El escritor David Rieff (Boston, 1952) en Madrid la primavera pasada. / Fotografía de Lisbeth Salas

David Rieff: “Puede que el olvido sea más útil y moral que el recuerdo y la memoria”

El escritor y analista político estadounidense reflexiona en 'Elogio del olvido' sobre las ventajas y desventajas de la memoria colectiva y su politización

“Un sacrificio demasiado largo / puede tornar en piedra el corazón”, W. B. Yeats.

La poesía escolta a David Rieff. Desde los versos que vienen de Homero y remontan los tiempos hasta llegar a poetas más contemporáneos como Yeats o Szymborska acompañan la vida personal, intelectual y literaria de este historiador, analista político y excorresponsal de guerra.

Con todos esos versos a su alrededor, Rieff (Boston, 1952) otea el presente enmarañado de duelos, odios y revanchas. Lo refleja en su último ensayo: Elogio del olvido. Las paradojas de la memoria histórica (Debate). Una lúcida radiografía sobre la manera como la memoria colectiva ha sido usada en el mundo y cómo sus bondades pueden convertirse en un campo de minas. “De algo expuesto como imperativo moral”, pero por ello mismo “el exceso de memoria puede ser peligroso”. Justicia, verdad y paz son cosas difícilmente combinables, afirma el intelectual, pero “por eso a veces es preferible el mal menor para poder seguir avanzando”.

La hoja de ruta propuesta por Reiff es susurrada por poetas, filósofos y escritores de muchos siglos. Aquellos que sintieron y pensaron el mundo no solo al describirlo sino que buscaron soluciones para mejorarlo. Y sus versos están esparcidos en este ensayo como aliados del alegato de Rieff. Porque el exceso de memoria, lamenta el escritor, “puede contaminar a las personas cuando, a veces, la mejor solución es olvidar”.

David Rieff, hijo de la escritora e intelectual Susan Sontag, analiza conflictos históricos recientes que han marcado el destino del mundo: el Holocausto de la II Guerra Mundial, la Guerra de los Balcanes, el conflicto de Irlanda del Norte y los atentados a los torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. A través de ellos explora la obsesión del ser humano por el pasado que puede causar más estragos que beneficios sino se gestiona bien. “No es el olvido por el olvido, es el olvido como solución y paz interior y colectiva”.

Hacia el final del libro, el autor cita a la polaca Szymborska que expresa en poemas como La realidad exige “el imperativo ético del olvido, si la vida ha de continuar”:

“La realidad exige
que también se diga:
la vida sigue.
Sigue en Cannas y en Borodino
y en Kosovo Polje y en Guernica”.

Rieff no habla solo desde su despacho, sino que ha pisado las zonas de dolor y sentido el miedo o la incertidumbre provocada por sus semejantes ante arrebatos de revanchas. Y vivido y meditado, también, a través de la experiencia de tantos poetas.  Una trayectoria vital y literaria que recorre ahora en el salón de un hotel de Madrid (España).

Pregunta: Los escritores, pero sobre todo los poetas, son sus principales aliados en este libro.

David Reiff: Soy lector, sobre todo, lector particularmente de poesía. Estos años leo mucho menos novelas, pero leo en inglés, en francés y en español mucha poesía. Para mí es una referencia esencial. No veo cómo habría podido escribir un libro como Elogio del olvido sin referirme a poetas, no solo a filósofos o personajes políticos, sino también poetas y no sé si haya también novelistas”.

P. García Márquez en sus memorias Vivir para contarla, tiene como epígrafe: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

D. Rieff: La memoria en sí misma es una trampa porque si hablamos de la verdadera memoria, es decir la memoria individual, no hay memoria colectiva. Hay los mitos o la historia que parezca a un cierto punto a comunidades. Como la verdad. Cuando hablamos, por ejemplo, de la memoria colectiva de la Guerra Civil española no es la verdad. Parte de unas personas muy mayores que han vivido la guerra, pero no hay memoria colectiva de la guerra en el sentido estricto de memoria. El problema es cómo distinguir entre un uso y un abuso de la memoria, quién va a decidir eso y cómo buscar o cómo seleccionar entre las demandas de, por ejemplo, las víctimas. En España las víctimas de la violencia de ETA reclaman justicia, pero hay también muchas personas en el País Vasco que han apoyado a ETA, entonces ¿cómo decidir a qué memoria vamos a privilegiar? Es muy complicado porque mi terrorista es su revolucionario, y etcétera. Cuando oigo “las víctimas reclaman justicia”, si hablamos del término justicia en una corte es otra cosa… En Irlanda del Norte, que tiene similitudes con el País Vasco, han decidido dejar en libertad a muchos asesinos porque los negociadores de ambos lados han pensado que la paz era preferible a la guerra y una paz sin mucha justicia…

P. Ahí entran dos elementos: por un lado la manipulación de la memoria como acaba de decir, porque ¿quién decide? El gobierno o cuatro personas deciden cuál es la memoria colectiva de unas víctimas o de un conflicto, lo cual lo convierte en un hecho subjetivo. En el libro recuerda que hay tres cosas difícilmente combinables: Justicia, Verdad y Paz. Alguna cojeará, ¿cómo lograr ese equilibrio?

