Frank Wilczek: “La exploración de la belleza ha ayudado a descifrar el mundo”

El Nobel de Física publica ‘El mundo como obra de arte’, un ensayo en el cual rastrea la estética como valor científico

“Todo empezó cuando tenía unos 2 años. Una mañana, mientras mis padres se preparaba para irse a trabajar, empecé a jugar con la máquina de café que tanto usaban ellos. Yo veía que cogían mucho una máquina, y yo, como todo niño, quise hacer lo mismo. Ellos me la dejaron en el suelo y empecé a jugar con ella, a explorarla. Así la desmonté. Siete piezas tenía aquella máquina. Al principio veía las piezas en el suelo y no sabía qué hacer con ellas. Luego mis padres las cogían y armaban de nuevo la cafetera y tomaban su café. Así, día tras día. Hasta que una vez descubrí el secreto y aprendí a armarla con aquellas siete piezas. Aprendí a disfrutar del rompecabezas”.

Medio siglo después, aquel niño llamado Frank Wilczek obtuvo el Premio Nobel de Física, en 2004, junto a David Gross, por el descubrimiento de la libertad asintótica (partículas como los quarks a medida que se acercan debilitan sus interacciones). El físico de origen polaco e italiano, nacido en Nueva York en 1951, y catedrático del prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology), despliega las claves de ese hallazgo para la ciencia en El mundo como obra de arte. En busca del diseño profundo de la naturaleza (Crítica).

Wilczek descubrió que en la belleza está parte de las respuestas del universo. El rastro de ese misterio lo cuenta en un hotel de Valencia (España). La terraza interior del hotel está vacía. Solo hay sol. Solo Wilczek bajo ese retazo de sombra donde habla, con el entusiasmo de la primera vez, de su último libro. Páginas seductoras donde expande el concepto de belleza.

“¿Encarna el mundo ideas bellas?”, es la pregunta que lanza Wilczek al empezar el libro.

“¡Sí!”, es la respuesta nítida que da 323 páginas más adelante.

Y otro “¡Sí! sonoro lanza en Valencia el físico ante la pregunta de si la exploración de la belleza, por parte de los científicos, ha ayudado a descifrar el mundo. El seguimiento del rastro de la belleza por parte de los investigadores ha visibilizado algunas leyes de la naturaleza y facilitado el trabajo científico. El ensayo “El mundo como obra de arte” recuerda esa ruta histórica. Demuestra la alianza de la ciencia con la estética, de la estética como valor científico y de su papel de guía y motor de búsqueda. Un universo en cuyo núcleo reinan la simetría (armonía, equilibrio y proporción) y la economía de recursos. Además de la belleza visible. Y no solo eso, Wilczek va más allá:

El ser humano tiene una base genética para reconocer la belleza. Es así como la belleza existente en el núcleo de muchas cosas y su exploración ha ayudado a descifrar el mundo. Y esa predisposición del ser humano a la estética mecen la cuna del mundo”.

Y su hallazgo proviene de aquel mecer que le dieron sus padres al dejarlo jugar con la cafetera de casa. Siete piezas desordenadas en el suelo que el niño miraba entre asustado y contento; hasta que aprendió a armar la máquina y a disfrutar del rompecabezas.

Lee el primer capítulo aquí.

“No pensaba las cosas como belleza, no tenía esas palabras, intuía que algo era fantástico. Cuando aprendí a montar la máquina de café ya sabía, sin saberlo, que las cosas tienen un sentido y que hay que encontrarlo. Eso abre el mundo. Sabes que las cosas están interrelacionadas y que dentro de ellas hay otro mecanismo”, recuerda Wilczek en Valencia, donde estuvo como jurado de los XXVIII Premios Jaume I, que promocionan la ciencia y la investigación en España.

Ante la pregunta de si acaso las personas ya traen de fábrica esa intuición para detectar este tipo de armonía o de belleza, el físico ríe y explica:

“Quizá no tengamos un gen en concreto, pero sí hay una predisposición en la naturaleza humana basada en muchísimos genes para reconocer la belleza, y a la vez entender el mundo mejor. Esto hace que encontremos cosas que nos dan sentido en la vida y nos ayudan a controlar el entorno”.

