Iberoamérica alerta de la deficiente circulación del libro

La industria editorial reclama a los gobiernos más compromiso para reducir los bajos índices de lectura y mejorar el comercio intracomunitario de libros

Quinientos veinticuatro años después de que el libro llegara a América con las crónicas de Colón, su sino de extravío en estas tierras sigue vigente. A los gobernantes se les llena la boca hablando de cultura y literatura e invocando a escritores en sus discursos, pero la realidad los traiciona: las políticas oficiales y los presupuestos para el mundo del libro son precarios, como se refleja en los bajos índices de lectura y en el comercio intracomunitario. El resultado es que Iberoamérica es un campo de minas para la libre circulación del libro.

Es una región llena de obstáculos físicos, burocráticos y mentales que los gobiernos deben comprometerse a eliminar. Así lo reclamó el Grupo Iberoamericano de Editores (GIE) en el documento Declaración de Barcelona. Lo comunicaron en la Feria Internacional del Libro, Liber, que se  realizó en la capital catalana entre el 11 y el 14 de octubre de 2016. El documento, con visos de SOS, fue entregado en la XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en Cartagena de Indias, el pasado 28 y 29 de octubre. Un encuentro que este año tuvo como lema Juventud, Emprendimiento y Educación.

 

La Declaración de Barcelona busca acabar con los obstáculos que convierten la región en un archipiélago cultural, basado en el apoyo real y presupuestario al fomento de la lectura. Y aunque las barreras ya no son tanto arancelarias, sí subsisten diferentes problemas que son analizados por un grupo de expertos:

  1. Obstáculos burocráticos, según el país.
  2. Escasas políticas gubernamentales para favorecer el sector.
  3. Deficiente apoyo a la promoción y fomento de la lectura.
  4. Pocas políticas empresariales por parte de las editoriales para poner a circular el libro entre los países, especialmente de los grandes grupos.
  5. Regular conocimiento del mercado de la región que incluye 21 países, cada uno distinto.
  6. La piratería del libro tradicional sigue arraigada, sobre todo en Latinoamérica, mientras en España es la del ebook.
  7. Falta concienciación de los autores para querer publicar en la región.
  8. Pocas o ineficaces políticas de conectividad para el desarrollo del libro electrónico.
  9. Vigencia de prejuicios ciudadanos que no terminan de creer en los escritores de su país y el continente.
  10. Bajo índice de lectura. Los indicadores en Latinoamérica oscilan entre dos y cinco libros por habitante al año, según el Centro Regional para el Fomento de la Lectura en América Latina y el Caribe (Cerlalc). En España es entre 8 y 10, aunque casi el 40% dice no leer nunca.

 

Falta más apoyo de los gobiernos

Una situación que Ricardo Piglia describió en alguna ocasión con estas palabras: “Hoy viajan más los escritores que los libros”. Ello en referencia a que entre tantas ferias y encuentros de escritores, ahora era más fácil ver a un autor en un país distinto al suyo antes que a sus libros, debido a la enmarañada ruta de circulación de los mismos.

“Sin duda hay muchos obstáculos en el comercio intracomunitario. La cuestión no se resuelve solo con palabras. Se necesita el compromiso serio y de verdad de los gobiernos con asignaciones presupuestarias y políticas eficaces”, afirma Antonio María Ávila, secretario general de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), organizadora de Liber, y una de las promotoras del documento.

Por ese motivo, el documento aprobado por las 21 cámaras del Libro dice: “Declaración a favor del Fomento de la Lectura, la Edición y el Libro, con solicitud expresa de que todos los Gobiernos de los ámbitos lingüísticos español y portugués, favorezcan la libre circulación del libro entre sus respectivos países, eliminado todo tipo de aranceles, trabas aduaneras y administrativas, sin más límite que el de la libertad de expresión”.

Una de las claves para el éxito de esta iniciativa radica en la necesidad de entender que “la libre circulación, tanto de libros como de ideas, es la base sustancial que permite el desarrollo educacional y, en definitiva, cultural de los pueblos”, asegura el uruguayo Boris Faingola, presidente del Grupo Iberoamericano de Editores (GIE).

Además, hay que dejar de ver a los 19 países latinoamericanos de habla hispana como una unidad, advierte Nubia Macías, Directora general editorial Planeta para México, Estados Unidos y Centroamérica. Y lo argumenta así: “El hecho de que hablemos el mismo idioma no significa que tengamos los mismos intereses lectores en los diferentes países. Por otro lado, los esquemas fiscales de cada país son distintos y eso hace muy cara la exportación y la circulación de los libros de un lugar a otro. Después del tema impositivo, las distancias son el otro gran reto: América Latina es una región enorme, y con barreras naturales gigantescas. Los costos de los fletes, por aire, por tierra o por barco, así como el tiempo que tardan los libros en recorrerlos, son muy distintos a los europeos. Por eso pensar en la libre circulación es muy bueno, facilitaría las cosas, pero quitar simplemente las fronteras aduanales sería una ayuda, que no resuelve el problema de fondo”.

 

Cómo fortalecer la circulación

Para avanzar en las soluciones hay que tener en cuenta tres aspectos cruciales: los costos de transporte, favorecer el fortalecimiento de la bibliodiversidad en la región y los bajos índices de lectura, según Marianne Ponsford, directora de Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina y el Caribe).

Surge, entonces la pregunta, ¿Pero acaso el mundo digital no facilita la libre circulación del libro? Ana María Cabanellas, editora argentina y secretaria de GIE, dice que ella siempre pensó que el libro electrónico sería la solución a estos problemas, “pero no ha sido así”. Entre otras razones, explica, “porque en nuestros países no circulan lectores digitales ni las tabletas. Se puede leer en teléfonos digitales y en algunos hogares en computadoras; pero sabemos que el crecimiento de los libros electrónicos está ligado al uso de lectores digitales y tabletas”. En cualquier caso, el ebook empieza a facilitar la circulación del libro, según Trinidad Vergara, presidenta de la Cámara Argentina de Publicaciones. Pero, agrega, “es importante que los gobiernos ayuden a una mejor conexión de Internet que facilite la conectividad de los lectores”.

Para fortalecer la circulación del libro, Ponsford propone lo siguiente: “Apoyo al emprendimiento (crecen las editoriales independientes y la edición universitaria) y a la modernización del sector empresarial en técnicas de mercadeo y distribución utilizando las nuevas tecnologías. Estímulos a la comercialización de derechos de autor, a la traducción y a la coedición. Políticas públicas de fomento a la red de librerías (caracterizada por una alta concentración en las grandes ciudades). Estímulos a la generación de alianzas estratégicas de editores de la región en el uso de las nuevas tecnologías. Fortalecimiento de la construcción de catálogos y bibliografías nacionales”.

Todo lo anterior, coinciden los expertos, debe realizarse sobre la base de que los gobiernos mejoren las acciones relacionadas con la creación de condiciones macro para que la gente lea más. Verdaderas políticas del fomento y promoción de la lectura, porque agregan, sino hay lectores no hay mejores ciudadanos, ni tampoco libros ni industria editorial.

Más conciencia de autores y lectores

No olvida Macías un punto neblinoso: los anhelos de publicación de los autores. La editora, que conoce a fondo la creación literaria y el mercado editorial, pues dirigió durante 10 años la FIL, Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), recuerda que “España es un mercado ensimismado, que se autoalimenta muy bien y tiene un interés muy selectivo sobre lo que se escribe y publica en otras latitudes”. Mientras tanto en Latinoamérica sus autores “mueren por publicar en España, y pierden de vista las posibilidades que les da circular en países del continente americano. Esto genera mucha frustración, de un lado y del otro, pero vuelve al problema de origen: ¿qué les interesa a los lectores de cada país? Ahí la industria editorial tiene mucho por hacer”.

La verdad, afirma el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, es que no todos los autores pueden llegar a Penguin Random House y Planeta. Y hace un llamamiento continental para “apoyar a las pequeñas editoriales independientes que proliferan hoy en el continente, las editoriales alternativas que buscan salida a los escritores jóvenes, y a los escritores olvidados. Y hay que hacerlo en el papel, porque el libro impreso en lugar de desaparecer, está logrando nueva vida, sin despreciar por eso los libros electrónicos”.

A este anhelo de los escritores se suma otro problema que involucra a la sociedad y sus prejuicios. Nubia Macías lo describe como “el malinchismo’ generalizado que hay en América Latina”. Se refiere a la resistencia a creer en lo propio. Porque si un libro está bendecido por el mercado extranjero se da por descontado que es bueno, “mientras que cuesta mucho trabajo legitimar la calidad de lo que se hace en nuestros países. Parecería que esto ya no sucede en el siglo XXI, pero es realmente frecuente y lamentable”.

El papel de la empresa privada es importante para resolver esta problemática, según Cabanellas: “Hoy los grandes grupos editoriales, instaladas en casi toda América, no logran intercambiar autores entre sus filiales; paradójicamente, para los pequeños editores independientes es más fácil”.

Uno de estos editores es Juan Casamayor, de la española Páginas de Espuma, uno de los que más ha creído en esos autores, conocidos o no, al revitalizar con su sello el genero del cuento hispanohablante, tan característico en la región. Casamayor advierte que “se corre el riesgo de convertir un continente unido por una lengua que es muchas lenguas, por suerte, en un archipiélago inconexo. O quizá ya lo sea. En todo caso cualquier realidad se puede alterar y transformar”. Su periplo de dos décadas por España y Latinoamérica lo ha llevado a ser testigo de cómo hay quienes dicen que un libro no puede leerse o que tal o cual autor no se encuentra, o que esa literatura en particular es desconocida. “Que ‘¡Vaya desgracia!’, que ‘¡Qué pena!’. Las palabras que compartimos son un gran vehículo para fortalecer una cultura que nos define y nos identifica. Y esas palabras no viajan solas”. Entonces lanza una petición, a la vez que hace autocrítica: “Atención responsables de administraciones gubernamentales e instituciones: faciliten y hagan viable ese viaje. Y la industria editorial aportemos y apostemos por esta iniciativa. Cada uno lo que su tamaño le permita. Repito su tamaño. Ya se sabe que en este sector somos unos pequeños y otros grandes editores. Vía libre a las palabras. Y a los libros”.

Es lo que busca el sector editorial iberoamericano con la entrega del documento en la XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en Cartagena de Indias. Piden cambiar el paradigma lector iberoamericano, empezando por un verdadero apoyo al fomento de la lectura, a la eliminación de la barrera mental de los autores, los editores y los ciudadanos de confiar más en lo creado en la región. Como resume Nubia Macías: “Se trata de creer en la identidad iberoamericana, ¡de verdad!”.

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Cifras del comercio del libro

Los siguientes son los datos en los países de la Asociación Latinoamericana de Integración
(Aladi), formada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, son elocuentes:

  1. Las importaciones de libros, que en 2007 (antes de la crisis financiera global) eran de 1.192 millones de dólares, pasaron a 876 millones de dólares en el 2015.
  2. Las exportaciones de libros pasaron, en el mismo período de 507 a 286 millones de dólares.
  3. Es evidente que la oferta disponible en las librerías de la región se debilitó sustancialmente, en particular por los acelerados procesos recientes de devaluación de los signos monetarios.
  4. Las exportaciones de libros de los países de Aladi, en 2015, se dirigieron en un 60% a los países de lberoamérica (en el 2000, ese porcentaje era cercano a 73%).
  5. Las importaciones de libros en 2015 (con un alto contenido de comercio de servicios de manufactura), se originaron en un 33,7% en los países de lberoamérica. En el 2000,
    ese porcentaje era cercano a 55%.
  6. Unas cifras bastante significativas: En 2015, los países de ALADI importaron libros de España por valor de 164 millones de dólares. Las exportaciones de este grupo de países a España, en ese mismo año, fueron de 4,9 millones de dólares.

Fuente: CERLALC Una mirada a la libre circulación del libro en los países de ALA DI/MERCOSUR. Agosto de 2016. (Documento preparado por el CERLALC para la Secretaría General de ALADI y el Alto Representante de MERCOSUR, para su presentación en el Taller Perspectivos y oportunidades paro lo industria editorial
latinoamericana, realizado en Montevideo, durante los días 5 y 6 de septiembre de 2016).

 

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