La escritora francesa Annie Ernaux. /Cortesía Premio Formentor de las Letras 2019

El Formentor de las Letras premia la obra íntima, inquietante y honesta de Annie Ernaux

La escritora francesa "ha interpelado a la sociedad de su tiempo con una crudeza insólita y difícil de encontrar entre sus contemporáneos", según el jurado

Annie Ernaux ha explorado y contado los laberintos de las emociones y sus zozobras como pocos autores. Y sin adornos en busca de la verdad aunque sea dolorosa. Eso crea otra belleza, inquietante, reconocible por ser experimentada por todos en algún momento y, por ende, creada por todos de manera secreta por que, a veces, no se admite. Ernaux es su propio territorio. Sus libros parten de sus vivencias y dan rostro a la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano en aquello que lo hace más humano y nos iguala: los sentimientos en su mundo interior.

Ahora la escritora francesa (Lillebonne, 1940) ha sido distinguida con el Premio Formentor de las Letras 2019. Es una manera de arrojar luz sobre una narradora con no muy buena fortuna en ediciones en español pero que vale mucho la pena leer. El galardón reconoce el conjunto de una obra sin distinciones de países o idiomas y está dotado con 50.000 euros. Es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura.

La obra de Annie Ernaux, según el jurado, es un “implacable ejercicio de veracidad que penetra los más íntimos recovecos de la conciencia”. Es la primera mujer en recibir este premio en su segunda etapa (en los años sesenta lo ganaron Dacia Maraini, Nathalie Sarraute y Gisela Elsner). La escritora francesa se une a un premio que ya obtuvieron autores como Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Carlos Fuentes, Javier Marías o Roberto Calasso.

Annie Ernaux es autora de una veintena de libros donde están reflejados en su crudeza el amor, los celos, la espera, la culpa, el aborto, el sexo, las dudas, la obsesión, el dolor, la vergüenza… Mundos íntimos o secretos en títulos como El lugar (premio Renaudot, 1984), La mujer helada (Cabaret Voltaire), Pura pasión (Tusquets), No he salido de mi noche (Cabaret Voltaire), El acontecimiento (Tusquets), La ocupación (Herce), La vergüenza, (Tusquets), Los años y La otra hija (KRK).

Con la escritora francesa, el Formentor confirma una excelente y original línea iniciada el año pasado al premiar al rumano Mircea Cartarescu. Es decir: autores más allá de lo indiscutible por su calidad y conocidos por el gran público para apostar por aquellos nombres que no están en el centro del imaginario de la mayoría de los lectores pero sí en la balda de la mejor literatura. Están allí por la calidad literaria y por los temas que abordan en un compromiso por ahondar en la complejidad de la naturaleza del ser humano.

Annie Ernaux. /Fotografía Cabaret Voltaire

Territorio Ernaux

Annie Ernaux, continúa el acta del jurado, “ha interpelado a la sociedad de su tiempo con una crudeza insólita y difícil de encontrar entre sus contemporáneos. Empecinadamente comprometida con una realidad que abarca todo lo que hay de desagradable en la existencia, Annie Ernaux da testimonio de las emociones y saberes más incómodos de la condición humana. En la literatura de Ernaux, un estilo entrecortado y áspero se pone al servicio de una conmovedora y terrible franqueza: el lector encuentra en sus libros todo aquello que no se atrevía a pensar de sí mismo y de este modo se ve conducido hacia la irreparable redención del simulacro moral en el que permanece recluido”.

Ernaux ha levantado una literatura con las piezas de su vida, y no todas felices. Un viaje sincero al centro de su Yo. Con sus escritos pone delante a los lectores asuntos que no se quieren admitir, pero que están dentro, agazapados y forman parte de la identidad secreta, del dolor, la angustia. Visto de otro lado, algunos podrían ser la esperanza silenciosa y terca de todo individuo de aferrarse a algo ¿de no admitir una derrota?

“Cuando pienso en mi vida, veo mi historia desde la infancia hasta hoy, pero no puedo separarla del mundo en el que viví. Mi historia se mezcla con la de mi generación y los eventos que nos sucedieron. En la tradición autobiográfica hablamos de nosotros mismos y los acontecimientos son el trasfondo”, dijo Ernaux en una entrevista al diario británico The Guardian.

Hay otro aspecto relevante y singular en el acta del jurado: “Los libros de Ernaux se sitúan en la encrucijada de la literatura, las ciencias sociales y la documentación fotográfica para desbrozar la naturaleza de un yo atravesado por la cotidianeidad y sometido a la inconsolable pesadumbre de vivir. Ernaux desvela sin pudor la condición femenina, comparte con el lector la intimidad de la vergüenza y refleja con un estilo despojado la desordenada fragmentación de la vivencia contemporánea”.

