Ilustración de Fernando Vicente.

Cómo mejorar la circulación del libro entre España y América Latina

El mundo editorial hispanohablante se reúne en LIBER, del 4 al 6 de octubre, en Madrid. Los obstáculos del mercado son un tema esencial. Para superarlos, proponen ideas Alberto Manguel, Daniel Fernández, Marianne Ponsford, Sergio Ramírez, Oche Califa, Valeria Ciompi...

Quinientos veinticinco años después de que el libro llegara a América con las crónicas de Cristóbal Colón, su sino de extravío en estas tierras sigue vigente. A los gobernantes se les llena la boca hablando de cultura y literatura e invocando a escritores en sus discursos, pero la realidad los traiciona: las políticas oficiales y los presupuestos para el mundo del libro son precarios, como se refleja en los bajísimos índices de lectura y en el comercio intercomunitario. El resultado es Iberoamérica como archipiélago y campo de obstáculos para una buena circulación del libro.

LIBER, Feria Internacional del Libro, que convoca desde hace 35 años a la industria del sector iberoamericano, que se realiza este año en Madrid, tiene como uno de sus temas estrella mejorar la circulación del libro entre España y América Latina y entre los países latinoamericanos. En la edición pasada, en Barcelona, el GIE (Grupo Iberoamericano de Editores) emitió un documento en el cual pedía a los gobiernos mejorar sus políticas culturales y del libro. La Declaración de Barcelona busca acabar con los obstáculos que convierten la región en un archipiélago cultural, basado en el apoyo real y presupuestario al fomento de la lectura. Y aunque las barreras ya no son tanto arancelarias, sí subsisten diferentes problemas que son analizados por un grupo de expertos:

  1. Obstáculos burocráticos, según el país.
  2. Escasas políticas gubernamentales para favorecer el sector.
  3. Deficiente apoyo a la promoción y fomento de la lectura.
  4. Pocas políticas empresariales por parte de las editoriales para poner a circular el libro entre los países, especialmente de los grandes grupos.
  5. Regular conocimiento del mercado de la región que incluye 21 países, cada uno distinto.
  6. La piratería del libro tradicional sigue arraigada, sobre todo en Latinoamérica, mientras en España es la del ebook.
  7. Falta concienciación de los autores para querer publicar en la región.
  8. Pocas o ineficaces políticas de conectividad para el desarrollo del libro electrónico.
  9. Vigencia de prejuicios ciudadanos que no terminan de creer en los escritores de su país y el continente.
  10. Bajo índice de lectura. Los indicadores en Latinoamérica oscilan entre dos y cinco libros por habitante al año, según el Centro Regional para el Fomento de la Lectura en América Latina y el Caribe (Cerlalc). En España es entre 8 y 10, aunque casi el 40% dice no leer nunca.

WMagazín preguntó a escritores y profesionales del sector sugerencias para mejorar la situación. Estas son sus ideas y propuestas:

Alberto Manguel
Escritor y director de la Biblioteca Nacional de la República de Argentina

Hay que mejorar la aduana, el sistema de correos y el proceso burocrático. Y dar más información en los medios de comunicación y revistas especializadas para informar a la gente de la producción de libros y los reclame. En Argentina el proceso burocrático obliga a llenar una serie de formularios y pagar por más de lo que cuesta el libro. Es una vergüenza para un país que quiere ser civilizado y nos impiden traer los libros y leer. Es consecuencia del gobierno kirchnerista, pero ya ha cambiado. Necesitamos que la aduana no impida el acceso de la cultura al país.

Gustavo Guerrero
Escritor y editor del Área Iberoamericana en Ediciones Gallimard, París

El problema de la mala (o escasa) circulación del libro entre los países latinoamericanos no es un asunto nuevo, pero tampoco ha existido desde siempre. Hace unos días en las Conversaciones de Formentor recordábamos con Guillermo Schavelzon que, en los años sesenta, los libros argentinos y mexicanos circulaban bastante bien por América Latina (el boom hubiera sido impensable sin ello). Las dificultades empiezan en los ochenta con la hiperinflación, la inestabilidad de las monedas y las desorganizaciones de la redes de distribución regionales. ¿Qué hacer hoy? Hay tres medidas: Un acuerdo arancelario para liberar el espacio latinoamericano de trabas y dejar fluir los libros sin gravámenes; fijar un IVA común para el libro y los productos culturales; e implementar políticas de lectura tendentes a desarrollar entre los públicos latinoamericanos un interés por los autores y obras latinoamericanas. El papel del Estado y de los gobiernos es fundamental, tanto o más que la transformación de los hábitos de lectura de nuestros públicos.

Detalle de la ilustración de Fernando Vicente.

Marianne Ponsford
Directora de Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina y el Caribe)

1. Apoyo al emprendimiento (crecen las editoriales independientes y la edición universitaria) y a la modernización del sector empresarial en técnicas de mercadeo y distribución utilizando nuevas tecnologías. 2. Estímulos a la comercialización de derechos de autor, a la traducción y a la coedición. 3. Políticas públicas de fomento a la red de librerías. 4. Estímulos a la generación de alianzas estratégicas de editores de la región en el uso de tecnologías emergentes. 5. Fortalecimiento del catálogo y bibliografías nacionales.

Ana María Cabanellas
Grupo Claridad y expresidenta de Unión Internacional de Editores

Siempre se pensó que el libro electrónico mejoraría la circulación del libro pero no ha sido así. Entre otras razones porque en nuestros países no circulan lectores digitales ni muchas tabletas. Se puede leer en teléfonos inteligentes y en algunos hogares en computadoras; pero sabemos que el crecimiento de los libros electrónicos está ligado al uso de lectores digitales y tabletas. Es necesario que los gobiernos mejoren la conectividad de los lectores.

Daniel Fernández
Editor y presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE)

Hay que conseguir que la lectura y el libro en cualquier soporte sean prioridades de los gobiernos. Insistir en que el indicador de progreso es la lectura. Y centralizar la programación de circulación de autores en los diferentes eventos importantes para que la gente esté informada.

Oche Califa
Director Institucional y Cultural Feria Internaciona del Libro de Buenos Aires

América Latina es importadora de contenidos y libros. Salvo los países con una industria nativa con buen desarrollo (México, Argentina, Colombia), y que compensan con producción propia, la mayoría consume lo externo, mayoritariamente español o que llega vía España. Los gobiernos deben entender la importancia estratégica del libro de factura local –por ejemplo, después de veinticinco años, las editoriales de los países del Mercosur tienen los problemas de siempre–. Deben oír a los editores sobre políticas de exportación. Tener políticas de Estado sostenibles; no bastan las de los gobiernos o ministros transitorios. Y los del sector no debemos esperar que estas cuestiones ocurran.

Juan Casamayor
Editor de Páginas de Espuma y premio FIL Homenaje al Mérito Editorial 2017

Interpreto un texto de Andrés Neuman: “La circulación latinoamericana no existe porque posee una geopolítica cultural que se le atraganta por separado a cada editorial, en lugar de entregarse estas a la invención de un espacio común que podría albergar a todos sus escritores y obras”. Desde una editorial independiente se puede inventar y replicar, oponerse, a esta situación: un catálogo diverso y extranjero de sí mismo; una sólida política comercial (no transoceánica en el caso de que sea española, sino apegada al lector); alianzas con editoriales y distribuidores que impulsen coediciones; promoción de autores en aquellos eventos que multipliquen su presencia; analizar, argumentar y presionar, como colectivo, a administraciones y gobiernos para que la legislación favorezca a esa circulación de libros, autores y fiscalidad del sector.

Valeria Ciompi
Editora de Alianza

Uno de los problemas es el número de títulos editados, que son demasiados y es imposible la circulación de todos. El sistema de envío de paquetes no puede continuar, porque no tienes control sobre ellos. Posiblemente la difusión pase por la edición local, la venta online y el libro electrónico, que también tiene problemas de circulación.

Guillermo Schavelzon
Agencia literaria Schavelzon – Graham

Se necesitan políticas de Estado que no sean transitorias con el gobierno de turno. Eliminar la burocracia que impide su buena circulación. Lo que hay detrás es un desinterés absoluto por la cultura y el libro. A los políticos no les interesa que la gente lea y que tenga más formación y críterio.

Pau Centellas
Agencia Literaria Silvia Bastos y presidente de ADAL (Asociación de Agentes Literarios)

La misma editorial debería hacer su distribución, a través de una red de distribuidores locales o transnacionales. Se podrían establecer alianzas con editoriales locales, compartiendo tanto los costes como los beneficios. Una tercera opción es que la cesión de derechos se parcele por países, de modo que en cada país un mismo título sea publicado por una editorial nacional distinta. Soy partidario de esta última opción solo cuando un editor no puede garantizar ni asegurar la distribución internacional de sus obras.

Manuel Gil
Editor y director de la Feria del Libro de Madrid

Revisión y enriquecimiento del ordenamiento legal del libro en toda la región a la luz del paradigma digital, incorporando plataformas de comercialización digitales y de impresión bajo demanda. Unificar el impuesto del valor agregado al libro y el desarrollo de incentivos fiscales deberían posibilitar el desarrollo de las industrias nacionales de edición. Fortalecer el tejido de librerías y bibliotecas.

***

En España, la industria editorial mueve anualmente más de 3.000 millones de euros, un 0,7% del PIB y da empleo, directo e indirecto, a más de 30.000 personas. Las 850 empresas editoriales agrupadas en la FGEE representan cerca del 97% de la facturación del sector y a lo largo de 2016 editaron más de 224 millones de ejemplares y 81.496 títulos, con una tirada media por título de 2.749 ejemplares.

La realidad del libro en América Latina es la siguiente, según el estudio de Cerlalc, de agosto de 2017:

“En 2016, las agencias de ISBN de América Latina registraron un total de 189.857 títulos, lo que representa una caída del 3,4% frente a los 196.450 títulos de 2015. Esta cifra viene en descenso desde 2014, cuando se alcanzó el registro más alto de las dos últimas décadas (202.295 títulos). En promedio se registraron 519 títulos al día en 2016. Dentro del total de títulos registrados, las editoriales comerciales dieron de alta el 54,8%; después se
situaron las entidades privadas no editoriales (13,4%), los autores-editores (11,7%) y las editoriales universitarias (11,2%)”.
“En 2016, el libro digital ganó participación frente al año anterior dentro del total de títulos registrados (2,6%). Por cada 100 libros registrados hubo 23 libros digitales, uno más que el año anterior. Los países que más libros digitales registraron fueron Brasil (21.519), México (7.774), Argentina (4.401) y Colombia (4.361)”.

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