Detalle de la portada de ‘La era del enfrentamiento’, de Christian Salmon.

La hora de la traición a la palabra pública en favor del caos de la verdad y el enfrentamiento

Análisis de la última obra del ensayista francés Christian Salmon sobre cómo el relato canónico se ha transformado para desintegrar los mecanismos de argumentación y de deliberación en el espacio público

“Cada palabra a la que se da la vuelta se convierte en una lanza dirigida contra el que habla”: Franz Kafka.

La publicación del último ensayo de Christian Salmon (Marsella, 1951) supone disponer de un panóptico (inquietante) de la dinámica actual de nuestras sociedades desde la perspectiva de la política, la historia y la sociología.

Doctor en Historia de las Ideologías, crítico literario en Liberation y miembro del Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje (CNRS), su enfoque aúna su mirada intelectual francesa (con apuntes sociológicos y semióticos de Foucault, Barthes, Baudrillard o Adorno) y el conocimiento profundo del entertaintment comunicativo norteamericano.

En una primera instancia puede parecer que La era del enfrentamiento. Del storytelling a la ausencia de relato es una refutación de sus obras precedentes, las influyentes Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear mentes y La estrategia de Sherezade. Apostillas a Storytelling cuando en realidad es su continuación.

La era del enfrentamiento cuenta cómo el relato canónico utilizado en la política, en la empresa, en la filosofía, la historia o, incluso en la religión, ha devenido en un enfrentamiento insomne que aboca a la desintegración de los mecanismos de argumentación y de deliberación en el espacio público.

El ensayista francés Christian Salmon.

De forma muy ágil, Salmon narra el auge y caída de líderes políticos cautivadores por su relato como Barack Obama (al que considera responsable de evidenciar el fracaso de la política al incumplir la misión recuperadora que tenía encomendada), Emmanuel Macron, Matteo Renzi o la tragedia de las negociaciones con la troika conducentes a la salida de su ministro griego de Finanzas Yannis Varoufakis (con quien mantiene una gran complicidad) con la intervención de los griegos.

Salmon concentra su discurso en la comunicación política, señalando a los spin doctors (asesores de comunicación política que provisionan de argumentos, imágenes, interpretaciones para su consumo social y mediático) recientes más relevantes como James Carville (Clinton), David Axelrod (Obama), Karl Rove (Bush) y a Steve Bannon (Trump). A través de la ejecutoria de estos profesionales y de la comunicación política, Salmon sugiere su influencia en el deterioro de la política produciendo de facto una “despolitización sin precedentes” (“un Golpe de Estado sin estrépito”) que subvierte el modo de gobernar (state craft) por su puesta en escena (stage craft), sobredeterminando el papel del Estado.

La aceleración de los procesos comunicativos y la capacidad de internet para la multiplicación de mensajes favorecen una sobreexposición de relatos que desemboca en una parálisis narrativa. Este nuevo orden narrativo frenético se asienta sobre un sistema de información ininterrumpida que dispersa y favorece la visión anecdótica de los acontecimientos y su utilización como mecanismos de desinformación y propaganda, situándose como la nueva razón de ser de la política.

Este storytelling adolece de falta de sentido, incapaz de responder a problemas graves con planteamientos que denomina como “ilusorios”: la debacle de las subprimes, la crisis de soberanía de los Estados, el crecimiento de la desigualdad, la revolución digital o la explosión de las redes son asuntos que se resienten del divorcio entre el discurso oficial y el impacto de estos fenómenos.

Salmon construye una cronología de hechos y condicionantes que son combinación de las revoluciones financieras y las desregulaciones, la mundialización de los mercados, la tecnología, telecomunicaciones y redes sociales a través de distintas etapas que van desde la caída del muro de Berlín hasta la irrupción en la política estadounidense de Donald Trump.

Trump (y su epígono Bannon) destapan sin pudor su apuesta (en campaña electoral y en el ejercicio del poder) por una narrativa basada en la conversión de la política en un espectáculo de enfrentamiento (hipérbole verdadera), carente de relato a través de la especulación contra la propia institucionalidad para agravar su descrédito adoptando unos códigos comunicativos beligerantes basados en el exceso y la carnavalización.

Estos fenómenos se han extendido a muchos países y sistemas políticos: persiguen la incredulidad, la desacreditación indiscriminada de cualquier narrador, la denigración sistemática de las fuentes de información como “viciadas” ya sean autores, instituciones, políticos, gobernantes, científicos, expertos o religiosos. El resultado es la inestabilidad, la invalidación de cualquier enunciado y una desconfianza social conducente hacia el nihilismo, las democracias ‘iliberales’ y la construcción de nuevos hiperliderazgos basados en medias verdades, falacias y mentiras de las fake news y alternative facts.

Consecuentemente, la lógica y continuidad narrativa pasada del relato político se sustituye por la agonística de la viralidad, la virulencia y la rivalidad. Se concentra la comunicación política en los propios (“prietas las filas”) más que en la conversación abierta (subvirtiendo el papel de la comunicación y pulverizando la narración política) enardeciendo la cólera de las masas.

Salmon es pesimista al dibujar el panorama de la sustitución de la ideología por la política, de la política por el relato y del relato por el enfrentamiento viral: desconexión de todas las fórmulas de deliberación en el espacio público, decadencia de los mecanismos de mediación social (partidos, asociaciones, sindicatos), inoperancia del aparato regulatorio institucional, regímenes políticos. Todo ello es resultado de un doble fenómeno: gobernanza sin soberanía y democracia sin deliberación, debilitamiento de la palabra y el lenguaje como referente social. Salmon tampoco es complaciente con las pueriles respuestas comunicativas a todos estos fenómenos (los sistemas de verificación o fact checking) ni con las reacciones de indignación que acrecientan el proceso.

De estos efectos y de su desarticulación narrativa tampoco se libran los otros usos instrumentales del relato que se recogían en sus obras precedentes y que trata sucintamente: tanto la gestión empresarial, el marketing, la diplomacia, la defensa como la identidad narrativa (desde la marca personal al uso de las redes como forma de autopresentación, autoapreciación y control) se contaminan del perfilado narrativo, los algoritmos o del Big Data como armas de desinformación, propaganda y mecha de la crisis de sentido de las organizaciones.

Adolfo Jiménez. Economista, director de comunicación corporativa y profesor. Experto en comunicación empresarial y política, gestión de conflicto y crisis.

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