El escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón. /Fotografía de Isabel Wageman – Páginas de Espuma

El venezolano Rodrigo Blanco Calderón gana la III Bienal de Novela Vargas Llosa con ‘The Night’

La obra es un fresco sobre la crisis y división social, política y cultural de su país desde los acontecimientos de Caracas de 2008 y 2009, en la época de Hugo Chávez, cuando empezaron a aparecer cadáveres de mujeres

El viaje a la oscuridad que emprendió Venezuela en el siglo XXI descrita por Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981) en The Night  ha ganado la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Es la primera novela de un escritor reconocido por sus cuentos. En esta obra Blanco Calderón crea un fresco de la crisis social, política y cultural de su país a partir de la aparición de dos mujeres en llamas durante la época de los apagones de Hugo Chávez, entre 2008 y 2009, en una novela en la que el lenguaje en sus múltiples caras y retrato de división es esencial. La novela es editada en español por Alfaguara y en varios idiomas como el francés por Gallimard con el cual ya había obtenido el premio Rive Gauche.

A partir de aquel episodio infernal de la noche caraqueña, Blanco Calderón crea un juego de dobles sobre la realidad de su país para mostrar el derecho y el envés de la sociedad, de la política, de los sueños, de la verdad, de los escritores entre la ficción y la realidad, del amor, del compromiso, de la cobardía, de la cultura… Todo a partir del lenguaje y sus diferentes facetas y matices. De la división de un pueblo, de la capacidad de alguien para envenenar a la gente.

«Lo que pasa en mi país es una desgracia sin precedentes», afirmó Blanco Calderón al recibir el premio en el Conjunto Santander de las Artes de la ciudad mexicana de Guadalajara, este 30 de mayo. El escritor reconoció que para él también ha sido muy doloroso comprobar la manera en que muchos intelectuales, académicos y gente del mundo de la cultura y la literatura ha apoyado la «dictadura» venezolana. El premio está dotado con 109.000 dólares y una estatuilla.

El año 1998 fue un año determinante para Blanco Calderón porque es cuando se definen los futuros de su país y de él mismo: primero porque en ese año es cuando Chávez gana las primeras elecciones presidenciales y el futuro escritor termina el bachillerato para entrar en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas. «Empecé a leer mucho, mientras hacía amistades fervorosas. Poco a poco, experimenté la causa común de desgarro por el entronamiento progresivo de Chávez en el poder”, recordó el escritor en una entrevista que le hice por The Night en el diario español El País en 2016.

En aquellos años comprobó el nacimiento de dos Venezuelas, desde su grupo de amigos, su universidad y las calles de su ciudad. Es en los gestos y, sobre todo, en la metamorfosis del lenguaje donde Blanco Calderón se detiene para mostrar el viaje a la noche que empieza su país. «El lenguaje es lo que define al ser humano», dijo el escritor en la misma entrevista de 2016. «El lenguaje es nuestro don, pero eso mismo es un instrumento de maldad y eso se expresa en la esfera de lo cotidiano. El daño queda hecho, aunque te disculpes”.

The Night

El siguiente es un pasaje de la novea ganadora:

Apagones

«Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas. Caracas parecía un hormiguero destapado. Más allá de las citas canceladas, los cheques sin cobrar, la comida descompuesta y el colapso del metro, Miguel Ardiles recuerda ese día con una ternura casi paternal: la ciudad sintió el estupor de ser cueva y laberinto.

En los meses siguientes, a medida que los apagones se repetían, los habitantes fueron dibujando sus primeros bisontes, marcando con piedras los recodos familiares del recinto. Luego el Gobierno anunció el plan de racionamiento de energía. Los voceros de la oposición no tardaron en recordar la situación de Cuba en los años noventa y cómo el plan de cortes eléctricos que implementaron durante el periodo especial era idéntico al que se iba a aplicar en Venezuela.

El anuncio se hizo a la medianoche del miércoles 13 de enero de 2010.

