El escritor argentino César Aira.

César Aira: “No dejaré de escribir, pero sí siento que he escrito mucho y que estoy en edad del retiro”

El escritor argentino vislumbra su futuro y desanda su presente y su pasado en esta entrevista. 'Prins', su nueva novela, es la historia de un escritor de género gótico decepcionado que se reinventa y es la búsqueda del amor

César Aira, uno de los escritores más prolíficos y prestigiosos del español, siente que ha escrito mucho y que ya está en una edad de retiro. ¿O es un clásico juego de su literatura de humor e ironía y finales sin finales que filtra a la Realidad?

Con más de cien libros de narrativa y ensayo, César Aira, argentino nacido en Coronel Pringles en 1949, ha escrito al ritmo que ha querido y bajo sus propias reglas del juego al margen de algunas de la industria editorial: novelas, novelitas, ensayos y ensayitos de menos de cien páginas, la gran mayoría, lo que da una producción de tres o cuatro títulos al año en quien sabe cuántas editoriales.

Innovador y rupturista, se trata del autor contemporáneo de culto más popular en su país y fuera de él que con su última novela ha tocado dos temas pocos habituales en su obra: el amor y el sexo. Es la hora de permitirse todo, incluso romper sus propias coordenadas en temas, condensar la cotidianidad de su surrealismo en un solo espacio, calcular su literatura automática y aceptar el escribir más de cien páginas, 136 y un cuarto, para ser más exactos. Esa es la extensión de Prins (Literatura Random House), una de sus novelas más largas y la de título más corto.

Y eso que en sus años universitarios estuvo a punto de escribir una gran tesis sobre El Quijote como gran novela dialogada. A buen seguro que un día retomará aquellas notas para escribir el discurso del Premio Miguel de Cervantes que recibirá el año menos pensado. El Nobel de Literatura ya es otra cosa, aunque su nombre suela estar en las casas de apuestas. Por lo pronto, ya lo tiene por obra y gracia de Carlos Fuentes que se lo concedió en una de sus obras.

Prins es una novela de intriga, de búsquedas y comienzos, la de un escritor de novela gótica que busca reinventarse, la de la reivindicación de la búsqueda del placer de la lectura a través de novelas de género y la de la búsqueda del amor inesperado por sus laberintos.

Por esos predios avanza César Aira en esta entrevista en Barcelona celebrada la víspera de Sant Jordi, 23 de abril. Con su voz perezosa y frases meditadas esparcidas de risas tímidas y expansivas, Aira empieza su propia búsqueda que lo llevará hasta los primeros pasos que lo han traído hasta hoy.

Winston Manrique Sabogal. Hay dos temas que no suelen estar muy presentes en sus novelas y que en Prins son importantes: el amor y el sexo.

César Aira. Sí, es algo que surgió naturalmente. A veces me hacen notar que soy excesivamente pudoroso, sobre todo a la luz de lo que hacen mis colegas que no paran de hablar de eso. Pero no lo hice por darles el gusto… sino porque salió naturalmente, como un tema más. Es verdad que había estado un poco oculto en lo que escribía, pero empezó a aflorar y me di cuenta que daba oportunidad para otros argumentos, otros manejos literarios. Por ejemplo, se me ocurrió un hombre bígamo, con esposa y amante y que esconde a esta última. Solo que aunque lo lógico sería que tuviera a la amante en otro barrio, en otra ciudad, aquí la tiene en su misma casa…

W. Manrique Sabogal. Una casa tan grande en la cual suceden cosas al estilo César Aira.

C. Aira. Una clase de laberinto donde puede esconderse. La esposa apareció al final. Las editoriales para las novelas me piden volumen, más páginas, y a mí se me acaba el combustible en 80 páginas (y ríe burlón). Pero bueno, si tengo que llegar a las doscientas tengo que inventarme algo, ¿no? Aquí le inventé una esposa en las últimas páginas para darme la oportunidad de seguir diez páginas más…

W. Manrique Sabogal. ¿Y surgió así, sin más?

C. Aira. A veces siento como una afinidad con estos surrealistas de la escritura automática… Me pregunto si no será automática toda la escritura, salvo la muy pensada para un público específico; pero la escritura propiamente literaria me parece que siempre está al borde de lo automático, de la inspiración del momento… Justamente con la salida de uno de mis últimos libros un amigo que los lee todos me dijo: “Ahora te lo estás permitiendo todo” (y sonríe asintiendo con la cabeza). Y, efectivamente, ya no me importa nada de las similitudes y esas tonterías, así que me lo permito todo.

