Salón Internacional del Libro de Marruecos. /Fotografía de WMagazín

La riqueza de la poesía marroquí contemporánea libre de ataduras clásicas

Ahmed Lemsyeh, Mourad Kadiri y Adil Latefi representan a tres generaciones de poetas zejeleros importantes. Estuvieron en el pasado Salón Internacional del Libro de Casablanca

Hemos conseguido reunir en este pabellón de España del 25º Salón Internacional del Libro de Casablanca a tres grandes poetas Ahmed Lemsyeh, Mourad Kadiri y Adil Latefi, representantes cada uno de las tres generaciones de zejeleros contemporáneos marroquíes.

Los tres poetas son la expresión contemporánea de un subgénero que, como diremos más adelante, se ha renovado bajo la batuta de una poesía libre de ataduras clásicas y en consonancia con el lenguaje poético actual. Mourad Kadiri, en su estudio sobre la obra de Ahmed Lemsyeh, afirma en su prólogo que se ha pasado de tres divanes publicados en la década de los setenta del siglo pasado a cuarenta en los años noventa y a cien en la primera década de nuestro siglo. Este dato da fe de la proliferación de tantos poetas que escriben en árabe marroquí como también de la riqueza de esta lengua para la expresión artística.

Decía José Ramón Ripoll, en la presentación del nº 22 (2000) de la Revista Atlántica, de la que era su director, que “desde el signo poético podemos llegar a entendernos más allá de las premisas o barreras que impone la actualidad“. Entiendo que esta es una máxima que todos los amantes de la poesía compartimos. En el caso de Marruecos, esto cobra un mayor sentido para España si tenemos en cuenta el desfase cultural en una frontera terrestre tan próxima, el Estrecho de Gibraltar, y una frontera temporal tan lejana, Alándalus, que todavía sigue presente en el espíritu. Las palabras de Ripoll me traen a la mente a la poetisa española Trina Mercader durante el Protectorado español y la revista literaria que dirigió, al-Motamid, siendo esta y, especialmente, la poesía de españoles y marroquíes que se publicaron en sus páginas, un ejemplo de entendimiento más allá de las diferencias.

(…)

Zéjel y árabe marroquí

La característica principal que define al zéjel, tanto en nuestros días como en la época de Alándalus, es el uso de la lengua materna, más o menos cultivada, en su composición. En el caso de aquella parte de la Península Ibérica se trataría del árabe andalusí, y en Marruecos el árabe marroquí. La profesora de Literatura árabe de la Universidad de Cádiz, Mercedes Aragón Huerta, dice sobre él: “hoy en día lo que se define por zéjel es un tipo de poesía compuesta en árabe marroquí, no escrita para ser cantada –salvo alguna excepción– y está principalmente dirigida a un público cultivado, semejante al público lector de poesía en árabe clásico”. Mourad Kadiri me explicó en una ocasión que los poetas contemporáneos en Marruecos no son los mismos que escribían zéjeles en Alándalus o mǝlḥūn en el Magreb, de tal forma que la denominación más apropiada según él para estos vates sería la de “poeta popular”. Apoyando lo dicho por Mourad Kadiri, en árabe marroquí denominamos al género contemporáneo como zažal “zéjel”, pero no hablamos de zažžāl “zejelero”, sino simplemente de šāʕir “poeta”. Todos conocemos la poesía de Ibn Quzmán, autor de zéjeles, que vivió en Alándalus en el siglo XII. Aunque el zéjel medieval esté escrito en el registro dialectal, está impregnado de la métrica clásica. También tenemos la poesía denominada mǝlḥūn de Sidi Abderrahman el-Mejdoub quien vivió en el siglo XVI, o de Sidi Qaddour El Alami, que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Hay igualmente una larga tradición de este género en toda la región del Magreb. Pero todas estas producciones están sometidas a una métrica y a una temática que responden en muchos casos a distintos moldes. Es únicamente con la poesía contemporánea que los poetas populares conseguirán liberarse de estos con el fin de dejar que las palabras se muevan libremente por el poema.

