Juergen Boos, director de la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, el pasado mes de abril en Madrid. / Fotografía de Lisbeth Salas

Juergen Boos desvela los secretos del éxito de la Feria del Libro de Fráncfort en la era digital

"El sector editorial debe estar abierto a ideas y fortalecer el trato directo con los lectores". Es lo que recomienda, en una entrevista a WMagazín, el director de la cita editorial más importante del mundo que se celebra del 11 al 15 de octubre

Quien no va a Fráncfort no existe. Esta máxima de los editores del mundo sobre la Feria Internacional del Libro de Fráncfort cobra vigencia. Porque, a pesar de la era digital, el trato humano es insustituible y se hace más necesario que nunca en una industria mundial del libro que factura casi doscientos mil millones de euros al año.

Desde hace 69 años el destino del libro se traza en la cita alemana. Incluso ahora, que el mundo analógico se funde con las tecnologías emergentes, es allí donde se escenifica el futuro de la industria editorial. Si hasta hace unos ocho años en Fráncfort se cerraban las principales contrataciones de títulos, ahora los editores y agentes literarios hacen sus negocios por teléfono o internet. Así es que cuando llega la feria lo más importante ya está decidido, pero ellos peregrinan hasta allí, sobre todo, para establecer relaciones públicas, reafirmar alianzas, intercambiar ideas, mejorar su marca de editor y estrechar las manos de sus colegas, escritores, libreros, agentes literarios, distribuidores y clientes en general.

Juergen Boos (Lörrach, Alemania, 1961) lo sabe. Editor y experto en marketing, desde 2005 es el director de la Feria de Fráncfort, la más importante del mundo. Anfitrión, estratega y maestro de ceremonia de este ritual que ha tenido que afrontar la reconversión del sector ante la irrupción de lo digital y aliarse con él para dar un nuevo impulso a esta feria excepcional. Boos inauguró en Madrid (España) la primavera pasada el I Congreso Intersectorial del Libro donde dejó un mensaje claro: “El futuro del libro no pinta demasiado bien, pero debemos adaptarnos y cambiar esta situación. Reinventarnos para cambiar nuestra industria”. Entonces dio una sugerencia clave: “Necesiamos más pericia como editores y crear nuevos mundos para vender contenidos. Debemos saber lidiar con estos competidores digitales”.

Tras unos cuarenta minutos de charla con medio centenar de editores y libreros de España, WMagazín habló con Juergen Boos. El editor describió el nuevo papel de la Feria de Fráncfort y desveló algunas de sus claves de éxito de reinvención, ahondó en las recomendaciones al sector editorial, analizó desafíos de las ferias tradicionales y aventuró tendencias del ecosistema del libro.

Winston Manrique Sabogal. ¿Qué es hoy la Feria de Fráncfort y cuál es su secreto para seguir vigente en este cambio de era?

Juergen Boos. La Feria de Fráncfort no es una feria tradicional porque aquí nunca se han vendido libros. Es un punto de encuentro que trata sobre el comercio y los derechos internacionales de los libros. Se trata de la distribución a nivel internacional donde el tema de derechos ha crecido bastante. Antes el autor cedía los derechos a la feria y la feria los cedía a las editoriales. Hoy las cosas son diferentes. Hay un salón de venta de derechos con más de 600 agentes literarios de todo el mundo que crece cada año, entre un 5% y un 10%. Aunque cada año los libros se venden mucho antes. Este año en febrero ya estaba todo vendido y en la feria se oficializa. Otro aspecto que ha cambiado en la Feria de Fráncfort es que se ha convertido en un punto de encuentro de políticos, comisarios de la Unión Europea y ministros de cultura de todo el mundo para ver cómo es esto. La feria también se ocupa del fenómeno de la lectura, de imagen y fotografía. Es una feria en la cual hay cerca de nueve mil periodistas.

W Manrique. ¿Fráncfort es única en su liga, atípica, pero cómo cree que deberían ser las ferias tradicionales en estos momentos de imbricación analógica y digital?

J. Boos. Comparado con otras industrias del mundo, la del libro es relativamente pequeña. Las ferias deben especializarse. Fráncfort es venta de derechos y más, antes en la de Londres había un centro de venta de contenidos en inglés, en la de Bolonia está todo lo referido al libro infantil y juvenil, esos son los puntos más grandes, y la de Guadalajara (México) es un punto pequeño. Ahora, por ejemplo, también se negocian derechos para cine o temas de licencias para audiolibros. Las ferias deben especializarse. Nosotros, por ejemplo, hemos creado una plataforma de contenido electrónico y otra para promover libros menos promocionados pero que son de fondo e interesan a un lector selecto.

W. Manrique. Internet facilita la comunicación directa con el lector, los medios de comunicación son, cada vez, menos necesarios para promover los libros, ¿no cree que las editoriales no terminan de entender la nueva era e infrautilizan sus herramientas para llegar al lector?

J. Boos. Los medios impresos serán cada vez menos importantes. Hay que saber qué es lo que quieren los clientes. Editores y libreros usan blogs y redes sociales de manera directa. Hacen publicidad de manera directa. El papel del editor es cada vez más importante porque hay mucho contenido y el editor es quien garantiza la calidad con respecto al contenido y al producto. Es como un curador en un museo, él tiene un programa y su función no se puede intercambiar. Creo que el editor tiene que invertir mucho, y cada vez más, en fortalecer su propia marca. Cuando compras un libro de una editorial, compras al autor y la marca de la editorial. Hay que fortalecer la comunicación de la editorial y la del editor porque es un curador y eso hay que intentar transmitirlo de manera directa al lector. No todos los precesadores de contenidos serán de las editoriales. En el caso de los libreros pequeños hay que trabajar, por ejemplo, nuevos modelos de suscripción. Los metadatos son importantes. Los retos vienen de lo que plantean empresas como Amazon y Google.

Juergen Boos, la pasada primavera en Madrid. / Fotografía de Lisbeth Salas

W. Manrique. ¿Cuáles son los principales cambios que debe asumir el sector editorial?

J. Boos. Sobre todo debe estar abierto a nuevas ideas. Es algo complicado porque es un sector muy tradicional y no es fácil probar cosas por el riesgo a perder el dinero invertido, y no hay mucho tiempo en las exploraciones. Pero hay que experimentar, buscar nuevos socios. Insisto en que hay que fortalecer el trato directo con el lector. El editor, a través de su marca debe defender la diversidad y la calidad, el librero tiene que cuidar su comunidad de clientes y el distribuidor debe garantizar que el producto llegue a tiempo. Esto último es lo que hace Amazon de manera perfecta.

W. Manrique. Amazon es un monstruo donde el libro es uno más de sus miles de productos en el engranaje de entregas y competir con eso es muy difícil.

J. Boss. Pero hay algo que ellos no tienen: la relación personal, es algo que el algoritmo de Amazon no ha solucionado. El trato humano tiene que dar visibilidad al autor y mejorar el contacto con los lectores, la parte humana. Amazon no tiene eso y esos sistemas tan grandes por algún punto se resquebrajan. Amazon gana dinero con temas de la nube, en la distribución no gana. Es una promesa de futuro para los accionistas.

W. Manrique. ¿Cuáles serían sus recomendaciones para una mejor adaptación a este nuevo tiempo dual, analógico y digital?

J. Boos. La reinvención pasa, por ejemplo, por tres aspectos: Más promoción de la lectura, sobre todo en los jóvenes. Como decía en la conferencia, se les podría enviar un mensaje de que “los libros son peligrosos” (bromea). Hay que cambiarles la percepción de la lectura. El segundo aspecto tiene que ver con la creación de actividades, muchas actividades, y, por último, mejorar el trabajo intersectorial, cooperar todo el mundo, editores, libreros, distribuidores, autores. Todo esto incluye trabajar nuevas formas de distribución y de visibilidad del autor y del libro. Y, claro, hay que aprender a cooperar con otros sectores como el cine, la televisión, los audiolibros… Como decía, necesitamos más pericia como editores.

W. Manrique. ¿Vislumbra alguna tendencia en la industria?

J. Boos. Dentro de la idea de exploración hay una nueva línea de negocio, y es que grandes empresas como Audi podrían pedir una historia en cuyo libro estuviera su automóvil. Además, hay empresas prestigiosas que editan y van a editar libros y debemos saber cómo podemos colaborar con ellas. Habrá una gran evolución, sobre todo, en los libros educativos. Una clave es fomentar la diversidad.

W. Manrique. No todo es trabajo ¿qué le gusta leer en sus ratos libres?

J. Boos. Leo autores del país invitado de honor a Fráncfort. Este año que Francia es el invitado he leído, por ejemplo, a Mathias Enard. En otros momentos he leído a Karl ove Knausgard, a Javier Marías, a Roberto Bolaño. En general, me gusta la ciencia ficción porque, entre otros temas, se ocupa de la inteligencia artificial y las utopías sociales.

¡Loteria! Tal vez en la predisposición a esos temas está la mirada esférica de Jurgen Boos sobre el mundo del libro, como industria y como creación literaria y como divulgador. Es la vena del editor y del experto en marketing que de niño entró en el mundo del libro con obras ilustradas, como las historias de Otfried Preußler y su pequeña bruja, luego quedó deslumbrado por El señor de los anillos, de Tolkien, y en la juventud conquistado, para siempre por la literatura, por Francis Scott Fitzgerald con Suave es la noche:

“En la apacible costa de la Riviera francesa, a mitad de camino aproximadamente entre Marsella y la frontera con Italia, se alza orgulloso un gran hotel de color rosado. Unas amables palmeras refrescan  su fachada ruborosa y ante él se extiende una playa corta y deslumbrante. Últimamente se ha convertido en lugar de veraneo de gente distinguida y de buen tono, pero hace una década…”.

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