El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez fotografiado por Daniel Mordzinski.

Juan Gabriel Vásquez: “Hay un puritanismo y revisionismo que empobrece la lectura de la ficción”

El escritor colombiano analiza en 'Viajes con un mapa en blanco' el ADN de la novela. En esta entrevista reflexiona sobre este género literario como espejo de la sociedad y una vía para conocer la naturaleza humana incluso en sus lados más oscuros

“El ser humano es el mejor invento de la novela”. Es la inversión de los mundos, del real y del ficticio en manos de Juan Gabriel Vásquez para hacer una de las más bellas declaraciones de amor a la literatura.

Una sugerente y literaria reflexión de uno de los autores contemporáneos en español que más ha escudriñado en la carpintería y relojería del arte de la escritura. Sobre todo desde hace ocho años en diferentes conferencias, charlas y cursos alrededor de medio planeta, en los recreos que le dejaban sus propias novelas.

El resultado son varias piezas reunidas en Viajes con un mapa en blanco (Alfaguara). Textos que, como una novela, forman un organismo vivo que se explora a sí mismo e invita a ver desde otra óptica ese mundo literario que produce el milagro de crear otros mundos con sus criaturas y sentimientos en la imaginación de quien se acerca a él. Y este volumen, confiesa Vásquez (Bogotá, 1973), “está compuesto de libros cuyos recuerdos son importantes para mí por lo que dicen y por el momento en que los leí. Solo hay libros que han marcado mi vida”.

Viajes con un mapa en blanco es una obra inacabada porque las ideas de su autor alrededor de la literatura están en continuo movimiento. Esta vez en Madrid donde Vásquez amplía sus ideas y hallazgos, algunos de los cuales él mismo ha tratado de llevar a cabo en títulos como Los amantes de todos los santos, Los informantes, Historia secreta de Costa Guana, El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara), Las reputaciones y La forma de las ruinas.

Juan Gabriel Vásquez, fotografiado por Daniel Mordzinski.

Winston Manrique Sabogal. Rastrea usted el ADN de la novela y recuerda que no es una tabula rasa sino que cada obra procede de otras obras. Además, Ricardo Piglia, que también exploró la biografía eterna de la novela, tiene una presencia importante en Viajes con un mapa en blanco.

Juan Gabriel Vásquez. Piglia tiene una presencia en este libro en muchos sentidos. Por un lado, la práctica del ensayo como una manera de investigación casi detectivesca. Piglia creía que el ensayo podría ser un relato de detectives donde el criminal es una idea y el ensayista es el detective que trata de apresarla, rodearla para sorprenderla. Piglia cambió nuestra manera de leer ficción. A mí siempre me ha interesado la idea de la literatura como averiguación, como el lugar donde se condensan las preocupaciones de una sociedad en un momento dado. Y la novela es eso, la novela condensa de una manera misteriosa todo lo que inquieta a una sociedad en un momento dado, y, por eso, ha tenido esa capacidad de adaptarse y ha sido una especie de reflejo, de espejo, de las preocupaciones de su tiempo.

La novela nace como comedia con Cervantes, con El Lazarillo de Tormes, pero en el siglo XIX se da cuenta de que puede hablar del lado de una cierta concepción trágica de la vida. Ahí están obras como Madame Bovary y Ana Karenina. A principios de siglo XX la novela empieza a sentir una necesidad de pensar sobre la página, y entonces las páginas de Proust y de Musil parecen ensayos, ensayos morales o filosóficos. Y ahora, en nuestro tiempo, obsesionado por la idea de verdad, por la relación entre las historias que contamos y la verdad de los hechos, las novelas empiezan a tomar una forma de documental, empiezan a querer parecerse a la no ficción, a querer simular que son memorias o libros de viajes o recopilaciones de documentos, hasta con fotos. Entonces, esa idea de la novela como un lugar donde se condensan nuestras preocupaciones es muy de Piglia y para mí ha sido muy importante.

W. Manrique Sabogal. Los momentos cruciales de la novela como género coinciden con momentos clave de la humanidad: Cervantes escribe El Quijote en plena conquista de América, tras la Revolución Francesa la novela empieza una nueva etapa, después llega la industrialización que da origen a la gran novela decimonónica, luego el periodo de entreguerras mundiales y después la posguerra. ¿Ahora en qué periodo está?

J. G. Vásquez. La historia nos da las pruebas para ver una especie de relación entre las convulsiones sociales y el florecimiento de la novela como género. En los momentos en que los seres humanos nos hacemos preguntas grandes sobre nuestro porvenir, momentos en que las sociedades están cambiando de una manera que nos sacude como individuos y que nos lanza a una cierta incertidumbre surgen las novelas, porque las novelas son uno de los grandes mecanismos que hemos inventado para explorar la incertidumbre, las preguntas sin respuesta, los momentos convulsos…

El nacimiento de la novela, tal como yo la entiendo, fue en esos 50 años entre El lazarillo y Don Quijote. Está asociado a unas transformaciones del mundo conocido, un mundo nuevo en todos los sentidos. Donde queda claro que la Tierra no es el centro alrededor del cual gira el sol, sino al revés, etcétera. En medio de todas esas transformaciones de nuestra consciencia hay un aparato que también la refleja que es la novela. Si tú te preguntas por qué en un espacio muy reducido de tiempo de repente estallan Tólstoi, Dostoievski, Gogol Chéjov y otros autores rusos es porque hay una sociedad rusa en plena convulsión, y que siete años después de la muerte de Tolstoi, 13 años después de la muerte de Chéjov va a dar un vuelco brutal y se va a convertir en otra cosa…

W. Manrique Sabogal. Es la capacidad de los grandes autores de ver más allá del presente, como los animales que olfatean la tormenta que se avecina. Es ahí donde trabaja el inconsciente.

J. G. Vásquez. Eso está en las novelas, no en los novelistas. Las novelas saben más cosas que los novelistas. Las novelas siempre son mucho más inteligentes y más perspicaces que quienes las escriben. Una novela es como un sismógrafo, refleja unos movimientos subterráneos que quizás van a estallar pronto. Eso se vio en los años anteriores de la Revolución Rusa y también es fácil verlo en la revolución cubana…

W. Manrique Sabogal. El periodo de entreguerras es muy novedoso y abre muchos caminos.

J. G. Vásquez. En esos años el florecimiento de la novela en todo el mundo es una cosa brutal que no te explicas muy bien. Si uno toma simplemente las fechas de nacimiento, digamos entre 1875 y 1890, ahí nacen Joyce, Woolf, Proust, Musil, Faulkner o Hemingway, aunque es del 99, es una generación que ya tiene una consciencia del mundo cuando estalla la Primera Guerra y el mundo los cambia, les mueve el piso. El mundo después de la Primera Guerra Mundial es otro. La palabra que lo marca es incertidumbre. Las novelas empiezan a florecer y no son novelas que hablen de  la guerra, sino de esa sensación de desorientación vital, eso es lo que refleja el Ulises, que aunque es de 1904, anticipa una incertidumbre y angustia muy ligada a lo que se avecinaba en Europa. El hombre sin atributos, de Musil, es una novela cuyo estado mental anticipa lo que va a ser la Segunda Guerra Mundial. ¡Kafka, por supuesto! Es ese sismógrafo, la novela es esa especie de Casandra, la figura de la mitología griega, que está todo el tiempo diciendo: ‘ah, es que lo que viene es peor’…

W. Manrique Sabogal. Ahora es la época del gran cambio que produce la era digital, en la que usted no parece creer mucho.

J. G. Vásquez. En los últimos cien años han pasado muchas más cosas que en los últimos veinte siglos. Las transformaciones de la consciencia humana a través de la tecnología en estos últimos cien años son de vértigo, situaciones muy difíciles de manejar por inasible y por impredecible. Mi preocupación con las nuevas tecnologías está ligada al hecho de que no hemos sabido dominarlas, por nuevas, por recientes. A muchos les parece que las nuevas tecnologías, las redes sociales, forman parte de nuestra vida, como si hubiéramos todos nacido con ellas. La pregunta de muchos es si esto no hay que limitarlo de alguna manera porque está causando problemas para las democracias. Son los mismos inventores de Facebook, por ejemplo, los que confiesan que no les permiten a sus hijos pequeño el uso de celulares o entrar en las redes sociales porque no es bueno…

W. Manrique Sabogal. ¿No será que los escritores ahora tienen que estar atentos a ese sismógrafo?

J. G. Vásquez. Siempre me ha parecido muy difícil de descifrar porque el ejercicio de la literatura es muy caprichoso. Las novelas empiezan a reflejar nuestra consciencia fragmentaria, nuestra manera inconexa de entender el mundo. Es tan verosímil eso como que la novela justamente se convierta, como ha sido a lo largo de los años, en el lugar de rebeldía, el lugar donde se le ofrece al lector lo que la vida ya no ofrece, se le ofrece continuidad, se le ofrece densidad, se le ofrece silencio al ruido de la vida, se le ofrece el interés por el otro, la curiosidad por el otro como contraposición al narcisismo constante de las redes.

Juan Gabriel Vásquez. /Fotografía de Daniel Mordzinski

W. Manrique Sabogal. ¿Qué opina de esa tendencia al revisionismo y relectura de analizar las obras con los ojos de hoy y fuera de su contexto histórico y lo que pretenden?

J. G. Vásquez. Estamos pasando por una época de una muy extraña facilidad para la ofensa, de sentirnos ofendidos con mucha facilidad con todo. Nos hemos vuelto criaturas pueriles, niños y personas hipersensibles de piel delgada que no aguantamos la más mínima afrenta a nuestras emociones y a nuestros sentimientos y mucha parte de esa relación que estamos estableciendo con las obras de arte pasan por ahí… En Estados Unidos es un fenómeno la llamada apropiación cultural que, básicamente, quiere decir que tú ya no tienes derecho de escribir siendo blanco; todavía no tienes derecho de escribir desde el punto de vista de un negro, etcétera. Me parece no solo una estupidez, sino contrario al espíritu de la novela que, justamente, es el vehículo por el cual yo puedo vivir la vida de otro y es un acto de tolerancia y de empatía y de curiosidad.

Hay una especie de nuevo puritanismo y revisionismo que empobrece la lectura de la ficción, que pasa por esa hipersensibilidad por la facilidad para ofendernos con cualquier cosa. Es un  error leer la ficción de esa manera. Es desperdiciar la maravilla que tiene la ficción que es esa libertad de explorar toda la naturaleza humana, incluso sus lados más oscuros y terribles, sin por ello convertirse en apologista y propagandista de algo. Las novelas nos permiten esto y sería una lástima que dejaran de hacerlo simplemente porque algunos no saben cómo manejarlo. Conocer los lados más negativos o perversos y malos de la naturaleza humana es enriquecedor y una manera de entendernos.

Quizás Viajes con un mapa en blanco ayude a una mejor perspectiva de la ficción. Es un libro instructivo, una guía sobre el arte literario y sus mecanismos y funciones. En sus páginas se explica la importancia y la fuerza de la literatura en la humanidad al señalar que “la novela no es el mejor instrumento jamás inventado por el ser humano para explorarse a sí mismo, sino que el ser humano es el mejor invento de la novela”.

2 comentarios

  1. El nuevo puritanismo de la izquierda fascista que viene de Estados Unidos es una plaga, estamos a poco de volver a quemar libros en las hogueras… completamente de acuerdo con este señor. Habrá que ver si es coherente con esto que dice en sus escritos.

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