La escritora argentina Claudia Piñeiro. /Fotografía de Daniel Mordzinski

Claudia Piñeiro: “En la buena literatura no encontrarás verdad sino puntos de vista”

La autora argentina de novela negra publica su primer volumen de cuentos: 'Quién no'. Un catálogo de los temas que le han dado prestigio, un retrato de las pulsiones negativas que esconde el ser humano

¿Quién no se ha desconocido alguna vez ante sus propios pensamientos, deseos, sentimientos, impulsos o actos negativos o impropios? Y una vez sorprendido por sí mismo, ¿quién no ha encarcelado aquellas pulsiones? ¡O no!

Claudia Piñeiro sabe que es así. Ha creado una especie de catálogo en el que desenmascara algunos actos delictivos que las personas normales pueden cometer en su cotidianidad en apariencia corriente y feliz. ¿Pero qué es normal? La escritora argentina pone luz sobre las grietas que se pueden crear en la vida, en los secretos de las familias, de las amistades, en el trabajo, en las relaciones sentimentales…

“Me gustan las situaciones que suceden en lo cotidiano. Incluso, cuando escribo novela negra no me interesa tanto el asesino serial que planifica crímenes sino el vecino de al lado que todos los días saca a pasear el perro y un día te enterás de que cometió un crimen y dices: ‘Pero, cómo, si era un señor tan amable’. O las violencias que hay en la familia, los secretos, las miserias de las relaciones. Alguien le preguntó a Chéjov, criticándolo, por qué siempre hablaba de cosas cotidianas, y él dijo: ‘No siempre el drama es cuando alguien sube el Himalaya, muchas veces el drama es un hombre y una mujer comiendo un plato de fideos en su casa”.

Y eso es lo que atraviesan estos dieciséis cuentos de Quién no (Alfaguara). La violencia o lo inquietante de lo cotidiano de las personas corrientes frente al espejo. Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) lo reconoce y analiza en un rincón junto a un ventanal de la gran área social de un hotel madrileño. Esta en una escala entre Barcelona, donde recibió el Premio Pepe Carvalho de Novela Negra 2019, y el festival Literaturhaus de Zurich con Argentina como país invitado.

Quién no es el negativo de un carrete de fotografías donde todos habitan la llamada normalidad. La escritora lleva la mitad de su vida poniendo a la sociedad frente al espejo con sus novelas negras que la han convertido en uno de los autores más prestigiosos del género y de la literatura en general. Por eso llama la atención su primer volumen de cuentos que la entra en la tradición cuentística latinoamericana, cuyas claves de cómo se enfrenta a estos dos géneros las explica en el siguiente vídeo:

Claudia Piñeiro en enero de 2019 en Madrid.

Este Quién no es su particular catálogo de obsesiones y temas abordados en toda su obra. Inquietudes encapsuladas en pocas páginas escritas a lo largo de su carrera. Allí se aprecian sus diferentes ritmos, pero siempre la misma intención de llegar al fondo y mostrar de manera sutil pero contundente los pasos zigzagueantes de las personas antes de cometer algún acto irreconocible para ellos mismos.

Claudia Piñeiro habla al ritmo de sus relatos, rápida, ágil y sin titubeos para diseccionar sus propias intenciones y su escritura.

“Cuando me planteé reunir los cuentos me puse a pensar cuál podría ser el hilo conductor. Armar una especie de corpus, no queería juntarlos por que sí. Son cuentos escritos para periódicos o revistas o antologías. Al verlos me di cuenta de que los personajes están ante un abismo, y ese abismo es el mundo que te devuelve una respuesta diferente a la que tu esperabas. Entonces, ante ese abismo tienen que tomar una decisión y actuar. Y uno como lector, a lo mejor, no comparte lo que van a hacer, pero la lectura es un instrumento entrenador de la empatía. Te obliga a vos a ponerte en los zapatos de otros, caminar con los zapatos de otro aunque digas: ‘Yo no haría eso. Aunque en una segunda reflexión pienses: ‘¿pero estoy segura?’. Se trata de comprender de manera empática lo que hace el personaje. Hay personajes que con la decisión van a hacer algo reñido con sus costumbres, algo que tu no harías, o también algo inmoral o puede ser el hilo que nos sostiene a todos de este lado y es inquietante pensar que un día el hilo se puede cortar y pasamos al otro lado”.

Los cuentos son una procesión de esas amenazas o pulsiones domesticadas durante centurias y milenios en aras de la convivencia y la armonía y como mecanismo de supervivencia de la especie.

“Yo no te robo y tú no me robas. Se supone que como sociedad hemos ganado un montón de cosas que me van a proteger de otras. Pero hay mucha gente que empieza a sentirse desprotegida, entonces ¿por qué reprimir la pulsión, no? Son cosas que, a veces, se me ocurre pensar sobre por qué los personajes hacen lo que hacen”.

Los cuentos muestran cómo se quiebran las expectativas de la gente y, entonces, el lector asiste como testigo al camino de deterioro de los sueños y cómo afecta al ánimo y al alma del individuo. Las historias recuerdan que nunca se conoce en verdad a los familiares o personas más próximas, y menos aún se pueden prever sus pulsiones.

En estos cuentos aparecen las obsesiones y los fantasmas de muchas de las cosas que yo escribo. En unos casos es el secreto, en otros el silencio. Cuando vos no decís algo en la familia y todas esas cosas son volcanes que en un momento dado puede explotar… Esos conflictos para mí son riquísimos como elemento narrativo. Me parece que uno también escribe para ponerle palabras a silencios anteriores. Y en estos personajes pasa eso. Pasan cosas ahora que están poniendo palabras a silencios anteriores”.

Y muchas veces es por la negación, por ese escudo de no aceptar la realidad, la verdad. Esa es uno de los elementos de la obra de Piñeiro. No es el caso de Claudia Piñeiro.

“Me llevo mal con la negación. Hay gente que me dice que yo tengo obturada la negación y veo todo. Los escritores hacemos un poco eso, tratamos de mirar qué es lo que esconde cada uno de los personajes, ver qué hay debajo de las alfombras”.

Es la mirada, desde dónde el autor decide contar la historia. Lugares desde donde mirar la vida no siempre son elegidos de manera consciente.

“En la escritura sí. El punto de vista es la gran arma que tiene el escritor. Uno decide desde dónde cuenta una historia. En el caso de mi novela Las viudas de los jueves el punto de vista era de los que vivían dentro del Country, y eso ayudaba a que los que no conocían esa realidad la vieran por quienes estaban dentro. Unos años después cuando escribí Betibú hice lo contrario: el punto de vista era de quienes tenían que entrar y cada vez que entraban abrir el baúl del auto, abrir el bolso, mostrar el documento… Cuento el mismo lugar pero con puntos de vista diferentes. Un escritor cuando escribe literatura no debe estar bajado de línea de nada. Yo no puedo decirte cómo voz tenés que pensar, yo te muestro una historia, pero hay una pequeña trampa con el punto de vista porque cuando yo elijo el punto de vista te obligo a mirar las cosas desde ahí. Inevitable”.

Algo de esto ya dijo Claudia Piñeiro durante la conferencia inaugural de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires de 2018 y que confirma:

“En la buena literatura no encontrarás verdad sino puntos de vista. Me parece que una de las cosas que podemos enseñar es eso: cómo el punto de vista cambia absolutamente una situación”.

Unos muy concretos que Piñeiro sí elige para ver la realidad. Eso la ha llevado a convertirse en uno de los escritores más comprometidos con la actualidad y partidaria de la empatía. De hecho, el epígrafe de Quién no dice: “A los que pueden ponerse en el lugar de otros, raros o no”. Pero la empatía no parece vivir su mejor momento.

“La extrema derecha es una de las posiciones políticas menos empática en una sociedad. Cree que tiene la verdad, y cuando hay un sector que cree que tiene la verdad es muy difícil. Opiniones podemos tener todos de muchas cosas, el problema es cuando vos quieres imponer tu verdad a los demás. Cuando en la política señalan cómo tienen que vivir las personas, cómo tienen que amar las personas, cómo tienen que aparearse las personas, cómo tienen que tener hijos las personas empezamos a crear problemas y situaciones de gravedad. Ese es uno de los problemas que tenemos en América Latina y acá, mucha bajada de línea de cómo tiene que vivir el otro. Eso es todo lo contrario a la empatía. Si yo te digo a vos cómo tenés que vivir no creo empatía, lo que te tengo que preguntar es cómo querés vivir”.