Dos días después, Miguel Ardiles se encontraba en el Chef Woo con Matías Rye. Como todos los viernes en la noche, después de ver al último paciente, se iba a los chinos de Los Palos Grandes a esperarlo. Matías Rye dictaba talleres de escritura creativa en un instituto de la zona. Estaba por empezar su más ambicioso proyecto, The Night: una novela policial que involucionaría hacia el género gótico. El título lo había tomado prestado de una canción de Morphine y buscaba trasladar los matices de esta banda a su escritura: entrar en el horror como quien poco a poco se adormece y le da la espalda a la vida».

Finalistas

Rodrigo Blanco Calderón pasó primero por dos listas de finalistas. La última incluyó a un total de cinco autores que se desplazaron a Guadalajara esta semana para particiapr en un programa de actividades literarias:

Las fiebres de la memoria, de Gioconda Belli (Seix Barral).

The night, de Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara).

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau (Peisa).

Sur, de Antonio Soler Marcos (Galaxia Gutenberg).

Ordesa, de Manuel  Vilas Vidal (Alfaguara).

La Bienal de Novela Mario Vargas Llosa premio la mejor novela de cualquier nacionalidad, siempre y cuando haya sido publicada originalmente en español. “No se admitirán obras traducidas. La convocatoria está abierta a obras de ficción en el más amplio sentido de la palabra, quedando excluidas las obras de ensayo, cuentos, memorias, historia y crítica, al igual que la novela gráfica, el cómic y la literatura infantil”.

Lo último de Blanco Claderón

En autor venezolano es una de las nuevas voces más interesantes de Latinoamérica. En 2007 fue elegido en Bogota 39 como uno de los 40 autores latinoamericanos menores de 40 años más prometedores.

Tras The Night, Blanco Calderón volvió a los cuentos y a la oscuridad de su país en Los terneros (Páginas de Espuma), de 2018. Relatos unidos por personajes que van a un sacrificio en un viaje protagonizado por la oscuridad real y simbólica.

En Los terneros hay soledad, oscuridad y nocturnidad física, anímica y metafórica. Personajes que transmiten una gran sensación de abandono, más que de resignación, frente a ciertas situaciones y decisiones que deben afrontar. «El libro en distintos niveles recoge eso», según el escritor. «Está la nocturnidad en muchas de estas historias, pero en este caso, de una u otra manera, todos los personajes se ven en alguna situación que les demanda una especie de sacrificio».

Rodrigo Blanco Calderón no tiene un método concreto para empezar un cuento o una novela. «Varía mucho. Las veces más afortunadas es cuando alguien te cuenta una historia que está prácticamente hecha, pero eso no pasa todo el tiempo… La mayoría de las veces puede ser una imagen que veo en la calle, un fragmento de una historia que me cuenta alguien, o un detalle… En Caracas los taxistas son grandes echadores de cuentos. Muy pocas veces parto de un concepto o una idea que tenga sobre el mundo».

Sobre sy los momentos difíciles de una región o país terminan siendo estimulantes para los creadores, Blanco Calderón dice que sí:

«Totalmente. Lo que pasa en Venezuela, y desde dos años para acá, es de unos niveles de horror muy altos. No solo te da material para escribir, sino que las situaciones son tan grotescas que parecen inverosímiles. Es como si el país también se defendiera o se protegiera contra la vulgarización. Pasan tantas cosas que si yo decidiera hacer cuentos con eso no me creerían. Lo que nos ha pasado en los últimos veinte años es una tragedia que ha marcado un antes y un después en la historia del país. Y yo voy a estar conectado a eso temáticamente por varios años más. Todo eso me ha llevado a releer mi país de otra forma, su literatura de otra forma y lo que estoy escribiendo termina siempre, de alguna manera, pasando por… Lo que pasa en Venezuela es como un hoyo negro y me atrae como escritor… Trato de bordearlo, pero… Creo que la mejor forma es entregarse y recorrer ese hoyo y salir cuando tenga que salir».

Puedes ver la entrevita completa a Rodrigo Blanco Calderón por Los terneros, en este enlace.

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