Coetzee en FILBo 2017

Fotografía: Lisbeth Salas

El péndulo de J.M. Coetzee entre lo humano y lo animal

El Nobel sudafricano J.M Coetzee leyó en su visita a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) su obra Elizabeth Costello, la cual recuerda los tiempos de violencia del hombre hacia los animales

Cinco de la tarde. Desde la entrada donde está ubicado el arco en Corferias, donde se reaiza la Feria del Libro de Bogotá, se divisaba rumor de alguna fila, solo a unos cuantos metros se veía una que llegaba casi a mitad de camino del acceso. Una organizadora repartió turnos a las personas de la fila, lo cual celebraban los asistentes, ya que demostraba que no se hacía la fila en vano, ya llegaba al turno numero seiscientos.

La hilera que llegaba hasta el Auditorio José Asunción Silva tenía un salón antes de ingresar, del lado izquierdo de la puerta estaba un stand de la editorial Penguin Random House que mostraba un mosaico de obras de J.M.Coetzee, las cuales estaban escondidas entre las manos de la gente que preguntaba por el precio de cada una. Del lado derecho había una infografía de Gabriel García Márquez y los encargados de dar el equipo de traducción a los asistentes.

Finalmente, en medio de gente que se chocaba, bailaba, se encontraba un buen puesto. Sin nadie en el escenario, unos se documentaban sobre el autor desde sus dispositivos móviles, otros de manera delicada pasaban las páginas y pretendían alzar la mirada para encontrarse frente a frente con quien escribía aquello que leían. Poco a poco las sillas azules eran personas, una oleada que fue llegando hasta casi llenar el auditorio, una vez en ese estado se comenzaba el evento. De manera que las sillas fueron una medida de tiempo y no el tiempo en sí mismo.

La voz del autor

Seis y media. En la espera de Coetzee se escuchaba un ruido sin rostros, ininteligible. Una babel de voces que se silenciaron cuando el premio nobel de 2003 se presentó. Sus primeras palabras fueron de agradecimiento a Giuseppe Caputo, director de la fia, Sandra Pulido y a la FILBo. Luego empezó a leer su charla en inglés. Con tono pausado y con algún énfasis.

Empieza a leer alguno de los capítulos de su obra. La protagonista, una madre que envía a su hijo cartas y productos literarios de su autoría que se centran en la comparación entre animal y hombre. La primera carta que lee Coetzee en la que la madre propone un matadero de vidrio en el centro de la ciudad, para referirse al maltrato que le dan a los animales, los que sufren antes de morir y podrían morir sin dolor si no fuera por el hombre. Lo cual no es sino consecuencia de la lucha en la que el hombre vive por atribuirse superioridad ante el animal, pero que paradójicamente es un péndulo entre la razón y el apetito, por lo que la madre ejemplificaba con Martin Heidegger y su apetito por Hannah Arendt y la razón. El hijo, quien pretendía que se trataba todo de una enfermedad neurológica hasta que reflexiona, y se dejó llevar por las cartas de su madre.  

“Queremos disolvernos de nuestra naturaleza animal, y sin embargo, no podemos hacerlo”

Concluyó. Gradualmente las sillas volvieron a ser azules. Quienes salían para evitar la conglomeración de gente que impide el paso lo hacían de manera rápida. Unas tres personas se acercaron al escenario con la esperanza de poder hablar con el autor, pero él ya no estaba allí. Su salida fue tímida pero casi inmediata. Ya solo quedaban 10 personas en el auditorio y en el salón de la entrada la gente estaba haciendo su compra, un libro de J. M. Coetzee.

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