palabra como cualquier otra, pero su significado es como comparar una canica con un mundo. El miedo es del tamaño del mundo.  Entonces, por ejemplo, si miramos la historia y cómo surge el nombre del fantasma del dios Pan cuantos fantasmas hay en el mundo. Allí donde vayas con zonas peligrosas hay fantasmas. Todo está lleno de fantasmas, porque en todos esos sitios hubo miedo.

W. Manrique Sabogal. ¿Nos llenamos, cada vez, de más miedos?

B. Atxaga. Efectivamente. No hay una constatación donde no flote el miedo. En Estados Unidos todo el mundo vive atemorizado, muchas veces morbosamente. El miedo es una de las grandes fuerzas que actúa sobre nosotros.

W. Manrique Sabogal. Y el miedo como motor para seguir adelante.

B. Atxaga. Creo que el miedo da lugar, al igual como he dicho de que la muerte da lugar a la poesía, el miedo también crea personajes, fantasmas, o digamos que es uno de los elementos en lisa, en la pelea por la vida. Luego controlarlo es muy importante. Fíjate que ahora el miedo ha saltado en los días que vivimos de la Covid-19. Todo el mundo está asustado. Pero, sin embargo, la gente lo vive, a veces, como si se destapara la caja de pandora.

 

Atxaga es creador de un territorio literario llamado Obaba donde transcurren muchas de sus historias. La primera vez que aparece es en el cuento Camilo Lizardi erretore jaunaren etxean aurkitutako gutunaren azalpena (Exposición de la carta del canónigo Lizardi) donde ha situado libros como los ya citados, además de Sugeak txoriari begiratzen dionean (Cuando la serpiente mira al pájaro).

Entre las obras más destacadas de Atxaga figuran Bi anai (Dos hermanos), novela con la que obtuvo el Premio de la Crítica en 1985, el volumen de cuentos Obabakoak de 1988, su obra más conocida y premiada con el Nacional de Narrativa y de la Crítica; El hijo del acordeonista, de 2004, y la serie de Bambulo. Sus comienzos se remontana a cuando empezó a escribir cuentos en euskera unido a los movimientos literarios de vanguardia de Euskadi en los años setenta como Borobila eta puntua, publicado en 1972, en el volumen Euskal Literatura-72, dirigido por el poeta Gabriel Aresti.

Entre sus ensayos destacan Lekuak (Lugares), Markak. Gernika 1937 (Marcas. Gernika 1937) y Órdago.

W. Manrique Sabogal. La memoria, es decir el tiempo, porque creo que esta novela es el tiempo en seis capítulos, si me permite le leo un pasaje de la novela: “La memoria reaccionaba, en un primer momento, de forma vulgar y previsible; se aferraba a lo estándar, como las máquinas automáticas, como las sustancias químicas, como los charlatanes”.

B. Atxaga. Exactamente… El primer error es considerar la memoria como si fuera algo lateral, como si tuviéramos que llevarnos una maleta que abre y cierra. La memoria, lo que llamamos memoria, es la esfera, el universo en el que estás viviendo desde que te levantas y te miras en el espejo y dices: “Yo soy este”; es decir, cuando piensas en tu vida, tu memoria es la que marca el perímetro de tu vida. Además, las reacciones son a veces sorprendentes. Cuando hace unos años marché a un pueblo de Estados Unidos, Virginia City, dije: bueno, este pueblo lo conozco de toda la vida porque cuando era niño veía las películas del oeste y vi este pueblo.

La memoria marca el perímetro y acoge un pueblo que está a ocho mil kilómetros de tu pueblo natal, pero sigue siendo tu perímetro vital.

En el libro he tratado de ir un paso más allá de lo que sería el estereotipo de la memoria. Es la reflexión que hago. Si la memoria no te ofrece sus presentes en una bandeja sino que se enmascara, entonces recordar es una indagación. Ahora puedo decir que mi objetivo es hablar de lo que todavía no he hablado. En esas indagaciones llego más lejos de lo que estaba hace veinte años.

W. Manrique Sabogal. ¿De qué no ha hablado?

B. Atxaga. De lo tremendo y terrible que me resultó romper con mi primera novia cuando tenía 14 o 15 años… Más que el drama de culebrón es por la culpa porque tenía esas variantes. Rousseau dice, y dice bien casi todo, aunque era raro y un poco turbio, que nos cuesta mucho más confesar lo vergonzoso que aquello que hicimos mal, como qué mal actué cuando tal cosa se confiesa. Esa es una de las cosas que podría contar.

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