W. Manrique Sabogal. Prins también tiene unas cuantas reflexiones sobre los sentimientos, el amor, ¿acaso César Aira expresándose a través de su personaje?

C. Aira. Sí… no sé. En general, no trato de identificarme con los personajes aunque estén en primera persona. Siempre hay una tendencia a darle rasgos de uno, eso es bastante natural; pero si me doy cuenta de que le he dado ideas o afectos míos, en la página siguiente le hago cometer un crimen o alguna cosa que yo no haría como para hacerle tomar distancia (y suelta una risa más sonora de lo habitual).

W. Manrique Sabogal. El arranque de la novela es una radiografía de la situación del mundo editorial, de un escritor de un género gótico que de repente se ve triturado por sí mismo y por la industria.

C. Aira. Es un escritor que deja de escribir porque ha agotado sus recursos. En realidad, es una especie de Pierre Menard, un escritor que escribe libros ya escritos de todos los clásicos del género gótico… como el Pierre Menard de Borges escribió El Quijote. Cuando se le acaban esos clásicos, que además no los escribe él sino sus amanuenses, decide dejar de escribir. Ahí sí hay una punta autobiográfica: yo no pienso dejar de escribir, pero sí siento que ya he escrito mucho y que ya estoy en una edad del retiro… Me doy cuenta de que cada vez escribo menos. Esa media horita que le dedico a la escritura por las mañanas, ¿qué hacer con todo el resto del día? Creo que ahí está el nudo de esta novela. Que este hombre empieza a pensar qué ocupaciones pueden tomar el lugar de la escritura, y se decide, absurdamente, por el opio (Aira sonríe incrédulo). De ahí sale toda la intriga de la novela… el argumento.

Y así César Aira convierte lo delirante o insólito o absurdo en cotidiano. Siempre lo hace a mano, con un buen bolígrafo, por lo menos una página todos los días, luego la pasa a la computadora, imprime y corrige sobre papel. Poco, porque escribe lento, pensando cada frase, cada palabra, lo que va de su cabeza a su mano suele ser el limpio. Debe ser el rastro del poeta que quiso ser de joven.

W. Manrique Sabogal. Volviendo al comienzo de la novela donde analiza parte de la industria editorial y habla de un autor de novela gótica “encadenado al gusto decadente de un público inculto”. A partir de ahí una historia trufada de humor, ironía pero también un César Aira diciendo verdades.

C. Aira. Puede ser. Creo que me excedí un poco… Un gran amigo, muy buen lector de literatura de género, ciencia ficción, policiales, terror, bueno todos esos géneros, escribió un libro que se llama El libro de los géneros y un poco por la amistad con él empecé a reivindicar esos géneros, algunos han sido siempre lectura favorita mía como las novelas policiales. Las buenas policiales inglesas, los años 40, 50… No creo que sea un público inculto, es el verdadero público el que busca el placer sin ir a la alta cultura, sin querer acumular cultura, si no leer por el mero placer de leer…

Me da la impresión de que el tipo de lectura que hacen hoy los jóvenes escritores no es esa, supongo que un joven novelista no sabe quién es Ovidio ni le interesa saberlo…

W. Manrique Sabogal. He elegido algunas frases de Prins para tratar de establecer una especie de Aira por Aira. Leeré la frase del narrador para que la comente su creador: “Esa larga excursión por el mundo de la diversidad me hizo ver qué intercambiable es todo, cómo los seres, hasta los que más se aferran a su ser propio, son potencialmente otros”.

