Juan Rulfo de niño en Una vida gráfiica, de Óscar Pantoja, editado por Rey Naranjo.

Juan Rulfo de niño en Una vida gráfiica, de Óscar Pantoja, editado por Rey Naranjo.

Juan Rulfo a la luz de una vela

Rulfo en tres actos (1): Este 16 de mayo se cumplen cien años del nacimiento del creador de 'Pedro Páramo' y 'El llano en llamas'. El autor de la biografía gráfica del escritor mexicano imbrica su vida y su obra y abre el especial de WMagazín

La luz de una vela ilumina el mundo escrito por Juan Rulfo. La llama alumbra los cuartos, las cocinas, los corredores. Y por las medias sombras que la luz deja tiradas en el piso, en la pared, pasan otras sombras, quien sabe de quién o quien sabe qué. Afuera, en la tierra seca, la luz de la luna completa la penumbra. Hoy todo eso ya no existe. Hay demasiada luz en nuestros cuartos, en los corredores y en la ciudad. Tenemos tanta luz que ya no nos deja ver nada. Para entrar al mundo creado por Rulfo hay que encender las velas y apagar nuestros bombillos.

Una de las virtudes de un gran escritor es mostrarle el mundo que ya no existe a sus lectores. Un gran escritor reaviva mundos desaparecidos. Por eso, cada vez que leemos El llano en llamas o Pedro Páramo es otra luz la que nos alumbra, es otro mundo el que se nos viene encima, así se haya evaporado en las nubes del tiempo.  El escritor logra atraparlo para sus futuros lectores. Conoce a la perfección una de las máximas de Herodoto: La primera historia se escribió con la esperanza de evitar que se pierda el recuerdo de lo que los hombres han sido.

Ilustración de Juan Rulfo. Una vida gráfica. (Rey Naranjo)
Ilustración de Juan Rulfo. Una vida gráfica. (Rey Naranjo)

Si se entra en ese mundo retenido por Rulfo, iluminado parcialmente por rectángulos difusos que se alargan y se anchan a su antojo por la oscilación de la llama de una vela, se va a escuchar con claridad el paso del viento, las puertas que se abren y chirrean, el arrastrar de las alpargatas; el fuego que revienta en la hornilla, las voces de la gente afuera en la calle, los murmullos de la noche, el ruido de la cama cuando alguien se reacomoda, el ladrido de los perros, los truenos y la lluvia que se acerca. Por eso el lector se detiene cada tanto en las frases cuando lee sus dos libros, porque reconoce un mundo que le contaron, que no vivió, pero que ahora ve. El lector presencia ese claroscuro. Cuando Rulfo publicó Pedro Páramo las críticas no se hicieron esperar. Le dijeron que era un escritor mediocre, que se dedicara a otra cosa, que su libro no tenía sentido, que era una tontería, que era un puro enredo y que su novelita era una completa basura. Como él había obtenido cierto reconocimiento con su primer libro, los críticos dijeron que era simple suerte y lo calificaron como el burro que había hecho sonar la flauta. La verdad resultó siendo otra: los burros eran aquellos que lo criticaron y que no entendieron los alcances de su prosa.

Rulfo con su escritura logra para Latinoamérica lo que ningún otro escritor había logrado con tanta eficacia hasta entonces (y hasta ahora): mostrarnos el funcionamiento de nuestra mente a través del minucioso arte de la literatura. James Joyce y Virginia Wolf le contaron al mundo, antes que la ciencia, la forma de operar de nuestra mente, la forma en la que ordena y construye los acontecimientos y las historias, la forma en la que vive la vida la mente. Y lo contaron a través de un sofisticado, complejo y estético mundo literario, a través de historias de mundos que desaparecían (sus mundos). Y es que con regularidad la literatura se adelanta a la psicología, a la psiquiatría, a la filosofía, a la ciencia, a la economía, a la historia… Dostoievski, Proust, Joyce, Virginia Wolf, Capote, Chejov, por citar solo algunos, lo hicieron. La forma en que nuestra mente funciona, uniéndose por murmullos, por hilos, por frases, por imágenes, por sonidos, por voces, por fantasmas la hizo posible Rulfo con una historia de campesinos pobres en una tierra seca y desolada. La sofisticada estructura de hebras que tejió en su novela hizo que sus críticos no la entendieran porque tenía más movimiento un ladrillo que sus capacidades de entender una nueva, arriesgada y transgresora propuesta.

Rulfo nos mostró de manera artística y estética, la forma como deberíamos empezar a entender y ver la literatura contada a través de un mundo que desaparecía. Es tan sofisticada su estructura que hace que nuestro pensamiento la construya, la complete, que arme los trozos, las hebras sueltas, los sonidos y las voces, que nos haga entender cómo se comporta y funciona nuestro cerebro a través del arte literario. Rulfo nos muestra el mundo no como es sino como el cerebro lo ve.

Ilustración de 'Juan Rulfo. Una vida gráfica' (Rey Naranjo)

A este sutil modo de construcción, Rulfo le suma su experiencia vital. En una frase está cifrado ese universo que luego contará cuando alcance la edad de 37 años: De los seis a los doce años solo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a mis abuelos: era una casa enlutada. Su madre también murió de un ataque al corazón cuando solo tenía 32 años. La ruptura interna, el desgarramiento, el quiebre definitivo que tuvo a los nueve años fue definitivo e irreparable. Y ese golpe fue el que construyó su universo narrativo. Se podría decir que a los diez años estaba acabado, pero con extraordinaria fuerza vivió para contarnos ese mundo ahora inexistente, fantasmal, pero que volvemos a ver, con luz de vela, cada vez que nos asomamos a las páginas de Pedro Páramo y El llano en llamas.

Ilustración de ‘Juan Rulfo. Una vida gráfica’ (Rey Naranjo).

Aparte de esta complejidad narrativa existe otro elemento determinante que hace de la obra un clásico de la literatura universal, y es ¿por qué queremos a Pedro Páramo si es un vulgar y cruel terrateniente que trajo dolor y dejó hijos regados en el mundo como granos de maíz secos que se tiran a la tierra? La respuesta es el entendimiento profundo que Rulfo tenía de la condición humana. Orson Welles solía decir: Cuanto más humano haces que sea el monstruo, más interesante resulta la historia. Rulfo le da humanidad a Pedro Páramo, nos deja que construyamos a Pedro Páramo por pedazos, por voces, por recuerdos muy lejanos donde vemos la integridad de un ser humano imperfecto, lleno de errores y desde luego aciertos. Rulfo entiende que hay que escribir con compasión. La escritura no es una venganza, es una humanidad, sea de quién sea de quien se escriba. Igual ocurre con el resto de sus personajes, femeninos y masculinos. Ahora, solo queda volver a la frase inicial del libro: Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y dejarnos llevar por ese mundo desaparecido.

Portada del libro 'Juan Rulfo. Una vida gráfica'.
Portada del libro ‘Juan Rulfo. Una vida gráfica’.

Este homenaje continuará mañana con la lectura de algunos pasajes inolvidables de la obra de Rulfo.

Óscar Pantoja es el autor junto a Felipe Camargo de Juan Rulfo. Una vida gráfica, edita por Rey Naranjo

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