La lengua en la que escriben nuestros poetas es el árabe marroquí, en una variante lingüística cultivada. Nosotros entendemos por cultivada aquella que siendo la misma de las gentes que la hablan ha sido elevada a un nivel de creatividad artística gracias a los mecanismos propios del arte de la poesía y al uso del léxico, el cual será en muchos casos el de uso cotidiano y en otros el de voces no tan empleadas en la conversación cotidiana pero que forman parte del acervo lingüístico del árabe marroquí. Estos poetas populares han elevado la lengua del pueblo al nivel más alto, es decir, a la poesía, allí donde las palabras están más cerca de los sentimientos del ser humano. La lengua materna de la gente goza así del prestigio que tiene su lengua hermana, el árabe clásico. Ambas lenguas, solo por serlo, aunque la primera no esté ni codificada ni goce de protección oficial, tienen la misma capacidad creativa. Y en este sentido, podemos afirmar que la poesía, tanto en árabe marroquí como en árabe clásico o en cualquier lengua del mundo, no está hecha para ser escrita únicamente sino también para ser recitada en público y ser acompañada por gestos, tonos de voz y puestas en escena, tal como tendrán ustedes la ocasión de comprobar en unos momentos. En una visita hecha por los poetas Ahmed Lemsyeh y Mourad Kadiri a Casa Árabe en Madrid el 25 de mayo de 2011, este último decía lo siguiente:

“Aunque lo que he escrito en verso es zéjel, no se trata del mismo género que cultivó Ibn Quzmán. Hoy en día la palabra zéjel, hace referencia en los círculos de la Literatura y la Crítica en Marruecos a la poesía que utiliza el dialecto marroquí para expresar una visión poética del ser, del mundo y de lo existente, igual que la poesía que se escribe en árabe culto o en el idioma amazige, en francés y en otras lenguas para expresarse”.

Laâbi –en su antología de la poesía marroquí habla de tres fases en el desarrollo de la poesía contemporánea marroquí. La primera va desde el inicio del Protectorado en 1912 hasta la proclamación del dahir berbère en 1930, y es todavía una poesía tradicionalista y no tan combativa como en Oriente ante la presencia colonial. La segunda va en paralelo con la organización del movimiento nacionalista y es definida por Laâbi como ouverture réelle sur le mouvement de la renaissance arabe et, à un degré moindre, sur la culture occidentale, poniendo el acento en la reforma religiosa y la Educación, y sin alejarse todavía de los cánones heredados de la poesía clásica. Es curioso destacar –según Laâbi– que entre 1912 y 1956 solo se publicaron diez colecciones de poemas. Y la tercera etapa nace tras la independencia. Es en este período –casi veinte años después– que el zéjel contemporáneo comienza a desarrollarse en Marruecos. En la antología recientemente aparecida en España, Al sur de la palabra, el editor, Juan Antonio Tello, señala dos acontecimientos importantes que darán impulso a la poesía en esta última etapa, la publicación del manifiesto Poésie toute, escrito por Mostafa Nissabouri y Mohammed Khaïr-Eddine, y la aparición de la revista Souffles, creada por Abdellatif Laâbi.

Ahmed Lemsyeh, un mundo interior

Ahmed Lemsyeh nació en 1950, Mourad Kadiri en 1965 y Adil Latefi en 1983. El primero de los tres poetas populares nació poco antes de la independencia en 1956 y los dos siguientes después. Podemos decir que los tres pertenecen al tercer período del que habla Laâbi. Los tres comparten un mismo género, el zéjel contemporáneo, y una misma lengua para expresarse. Ellos son las tres generaciones vivas del zéjel contemporáneo marroquí. Con poetas como Ahmed Lemsyeh y Driss Mesnaoui vio la luz este género en los años setenta del siglo pasado. Pero, en el caso de Lemsyeh, hubo que esperar a 1994, con su obra ¿Quién ha bordado el agua? (شكون طرز الما؟) para que la composición se desligara totalmente de los cánones de la casida clásica. A partir de ahí, empezó a hacerse más popular con la incorporación de muchos poetas a este género, aunque ya desde mediados de los años ochenta, Mourad Kadiri, una de las figuras más representativas de esta segunda etapa, comienza a escribir zéjeles. Este poeta popular se convierte en el primero cuya producción refleja totalmente esta desvinculación con el pasado. A finales de los años ochenta, como nos comenta él mismo en un artículo aparecido en el periódico al-Ittihad al-Ichtiraki, hubo un festival de poesía en Salé que despertó en él una conciencia poética diferente que se plasmó años más tarde en uno de los poemas que aparece en Hilado de chicas (غزيل لبنات, 1995), دابا تجي “ahora viene”, hecho que marcará el inicio de su nueva etapa poética. En cuanto a Adil Latefi, ha crecido oyendo y leyendo zéjeles y hoy día es una de los vates más jóvenes cuyas colecciones de poemas salieron a la luz a partir de 2013.

