Fotobitácora FIL 2017 (Día 7): los niños primero, tácticas para cuentistas y escribir en la periferia

El Encuentro Internacional de Cuentistas contó con la presencia de autores como Beatriz Espejo, Evelio Rosero y Alejandro Morellón. El Salón de Poesía tuvo a Olvido García Valdés

Viernes 1 de diciembre: Millares de estudiantes invadieron desde este jueves la FIL de Guadalajara. Procedentes de colegios de la ciudad y de otras regiones, coparon los pasillos de la feria.

FIL Niños 2017

A 31 años de su fundación, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara mantiene firme la presencia de niños y adolescentes. Se ha consolidado como una plataforma para la interacción con la cultura de la literatura. La llamada FIL Niños trabaja en la creación de nuevos lectores a través de talleres artísticos que son patrocinados por editoriales y empresas como el Fondo de Cultura Económica y la editorial Océano.

Este año el tema central fue la novela de misterio donde niños desde los 3 hasta los 12 años participaron en las actividades y foros que ofreció el pabellón infantil de la feria. El fomento de la lectura, un foro de espectáculos y una oferta editorial con presentaciones de libros infantiles como: Cu4tro, de Andrea Todde, y Veneno de abeja, de Alfredo Núñez Sanz.

Este es el primer programa filantrópico que la FIL Guadalajara ofrece con el objetivo de que personas interesadas en convertirse en padrinos de la lectura patrocinen a grupos escolares o de fundaciones de la zona metropolitana de Guadalajara a visitar el pabellón infantil.

Encuentro Internacional de Cuentistas

“Safo nació en una isla lo cual es un principio de soledad, una definición. Parada en lo alto de su terraza, se veía tan pálida como la muerte. Tenía el rostro blanco de las leprosas. Sus bucles en desorden igualaban las hojas del bosque en las tempestades y se le enredaban los cabellos canos que pronto ni con todas las artes de la cosmética dejarían de servirle para tejer en ellos su propia mortaja”. Estas fueron las primeras líneas del cuento Safo, que leyó su autora, la mexicana Beatriz Espejo.

Lo hizo en el Encuentro Internacional de Cuentistas junto a Evelio Rosero y Alejandro Morellón. El narrador mexicano Alberto Chimal fue el moderador. El autor de El estado natural de las cosas, Alejandro Morellón, ganador del IV Premio Iberoamericano de Cuento García Márquez, citó a Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma: “Siempre he pensado que, si escribir es aventurarse, publicar relatos es temerario”, dijo el español, como preámbulo a la lectura de su texto Credo:

“-Nunca presentarse a la página en blanco sin una idea ya preconcebida.

-Dejar templarse el relato una vez escrito, dejarlo en barbecho, en reposo.

-Caminar antes de escribir.

-Leer antes de escribir.

-Escribir antes de escribir.

-Que el final sea inesperado pero inevitable.

-Concebir el cuento como un ejercicio especulativo, metafísico, si se quiere.

-Concebir el cuento como un hacha, no como una sierra.

-No contarlo todo, dejarle margen al lector para que haga de tu cuento su cuento.

-Escribir sin solemnidad, sin impostura”.

Escribir desde la periferia

La última entrega de la plataforma Latinoamérica Viva que convocó a una veintena de escritores durante esta semana se desarrolló con los escritores Isabel Burgos (Panamá), Mario Martz (Nicaragua), Diego Vargas (Chile), Yuri Vázquez (Perú) y Abdón Ubidia (Ecuador). La moderación de la sesión estuvo a cargo de la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero.

“Creo que existe una literatura que se crio en Centroamérica pero que está dentro del canon de la literatura española. No me considero nicaragüense, no me considero centroamericano. Uno escribe de lo que está en su entorno y uno puede escribir hasta en la peor de las circunstancias” dijo Martz.

El tema que se mantuvo en la superficie de la conversación fue la experiencia de escribir al ser proveniente de una periferia.

“Todo escritor es periférico, alguien que decide dedicarse cuatro, cinco horas diarias durante semanas, meses, años incluso, a escribir; es alguien que está en un borde, que decide apartarse un poco y empezar a ver con la distancia que le da la soledad, la perspectiva: el mundo desde otro ángulo. El escritor es alguien que tiene una inconformidad, por eso se transforma en alguien periférico” dijo Vargas, afirmando que dicha inconformidad el escritor la transforma en relatos.

Poesía con Olvido García Valdés

La poeta española Olvido García Valdés presentó una sesión de lectura poética acompañada de la narradora mexicana Cecilia Eudave.  Como palabras de inicio: “Los atardeceres se suceden, hace frío, y las casas de adobe en las afueras se reflejan sobre charcos quietos. Tierra removida. Los atardeceres se suceden, Cézanne elevó la ‘nature morte’ a una altura en que las cosas exteriormente muertas cobran vida, dice Kandinsky. Vida es emoción. Pero quedará de vosotros lo que ha quedado de los hombres que viven antes, previene Lucrecio”. Con estos versos de La caída de Ícaro la poeta los nombró como una “entrada a la conciencia, una entrada a la madures”.

García Valdés pidió amablemente a los oyentes que los aplausos se omitieran al final de cada poema, puesto que, el ambiente rompía su magia y el efecto de la lectura no ganaría: “porque en realidad los poemas van creando en cierto modo su espacio y creo que van creándolo en silencio y, si aplaudimos, el cual es un gesto de cortesía que se agradece mucho, es como si se rompieran entre ellos”.

Más adelante leyó: Cuando voy a trabajar es de noche, del libro Ella, los pájaros (1993):

“Cuando voy a trabajar es de noche, después amanece poco a poco, hace mucho frio aún. A menudo en el cine, me parece oír lluvia azotando el tejado, como si no hubiese lugar donde guarecerse. Hoy alguien en un sueño dijo: ten, en esta garrafa hay agua limpia, por si toma moho la del corazón”.

La autora de antologías como La prueba del nueve (1994), Ellas tienen la palabra (1997) y Y todos estábamos vivos (2006), ha sido traducida al francés, inglés, alemán, sueco y portugués.

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