Honradez y belleza por encima de la autoficción, la literatura de mujeres y el compromiso social

El Festival Eñe en Madrid se vertebró a partir de tres tendencias de la literatura: el yo, la mujer y el compromiso. Esta crónica imbrica las opiniones de trece autores como si hubieran asistido a un mismo diálogo

En los tiempos del Yo, como si fuera el gran invento; de los derechos de la mujer y reconocimiento y visibilidad de su trabajo en todos los ámbitos, con retraso; y de la reflexión sobre el compromiso de los escritores frente a la vorágine de acontecimientos que sacuden el mundo, sobre si deben ser más combativos públicamente; Clara Janés pone delante dos palabras que están en el origen de todo y que tienden a olvidarse o malinterpretarse: honradez y belleza:

“El compromiso del autor es con la honradez de lo que haces. No tienes que ser combativo ni identificarte políticamente, sino quieres. Como decía Dostoievski: ‘La belleza salvará al mundo’. Y aunque no creo que lo haga, sí creo que la belleza ayuda a la felicidad, que es el fin buscado por todos. Lo importante es la honradez del autor con lo que escribe y allí descansa su misión”.

Las palabras de la poeta, narradora y ensayista barcelonesa y académica de la Real Academia Española (RAE) sonaron con su voz pausada, suave y rotunda en el Teatro Fernando de Rojas, del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el pasado viernes 19 de octubre de 2018. Fue en uno de los actos principales del Festival Eñe (del 15 al 27 de octubre) que Janés compartió junto al español Antonio Muñoz Molina, el mexicano Álvaro Enrigue y la chilena Paulina Flores. Cuatro generaciones de escritores hispanohablantes moderos por Luisgé Martín, director literario del Festival, donde se tocaron los temas principales de la décima edición del Festival y que son los que agitan las aguas de la literatura en estos momentos: Yo, Mujer y Compromiso.

Honradez y belleza

A partir de lo dicho por ellos cuatro y por una docena autores, de los más de cien que participaron en el Festival Eñe, se forjará este texto. Sus voces, que sonaron en salas diferentes y, a veces, simultáneamente, pero bajo el mismo techo, confluyen ahora en un solo diálogo que no existió literalmente pero que el juntarlos se hace real. Porque de la misma manera que los libros dialogan entre sí y establecen un relato del mundo, las opiniones de sus creadores también:

De izquierda a derecha: Luisgé Martín, Clara Janés, Antonio Muñoz Molina, Alvaro Enrigue y Paulina Flores. /Fotografía de WMagazín

Bajo los focos del escenario del Teatro Fernando de Rojas y ante un público silencioso en la oscuridad de la sala, Luisgé Martín saludó, dio las gracias y presentó a sus invitados: Janés, Muñoz Molina, Enrigue y Flores. Empezó por preguntarles por su condición de escritores.

– Llamarse a uno mismo escritor me da pudor – confiesa Muñoz Molina (Un andar solitario entre la gente (Seix Barral). No me gusta lo gremial y celebrativo. Soy solitario. Siento amor por los autores que admiro, pero siento rechazo cuando veo al escritor interpretando el papel de escritor.

– Hay un problema de sobreexposición de los escritores. Hay una conversión del sector en talismán que sustituye la lectura -lamenta Álvaro Enrigue (Ahora me rindo y eso es todo-Anagrama)para luego afirmar:

– Toda escritura es comprometida y política. No sé que sigue al Estado-Nación. La escritura va a responder a eso.

Clara Janés (Estructuras disipativas-Tusquets) escucha atenta al otra lado de la hilera de sillas donde están sentados. Tan pronto hay una pausa interviene:

– El compromiso del autor es con la honradez de lo que haces. No tienes que ser combativo ni identificarte políticamente, sino quieres. Como decía Dostoievski: “La belleza salvará al mundo”. Y aunque no creo que lo haga, sí creo que la belleza ayuda a la felicidad, que es el fin buscado por todos. Lo importante es la honradez del autor con lo que escribe y allí descansa su misión.

– La lectura es algo íntimo. Es un amor platónico. No soy ejemplo a seguir para nadie que lea mi libro -dice tímidamente Paulina Flores (Qué vergüenza-Seix Barral).

En otra sala, Elvira Lindo (30 maneras de quitarse el sombrero-Seix Barral) habla de las ideas, de cómo llegan, de cómo surgen, de cómo evolucionan y de cómo se hacen llegar al público.

– Al escribir debe haber compás, ritmo… las palabras deben tener música… Hay que ser diferente. No solamente opinar. Dar un punto de vista que no se haya emitido sobre algún tema de actualidad.

– Todo es neuronal. Incluso noto que hay algo fisiológico -admite Alberto Corazón. Cuando diseño pongo en orden esa tormenta de ideas que surge en el cerebro. En cambio en la creación plástica me limito a escuchar.

Sobreabundacia del Yo

Y lo que muchos escuchan hoy y se ha puesto de moda en la literatura es escuchar a los autores hablar de sí mismos. La llamada autoficción o literatura del Yo que siempre ha existido, pero que en las últimas cuatro décadas se ha reinventado y en esta última abierto múltiples formas. Autoficción la bautizó el escritor y profesor francés Serge Doubrovsky en Fils en 1977. Allí insufló vida y dio visibilidad a una parte del genoma de la literatura, la propia experiencia. Nada viene de la nada. Doubrovski potenció el que el autor se convirtiera en el objeto y el sujeto de la historia. Autoficción, una palabra en la que cabe todo, como en la novela. No son memorias, no son diarios, no son autobiografías, no son pensamientos, no son monólogos y es todo eso a la vez.

De izquierda a derecha: Gonzalo Torné, María Tena y Miguel Ángel Hernández. /Fotografía de WMagazín

– Plantear si es mejor la autoficción o la ficción no es el camino -reflexiona Gonzaló Torné (Años felices-Anagrama).

En una de las razones de esa moda que tiende a contaminar todo entra Miguel Ángel Hernández con conocimiento de causa tras compartirla en su libro El dolor de los demás.

– La memoria es fundamental para la literatura del Yo. En los años noventa hubo un giro memorialístico en el arte. Un yo que no es yo con el cual podemos vivir otras vidas. Hay un giro hacia el testimonio real. Hay hambre de realidad. En un mundo en que todo es evanescente está la opción de seguir a la ficción o anclarnos en lo real.

– Lo interesante no es de dónde viene el material -insiste Torné. El juego es si lo narrado es identificable. La clave es la intención. Lo que hay en la novela de testimonio es mucho de fórmula comercial. Es una fórmula de éxito como la novela negra.

– En lo comercial la autoficción tiene un tono escandaloso -advierte María Tena (Nada que no sepas-Tusquets).

– En el caso de mis libros, soy yo, pero tampoco soy yo del todo. Y eso que el personaje de El comensal se llama Gabriela -explica Gabriela Ybarra para recordar que en lo autobiográfico siempre hay ficción.

– El yo es un recurso narrativo como cualquier otro. Cuando uno empieza a escribir usa más la primera persona porque la sinceridad tapa la falta de oficio. Cuando ya tienes oficio puedes elegir entre la primera o la tercera persona -explica Juan José Millás (Que nadie duerma-Alfaguara) para resolver parte del misterio de la moda de la autoficción.

Mujer, literatura y vida

Del uso de múltiples recursos literarios y de la vida como literatura y la literatura como vida sabe mucho Gioconda Belli (Las fiebres de la memoria-Seix Barral). Literatura personal en sus primeros poemas y literatura venida de la realidad revolucionaria de su país Nicaragua cuando militó en el Frente Sandinista para ayudar a derrocar la dictadura de los Somoza en los años setenta. Belli recibe el Premio Festival Eñe y cuenta que, a pesar de conocer la historia de muchos dictadores, no sale de su sorpresa con lo ocurrido en Nicaragua con los Ortega.

La escritora nicaragüense Gioconda Belli al recibir el Premio Festival Eñe 2018. /Fotografía de WMagazín

– El dictador era uno de los nuestros… Jamás pensé que me tocaría vivir otra dictadura. No es la primera vez que un revolucionario deviene en tirano. La izquierda fracasó en América Latina por una tendencia totalitaria. Es una gran desilusión para quienes somos de izquierdas, pero perdió la imaginación y ha querido que el costo de la justicia social sea la libertad.

En el origen y aún hoy, la libertad se la dio a Gioconda Belli la literatura, la escritura. Una mujer en Centroamérica parecía tener pocas opciones de hacer lo que en verdad quería y amaba y menos aún figurar por sí sola.

– Lo que me hizo escribir fue no convertirme en un electrodoméstico. Reivindico la integridad de la mujer.

– Lo que pasa -afirma Clara Usón (El asesino tímido-Seix Barral)- es que estamos autorizadas para hablar de nosotras, pero no para hablar del género humano como sí lo tiene el hombre.

– Pero eso está cambiando, contesta Belli para luego dejar clara su posición y lanzar una propuesta:

– Hay algo que le falta al feminismo. Hemos hecho mucho por conocernos a nosotras mismas. Ahora hay que incorporar a los hombres. La masculinidad es una construcción social y corresponde a los hombres trabajarla. Es un problema social de los dos: de mujeres y de hombres. Tenemos un fallo profundo en nuestra estructura. Se establece desde la casa. No quiero ir a más marchas donde estén solo las mujeres, también deben ir los hombres. Hay que involucrarlos, muchos lo quieren hacer.

– Las editoriales dicen que les llegan más manuscritos de hombres. La pregunta es por qué -tercia Usón. Lo que podemos hacer las mujeres es tratar de mostrar el mundo desde el punto de vista femenino.

-En los silencios también está la verdadera violencia, lo que intuimos. La escritura es una forma de indagación. En el compromiso ético siempre hay una vindicación -asegura Edurne Portela (Mejor la ausencia-Galaxia Gutenberg).

– Escribir consiste en mirar de otro modo -según Sara Mesa (Cara de pan-Anagrama).

– Creo en la labor revolucionaria de la literatura. Ha sido profética -cuenta Belli. Me gusta imaginar futuros posibles. Creo que la literatura tiene un papel, el del análisis y mostrar las contradicciones. Pero la literatura te hace amar de verdad.

 

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