En la poesía escrita por Ahmed (Sidi Ismaïl, provincia de Aljadida, 1950) el poeta se encuentra cara a cara con su mundo interior, aquello que está oculto en el “ser”, es el “secreto”, “su universo poético” que sale del interior hacia la luz, permitiendo que la pluma, el papel y la tinta lleven a cabo un acto de creación, un acto de luz. Él se siente enteramente poeta y –como él mismo ha dicho en varias ocasiones- cuando el deseo de escribir se ampara de él, como los dolores de la parturienta, con fuerza y violencia, deja todo lo que está haciendo y se siente invadido plenamente por este anhelo. La poesía es entonces una manera de existir en este mundo. Con respecto al uso de la lengua dialectal en su poesía, dice que el zéjel hace que se exprese mejor y que encuentra en él su esencia. Añade a esto que esta sensación se debe, seguramente, al hecho de que ha crecido en el mundo rural. Para Ahmed Lemsyeh, la poesía es puro sentimiento, pasión y emoción y estas sensaciones están simbolizadas en sus poemas por el viento, que representa los impedimentos en el momento de componer, o el mar, ya que ha nacido en la costa atlántica, el cual simboliza los sueños, los deseos, las pasiones, lo desconocido y lo tenebroso, el secreto. No deja de sorprendernos en la obra de Lemsyeh su halo místico del que Mourad Kadiri (2012) dice lo siguiente: “Podemos reconocer que el sufismo purifica a Lemsyeh de lo visible y de lo sentido, pues le une a lo invisible y a lo intangible; porque a través de él, su poesía se traslada a mundos iluministas y esotéricos que rebasan los objetos y las manifestaciones externas”. La poesía de Ahmed es para mí un viaje interior en el que las sensaciones están muy presentes porque toma conciencia de ellas: “quien me ha hecho hablar sin sentir / miente más de lo que respira” –dice él–. Es un lugar –como bien afirma él– en el que se encuentra “quien habla y lo dicho”, o mejor dicho, allí en donde se identifica el poeta con su propia poesía. Es desde aquí desde donde el poeta emprende el encuentro con la sociedad en la que vive y es desde este lugar desde el que siente que hay algo que nos une a todos. La profesora Mercedes Aragón dice a propósito de la poesía de Ahmed en el prólogo a la edición española de Estado y Estados: “Escribir será, pues, para el poeta un proceso de liberación, presidido por el silencio, por la meditación. Hasta que por fin llega el momento de la inspiración y su pluma se llena de pasión y entonces no deja de bullir: el poeta, en perfecta unión con su cálamo, se adentra en el proceso febril de la creación. Y su silencio se traduce en una poesía de gran belleza, sensibilidad y calidad”.

Mourad Kadiri, luchar contra el dolor

Mourad Kadiri (Salé, 1965) emplea en Hilado de chicas (غزيل لبنات) las palabras como un juego para hacernos descubrir sensaciones y sentimientos, nacidos de la soledad del ser humano, con los que hace un ejercicio de erotismo empleando símbolos inspirados en objetos de la vida cotidiana. Así, llega a eliminar tabúes sociales y pasiones reprimidas. Y todo ello, con humor e ironía. Su espacio preferido es la ciudad y el poeta se convierte en un espectador, un testigo de aquello que sucede en el mundo de lo real, sentado, por ejemplo, en el café Triangle Rouge. Murad Kadiri es también un lector infatigable. Prueba de ello son las referencias de los escritores y poetas universales como Ibn Hazm, Dante Alighieri o Pushkin entre otros. Y en Pájaro de Dios (طير الله), hace un viaje a su interior presente, pero también pasado y futuro. Allí descubre el dolor y aprende a luchar contra él conociéndolo, aceptándolo en silencio y escribiendo. Los buenos recuerdos curan también las heridas y las lágrimas, apagan el odio y hacen que el hombre saboree las cosas sencillas. Este libro es también un canto a la madre tierra en la que todos tienen derecho a vivir, sean del credo que sean. En sus poemas se reconoce como un creyente que ha vuelto a Dios que vive aquí y ahora, y busca las fuentes de esta creencia en su infancia vivida en la ciudad de Salé. Y ante la muerte, que representa su futuro, lo único que pide es que lo recuerden como fue, sin más, “piezas sueltas / fue Mourad Kadiri”. El lenguaje poético en su último diván Tranvía (طرامواي) está cargado de un erotismo que se entremezcla con el sufismo. Sobresalen las referencias al texto coránico y a experiencias como el silencio, la contemplación, el viaje a su interior, el desierto, la noche, la luz, el agua, el dolor o la muerte, las cuales se viven como una experiencia mística. También podremos sentir entre sus líneas un suave sentido irónico que provoca de repente una sonrisa o una carcajada en el lector. Sus composiciones poéticas emanan de este contacto con lo interior en forma de retales y son el resultado de las vivencias del vate en el “ahora”, el único momento en el que la inspiración puede llegar hasta su cuaderno en forma de palabras.