Pero la lectura que invita a esa empatía no siempre logra su objetivo. Harper Lee la recomienda en su novela Matar a un ruiseñor, invita a ponerse en los zapatos del otro, y, sin embargo, en Estados Unidos donde este libro se lee en los institutos se ha dado vía libre a lo contrario.

“Muchas personas no se sienten impelidas. Creen que no se les está hablando a ellos sino a otros. El racista es otro, el antisemita es otro, nunca es uno. Pero lo que pasa últimamente de que mucha gente salga a hablar en público es llamativo… Se cortó el filtro de no decir cosas que habíamos acordado entre todos y que estaban resueltas. Me impresiona que haya alguien que pueda insultar al otro por ser judío. Y no pasa nada.

Es muy preocupante, creo que son ciclos históricos. Pero a esta altura de mi vida, que uno no sabe cuántos años más va a vivir, yo quiero ver el próximo ciclo, ¡por favor no me quiero morir en este ciclo! Sino en el próximo que va a ser distinto. Porque lo que se está viendo, la agresividad y las barbaridades que uno escucha a diario, incluso de los políticos más importantes de todos los países, es muy preocupante”.

Lo dice una persona muy activa en twitter, pero que no cree que el problema sea de las redes sociales sino del mal uso que se les da y, a veces, del anonimato que permiten las redes. No cree que las redes hayan hecho surgir esos sentimientos porque ya existían. Lo que sí cree es que es que varias personas ven que hay otros que piensan o sienten como ellos y eso los envalentona.

Literatura y compromiso con la escritura y con la sociedad es lo que reflejan estos dieciséis cuentos de Quién no. Aunque su reconocimiento viene sobre todo de la novela negra, con este libro Claudia Piñeiro entra en la tradición de cuentistas latinoamericanos.

“Me encanta que me pidan cuentos porque sino yo sigo en la novela. Me encanta la teoría de Ricardo Piglia sobre el cuento. Antes decían que un cuento era principio, medio y final sorprendente. Y Piglia dice que en realidad un cuento son dos historias: una que se va contando en la superficie y otra que se va contando por debajo y lo que llamamos final sorprendente es la revelación de la historia que está por debajo y es lo que genera la sorpresa. Me gusta ese manejo de tratar de controlar eso. Estos cuentos son de varios años y en ellos se nota una pequeña diferencia en el fraseo entre los más viejos y los más recientes. Lo noté cuando hice la lectura para el audiolibro, en los primeros está esa voluntad de escribir más literariamente frente a los más nuevos que tienen mayor agilidad, probablemente evolucioné hacia allí”.

Es el recorrido de una contable que ejerció su profesión durante una década y que en 1991 abrió una vida literaria con El secreto de las rubias, novela erótica inédita y finalista del Premio La Sonrisa Vertical. Años más tarde siguió con dos libros para niños y jóvenes y en 2005 su carrera definitiva en el policial Tuya. Desde entonces una decena de novelas y entre medias cuentos que ahora ha decidido que vean la luz en un solo volumen. Novela y cuento con una misma génesis pero que al instante cambian su ADN.

“En la génesis de los cuentos siempre tengo imágenes disparadoras, pero en el caso de las novelas esa imagen la dejo mucho tiempo en la cabeza encontrando los personajes. Por que, como dice David Lodge, la novela es el desarrollo de la conciencia de los personajes, todo lo que pasa en la novela son excusas para entender quiénes son esos personajes. En cambio en el cuento vos tenés menos tiempo para desarrollar esos personajes y tienes que ir más a lo concreto; y aunque aparece como una imagen igual que en la novela no me ocupo tanto de dejarlo macerar, sino cómo contar esa anécdota con la precisión y el instrumento de relojería que implica un cuento”.

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