C. Aira. No recuerdo haber escrito eso, pero está en la línea de algo que siempre, está presente para mí que es este juego de metamorfosis, de transformaciones… Justamente estuve releyendo a un poeta chileno que había en mi juventud y no había apreciado en todo su valor. Se llama Rosamel del Valle. No es un poeta surrealista de continua transformación, él en sus últimos años se fue identificando cada vez más con el poeta Ovidio… Ovidio es el poeta de la metamorfosis. Rosamel del Valle, siendo chileno pero que vivió casi toda su vida en Estados Unidos, estaba unido a Ovidio por su amor a la Metamorfosis y el exilio, porque Ovidio vivió exiliado…

Eso me hizo pensar en la importancia que puede tener para un escritor tener el conocimiento de la literatura clásica, todo ese trasfondo de mitos. Me da la impresión de que el tipo de lectura que hacen hoy los jóvenes escritores no es esa, supongo que un joven novelista no sabe quién es Ovidio ni le interesa saberlo…

W. Manrique Sabogal. Otra idea: “Pero aun para los que dominan las situaciones, aun para la Realidad misma, rige el imperativo de la redención. Eso se debe a la naturaleza del presente, al que una vieja maldición condenó a ser provisorio y equivocado”.

C. Aira. (El escritor sonríe frunciendo los labios antes de contesatar) Siempre he sentido eso: el pasado… Lo que pasó ya está como pintado por un buen pintor que lo pintó con todos los detalles y quedó fijo. El presente, en cambio, es algo que está cambiando todo el tiempo necesariamente, es el instante que va corriendo, que es provisorio…

W. Manrique Sabogal. Y luego están los años de estudiante de este escritor, que dice: “Debo remontarme a mis años de estudiante, ya lejos pero presentes como génesis, años de ansia de saber, lecturas torrenciales, carreras de aprendizaje en las que el conocimiento era a la vez la liebre y la tortuga. El estudio era un campo que se extendía ilimitado y profundo, con recorridos en todas las direcciones”.

C. Aira. Siempre tuve esa cosa un poco infantil del enciclopedismo, de saber un poco de todo… Al terminar la universidad hubo profesores que quisieron que yo entrara y me inscribieron en uno de los institutos de la facultad de Filosofía y Letras para que hiciera una tesis. Los motivos por los que no entré a la academia se pueden resumir en el deseo de escribir mis libros donde tenía el campo abierto a todas las ciencias, a todas las artes, como un aficionado, como una amateur sin saber en realidad nada profundamente de nada, pero abierto a todo.

Esa especialización que me iba a llevar al trabajo académico la rechacé en nombre de una escritura… Y como siempre he sido muy universal, muy católico en mis gustos, iba en todas las direcciones. La propuesta en ese entonces había sido hacer una tesis sobre El Quijote. Yo  tenía una muy buena profesora de literatura española y quería que hiciera un tema lindo de trabajar: El Quijote como novela dialogada. Empecé a tomar notas, pero ya había empezado a escribir, a escribir mis novelitas y no…

W. Manrique Sabogal. Pero lo empezó o quedó en notas…

C. Aira. Quedó en notas. Hice una relectura del Quijote capítulo por capítulo, porque la característica del Quijote es que es una novela dialogada que se entronca con la tradición de las novelas dialogadas. Pero no seguí por ahí, en parte, porque había empezado a traducir y había descubierto que tenía una facilidad especial para la traducción, que podía ganar plata, que podía ganarme la vida trabajando muy poco, un par de horas por la mañana. Como eran esos años 60 de gran efervescencia popular en Buenos Aires con la vanguardia, la música, las artes plásticas, el cine… ¡No! Qué iba a hacer una tesis sobre El Quijote (risas).

W. Manrique Sabogal. A cambio ha escrito muchas novelas. ¿O acaso es la misma novela en diferentes tomos?

C. Aira. Siempre he tratado de variar, de cambiar, probar cosas nuevas, pero la intención no siempre acompaña a la realización. Así que sí, es probable que yo esté escribiendo siempre la misma novela creyendo escribir cosas muy distintas.

 

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