La poeta chilena Gabriela Mistral.

La poeta chilena Gabriela Mistral.

Gabriela Mistral, poeta de la naturaleza, la solidaridad y el amor de toda estirpe

El primer Nobel de Literatura latinoamericano fue para la autora de obras como 'Tala' y 'Lagar'. De maestra rural a poeta imprescindible del español: "Estoy metida en la noche / de estas raíces amargas..."

Bajé por espacio y aires
y mas aires, descendiendo,
sin llamado y con llamada
por la fuerza del deseo,
y a más que yo caminaba
era el descender más recto
y era mi gozo más vivo
y mi adivinar más cierto,
y arribo como la flecha
éste mi segundo cuerpo
en el punto en que comienzan
Patria y Madre que me dieron.

Son los primeros versos de Hallazgo, del libro póstumo Poema de Chile, de Gabriela Mistral. La poetisa nacida como Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga falleció tal día como hoy, 10 de enero de 1957. Hallazgo es un poema río en cuyos versos confluyen los afluentes temáticos mistralianos: la naturaleza, el paisaje, la infancia, los niños, la maternidad, el dolor, la solidaridad, el amor, el americanismo, el tiempo-muerte… Y si en estas primeras palabras Mistral expresa la génesis de una historia, a medida que avanza la desarrolla y hacia el final el poema se adentra en la muerte:

“Cómo me habían de ver
los que duermen en sus cerros
el sueño maravilloso
que me han contado mis muertos.
Yo he de llegar a dormir
pronto de su sueño mismo
que está doblado de paz,
mucha paz y mucho olvido,
allá donde yo vivía,
donde río y monte hicieron
mi palabra y mi silencio
y Coyote ni Coyote
hielos ni hieles me dieron”.

Mistral nació el 7 de abril de 1889, en Vicuña, en los altos Andes. Murió cuando tenía 67 años. Obtuvo el primer Nobel de Literatura para América Latina en 1945. El año que terminó la Segunda Guerra Mundial, la catástrofe más grande creada por el ser humnoa. Una maestra rural que alcanzó la gloria junto a los más grandes autores del siglo XX por obras como Desolación, Ternura, Tala y Lagar (editados por Cátedra). El galardón le fue otorgado, según el acta de la Academia sueca, “por su poesía lírica que, inspirada en emociones poderosas, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano” . Puedes leer en este enlace el discurso completo de la Academia en la entrega del Nobel, el 10 de diciembre de 1945.

En sus poemas se reflejan dos mundos, América y Europa. Y dos clases de sentimientos: los más íntimos y los públicos que abogan por la solidaridad. Es una poesía tapizada de lo autóctono, pero donde resuenan el panteísmo religioso y las creencias venidas de ultramar. Desolación (1924) es el poemario que empieza a poner en boca de todos la obra de esta maestra de escuela. Coloquial, natural, directa, pasional y sensible a los sentimientos y al entorno, la ilusión y el dolor ante la muerte.

En Tala (1938) su espíritu religioso vuelve a aparecer y se alterna con la naturaleza, la maternidad y la solidaridad con la gente más necesitada. Era la obra preferida de Mistral. Y la Academia sueca, en la ceremonia del NObel dijo: “En 1938, su tercera gran colección, Tala (título que puede traducirse como “estragos” pero que también es el nombre de un juego infantil), apareció en Buenos Aires para beneficio de los niños víctimas de la Guerra Civil española. Contrastando con el patetismo de Desolación , Tala expresa la calma cósmica que envuelve a la tierra sudamericana cuya fragancia llega hasta nosotros. Estamos otra vez en el jardín de su infancia. Escucho nuevamente los diálogos íntimos con la naturaleza y las cosas en común. Hay una curiosa mezcla de himno sagrado y canción ingenua para niños; los poemas sobre pan y vino, sal, maíz y agua, agua que se puede ofrecer a los hombres sedientos, ¡celebran los alimentos primordiales de la vida humana! …”.

