El escritor turco Hakan Günday, la pasada primavera en Madrid. / Fotografía de Winston Manrique

Hakan Günday: “Lo que mejor se vende es el miedo, luego puedes comprar odio”

El escritor turco novela en '¡Daha!' el drama del tráfico de personas y la insensibilidad de la humanidad. Es la biografía de una crueldad premiada con el Femina Extranjero

“Después de haber vagado durante años por varios pasillos de las universidades, me sentí completamente perdido en la vida. Y en un momento de desesperación, me vino la idea de escribir. Yo, que no había escrito ni un poema ni un cuento antes, iba a escribir una novela. Todo lo que quería era escapar de la realidad mediante la creación de vidas ficticias. Pero pronto, tras escribir las primeras páginas me di cuenta de que la escritura era la mejor manera de pensar. Es la mejor herramienta para familiarizarse con uno mismo y por lo tanto con la humanidad. Tenía 24 años de edad. Yo, que nunca escribí para escapar de la realidad, corría tras ella… ¡Como un perro rabioso!”.

Sin descanso. Hakan Günday, desde entonces, avanza en una carrera de obstáculos que son preguntas planteadas en sus novelas. Ya van ocho, y esta octava, ¡Daha! (Catedral), va al corazón de uno de los problemas de Europa y la humanidad: el tráfico de personas, la insensibilidad ante el drama de la migración y todo aquello que subyace en la inhumanidad. ¡Daha! es la biografía de una crueldad: la narrada en sus páginas en la voz de un niño llamado Gazâ y la de la propia sociedad que cierra los ojos. Pero Günday cree en los seres humanos.

“Creo en la posibilidad de la redención. Exige tanto esfuerzo que es difícil llegar a una redención que dure toda la vida. Lo que sí se puede es llegar a momentos de redención, porque la redención exige una cosa muy difícil que es mirarse en el espejo y ver claramente lo que uno es. Cuando nos miramos en el espejo en realidad lo que miramos es el espejo en sí, y no nuestro propio reflejo. Ver nuestro reflejo requiere años y años de esfuerzo intelectual y afectivo y poder llegar más allá del objeto y ver lo que somos. La sensibilidad es un músculo. La redención es posible porque es ahí cuando empiezas a entrenar a trabajar tu sensibilidad, leyendo, escuchando, mirando y buscando tú mismo la información”.

La vida migrante de Hakan Günday, hijo de diplomáticos turcos, es la de una triangulación a tono con el tema abordado: nació en Rodas, Grecia, en 1976, estudió en París y Bruselas y vive en Estambul. Y a él le gustan los escritores clásicos rusos que ponen la lupa sobre la condición humana, al igual que Elias Canetti o Jack London.

“No me había dado cuenta de la influencia de la presencia de los grandes autores rusos, es probable que ocurra porque el arte en todos los sentidos, la forma en la que funciona, es la inspiración, y la inspiración es un músculo. Es decir que intentas elaborar o intentas personalizar una idea o un estilo que existe desde hace siglos…”.

Con ¡Daha!, que en turco significa más, su nombre se ha internacionalizado. Obtuvo  en 2015 el Premio Médicis Extranjero. Una de las claves del libro es cuando se dice: ¿Puede alguien agarrarse a la vida, solo para contar cómo ha sobrevivido? ¿Es la frase del niño que el padre es un criminal porque continuamente le dice a él no?

“Es el momento en el que el niño descubre por primera vez como funciona la memoria. Sobre todo que tiene un pasado criminal, cuando cuentas un momento criminal de tu pasado y cómo la memoria en lugar de olvidar transforma el pasado de la memoria que le conviene. Ahí es… el niño se pregunta si una persona vive para contar cómo ha sobrevivido, es decir si ha sobrevivido haciendo tanto daño a otras personas antes o después llegará un momento en que tengas que contarte de alguna manera eso que convenga transformando esto, porque hay cosas que no las puedes ocultar bajo el silencio”.