Frank Wilczek forma parte de una estirpe de científicos y pensadores que a lo largo de la historia han creído en la estética como valor y guía: Pitágoras, Platón, Galileo, Newton, Maxwell, Einstein, Dirac… y a todos ellos con sus teorías y hallazgos recuerda en su libro. Sobre la simetría y la economía que dominan el diseño de la naturaleza, Wilczek reconoce que en la ciencia la simetría ha servido mucho:

“Nos ayuda a llenar los huecos que desconocemos. Si vemos la mitad de un árbol nuestra mente lo rellena, lo hacemos a nivel subconsciente para acabar el puzzle. De niños nos tocó aprender esa estrategia: con poco sacar más. Nos dio mucha satisfacción aprender a aprender. Los niños disfrutan de los patrones de la simetría, pero a medida que nos hacemos mayores nuestro cerebro se va sofisticando y refinamos las destrezas, incluso prestamos más atención a las desviaciones, casi nos encanta más la variación que la línea recta.

Es cuando aparece, en algunas personas, el gusto por las asimetrías o las imperfecciones.

“Llega un momento en que la simetría, al conocerla desde niños, puede aburrir. La evolución nos anima a aprender más cosas para ser más eficaces. Fuera de la simetría hay otras formas de belleza, como la belleza moral o una belleza narrativa más allá de un relato de estructura simple. Se exige al cerebro más capacidad y estimulación, esa es su naturaleza”.

Y en secreto se activa otro misterio más personal, privado, en algunas personas: El gusto o atracción por alguien con facciones no simétricas, es cuando se ve el emparejamiento de personas que a ojos ajenos desentonan. ¿O caso hay simetría en lo que percibimos como asimetría? Wilczek vuelve a reír:

“Si hay mucha asimetría se percibe como poco atractivo o poco saludable. Pero las pequeñas diferencias pueden ser muy interesantes y llamar la atención, por lo que he dicho. La simetría puede aburrir y algunos evolucionan con búsquedas más sofisticadas donde descubren belleza. Algo que destaque de lo común”.

En las artes se huye de las simetrías obvias, el foco va a otro lado. El artista crea su propia simetría, orden y belleza.

“Los artistas no solo buscan la simetría. Quieren contar un relato. Solo en el arte decorativo la simetría es dominante”.

¿Si en el núcleo de la naturaleza reina la belleza y la eficacia de la simetría, por qué el ser humano no siempre sigue esas reglas y crea conflictos? Frank Wilczek levanta la cabeza unos segundos al sol valenciano antes de contestar:

“No creo que las leyes de la física ayuden a entender mejor la situación humana, ni sociológica. Tal vez con metáforas. Los humanos pueden verse inspirados si logran entender que el mundo, y ellos, están enraizados en unas leyes bellas, sencillas y universales; si lograran entender eso, el mundo sería mejor”.

Un big bang reside en Pitágoras. Pero dejemos que sea el propio Frank Wilczeck quien nos lo cuente, como lo escribe en su ensayo:

“El teorema de Pitágoras ahora nos resulta familiar a la mayoría de la gente, aunque solo sea como un vago recuerdo de las clases de geometría del colegio. Pero si escuchas su mensaje como si volvieras a empezar, con los oídos de Pitágoras, por decirlo así, te das cuenta de que lo que dice es totalmente deslumbrante. Te dice que la geometría de los objetos incorpora relaciones numéricas ocultas. Te dice, en otras palabras, que el Número describe, si no todas las cosas, al menos sí algo muy importante sobre la realidad física, en concreto los tamaños y las formas de los objetos que moran en ella. (…)

Porque la verdadera esencia del credo de Pitágoras no es la afirmación literal de que el mundo debe encarnar números enteros, sino la convicción optimista de que el mundo debería encarnar conceptos bellos. La lección por la que Hipaso pagó con su vida es que debemos estar dispuestos a aprender de la naturaleza cuáles son esos conceptos.

En esta empresa, la humildad es obligatoria. La geometría no es menos bella que la aritmética. De hecho, resulta apropiada de una forma más natural a nuestros cerebros altamente visuales, y la mayoría de la gente la prefiere. Y la geometría no es menos conceptual, ni un mundo de la Mente menos puro, que la aritmética. Gran parte de la matemática de los antiguos griegos, epitomizada por los Elementos de Euclides, se dedicó a mostrar exactamente eso: que la geometría es un sistema de la lógica.

A medida que progresemos en nuestra reflexión, hallaremos que la naturaleza es inventiva en su lenguaje. La naturaleza amplía nuestra imaginación con nuevos tipos de números, nuevos tipos de geometría e incluso, en el mundo cuántico, nuevos tipos de lógica”.

El mundo como obra de arte. En busca del diseño profundo de la naturaleza. Frank Wilczek. Traducción de Javier Sampedro. Editorial Crítica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter ·