Karina Sainz Borgo en el Parque del Retiro de Madrid en 2019. /Fotografía de WMagazin

Karina Sainz Borgo: “La nostalgia no es muy saludable, pero a mí me alimenta y me guarece”

La periodista venezolana firma uno de los fenómenos novelísticos de la temporada que se traducirá a 25 idiomas: 'La hija de la española'. La acompañamos en su primer encuentro con sus lectores en la Feria del Libro de Madrid donde evoca el proceso de escritura

En cinco minutos Karina Sainz Borgo pasó de una barahúnda que no le gusta a una que le encanta. Los seguidores de fútbol del Liverpool y del Tottenham, a punto de disputar la final de la Liga de Campeones, se cruzaron en su camino cuando ella iba al primer encuentro con sus lectores en la Feria del Libro de Madrid.

Entró a paso ligero por la Puerta de Madrid a las seis de la tarde pasadas del caluroso sábado 2 de junio de 2019. Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982) estaba en compañía de su padre, a quien llama el Gran Capitán. Él iba a ser testigo de cómo su hija con su novela La hija de la española (Lumen) confirmaba uno de los debuts novelísticos más sonados de los últimos años con traducciones a 25 idiomas y cinco ediciones en España en tres meses.

Atravesaron el Paseo de Coches abriéndose paso entre la gente que buscaba libros en las 361 casetas. Aunque la cita para empezar a firmar su novela era a las siete, llegaba con antelación no como la periodista que ha cubierto este evento en los últimos diez años sino como entrevistada de WMagazín. Se sentó en uno de los bancos de madera detrás de las casetas bajo la sombra primaveral de tres grandes ahuehuetes.

Karina Sainz Borgo en el Parque del Retiro de Madrid al terminar la entrevista con WMagazín. /Fotografía de WMagazín

Este es su tercer gran momento iniciático con la novela: el primero fue cuando empezó a escribirla en el verano de 2017, el segundo cuando más de quince editoriales de diferentes países la compraron en la Feria de Fráncfort y el tercero es esta cita con sus lectores en la feria que por antonomasia suscita estos encuentros autor-lector. En una media hora, varios de ellos le pedirán que les firme esa historia en la cual narra en una alegoría el resquebrajamiento político, social y humano de Venezuela, que a la vez es una carta de amor a su país.

En el verano de 2017 empezó todo. Limpiaba la biblioteca de su casa cuando:

“Apareció la primera frase: ‘Enterramos a mi madre con sus cosas, no podíamos hacerlo de otra manera’. La idea de enterrar a alguien era la idea fuerza de La hija de la española. Tenía una intuición. El primer capítulo lo escribí de corrido en un fin de semana. Quería que la primera imagen fuera luctuosa, que un cementerio presidiera la narración, la pérdida. Luego construí un ambiente y una estructura para que esa muerte se amplificara”.

“La voz se impuso desde el comienzo. Quería una primera persona porque me permitía ser muy real, muy dramática: ‘Enterramos a mi madre con sus cosas’. Entierras una patria, entierras un trabajo, entierras un amor. Sentía que había una pulsión, una electricidad que podía tirar de sí muy fácilmente”

Después de que ese relámpago de la frase inicial iluminara su cabeza, Karina Sainz se sentó a escribir y ya no se levantó hasta el día siguiente.

“Empecé a tirar del hilo, de mis obsesiones, que no eran pocas porque el año 2017 fue muy violento y de represiones en Venezuela. Las primeras diez páginas salieron solas. Fue un desahogo. Paré y pulí. No sabía si era una novela o una crónica barbitúrica o un texto personal. Entonces diseñé la estructura, y dije: ‘Está hablando una mujer que ha perdido una madre. Y qué pasaría sí…”.

Obedeció a su impulso y escribió casi a ciegas.

“Esto se lo debo un poco a Juan Calzadilla, un poeta venezolano. Yo empecé a leer poesía con él y él era muy de automatismo psíquico. Siempre he tenido esa fórmula para escribir, no quiero decir que sea irresponsable porque nadie echa adelante una novela con eso, pero sí hay mucho de flujo instantáneo. La poda y la jardinería vinieron después”.

Karina Sainz Borgo y su padre Carlos Sainz Muñoz se dirigen a la caseta donde  ella firmará sus primeras obras en la Feria del Libro de Madrid. /Fotografía de WMagazín

El verano lo dedicó a escribir y a leer. Llegó el otoño y tras cada jornada de su trabajo como periodista en Vozpópuli volvía a su narrativa intuitiva pero con mapa. Los pasajes que le resultaron más difíciles no fueron los de violencia, fueron los más alegóricos sobre el amor dolorido por Venezuela.

“Uno fue cuando Adelaida Falcón va a la tumba de su madre antes de partir y ya ha robado todo lo que tenía que robar y le dice: ‘Mamá, vine a decirte que te amaba’. Fue con el que más lloré. Era como mi gran carta de amor a Venezuela. Mi gran carta de amor a todo lo que se había ido. Y el segundo pasaje que más me costó escribir fue el capítulo de las piloneras por lo que tenía de nostalgia”.

Acabada la novela vino la poda. Allí se fueron unas cincuenta páginas.

“Es que tiendo a la metáfora, a exagerarlo. Así que fue básicamente adelgazar toda la novela. Me pareció una experiencia magnífica, borrar es la mejor forma de escribir”.

Karina Sainz Borgo firma ‘La hija de la española’ a la primera lectora que llega: Ana Luisa Bruni. A su lado, el periodista David Jiménez y su libro ‘El director’. /Fotografía de WMagazín

Durante la escritura, Sainz Borgo tuvo en mente a dos figuras tutelares.

“Quería que fuera un libro tan incómodo y desasosegante como el Coetzee de Esperando a los bárbaros, tan rudo como el Coetzee de Desgracia y quería que fuera tan tierno como el Coetzee de su última trilogía. Y, al mismo tiempo, quería que fuera tan político como la Doris Lessing de El cuaderno dorado. Además, de manera muy extraña, me dio por leer poesía mientras escribía. Releí mucho la poesía de Borges, aparte de dos poetas venezolanas importantes: Elisa Lerner y Yolanda Pantin”.

“La hija de la española no tiene la voz de Coetzee, pero quería que el lector sintiera lo que a mí Coetzee me hizo sentir, una mezcla entre asco, desagrado y empatía. Me gustan los libros que me producen ansiedad, inquietud, y, como aspirante a escribir, aspiraba a producir ese efecto“.

Ese uno de los tres escritores a los que le ha pedido que le firmara un libro en la Feria de Madrid. Con los tres hizo cola como todo el mundo. Al primero que se la pidió fue a Mario Vargas Llosa en 2006 cuando publicó Travesuras de la niña mala. Otra firma es de Javier Marías en Mañana en la batalla piensa en mí.

Karina Sainz Borgo durante la firma de libros. /Fotografía de WMagazín

En el debut novelístico de esta periodista cultural están latentes cuatro temas que son uno solo: identidad, raíces, nostalgia y memoria.

La identidad es una cosa muy flexible. Se puede permear con otras cosas. Lo digo desde mi propia biografía porque mi papá es español, mi familia es italiana, yo me siento muy española porque llevo aquí mucho tiempo, pero soy venezolana”.

“En la novela hay una frase de Juan Gabriel Vásquez que dice: ‘Uno es del lugar donde están enterrados sus muertos’. Para mí las raíces son esas cosas que te conectan a la tierra. La raíz es una tumba, es algo que se ha perdido, pero que está ahí para recordarte lo que te sujeta cuando sopla el viento”.

“La nostalgia es un tema recurrente. Sentimos nostalgia de lo que ya no podrá ser, de aquellas cosas que se estropearon, que caducaron. La nostalgia no es algo muy saludable, la verdad, pero a mí me alimenta y me guarece, sobre todo. Es una fuente de evocación de cosas hermosas. La nostalgia es como tener la posibilidad de resucitar a alguien…”.

