Una calle de La Habana.

Una calle de La Habana.

Cómo fue Cuba bajo el poder de Fidel Castro, según la literatura

La muerte del líder cubano revivirá en la Feria del Libro de Guadalajara algunas obras clave para entender mejor su dominio de medio siglo sobre la isla

Carpentier, Lezama Lima, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, Eliseo Alberto, Leonardo Padura, Wendy Guerra, Pedro Juan Gutiérrez… La literatura cubana del último medio siglo ha estado influida por todo el abánico de claroscuros suscitado por el poder de Fidel Castro. El líder comunista que falleció anoche, viernes 25 de noviembre de 2016, a los 90 años.

La sombra de su poder durante 47 años que estuvo de manera ininterrumpida dirigiendo el destino de la isla se ha reflejado en todas las artes. La 30ª Feria Internacional de Libro de Guadalajara (FIL, en México) revivirá, sin ninguna duda, esas historias, poemas y reflexiones que generaron la dictadura del líder comunista cubano. Obras que levantan una cartografía literaria en la que se aprecia la manera en que algunos autores vivieron primero el entusiasmo y luego fueron testigos de la manera en que el desencanto colonizaba sus mentes y su corazón. Narraciones, poemas o ensayos que muestran el arco de los sueños, de la ilusión; de la lealtad, a los otros y uno mismo; de la esperanza, de la paciencia, de la perseverancia, de la ingratitud. Es el mapa del paraíso hurtado o traicionado para algunos, y de la felicidad frustrada por enemigos ajenos, para otros.

Hace dos años, cuando empezó el deshielo de las relacione entre Estados Unidos y Cuba hice un reportaje para EL PAÍS sobre cómo entender y comprender mejor la vida en Cuba bajo el mandato de Castro a través de los libros. En ese artículo varios escritores de la isla crearon un mapa literario que nos invitaba a conocer mejor la historia de su país desde los años 60. Primero, estos escritores comentaron algunos de sus libros en los que habían abordado temas cubanos y después recomendaron los de otros autores y obras clave.

Sus voces cobran vigencia. Antes de escucharlos, un adelanto de algunos de los libros citados:

Los clásicos de Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante.

Cuba: economía y sociedad (16 volúmenes) del profesor Leví Marrero.

Antes que anochesca, Reinaldo Arenas.

Informe contra mí mismo, de Eliseo Alberto.

Mapa dibujado por un espíade Guillermo Cabrera Infante (Galaxia Gutenberg).

Inventario secreto de La Habana, Los palacios distantes y El navegante dormido, de Abilio Estévez Tusquets).

Vivir en dos idiomas, Alla donde florecen los framboyanes y Bajo las palmas reales (memorias) y las novelas En clave de sol y A pesar del amorde Alma Flor Ada.

La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte (Anagrama).

La novela de mi vida o El hombre que amaba los perros, de Leonardo Padura(Tusquets).

Negra, Todos se Van y Nunca fuie primera dama, de Wendy Guerra(Anagrama).

Perromundo, Viaje al corazón de Cuba, La mujer del coronel y Tiempo de canallas, de Carlos Alberto Montaner.

Silencios y Habana año cero, de Karla Suárez.

Cien botellas en una pared, de Ena Lucía Portela.

Habana Babilonia, ensayo de Amir Valle.

La nada cotidiana, Te di la vida entera y La Ficción Fidel, de Zoé Valdés (Planeta).

Uno de los últimos libros publicados sobre el castrismo lo hizo Guillermo Cabrera Infante. Se trata de su obra póstuma Mapa dibujado por un espía (Galaxia Gutenberg), en 2013. Un testimonio del desencanto que tuvo el escritor e intelectual cubano sobre lo que pasaba en su país. La ruptura dolorosa con algunas de sus ideas y sueños y el adiós a su isla. En la nota intoductoria se lee lo siguiente: “más allá de lo esencialmente literario, el libro constituye un testimonio de primera magnitud a la hora de conocer en qué medida la convulsión política cubana afectó a Guillermo Cabrera Infante, y como, por extensión, influyó en sus posteriores opiniones sobre la realidad de Cuba”.

