Detalle de ‘Desnudo en reposo: Louise O´Murphy’, de Boucher.

Daniel Defoe y su alegato contra la condición de la mujer casada en ‘Roxana’

El poeta y narrador colombiano analiza la novela de escritor inglés donde la voz narradora es una mujer con cinco hijos abandonada por su marido que se rebela contra las ataduras al vivir de hombres ricos. Una obra muy adelantada a su época

Hay una especie de sino fatal con ciertos autores de obras maestras, cuya memoria se transmite unidimensionalmente, con el único recuerdo de su máximo logro. Cervantes es el mejor ejemplo: por culpa del Quijote nos olvidamos en nuestro detrimento, por ejemplo, de las Novelas ejemplares. Y es el caso de Daniel Defoe (Londres, ¿1659-1661?- 1731), de quien pareciera bastarnos el extraordinario Robinson Crusoe, dejando de lado lo demás que escribió. Apenas en este 2017, Valdemar editó completa su Historia general de la piratería, apenas parcialmente traducido hasta hoy.

Y se necesitaron 285 años para que, en 2009, la editorial argentina La bestia equilátera hiciera la primera edición en castellano -versión de Teresa Arijón- de su última novela, Roxana, publicada anónimamente por Defoe en 1724. Y 286 años después de esa fecha, en 2010, fue la española Alba, la editora que publicó la segunda traducción, esta vez debida a Miguel Temprano García.

Fiel al uso de su tiempo, el título completo es Roxana, la amante afortunada, o Historia de la vida y la muy diversa suerte de mademoseille de Belenau, luego llamada condesa de de Wintselshein en Alemania. Conocida bajo el nombre de lay Roxana en tiempos de Carlos II. Resumiendo de otra manera, la historia comienza cuando una mujer es abandonada por su marido; la deja ya con cinco hijos y sin un céntimo; entonces ella se dedica a vivir de amantes ricos y poderosos. Vive en Inglaterra, en Francia y en Holanda, principalmente, y llega a ser una mujer con buena fortuna, tanta, que ya madurita quiere, además, escapar de su propio pasado.

Al igual que Moll Flanders, una novela anterior de Defoe, Roxana está contada por ella misma, a manera de autobiografía. En apariencia este es un dato técnico, meramente formal, pero el fondo del asunto es mucho más renovador: es, ni más ni menos, darle voz a la mujer. En particular, la historia, de por sí entretenida, tiene el plus de ser un alegato contra la condición de la mujer casada frente a los derechos del marido que, en la práctica, expropia a la esposa de sus bienes y de todas sus decisiones: “no sentía el menor deseo de volver a ser esposa de nadie, pues había tenido tanta mala suerte con mi primer marido que odiaba la sola idea; sabía que las esposas eran tratadas con indiferencia y las amantes con denodada pasión; que a una esposa se la mira desde arriba, como si fuera un ama de llaves, mientras que una amante es soberana; que la esposa debe entregar todo lo que tiene, debe perder todas sus reservas y soportar que le echen  en cara hasta su pequeña asignación esporádica, en tanto la amante hace realidad el dicho según el cual ‘todo lo que tiene el hombre es de ella, y todo lo que ella tiene es exclusivamente suyo’. La esposa tolera un millar de insultos y está obligada a quedarse sentada escuchándolos, o a partir y caer en la ruina; la amante insultada se recupera enseguida y se consigue otro”.

“No es de ti de quien sospecho -dije-, sino de las leyes del matrimonio que ponen todo el poder en tus manos. Te obligan a hacerlo, te mandan que mandes; y a mí, en consecuencia, me obligan a obedecer”

En cierto momento su amante holandés le propone matrimonio y ella se niega: “no es de ti de quien sospecho -dije-, sino de las leyes del matrimonio que ponen todo el poder en tus manos. Te obligan a hacerlo, te mandan que mandes; y a mí, en consecuencia, me obligan a obedecer. Tú, que ahora estás en términos de igualdad conmigo, y yo contigo, en menos que canta un gallo estarás sentado en el trono, con la humilde esposa postrada frente a tu escabel. Todo el resto, todo lo que llamas unidad de intereses, afecto mutuo y demás no es sino amabilidad y cortesía, y la mujer estará por cierto infinitamente agradecida si las cosas van por ese lado. Pero no podrá ayudarse a sí misma si van por otro”.

Aunque hay consideraciones morales por parte de la narradora, cómo no, su relato está más allá de las moralejas y las moralinas: “me aventura a decir que ninguna otra mujer ha vivido una vida como la mía, de veintiséis años seguidos de perversiones, sin mostrar la menor señal de remordimiento, sin ningún signo de arrepentimiento y sin el deseo de ponerle fin. Me había habituado a esa vida de vicio hacía ya tanto tiempo que en realidad no me parecía un vicio; mis días transcurrían suaves y placenteros; nadaba en la opulencia y (…) el dinero me llegaba a raudales”.

Por supuesto, no voy a contar el final de Roxana, pero es bueno decir que ese final ha variado con los años. Habiéndose publicado anónimamente en 1724, cincuenta años después aparecieron ediciones con el final adaptado a la sensibilidad del momento; y ese fraude se repitió varias veces. La edición que leí conserva el final de la primera edición.

*Darío Jaramillo Agudelo es poeta y narrador colombiano. Es autor de títulos como El cuerpo y otras cosas y El juego del alfiler (editorial Pre-Textos). Y Del amor, del olvido y Gatos, en editorial LunaLibros.

 

 

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