Fernando Vallejo y William Ospina invitan a desafiar las verdades establecidas

Los dos grandes escritores colombianos ofrecen una magistral y estimulante conversación en la FILBo. Literatura, ciencia y pensamiento en una hora. Fotografías de Lisbeth Salas

Acababa de empezar su juicio contra la academia, las “grandes infamias del ser humano” y el conformismo de la sociedad sobre todo lo establecido cuando un timbre musical bailable de teléfono celular irrumpió en el auditorio que lo escuchaba atento. Por unos segundos todo fue vacío de música tropical en bucle. Fernando Vallejo siguió hablando como si nada. La música cesó. Al minuto, otra vez, y el teléfono parecía sonar con más intensidad. Alguien dijo “Es el suyo”, y las mil personas del auditorio rieron a la vez. Vallejo calló un momento y continuó su charla. No había cogido carrerilla cuando ¡Otra vez! esa música tropical que provocó una sola carcajada de mil personas mientras Vallejo se resignaba a sacar el teléfono del bolsillo de su blazer y contestar. William Ospina que lo acompañaba en el escenario del auditorio José Asunción Silva, de la FILBo, quedó petrificado con una media sonrisa.

Como si estuviera en el salón de su casa, Fernando Vallejo se acomodó veloz en la silla para ofrecer un improvisado performance: con su mano izquierda sostenía el micrófono y con la derecha se llevaba el celular al oído izquierdo. Entonces preguntó con voz segura:

– “¿Tú dónde estás?”.

-…

– Estoy en la Feria.

-…

-No, quédate ahí si quieres que te digo una cosa…

Vallejo, que presentaba su nuevo libro, Las bodas de Cavendish (Alfaguara), es cuando empieza, de verdad, su retahíla que busca sacudir a la sociedad y sacarla de la tan mentada “zona de confort”. Las religiones, la política, la ciencia, los medios, la crítica literaria, la sociedad en general que parece estar perdiendo su capacidad de reflexión, análisis y crítica frente a las verdades suministradas por los poderes.

Fernando Vallejo (Izquierda) y William Ospina, durante la conversación este sábado en la FILBo. / Fotografía de Lisbeth Salas.
Fernando Vallejo (Izquierda) y William Ospina, durante la conversación este sábado en la FILBo. / Fotografía de Lisbeth Salas.

Minutos antes lo había dicho William Ospina en la presentación de esta conversación titulada Las bodas de Cavendish o el triunfo de la impostura. Allí estaban dos de los escritores colombianos contemporáneos más importantes. En el centro del escenario bajo un foco de luz y sentados en dos sillas de plástico rojas, Vallejo y Ospina fueron recibidos con aplausos y alegres silbidos prolongados, y algún “¡Bravo!”.

Ospina, el poeta, narrador y ensayista colombiano hechizó desde las primeras palabras:

“Alguna vez leí que durante más de 1.000 años en Occidente la mosca doméstica tuvo cuatro patas por la simple razón de que así lo había dicho Aristóteles. Habló el maestro y ya nadie volvió a mirar el mundo. Cuando 1.000 años después alguien halló una mosca de seis patas le pareció una anomalía, o tal vez una criatura irresponsable. ¡Cómo se atrevía a contrariar a Aristóteles!”.

El mensaje era claro. Ese preámbulo señalaba cómo iba a ser la siguiente hora. Vislumbraba la ruta que nadie quería perderse, sobre todo cuando después de invitar a desafiar al mismo Aristóteles, Ospina agregó:

“Aquí viene Fernando Vallejo a decirnos que Newton y Galileo no siempre acertaron al describir el movimiento de los cuerpos o de la luz. Fernando: no regañes a Newton, que él se equivocaba, pero lo hacía de buena fe, no como ciertos críticos de revista que no son capaces de leer tu libro sólo porque los obliga a pensar”.

Un murmullo de risas recorrió el auditorio como una serpentina.

“Cómo harán esos pobres con Newton, que es mucho más difícil de leer, y como tú demuestras, menos preciso. Se escandalizan de que un colombiano se crea con derecho a discutir a Galileo o a Newton. Como si no fuera el deber de todo lector leer críticamente cada texto”.

Ni un mosca sonaba en el auditorio. Solo la voz pausada de William Ospina:

“Podríamos decir que Las bolas de Cavendish es una novela cuyo protagonista, Fernando Vallejo Rendón, “don Efe Ve Ere, orgullo de su país y el universo mundo”, como él mismo se llama, parece emprender la crítica de los grandes maestros de la ciencia, pero en realidad viene a ajustar cuentas con las imposturas de la academia. El blanco de sus flechas son ciertos profesores prepotentes que repiten con rigidez lo que no han entendido, porque no estudian para entender sino para repetir, y para vivir del prestigio de la autoridad”.

Otra murmullo de risas silenciosas.

“Pero Vallejo es el enemigo declarado de la autoridad, llámese Dios, el papa, el presidente, el maestro, el gendarme o el pistolero. Vallejo grita: “Muchachos, lean con atención los contratos, no se dejen meter gato por liebre. En la letra chiquita está la trampa. Y así como Galileo desafió la autoridad de Aristóteles, desafíen ustedes la de Galileo, aprendan su lección”.

Las palabras de William Ospina llenaron un auditorio que parecía en meditación al escucharlo.

“Otro viene a repetir que Vallejo se repite. Yo digo otra cosa: Vallejo insiste, como tiene que ser. Esta especie nuestra es terca en sus errores y el viejo tábano tiene que picarla sin fin para que despierte y se mueva. Nadie se atreve a decir de cada libro de Shakespeare: “¡Otro libro sobre el poder, sobre el amor y sobre la muerte!”. Y no: Shakespeare ni siquiera hacía libros, ponía las palabras a moverse en un escenario, y siempre era distinto el movimiento. ¿Otro libro de Cervantes sobre don Quijote? ¿Otro libro de Kafka sobre la fatalidad? ¿Otro libro de Flaubert buscando la palabra invisible? ¿Un paso más de Dante hacia Dios? Pues sí: otro libro de Vallejo sobre el lenguaje”.

¡Sí! Otro libro de Vallejo que con su letanía llega para remover las aguas tranquilas de la conformidad. Desacralizar, desmitificar, reflexionar, criticar, analizar, desafiar, cuestionar, preguntar y preguntarse, pensar… Pensar por sí mismo. Eso son los verbos favoritos y recomendados por esas dos personas allí sentadas que tratan de enseñar, o mejor, recordar a todos la importancia de pensar por sí mismos, de no tragar entero.

Newton y Galileo fueron el pretexto de Vallejo. La ciencia y dos de sus dioses.

Ospina terminó este prólogo-invitación seguido de un largo aplauso, que se mezcló con los aplausos de bienvenida a Vallejo. El poeta, narrador, ensayista, maestro del lenguaje y agitador de la realidad, y de conciencias, se convirtió por unos 15 minutos en un performer al recibir esa llamada telefónica en mitad de su charla.

…Esta historia continuará…

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