Luego la obra empieza con estas palabras de Cabrera Infante: “Ciertas criaturas parecen haber sido creadas por la Divina Providencia, por la Naturaleza o por el Azar con el solo propósito de encarnar una metáfora — a la que precedieron en eones geológicos o por toda una eternidad. Tal la serpiente, por ejemplo, o la paloma, utilizadas hasta la deformación física, hasta su monstruosa recreación mítica, por diversos poetas hebreos ocultos tras el anónimo bíblico. Otros animales, como el perezoso o el chacal, personifi can desde su mismo nombre actitudes morales a las que son, está de más decirlo, ajenos. Igualmente, algunos hombres son poco más que una presencia metafórica, como esa fi gura de la metafísica del mal histórico en los tiempos modernos, el Hombre de la Máscara de Hierro, que inaugura la tradición y encarna la leyenda del preso político desconocido. Otros hombres son más presciencia que presencia y llegan a anteceder por años aquel momento histórico al que resultan imprescindibles como metáfora”.

Ahorá sí, las voces de los escritores cubanos comentando sus libros en los que han reflejado la vida de Cuba y las recomendaciones de otros autores sobre lo mismo:

ALMA FLOR ADA: “He escrito las memorias Vivir en dos idiomas, Alla donde florecen los framboyanes y Bajo las palmas reales, y las novelas En clave de sol y A pesar del amor.

“Sobre otros autores: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, es una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana, se nutre de los conflictos inherentes a las revoluciones: la injusticia que las provoca, el idealismo que las inicia, el absolutismo, los desmanes y las traiciones que pueden engendrar. El hombre que amaba a los perros (Tusquets) y el resto de la o
bra narrativa de Leonardo Padura son una profunda crítica al desgaste de los ideales revolucionarios, a las traiciones cotidianas que erosionan principios fundamentales. Pero a pesar de la crítica honesta y profunda ambos narradores dejan abierta la esperanza en el ser humano como ente social.

“El poeta Nicolás Guillén tenía ya una voz potente antes de la Revolución, durante cuyas primeras décadas alcanzó aún mayores cimas. Esas primeras décadas fomentaron ampliamente las publicaciones en Cuba, tanto de libros cuanto de revistas literarias y dieron un amplio aliento a la literatura infantil”.

ABILIO ESTÉVEZ“He intentado reflejar mi manera de “interpretar” esa realidad que me tocó vivir, y como no podía ser menos, en casi todo cuanto he escrito. Aunque quizá haya dos novelas mías que pretendan una indagación más directa: Los palacios distantes El navegante dormido. Para intuir una realidad tan difícil, habría que leer, además libros como La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte; los ensayos de Iván de la Nuez o Rafael RojasLa novela de mi vida de Leonardo Padura; Informe contra mí mismo, de Eliseo Alberto. Y por supuesto, dos clásicos: Reinaldo Arenas y Guillermo Cabrera Infante. Aunque no se me escapa que dejo fuera libros y autores que la brevedad de esta nota me impide señalar”.

WENDY GUERRA“Los autores cubanos que no pudieron o pueden hoy publicar en su patria son escritores sin país, y para muchos, es casi un favor ser editados por editores foráneos porque no todos son negocio para esas editoriales. ¿A quién le importa hoy en tópico cubano? Tiene que ser algo excepcional para despertar tal interés internacional. A los agentes literarios les cuesta mucho venderlos porque su verdadero y numeroso público está en Cuba y aquí no pueden ser comercializados.

“La consecuencia general de todo esto son los bandos políticos, el odio que destilan los blog que se escriben de lado a lado. El combate de insultos y vanidad, desencanto y decadencia es, muchas veces incomprensible para el resto del mundo.Otra de las consecuencias es la pérdida del respeto por parte de los observadores, teóricos, intelectuales o editores extranjeros que, cuando escuchan o leen dichas discusiones aparentemente agudas, pero bordadas de indescifrables insultos, nos retiran su atención. A esto le llaman “rollitos cubanos” o “alta chusmería política”.

“Mis libros puntuales para nombrar lo vivido en estos años son: Negra, Todos se Van, y que hoy es un filme de Sergio Cabrera y que parte de un Diario Personal que abarca la infancia y adolescencia de Nieve Guerra una niña cubana en años en los que el estado, muy por encima de sus padres, decidía su suerte, su destino y el de sus contemporáneos. También citaría Nunca fui primera dama, este libro habla sobre estas cinco décadas donde la mujer no ha tenido voz dentro del poder real de la vida política cubana.