Ese lirismo terrenal y sentimental y de fe lo confirma en Lagar (1954) en cuyos versos late con fuerza su admiración por la naturaleza, una clara vocación americanista. Su poesía retrata las emociones de sus gentes, de su América Latina que siente desamparada (es la presencia del dolor por los seres amados ya muertos), a veces, incluso, dejada de la mano de su Dios.

La conjunción de varias de esas emociones y de esa alteridad de sentirse otra, pero recojocerse la que es en verdad, son poemas como este de El amor que calla:

Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro!
Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!

La poesía de Gabriela Mistral procede del modernimo, de Amado Nervo o Rubén Darío, pero luego hizo su propio camino. Uno marcado por las penas, por la sensación de abandono y orfandad. Cuando tenía 3 años su padre dejó el hogar, luego en su juventud un exnovio se suicidio, y de aquel suceso surgieron sus Sonetos de la muerte. Años después se suicidaría un sobrino.

Heridas que la acompañaron y acecharon, permanentemente, en su vida errante. Pues por su doble condición de ejemplar profesora o gran poeta viajó por México, Estados Unidos, varios países de Europa, Argentina, Brasil…

La infancia y la maternidad son dos de los aspectos más populares de Gabriela Mistral. A los niños, sus derechos o sus temores dedicó hermosas canciones de cuna y rondas. Varias de ellas están reconocidas en antologías como Gabriela Mistral para niños (Ediciones de la Torre).

Pablo Neruda la recuerda así en sus memorias: “Por ese tiempo llegó a Temuco una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del liceo de niñas. Venía de nuestra ciudad austral, de las nieves de Magallanes. Se llamaba Gabriela Mistral […]. La vi muy pocas veces. Lo bastante para que cada vez saliera con algunos libros que me regalaba. Eran siempre novelas rusas que ella consideraba como lo más extraordinario de la literatura mundial. Puedo decir que Gabriela me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos y que Tolstoi, Dostoievski, Chejov… entraron en mi más profunda predilección. Siguen acompañándome”.

Esta es ella, esta es su voz, estas las ráfagas de sus sentires:

Caricia

Madre, madre, tú me besas
pero yo te beso más
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…

Sol del trópico

Sol de los Incas, sol de los Mayas,
maduro sol americano,
sol en que mayas y quichés
reconocieron y adoraron,
y en el que viejos aimaraes
como el ámbar fueron quemados.
Faisán rojo cuando levantas
y cuando medias, faisán blanco,
sol pintador y tatuador
de casta de hombre y de leopardo.

Sol de montañas y de valles,
de los abismos y los llanos,
Rafael de las marchas nuestras,
lebrel de oro de nuestros pasos,
por toda tierra y todo mar
santo y seña de mis hermanos.
Si nos perdemos, que nos busquen
en unos limos abrasados,
donde existe el árbol del pan
y padece el árbol del bálsamo.

Una palabra

Yo tengo una palabra en la garganta
y no la suelto, y no me libro de ella
aunque me empuja su empellón de sangre.
Si la soltase, quema el pasto vivo,
sangra al cordero, hace caer al pájaro.

Tengo que desprenderla de mi lengua,
hallar un agujero de castores
o sepultarla con cal y mortero
porque no guarde como el alma el vuelo.

Raíces

Estoy metida en la noche
de estas raíces amargas
como las pobres medusas
que en el silencio se abrazan
ciegas, iguales y en pie,
como las piedras y las hermanas.

Oyen los vientos, oyen los pinos
y no suben a saber nada.
Cuando las sube la azada
le vuelven al sol la espalda.

Ellas sueñan y hacen los sueños
y a la copa mandan las fábulas.
Pinos felices tienen su noche,
pero las siervas no descansan.
Por eso yo paso mi mano
y mi piedad por sus espaldas.

Besos

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

***

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5 comentarios

    1. Gracias María José, nos alegra de que te haya gusta el artículo sobre Gabriela Mistral. Gracias por ayudarnos a difundir por redes WMagazin.com

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