Hakan Günday, la pasada primavera en Madrid. / Fotografía de Winston Manrique

Dos años tardó Günday en investigar sobre esta novela y cuatro meses en escribirla. El tema inicial era la relación entre el individuo y el grupo, y la pregunta es por qué esa relación es problemática, por qué de esa relación surgen dictaduras y nacen los linchamientos. Una idea que surgió justo antes del comienzo de la crisis de inmigrantes de Siria buscando refugio en Europa atravesando Turquía y Grecia.

“Reflexionaba sobre la relación entre el individuo y el grupo y miraba a mi alrededor. Había afganos o iraquíes que querían atravesar mi país, pero eran invisibles. Solo se hablaba en cuatro líneas de la prensa. Un día pensé: Puedes ser profesor de matemáticas, puedes ser jardinero, puedes ser lo que sea, pero cuando echas la llave de tu casa para marcharte, para convertirte en un emigrante clandestino, todo lo que hayas aprendido en tu vida ya no sirve para nada una vez comienzas el camino de la migración. Así que te encuentras en un grupo de gente, cada uno con su oficio, pero oficios que ya no sirven para nada. Entonces te ves obligado a ceder toda la autoridad a un desconocido que es el pasador, el traficante de personas porque es el único que sabe qué sucederá en el minuto siguiente. Esas son las circunstancias ideales para que se cree una dictadura”.

Günday siguió mirando alrededor de esos flujos migratorios y vio a toda esa gente entregada a otros, abandonados de sí mismos con la esperanza de salvarse. Muchos de ellos ven en Europa una salida y Europa les cierra las puertas…

“Vamos a ver qué es lo que hace Europa. En primer lugar, el convenio que ha firmado con Turquía que consiste en cerrar la puerta de una habitación en una casa que está sufriendo un incendio. Es como cerrar los primeros síntomas de una enfermedad y retrasar algunas consecuencias, ¿hasta cuándo? Pues hasta futuras generaciones, eso si hay suerte, porque podríamos empezar a verlas en esta misma. Cuando la desesperación llegue a su grado máximo la gente le dará la vuelta al mundo y llegará por el otro lado del muro. Mientras no intentemos curar la enfermedad, es decir la desigualdad económica y el reparto bien equitativo de los bienes, mientras no se atienda a eso que no está funcionando en cualquier momento nos puede sorprender esa llamarada en nuestra propia puerta”.

Otra de las frases reveladoras de la novela dice: “La primera herramienta que utilizó un hombre, fue otro hombre”. Y la Unión Europea ha utilizado a seres humanos como arma o trueque con Turquía.

“Hay millones de personas que se han convertido en una herramienta política para ambos lados. El ser humano ha perdido su calidad y sus vidas las han convertido en objeto.  Ese convenio es otra manera de mentirnos a nosotros mismos”.

¡Daha! Tiene como narrador a un niño de 9 años que empieza diciendo: “Si mi padre no hubiera sido un asesino, yo no habría nacido…”. A partir de ahí la novela cuenta un drama conocido por todos, pero, sobre todo, ahonda el drama de la mayoría de la gente, la insensibilización ante el dolor y la crueldad de sus congéneres.

“Es algo que ocurre de una manera muy lenta… Existen dos tipos de información: la información que llega hasta tu casa y la información que tú sales a buscar. En la primera el producto mejor vendido es el miedo, y una vez has comprado el miedo ya puedes comprar cualquier cosa: puedes comprar odio… Una vez que has comprando el miedo ya pierdes la sensibilidad”.

¡Daha! Será llevada al cine. Hakan Günday ha participado en el guión de la película que recoge la vida de un niño hijo de la crueldad que en un rastro de humanidad piensa:

“¿Es posible no ver el infierno? ¿Hay alguna manera? ¡Sí! ¡Bastaba con pensar en todos los maestros de la autopsia que había conocido el mundo! En el mismo momento en que tuviera miedo de ver todos aquellos cadáveres amontonados. (…)

De pequeño, a menudo decía: ‘¡Cuando sea mayor me quedaré solo!’. ¡Hecho, estaba solo! Pero era prisionero de mi soledad. Todo lo que quería era un lugar aislado donde poder refugiarme. Lejos de Ahad y de sus clandestinos…”.

 

 

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