El escritor costarricense Carlos Fonseca. / Fotografía de David Meyers

Carlos Fonseca: “La polifonía de la literatura actual tiene que ver con la polifonía de los sellos independientes”

'Museo animal' ha confirmado al autor costarricense como uno de los nuevos autores hispanohablantes con más futuro. Borges, Faulkner y Piglia marcan su literatura en la frontera de temas y estilo

En movimiento, ese es el estado natural de Carlos Fonseca. Es el otrora niño que quiso ser matemático, y hoy ciudadano nómada, profesor de literatura, lector de diversos géneros literarios, escritor explorador de estructuras narrativas y un fino estilista de rompecabezas literarios de forma y fondo que ha logrado que 2017-2018 sea el año del despegue de su posicionamiento.

Es un escritor que habita la frontera, de temas, ideas, estructuras, enfoques, estilo, un amante del arte en la frontera de la creatividad.

Carlos Fonseca es un hombre tímido de 30 años que con su segunda novela ha dejado de ser una promesa de la literatura en español. La publicación de Museo animal (Anagrama), tras su debut con Coronel lágrimas, en 2015, le dio su sitio no solo por las críticas positivas, sino que la novela fue seleccionada como una de las mejores de 2017 en varias revistas literarias. En septiembre, WMagazín lo señaló como uno de los principales hallazgos de la temporada editorial y avanzó el primer capítulo de Museo animal.

Antes, en mayo, el Hay Festival lo incluyó en la lista de Bogotá 39, los autores latinoamericanos menores de 40 años más destacados del momento. Así es que en el Hay  de Cartagena de Indias, de enero pasado, donde estuvieron presentes los 39 autores, Fonseca estuvo de un lado para otro, cuatro días de charla en charla, de mesa redonda en mesa redonda, entre declaraciones y entrevistas para medios colombianos. Una experiencia parecida a la que había vivido el año anterior, en 2016, en la FIL, Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), que lo eligió en su sección Ochenteros, los autores latinoamericanos con más futuro nacidos en esa década.

Fonseca parece ajeno a esa vorágine de elogios, presentaciones, ferias y encuentros de escritores que quieren contar con él. En otoño pasado, a su paso por Madrid, el profesor Fonseca desmadejó algunos hilos de su creación literaria, habló de dos de sus autores tutelares: Borges y Faulkner, y de otro que le cambió la forma de acercarse a la literatura: Ricardo Piglia.

Carlos Fonseca vive ahora en Londres, y como en un simulacro de sus novelas mejor abordar su vida del presente hacia atrás:

Es profesor en Cambridge desde hace cuatro años largos…

antes estuvo en Princeton donde se doctoró en Literatura Latinoamericana…

allí tuvo como profesor a Ricardo Piglia y se convirtió en uno de sus alumnos más relevantes…

antes vivió y se formó en Puerto Rico, de donde es su madre, y de donde salió a los 18 años…

pero antes estuvo en Costa Rica, país de su padre, donde nació en 1987, y de donde salió a los siete años rumbo a Puerto Rico.

En ese momento empezó su periplo por el mundo, y aumentó su polifonía venida de cuna por sus parientes costarricenses, centroamericanos, puertorriqueños y amigos de todos lados. Luego ha sido potenciada, desde hace doce años, al vivir entre Estados Unidos e Inglaterra, y viajar por Latinoamérica.

En un alto de su paso por Madrid, Fonseca está sentado en el Hotel de las Letras, de espalda a la Gran Vía. Parece un estudiante.

Winston Manrique Sabogal. ¿Qué tal Ricardo Piglia?

Carlos Fonseca. ¡Ah! Piglia, genial… Cambió por lo menos la forma en que yo leía, la forma en que yo escribía. Marcó el primer libro que escribí. Fue la razón por la cual fui publicado…

W. Manrique. ¿Qué cambió él en usted?

C. Fonseca. Sobre todo la forma de la lectura. Esa posibilidad de escribir desde cierto tipo de plano conceptual, como ficciones que apuntaban casi a personajes obsesivos con ideas y ese tipo de cosas que ahora aparecen mucho en mis libros. Cambió la forma de acercarme a la literatura, la forma de leer. Creo que hay ciertas pautas muy piglianas.

W. Manrique. Como tener un cocimiento teórico serio de la literatura, conocer las normas para luego hacer con ellas lo que crea conveniente.

C. Fonseca. Sí, primero conocerlas. Conocer cómo la gente está construyendo. Esa relación de él con la cadena y con todo el legado de alumnos que tuvo la generosidad y este tipo de cosas.

W. Manrique. Sus estructuras narrativas son más de mosaico, más fragmentadas.

C. Fonseca. Mis textos son más fragmentarios, sí, más como para el tipo del lector distraído que estamos acostumbrados hoy día, ¿verdad? Como una súper abundancia de narrativas que nos vienen de todas partes, entonces, de alguna manera, las estructuras narrativas reflejan ese tipo de sobredeterminación emocional.

Es el otoño-invierno de Fonseca requerido para que hable de Museo animal, un juego de máscaras y pulsiones que empieza cuando un museólogo recupera un proyecto fotográfico que le encargó una mujer alrededor de las formas del mundo animal. Detrás, las claves de una historia familiar que tiene de fondo al Subcomandante Marcos y su pasamontañas. El anonimato, la historia familiar y colectiva; la historia como rompecabezas, como ya hiciera con Coronel lágrimas en la que repasa parte del siglo XX. Libros de prosa transparente llena de imágenes y tensión narrativa que esconden autores admirados.

W. Manrique. William Faulkner y Jorge Luis Borges son dos figuras tutelares en su obra.

C. Fonseca. Faulkner  como el gran maestro en términos de formas narrativas por su fuerza, hay un torrente de escritura y de emoción impresionante; mientras que en el caso de Borges es el lado más conceptual. El potencial conceptual de la literatura.

W. Manrique. Opuestos aparentemente.

C. Fonseca. Borges fue traductor de Faulkner y él fue uno de los primeros en América Latina que dijo que Faulkner era uno de los grandes escritores del siglo XX.

W. Manrique. Borges es uno de los autores más admirados por los escritores hispanohablantes, pero Faulkner no parece tener muchos seguidores en su generación.

C. Fonseca. Es interesante lo que dice, porque Faulkner aparece en la gran generación de los 50, la época de Rulfo, Carpentier y luego el boom. Luego estaría la generación siguiente como Piglia y Saer, bastante marcada por Faulkner. Pero es verdad que en mi generación empieza a desaparecer. Aunque su presencia está en los autores que leen los de mi generación.

W. Manrique. ¿Por qué habrá desaparecido de la primera línea?

C. Fonseca. Hay algo de Faulkner que es explosivo. Siempre explota en vez de implosionar. Es expansivo y eso, tal vez, no va acorde con estos tiempos. Aunque hay un escritor de mi imaginación que admiro que es Emiliano Monge, y él es expansivo totalmente.

W. Manrique. Pero su obra se ve más borgeana, ¿dónde estaría Faulkner?

C. Fonseca. Depende. Creo que hay una diferencia entre las dos novelas: Coronel lágrimas es más borgeana por el personaje, casi se puede decir que es una reflexión sobre Borges, un anciano en el que confluyen la historia y la literatura, pero también ya hay unas temáticas más… faulknerianas, como en el uso de la prosa, en el uso del mismo paisaje, lo natural. Y Museo animal que está narrada desde perspectivas distintas. Es un gran invento faulkneriano. Y en Museo animal tiene más de un cierto tipo de violencia que siempre se ve reflejada la violencia al paisaje, una naturaleza que es brutal, es salvaje, y que, de alguna manera, el ser humano tiene que sobrevivir dentro de ella.

W. Manrique. ¿Qué pesa más en usted a la hora de escribir: la estructura, tener ese control, o el lado de dejarse llevar por el ritmo conseguido?

C. Fonseca. Hay dos momentos, hay un momento de estructura y elemento formal y conceptual y después llega el momento de dejarse llevar. Tal vez en la primera novela, Coronel de lágrimas, primó el momento de la contención momentos donde, tal vez como era un escritor primerizo, quería tomar rienda de todo, tenía que estar de acuerdo a mi propio dominio, pero ya en esta novela hay una especie de soltar las manos…

W. Manrique. Ha ganado confianza.

C. Fonseca. Más confianza quizás en la propia prosa. Y también esa sensación de que bueno… la novela como género es una maratón y no hay que ganar cada cien metros para ganar todo. No hay que tener cada párrafo perfecto sino algo acumulativo, como una canción, no tiene que estar todo el tiempo arriba con las lágrimas. Es una estructura un poco más compleja que tiene que tener sus altos y sus bajos para que en términos de composición sea efectiva…

W. Manrique. ¿Se está gestando, digamos, un nuevo orden de creación literaria?

C. Fonseca. De los años noventa para acá hubo una crisis en la figura del narrador y a raíz de eso han surgido distintas opciones. De ahí resurge la autoficción. La reinvención del narrador. La metaliteratura. Estilísticamente veo que la fragmentación pone en cuestión la linealidad narrativa, podría ser algo que atraviesa transversalmente mucho a los autores, por lo menos contemporáneos míos o que yo estoy leyendo, pero de ahí a decir que en términos de poética hay algo que unifica me parece muy difícil. Es más complejo.

W. Manrique. La polifonía es la marca.

C. Fonseca. Es un momento completamente polifónico. La riqueza de la polifonía de la literatura actual tiene que ver, también, con cierta polifonía editorial, por el boom de los sellos independientes… Hay que recorrer el panorama de lo contemporáneo no solo con las grandes editoriales, sino a través de las editoriales pequeñas e independientes que están por todos lados.

W. Manrique. Y con la polifonía está lo policéntrico, ya no solo es el dominio total de Barcelona o Madrid.

C. Fonseca. El libro empieza a circular de otra manera. Los autores llevan libros, la gente intercambia y recomienda libros, Facebook favorece esto, los blogs, las redes sociales en general. Hay otro tipo de circulación que crea otra política editorial, otro tipo de visibilización posible de los escritores.

El propio Carlos Fonseca va con sus libros y ajenos por las ferias o encuentros de escritores. Y habla de su pasión lectora y como escritor con serenidad, de manera sosegada. Él que dice escribir “desde una necesidad muy básica, casi vital y patológica: la necesidad de darle sentido a una serie de obsesiones”. Asegura que las dos novelas escritas hasta ahora surgieron así: “De una serie de obsesiones que se han ido acumulando a través de los años hasta desembocar en ese momento en el que me doy cuenta que todas ellas pertenecen al mismo mundo narrativo. Creo que escribo para entender cuál podría ser el hilo secreto que ata esas obsesiones”.

Ellas están en la frontera personal y creativa como lo reconoció en el autorretrato literario que aceptó trazar para WMagazín: “Me interesa la frontera entre el arte, la literatura, la política y la historia. Me gustan los textos que trabajan esa frágil frontera borrando la distancia entre la estética y la política. Me gusta llevar una idea hasta el límite, hasta el punto en que deja de ser lo que era y se convierte en algo más: el arte en política, la política en arte”.

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