Por qué leer a Felisberto Hernández por el bien propio y de todos los lectores

El editor de Jus Ediciones cuenta cómo fue la selección de 'Relatos para piano', del gran autor uruguayo. Oportunidad para divulgar más la obra de un autor que no termina de arraigar en el público

Los editores respondemos a toda clase de intuiciones, sugerencias, incluso obligaciones, a la hora de escoger un título que publicar; pocas veces, sin embargo, esa decisión se debe a lo que sólo puede calificarse de terquedad: la imposibilidad de sacarnos de la cabeza que cierto libro o determinado autor tiene que estar en nuestra colección a toda costa por su bien o por el nuestro. Este último es mi caso respecto de Felisberto Hernández (Montevideo, 1902-1964)

Lo leí por primera vez hace muchos años, en la universidad, advertido desde un principio de que se trataba de un “raro”. Por si alguno sospecha, diré que aquella etiqueta no me bastaba, ya entonces, para colocarlo entre mis favoritos. La rareza de Felisberto, sin embargo, es absoluta. Se traduce, en sus relatos, en una divertida e inquietante tendencia a intercambiar los papeles de personas y objetos (las copas que chocan parecen “contentas de volver a encontrarse” mientras que una mujer lleva “un gran vestido de mármol” que automáticamente la convierte en una estatua) y en su vida en situaciones como la de haber sido pianista en salas de cine mudo o haber estado casado con una peligrosa espía soviética sin sospechar jamás nada.

El caso es que cada vez que he tenido ocasión, en distintas editoriales, he insistido en la necesidad de publicar a Felisberto Hernández. Esas iniciativas chocaron, durante mucho tiempo, no sólo con la desconfianza que produce un autor que hasta ahora no ha acabado de arraigar entre los lectores españoles, sino a las dificultades para adquirir los derechos de su obra, que estaba en manos de sus herederos. Salvada esta última dificultad por el tiempo y la buena voluntad, me vi en condiciones, ya en la editorial Jus, de ignorar las advertencias de los infaltables (que no infalibles) oráculos.

En Felisberto se reúnen dos opuestos aparentemente irreconciliables: es muy sofisticado desde el punto de vista literario y, sin embargo, sus personajes (y él, por añadidura) resultan absolutamente entrañables. Mi convicción es que, tarde o temprano, los lectores volverán los ojos a este maestro. (De hecho, conozco a muchos que manifiestan su admiración por él como quien comunica un valiosísimo secreto.)

Lo que quedaba era pensar en un libro. Se habían publicado ya en España tres antologías de relatos pero, dada la situación (ya he dicho que Felisberto no ha arraigado), me pareció que convenía, más que simplemente rellenar huecos, dar una imagen lo más abarcadora y lo más atractiva posible de la obra de este uruguayo insólito. Tenía, además, que ser un libro breve, simplemente porque siempre me ha costado imaginarme a alguien leyendo a Felisberto, ese gran tímido, en un tocho monumental.

Así, Relatos para piano contiene textos de muy diversas épocas y está pensado para mostrar las distintas facetas de Felisberto como escritor. Antes que nada, Felisberto, en la línea de autores como Franz Kafka, utilizó la literatura para reflexionar, sin dejar de lado el humor, sobre temas que no dudaríamos en llamar filosóficos (véase Tal vez un movimiento) o sobre la estructura misma de los relatos (Genealogía).

Pero quizás el aspecto más importante de su figura sea su condición de visionario. Efectivamente, su obra anticipa distintos planteamientos que se han vuelto moneda corriente en la narrativa posterior, el más importante de los cuales es sin duda la reflexión metaliteraria como parte de la trama. La más reciente literatura española, por ejemplo, abunda en relatos cuyo protagonista es un escritor al que le sucede algo. Con frecuencia le sucede que no consigue publicar; en el caso de Felisberto, sin embargo, no logra escribir, y esa desgracia se debe a la convicción de que la literatura es el depósito último de la verdad, ¡y quién podría comprometerse a una empresa tan épica!  (Véase La envenenada.) Felisberto, pues, se ríe de sí mismo, lo que ya basta de por sí para colocarlo por delante de los muchísimos tediosos que nos ha dado la presunción estética (de hecho, aún estamos esperando que el humor tenga carta de naturaleza en nuestras letras: no desesperemos).

Por último, Felisberto es también un adelantado en los temas. Las Hortensias, el texto más importante de Relatos para piano, anticipa nuestra preocupación por la cosificación de las mujeres desde la Revolución Industrial e incluso imagina las muñecas hinchables varios años antes de que existieran. La solución de Felisberto a ese asunto, de la que sólo puedo decir que se basa en el humor femenino, es tan genial que sería suficiente para sumarle varios miles de lectores.

Invitación

Las escritoras Claudia Piñeiro (Argentina) y Edurne Portela (España) y la editora Leonora Djament (de Eterna Cadencia, Argentina) participarán en el diálogo organizado por WMagazín en la 44ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: Cuál y con quién es el compromiso de los escritores en tiempos del ruido digital y analógico y el papel de la mujer en el mundo del libro y la sociedad. Será el domingo 6 de mayo a las 14 hora en el pabellón Domingo Faustino Sarmiento. Los esperamos. La siguiente es la invitación:

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