Coetzee en FILBO

El Nobel de Literatura, J. M. Coetzee (sentado) y Giuseppe Caputo, directora de la FILBo en 2017. /Foto de Lisbeth Salas

El futuro de la FILBo y la diversidad en lo consagrado y lo nuevo

El director de la feria bogotana apuesta porque la feria contribuya a fomentar la lectura a través de diversas actividades

En los últimos años, la Feria Internacional del Libro de Bogotá ha crecido y crecido hasta ser ahora un evento de ciudad. Cada vez son más los espacios en los que la FILBo ocurre. Tiene su epicentro en Corferias, pero también hay eventos por toda Bogotá: en librerías, bibliotecas, colegios, universidades y otros espacios urbanos durante los 14 días que dura la feria. La programación cultural es cada vez más amplia y diversa: incluye autores de primerísimo nivel y enorme proyección internacional como los Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, JM Coetzee, VS Naipaul, Mario Vargas Llosa y JMG Le Clézio; la Premio Nobel de Paz Jody Williams, Cees Nooteboom, César Aira, Jeffrey Eugenides, Richard Ford, Philippe Claudel, John Banville, Fernando Vallejo y los editores de Elena Ferrante, por ejemplo, como autores destacados del panorama literario iberoamericano contemporáneo. En los últimos años, escritores como Fabio Morábito, Emiliano Monge, Valeria Luiselli, Gabriela Alemán, Carlos Pardo, Marta Sanz, Luis Muñoz, Mercedes Cebrián, Sergio Chejfec, Mariana Enríquez, María Sonia Cristoff, Selva Almada, Alejandra Costamagna, Paulina Flores, Abilio Estévez, Legna Rodríguez y muchísimos más han participados en las mesas de la FILBo. Lo propio ocurre con autores colombianos de todas las generaciones: Tomás González, Evelio Rosero, Laura Restrepo, Piedad Bonnett, Carolina Sanín, Juan Álvarez, Juan Cárdenas, Daniel Ferreira, Margarita García Robayo… La FILBo abre sus puertas a autores nuevos y consagrados. La visita de cada autor debe ser la excusa para que su obra viaje a Colombia y se quede en el mercado. No tiene sentido que estos autores viajen a Bogotá si su obra no viaja con ellos.

Quisiera resaltar el lugar que la edición independiente ha ido ocupando en la programación de la feria: desde los últimos años, está en el centro de la programación cultural. Así mismo, han ido creciendo las jornadas profesionales: no sólo los foros del libro, que son las mesas para la profesionalización de todos los interesados en edición y gestión editorial, sino también el salón de negocios de la FILBo, pensado para agentes, editores, distribuidores y responsables de servicios editoriales.

Hablo del futuro que quisiera para la FILBo, al menos en lo que respecta a la programación cultural, dirigida a un público tan amplio como diverso: seguir conjugando en las mesas a autores consagrados como a autores nuevos, y a editoriales grandes como independientes. La FILBo debe ser un espacio para todos; no sólo debe dar relevancia al talento que ya conocíamos sino buscar, buscar, buscar: estar pendiente de lo que ocurre en el mundo y abrir puertas a los que las tocan e incluso a quienes no las han tocado porque no saben que pueden tocarlas. Abrir puertas.

Me alegra mucho la aparición e importancia que han adquirido varias franjas de la feria: las franjas “Que viva la música” y “Libros para comer”, que tienen cada uno un pie en los libros y el otro pie en otro oficio (la música y la gastronomía), pues invitan a lectores no asiduos a acercarse a los libros desde otros caminos; la franja para niños y la franja para jóvenes, así, separadas, y ya no juntas en un sólo bloque llamado “franja infantil y juvenil”, pues evidentemente no es lo mismo un niño de cinco años que un joven de 18; la franja “Más formas de leer”, que le habla a personas con discapacidad e incluye talleres de lecto-escritura en Braille, por ejemplo, y charlas sobre rima y poesía en lengua de señas.

La diversidad también se ve en la creciente presencia de autores LGBTI en la feria, como Justin Torres, Édouard Louis, Luis Negrón, Amalia Andrade, Maxim February, Brigitte Baptiste, Mati González Gil… Con ellos hemos querido recordar que hay experiencias que otorgan sentimientos específicos y conocimientos culturales específicos, y que la lectura tiene muchos colores.

Que ese espíritu de apertura, curiosidad, renovación, búsqueda y diversidad siga siempre.

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