La escritora francesa ha dicho que en términos de experiencia colectiva, “el período justo antes de 1968, la época de los Beatles, hasta la década de 1980 fue probablemente el más interesante”. A nivel personal destaca la época que va de sus 45 a 60 años cuando dice: “Tuve la impresión de ser realmente una mujer libre haciendo lo que quería. Fue un momento de gran libertad para mí, cuando me sentía bien con la vida”.

El anuncio del premio, con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, se hizo este lunes 6 de mayo en Roma en el Campidoglio. El jurado estuvo compuesto por Antonio Colinas, Víctor Gómez Pin, Elide Pittarello, Marta Rebón y Basilio Baltasar como presidente. Baltasar es director de la Fundación Santillana y de las Conversaciones Literarias de Formentor, del Festival de Filosofía y del Congreso de Periodismo Cultural. El premio se entregará en septiembre durante las Conversaciones Literarias de Formentor, organizadas por la Fundación Santillana con el mecenazgo de Simón Pedro Barceló, actual propietario del hotel Barceló.

Historia del Formentor

Este galardón ha tenido dos etapas: entre 1961 y 1967 y la segunda desde 2011. La primera etapa fue impulsada por un reputado grupo de editores europeos como Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…. Entonces convocó a los más destacados escritores de la época. Tenía dos modalidades: Internacional en la cual distinguía a un autor de prestigio universal: Samuel Beckett (por Triología), Jorge Luis Borges (Ficciones), Uwe Johnson (Conjeturas sobre Jacob), Carlos Emilio Gadda (El aprendizaje del dolor), Nathalie Serraute (Les fruits d’or), Saul Bellow (Herzog) y Witold Gombrowicz (Cosmos). Y el Premio Formentor, como tal, que galardonaba una novela presentada por las editoriales que participaban: Juan García Hortelano (por Tormenta de verano), Dacia Maraini (ETA del malessere), Jorge Semprún (El gran viaje) y Gisela Elsner (The Nightclerk).

En este siglo, desde 2011, el Formentor ha buscado recuperar el ambiente cultural y vanguardista y el prestigio a través de la distinción a una serie de autores por su obra. Los ganadores del premio han sido:

Carlos Fuentes.

Juan Goytisolo.

Javier Marías.

Enrique Vila-Matas.

Ricardo Piglia.

Roberto Calasso.

Alberto Manguel.

Mircea Cartarescu.

Annie Ernaux.

El galardón de 2019 a la autora francesa se entregará en el marco de las Conversaciones literarias de Formentor, organizadas por primera vez en la década de los años treinta auspiciadas por Adan Diehl, creador del Hotel Formentor. Continuaron en la década de los sesenta con el patrocinio de Tomeu Buadas. Desde el año 2008 las Conversaciones Literarias las organiza la Fundación Santillana con el mecenazgo de Simón Pedro Barceló, actual propietario del hotel que da nombre al premio.

En septiembre, en la isla de Mallorca (España) y a orillas del Mediterráneo en el lugar donde nació el premio en los años sesenta y en compañía de una treintena de escritores, críticos literarios y profesionales del libro, Annie Ernaux recibirá su Formentor de las Letras por títulos como La ocupación que en uno de sus pasajes escribe:

“Había dejado a W. unos meses antes, él me dijo que se iba a ir a vivir con una mujer, pero no quiso decirme su nombre. A partir de ese momento fui presa de los celos. La imagen y la existencia de la otra mujer no dejaban de obsesionarme, como si ella hubiera entrado en mí. Esta ocupación es la que describo. (…)

Tenía tal incertidumbre y tanta necesidad de saber que las pistas descartadas podían volver bruscamente a primer plano. Era habilísima para enlazar los hechos más diversos con una relación de causa a efecto. Por ejemplo, la noche del día en que W. aplazó la cita que teníamos para el día siguiente cuando oí a la presentadora del tiempo decir al final de la emisión: mañana celebran sus santos los que se llaman Dominique, tuve la seguridad de que así se llamaba la otra mujer: W. no podía venir a mi casa porque era el santo de ella, porque iban juntos a algún restaurante, a cenar con velas etc. Aquel razonamiento formaba en un abrir y cerrar de ojos su cadena. No podía ni dudarlo. Me aseguraban que era cierto las manos, que se me habían quedado frías, y el corazón, que ‘había fallado un latido’ al oír Dominique.

Puede verse esta forma de buscar y encajar las señales como un ejercicio descarriado de la inteligencia. Yo veo en ella más bien una función poética, esa misma que actúa en la literatura, en la religión y en la paranoia.

Por lo demás, pongo los celos por escrito igual que los vivía, acosando y acumulando los deseos, las sensaciones y las acciones que tuve e hice entonces. Es la única forma que concibo de proporcionar a aquella obsesión la categoría de algo material. Y temo continuamente dejarme en el tintero algo esencial. La escritura, a fin de cuentas, es como unos celos de lo real”.

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