La memoria es el gran ejercicio político en el sentido amplio de la palabra. Te permite escalar las cosas. O por lo menos darles su justa medida. Está bien saber lo que vino antes de ti para que no cometas nunca la frivolidad de creer que estás inaugurando algo, que sepas que te debes a algo. La memoria supone recordar que vienes de un lugar”.

Karina Sainz Borgo con su editora María Fasce. /Fotografía de WMagazín

Y así esta novela que retrata Venezuela a través del desmoronamiento de una realidad y de un sueño llega a la Feria del Libro de Madrid, a una pequeña patria para Karina Sainz Borgo donde amplió el mundo personal-literario que soñaba, el único lugar donde acepta cosas que a otros lugares no le permite.

En Madrid vivo desde hace casi trece años y la Feria del Libro es el único episodio vital, colectivo, humano que tolero. No me gustan las aglomeraciones, pero en la feria me gusta; me gusta ver a la gente comprar libros, me gusta ver a la gente que viene a ver a un autor, a un editor. Yo aprendí mucho a leer en la Feria del Libro de Madrid porque me iba a las casetas independientes; me deslastré un poco de las grandes editoriales y aprendí a reconocer hablando con los editores. Para mí la feria es un gran marcalibros. Aquí los dan y yo los colecciono porque siempre los uso”.

“Aquí descubrí al Chirbes de Crematorio y a Marta Sanz. Fueron dos escritores que me abrieron la cabeza. De hecho terminé leyendo a Benito Pérez Galdós por ellos cada uno con su realismo a su manera. Aquí también descubrí a Natalia Ginzburg y a la Morante. Ellas empezaron a cambiar un montón de cosas en mi manera de escribir”.

Trece años después de llegar a Madrid, diez de cubrir la Feria del Libro como periodista y dos de haber empezado la novela que la ha traído hasta el primer gran encuentro con sus lectores en el Parque del Retiro muchas cosas han cambiado en la forma en que Karina Sainz Borgo se acerca a la escritura.

El aspecto que más cambió cuando terminé de escribir la novela es que ya no me daba miedo borrar. Era muy fetiche con lo que había escrito porque pensaba que no se podía borrar. Gané una libertad tremenda. Me di cuenta de que podía escribir mejor borrando. No tenía el valor de hacerlo, pero mi editora María Fasce me enseñó a borrar. Es una de las cosas que más agradeceré. Me daba miedo borrar porque sentía que no iba a ser capaz de escribir la misma frase otra vez. Ahora hasta me divierto”.

“¿Te he dado titulares? Siempre pregunto eso…”.

Posa para las fotos. Se levanta. Va rápido a recoger a su padre a una de las cafeterías de la feria. Ambos se dirigen a la caseta de la Librería La Central donde firmará sus primeros ejemplares. Llega unos minutos antes. Saluda a su editora, le presentan a su compañero de mesa, David Jiménez, otro periodista y quien fuera director del diario El Mundo de cuya experiencia ha sacado el polémico libro que firma: El director.

Karina Sainz Borgo se sienta con sus gafas oscuras y al minuto llega su primera lectora que le pide: “Para Ana Luisa”. Poco a poco empiezan a llegar más personas a conversar con ella y si son venezolanos a expresar el dolor pero, sobre todo, a intercambiar frases de optimismo.

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2 comentarios

  1. Esta persona es venezolana, cuando escribe en paginas americanas, en españa es mas que Cañí, da la sensacion de que tiene el sindrome de el “Vendedor de azulejos” (Vargas Llosa) ese que hace ser ciudadanos del mundo, a los culturillas, ciudadanos de la parte de el mundo , donde siempre se come bien. Ademas, como prescriptora es agradeciada. no le leeran una mala critica de un libro que haya escrito un periodista como ella.

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