D. Rieff: No sé si puede. Estoy convencido de que hay instancias en las cuales no se pueden reconciliar las tres categorías y debes elegir entre, por ejemplo, Paz y Justicia. En Bosnia, por ejemplo, la paz en 1995 era una paz injusta, pero decidieron, apostaron, y la justicia quedó un poco a un lado… ¿Cómo imponer la justicia cuando no hay ganador? Las guerras se terminan de dos maneras: con la vitoria absoluta o con la negociación, al final de lo cual no hay verdaderamente vencedores ni perdedores. En este contexto es muy difícil imaginar la imposición de la justicia del modelo de la victoria absoluta. En Alemania, por ejemplo, los vencedores, los aliados, pudieron imponer su versión del pasado, entonces, si crees como yo creo, que tuvieron razón, es decir que la versión impuesta era justa también. Pero en Irlanda del Norte o en Bosnia si no puedes imponer una nación colectiva tal vez es mejor no tratar de imponer cualquiera.

David Rieff en Madrid, la primavera pasada. / Fotografía de Lisbeth Salas

P: Dentro de esa manipulación de la memoria hay quienes deciden seguir hacia adelante, una especie de borrón porque si empiezan a señalar significa que estarán siempre hurgando en el pasado. George Santallana decía: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.

D. Reiff: La memoria colectiva es el uso, no es Historia. La memoria colectiva es una versión del mito dominante. Por ejemplo, hace un año que no he estado en Colombia, pero conozco el debate. Está la versión de las FARC, la del pueblo y la del presidente Juan Manuel Santos y la del expresidente Álvaro Uribe, y con ellos no se sabe cómo van a reconciliar las versiones. Hay dos puntos de referencia en este libro: el primero es que la memoria no es un imperativo moral, no digo lo contrario de Santallana, no digo que todos los que recuerdan serán condenados a repetir el pasado, pero hay instancias en las cuales el olvido es preferible a los recuerdos y otras instancias en las cuales el recuerdo es preferible y también depende del cuando…

P: Es cuando la sociedad decide cuándo es bueno olvidar y seguir hacia adelante. ¿Acaso es cuando haya desaparecido la generación de víctimas o verdugos directos? La cuestión es, quizás, el grado en que una sociedad decide que es mejor el mal menor. En el caso de Colombia ha sido seguir hacia adelante ante el desarme de las FARC.

D. Rieff: Estoy de acuerdo. Porque en unos casos hay que sacrificar unas cosas, o la justicia o la verdad o la paz. Yo prefiero la paz a la justicia. Pero entiendo que una víctima o una hija de una víctima quiera justicia. En el caso del País Vasco, en España, entiendo perfectamente cómo puedes hablar de justicia para las víctimas. Pero ¿qué es justicia para las víctimas del genocidio de los armenios?, ¿que el Estado pide perdón? Tal vez la madurez consiste, finalmente, en dejar las memorias amargas. No sé si es posible, pero sé que la memoria colectiva puede hacer daño.

P: Son como las palabras de Jorge Luis Borges con las que cierra el ensayo: “Yo no hablo de venganza ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”.

D. Rieff: Yo estoy con Borges.

P: ¿Dónde queda lo políticamente correcto en todo esto? La llegada de un presidente de Estados Unidos como Donald Trump, que con sus gestos y palabras legitima o aprueba ciertos comportamientos o ideas que atentan contra muchas cosas. ¿Se está dinamitando todo lo conseguido en este campo de derechos, ejemplaridad y diplomacia?

D. Rieff: No sé muy bien la respuesta. La verdad es que tenemos un presidente xenófobo, un populista de derecha extrema. En este momento la diferencia entre el populismo de derecha o izquierda es poca.

P: ¿Está el mundo entrando en una especie de aporía respecto a la democracia? ¿Los mismos líderes políticos están implosionando el sistema? La gente no cree ni en ellos ni en las instituciones.

D. Rieff: Absolutamente. Los líderes tradicionales o del stablishment en nuestros países no han entendido de manera correcta el nivel de miedo, de odio, de muchos ciudadanos. No han dado una respuesta. No conozco ninguna persona que haya votado por Trump, pero es mi problema, no el problema de los votantes. Y sí conozco a gente que votó por Sanders, el otro candidato demócrata que perdió frente a Hilary Clinton…

En ese momento, David Rieff se adentra en el análisis de lo que sucede en su país y la incertidumbre que genera todo aquello. Son elementos nuevos que no estaban cuando tuvo la primera idea de escribir este ensayo: Elogio del olvido. Fue hace unos 15 años cuando se dio cuenta de que la mayoría de sus amigos pensaban que Santallana tenía razón: “los que no recuerden el pasado están condenados a repetirlo'”. Entonces empezó a pensar que él que había estado en tantos conflictos y guerras como periodista y se había dado cuenta de la manera en que, a veces, el olvido había sido usado como arma de guerra y otras como arma de paz: “Entonces el origen de mi libro es una investigación de la posibilidad de que el olvido sea más útil y más moral, diría yo, que el recuerdo y la memoria; pero, repito, en casos específicos, no en todos”.

Lo que David Rieff recuerda es la memoria y el recuerdo como vida y no como un sinvivir.

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