“Recomiendo a Pedro Juan Gutiérrez, Reinaldo Arenas, Cabrera Infante, Dulce María Loynaz, Leonardo Padura, Eliseo Diego, Reina María Rodríguez, William Navarrete, Ena Lucía Portela, Sigfredo Ariel, Atilio Caballero, Guillermo Rosales, Lezama Lima, Carlos Victoria”.

CARLOS ALBERTO MONTANER“He escrito varios libros sobre el tema. Las novelas Perromundo (sobre la dolorosa elección entre la sumisión o la muerte), La mujer del coronel (sobre el control afectivo de una revolución que persigue el adulterio de las mujeres casadas con oficiales del ejército y cuadros del Partido) y Tiempo de canallas. Esta novela se centra en la vida ficticia, pero tejida con elementos reales, de un hispanocubano aparentemente trotskista, que participa en la guerra civil español. Esta es una narración sobre la traición, enmarcada en el ambiente de la Guerra Fría. Pronto saldrá publicada en España bajo el sello de Edhasa. También libros de ensayos: Informe secreto sobre la revolución cubana, Cuba: un siglo de doloroso aprendizaje, Viaje al corazón de Cuba y Los cubanos: historia de Cuba en una lección, entre otros.

“Entre las recomendaciones de otros autores la mejor historia de Cuba, con mucho, es Cuba: economía y sociedad (16 volúmenes) del profesor Leví Marrero. Es una portentosa obra, increíblemente escrita por un autor que, sólo con la ayuda de su mujer, en una modesta casa de Puerto Rico, reconstruyó la historia colonial cubana. Hoy ésa sería la obra de un equipo de investigadores”.

KARLA SUÁREZ: “Entre mis libros señalo dos novelas. Silencios (Premio Lengua de Trapo): una protagonista de mi generación que narra la vida de su familia desde los años setenta hasta la caída del muro de Berlín. Y Habana año cero (Premio Carbet del Caribe, inédita en España): cinco personajes se aferran a una absurda idea con tal de sobrevivir en 1993, el peor año del “Período Especial”.

“Recomiendo a Leonardo Padura y Jesús Díaz que narran períodos diferentes. Además, Cien botellas en una pared, novela de Ena Lucía Portela y Habana Babilonia, un excelente ensayo de Amir Valle sobre la prostitución”.

ZOÉ VALDÉS“Pese a que varios de mis libros fueron escritos dentro de Cuba, he escrito una literatura del exilio, como casi toda la gran literatura que se ha hecho en Cuba desde José Martí a Gertrudis Gómez de Avellaneda.

“Yo tuve la suerte de tener una gran abuela, muy anticastrista, y un padre preso durante cinco años, que no fue una suerte para él, pero a mí me abrió los ojos muy temprano. Tuve la suerte de tener una abuela que también me abrió los ojos desde niña. Y atendí más a mi abuela que a Granma (juego de palabras).

“Cuando salí de Cuba la primera vez tenía 23 años, fue acompañando a mi primer esposo Manuel Pereira, ahí descubrí el mundo, y todas las mentiras que nos habían contado.

“Cuando salí de Cuba definitivamente, la segunda vez tuve que aprender la verdadera historia de Cuba, yo tenía 34 años. Leer a Leví Marrero, los capítulos censurados de Fernando Portuondo, toda la historia censurada, y me di cuenta que mi abuela tenía razón en todo lo que me había querido enseñar de la historia de Cuba.

“Nunca me he arrepentido de mi exilio, siento que la libertad la aprendí en Francia, y en España aprendí a ser persona, porque fue España quien me dio primero que nadie la nacionalidad.

“De mi obra puedo hablar de La nada cotidiana, hay un antes y un después de esa novela, aunque me hayan querido silenciar tanto tirios como troyanos, en Te di la vida entera también abarco siete décadas de la historia de Cuba, hasta los años noventa, La Ficción Fidel, es el libro más directamente político, los anteriores son novela.

“De los escritores actuales que yo recomendaría están Juan Abreu, José Abreu Felippe, Luis de la Paz, Carlos Victoria, Yanitzia Canetti, Antonio Ricardo Valle, entre otros, y por supuesto, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Lydia Cabrera, Lezama, Sarduy, de los de siempre, de toda la vida”.

El poeta Reinaldo Arenas es uno de los más recordados como víctima del castrismo. Los dejo con su voz en Autoepitafio:

Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sórdido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
-precisamente porque nos marchamos-.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
típicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltó cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.
(Nueva York, 1989)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *