La escritora italiana Dacia Maraini en Madrid, la primavera de 2019. /Fotografía de Lisbeth Salas

Dacia Maraini: “El miedo a perder la identidad tiene raíces profundas e irracionales”

La escritora e intelectual italiana analiza su obra por la edición de 'Cuerpo feliz. Mujeres, revoluciones y un hijo perdido' y 'Los años rotos'. Maraini habla de la historia de las mujeres, la injusticia y los miedos que acechan al mundo

En el Japón de antes y durante la Segunda Guerra Mundial, Dacia Maraini conoció de niña la belleza y el horror que nunca la han abandonado. Recuerdos que le llegan como centellas en una noche oscura…

La caída onírica de la nieve, la vida en un campo de concentración, las cabezas de pescado tiradas desde lo alto que les salvaban la vida, un dedo de su padre cortado con un hacha que fue definitivo para ganar la partida a la muerte, los abusos sexuales en la infancia, el miedo en un sinvivir de montaña rusa…

De allá, de su infancia de belleza y horror, procede el mundo personal y literario con el que Dacia Maraini (Florencia, 1936) se situó hace ya muchos años como una de las escritoras e intelectuales italianas y europeas más relevantes.

Tiene 82 años. Desde comienzos de los años sesenta escribe poesía, teatro, narrativa y ensayo en los que cuenta y reflexiona con esa voz suya tan honda, suave y acerada sobre temas germinados en aquel tiempo japonés: la injusticia social, la mujer y su desigualdad, el amor y el deseo femenino y masculino, la incomprensión, la maldad y la crueldad, la identidad, los tumbos de la sociedad. Y todo se podría condensar en miedo, amor y pérdida, incluso la pérdida de un hijo no nacido que le sirve a Maraini para crear una historia bella y profunda donde una madre decide, a pesar de perder a su hijo, tenerlo en su mente y verlo crecer y crecer con él para contarle parte de la historia de las mujeres, del mundo.

Cuerpo feliz. Mujeres, revoluciones y un hijo perdido es el más reciente libro de Dacia Maraini (Altamarea) en el cual condensa sus diferentes registros literarios e intelectuales. Una obra de gran sensibilidad y aliento político. Una mujer que habla a su hijo, y con él a todos, una escritora que narra los infortunios de las mujeres y que al final muestra que solo con la igualdad se puede construir un mundo con verdadero futuro.

Ella que con año y medio descubrió la caída hipnótica de la nieve y ya no se fue de su corazón, mientras que entre los siete y nueve años, entre 1943 y 1944, fue recluida junto a sus padres en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial porque su padre, que era diplomático italiano, se negó a reconocer el gobierno militar del fascismo al no adherirse a la República de Saló, de Mussolini. Pero sobrevivieron al campo de concentración, entre las cabezas de pescado que les tiraban desde lo alto los guardias japoneses y luego de que su padre se cortara un dedo y se lo tirara a uno de esos guardias para comprometerlo, según una tradición japonesa, con lo cual este decidió darles una cabra que les dio la leche que les ayudó llegar hasta el final.

Años después de aquel horror, Dacia Maraini empezó a convertirse en la figura que es. De eso fueron testigos su pareja, el escritor Alberto Moravia, su gran amigo Pier Paolo Pasolini y otros tantos escritores y conocidos. En 1963 publicó Los años rotos, que se editó el invierno pasado en España, antes de Cuerpo feliz. Mujeres, revoluciones y un hijo perdido (ambos en Altamarea). Una muestra de que el mundo no ha cambiado mucho, no solo eso, sino de que en algunos aspectos parece vivir una involución. Y entre uno y otro títulos como Memorias de una ladrona, La larga vida de Marianna Ucria y El tren de la última noche (Galaxia Gutenberg).

Envuelta en el barullo del lobby de un hotel madrileño, cerca de la estación de tren Puerta de Atocha, la voz de Dacia Maraini suena firme y delicada a la vez.

Winston Manrique Sabogal. El miedo la acompañó en su infancia. Diferentes miedos han estado latentes en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué sería el miedo en estos tiempos y cuáles serían esos miedos hoy?

Dacia Maraini. El miedo puede ser resultado del instinto, pero también un resultado cultural. El miedo se puede construir. Ahora mismo el miedo está en la destrucción del planeta, y los jóvenes están reaccionando ante eso. Hay otros miedos como el temor a perder la identidad, y viene de movimientos migratorios de los pueblos.

W. Manrique Sabogal. Usted ha señalado en varias ocasiones que la identidad no es algo estático, que es algo así como un organismo vivo.

D. Maraini. Incluso ahora hay más miedo a perder la identidad por el encuentro de varios pueblos diferentes debido a las migraciones. El miedo a perder la identidad tiene raíces profundas e irracionales. En estos momentos predomina la irracionalidad. El miedo está unido a la irracionalidad.

W. Manrique Sabogal. ¿Hay más irracionalidad ahora que en otros momentos de la Historia?

D. Maraini. No en este momento. En los años veinte, cuando nacieron el fascismo y el nazismo lo hacieron en un momento de gran irracionalidad. Ahora, después de setenta años de paz vuelve a emerger este instinto de irracionalidad.

W. Manrique Sabogal. El binomio miedo-identidad está reflejado en sus libros Los años rotos, de 1963, y Cuerpo feliz, de 2018. ¿Qué diferencia hay de ese miedo de hace cincuenta años, donde la mujer tiene un gran protagonismo y ahora, por ejemplo?

D. Maraini. El miedo a perder la identidad siempre ha estado, pero en algunos momentos se intensifica. Las mujeres, quizás, tienen más miedo porque su identidad viene de una narración externa, hay una incerteza sobre la propia identidad creada por la sociedad y el sistema patriarcal que ha creado estereotipos en los que la mujer es prisionera por motivos históricos.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué cree que deberíamos mejorar o construir para lograr la igualdad?

D. Maraini. Hay que crear conciencia. Se puede hacer ya con los niños en la escuela primaria. Y haría falta una conciencia mayor entre quienes construyen estereotipos y modelos en la televisión, la publicidad o los medios de comunicación. Pero esos estereotipos se mantienen.

La escritora italiana Dacia Maraini en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid, la primavera de 2019. /Fotografía de Lisbeth Salas

W. Manrique Sabogal. Otra constante en su obra es el amor, el deseo, el sexo, pero quizás esa es una cara de la moneda de la soledad. Como si la búsqueda del amor fuera para llenar un vacío de soledad.

D. Maraini. El amor es una forma de conocimiento, el amor lleva al conocimiento. Por un lado está el amor que se basa en el conocimiento y, por otro, el de la posesión que es el no conocimiento, en realidad.

W. Manrique Sabogal. En Cuerpo feliz hay un pasaje donde la madre no reconoce a su hijo por la forma como se dirige a la mujer, y hay una frase muy interesante cuando la madre le dice al hijo:

“¿Qué es lo que te ha herido para que ahora tengas esas ansias de venganza contra quién y contra qué? ¿Y no te parece cobarde arremeter contra alguien que es más débil que tú? ¿No entiendes que es algo mezquino? Atacas a una niña que juega a ser mayor, pero no ves que tiene más miedo que tú. Todo ese disfraz le sirve para sentirse más fuerte en un mundo masculino que no tiene consideración de ella como persona sin que la quiera solo como un cuerpo…”.

D. Maraini. Hay dos influencias culturales: una que viene del padre y de la madre, de la familia, y otra que viene de la sociedad. En este caso la sociedad de los chicos que se unen y forman una manada que tiene una idea muy simplificada del mundo que se basa en el depredador y la presa. Y el chico para ser aceptado en ese grupo se convierte en un depredador. La madre piensa que él ha escapado completamente a su influencia. Y esto es doloroso para ella. Pero no hay nada que hacer porque en ese momento gana la influencia de la sociedad. Él tiene que tomar una distancia de la madre, de la familia, aunque después de muchos años recupera el amor. El amor como conocimiento, como decía, y él adquiere su humanidad de hombre cuando se enamora. Antes para él las mujeres eran otra raza, otro mundo, pero luego entiende que son seres humanos iguales a él.

W. Manrique Sabogal. La religión es otro tema presente en sus obras de una manera no muy positiva que inculcan aspectos de la vida como algo pecaminoso.

D. Maraini. Las religiones monoteístas son sexófobas. En las relaciones arcaicas el sexo era venerado porque era fuente de vida. Era la vida que nacía de una unión sexual. Las religiones monoteístas ven la sexualidad como el infierno, el mal. Entonces convierten a la mujer en un peligro, en el mal que tiene que ser controlado. Es una idea basada en lo patriarcal, en culturas y religiones donde no hay diosas. Todo viene del dios padre, por eso las mujeres han sufrido mucho.

W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de las relaciones de amor y sexo a través de internet y de las ofertas infinitas que hay?

D. Maraini. También hay una batalla ahí porque hay una cultura del mercado del amor y el sexo. Todo se convierte en un objeto que puede ser comprado o vendido. Ahí tienes la prostitución en todas sus formas que entra en la cultura del mercado. Luego hay otra cultura que quiere cultivar un amor duradero y ahí surge un conflicto, pero está claro que ahora es muy fuerte la cultura del mercado. Lo vemos en los medios de comunicación, en la televisión, el cine, la publicidad, internet donde hay un uso del cuerpo humano, sobre todo el femenino, como un objeto, como un sofá, es la cosificación del cuerpo humano.

W. Manrique Sabogal. ¿Usted que ha abordado el tema del amor tantas veces, por qué cree que el ser humano siempre está buscando el amor?

D. Maraini. El amor es la vida. Las ganas de construir, es una fuerza vital. Para el ser humano la vida es un valor positivo. Para el ser humano el amor es una fuerza extraordinaria que puede cambiar el mundo.

El amor es una pulsión social porque la sociedad tiene la necesidad de convivencia y la convivencia nace del instinto de estar juntos; y el amor es eso, lo contrario del odio y el aislamiento. Es construir juntos. El amor es una fuerza social muy potente que no te lleva a la guerra, como el odio, sino al futuro.

El ser humano lleva dentro la fuerza de construcción y destrucción. Lo que nos mantiene en esta tierra es el eros no el tánatos, aunque, a veces, este mete su zarpazo.

W. Manrique Sabogal. En Cuerpo feliz hay un homenaje muy bonito a la literatura, cuando la madre cuenta lo que ella le leía a su hijo. ¿Qué es la literatura para Dacia Maraini, poeta, dramaturga, narradora, intelectual?

D. Maraini. La literatura es muchas cosas. Es un viaje en el tiempo y en el espacio, con lo cual es una gran libertad. Porque estás en una habitación y puedes ir miles de años atrás o los que quieras con el tiempo que aborde el libro, y también de espacio porque viajas a esos lugares. La segunda cosa importante es que la literatura es que cuando se lee un libro se vuelve a escribir. En la lectura pones en marcha la imaginación, no aceptas pasivamente una imagen que se te propone sino que tú la creas, es algo muy formativo. La literatura y la lectura forman el carácter, la persona.

W. Manrique Sabogal. ¿Cree que el libro está amenazado por las nuevas formas de ocio en la red?

D. Maraini. Normalmente diferencio entre información y formación. La información es cuantitativa y la formación cualitativa. La información se extiende en Google o Wikipedia y está bien, yo también la utilizo, pero la información es una línea horizontal, mientras que la formación está ligada a la calidad y es una línea vertical, esa es la diferencia. Nosotros necesitamos mucha información, sin embargo nos basta un poemario para la formación.

La lectura de libros no es sustituible porque, además, existe una necesidad de profundizar.

W. Manrique Sabogal. La belleza es otro aspecto en su obra y pensamiento. ¿Recuerda cuándo reconoció de manera consciente algo bello?

D. Maraini. La belleza es armonía. Incluso un niño no piensa en cánones estéticos, pero reconoce la belleza en la armonía. Luego una persona adulta es capaz de explicarla y se convierte en algo consciente y en teoría estética. La armonía toca los sentidos, y uno sabe muy bien cuando algo es armónico.

Mis primeros recuerdos de belleza fueron en Japón, cuando tenía como año y medio. La nieve… Incluso hoy la nieve me fascina porque fue la primera experiencia del sentido de la belleza. Todo se vuelve espléndido, onírico.

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