Adil Latefi, la imagen poética

Adil Latefi (Fez,1983) nos decía hace poco que es conocido como “el poeta del zéjel”, otra denominación que viene a sumarse a la expresada por Mourad Kaduiri, “el poeta popular”. Los dos vienen a confirmar que la creación del zéjel es obra de un poeta y no un zejelero, denominación anterior al desarrollo de la poesía contemporánea. Y él mismo me definía a través de un correo electrónico con estas palabras su poesía:

“Mi poesía pone el acento esencialmente sobre la creatividad de la imagen poética, teniendo un fondo cognitivo sufí y humanista. La palabra y la lengua constituyen su temática principal. La escritura es para mí vida que sumo a la mía propia, llegando incluso a reemplazar esta última”.

Adil Latefi pone de manifiesto en su obra que es el poeta de los fragmentos, como las chispas o los rescoldos del fuego. Ahmed Lemsyeh, autor del prólogo a Nievefuego (ثلجنار), dice que el fuego en la poesía de Adil Latefi está cargado de metáforas y símbolos ligados, como la nieve, al país. “El fuego –continúa diciendo– “está entre la vida y la desaparición, se levanta para consumir al otro con el fin de perdurar. ¿O acaso no son el trueno y la chispa dos trozos de fuego que buscan hacerse paso?”. El fragmento, característica de la poesía, es una especie de greguería, sobre la que Lemsyeh afirma lo siguiente: […]

“se distingue por no estar completo, como si estuviéramos ante un principio y un final borrados y el esplendor se abriera paso entre ellos hacia su muerte-nacimiento, como si su intención fuera pasar de forma independiente de lo que ha sido borrado en él. Así pues, antes de él hay silencio (blancura) y después también (blancura). Es saciado por la blancura (en la página) que está rodeada por sus cuatro partes. Es como un pequeño bordado en un sudario (el blanco de la hoja), que invita al lector a girarse y mirar delante y atrás evocando e imaginando, ya que es un texto incompleto (no llego a él si no está completo). Incita al lector a llenar sus huecos vacíos y ocultos y a liberar sus mensajes cifrados. Es una señal para el lector con el fin de que cruce hacia una segunda escritura (el futuro)”.

 

  • Francisco Moscoso García (Jerez de la Frontera, 1970) es profesor titular de Árabe marroquí y Árabe clásico en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales de la Universidad Autónoma de Madrid. Sus líneas de investigación son el estudio de los dialectos árabes, la didáctica del árabe marroquí, el zéjel en Marruecos y la tradición oral en el Magreb. Entre sus libros figuran Estudio lingüístico de un dialecto árabe del Sus (Cádiz, 2002) y Cuentos en árabe marroquí (Madrid, 2017). Ha traducido y publicado varias colecciones de poemas de los zejeleros Mourad Kadiri y Ahmed Lemsyeh y dos novelas de Abdelghani Abou El Aazm.

El 25º Salón Internacional del Libro de Casablanca, del 7 al 17 de febrero de 2019, tuvo a España como país invitado. El programa de actividades corrió por cuenta de la Dirección General del Libro y el Fomento de la Lectura y de Acción Cultural Española (AC/E), y el Ministerio de Asuntos Exteriores, a través del Instituto Cervantes y de la Embajada de España en Marruecos. Las actividades buscaron “promover el conocimiento y la presencia de nuestra literatura en Marruecos y afianzar los vínculos y el diálogo cultural entre ambos países”.

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Un comentario

  1. Mi visita a Casa Árabe para participar en el coloquio titulado “Algarabías” me ha permitido conocer la gran exposición de fotografías de Marruecos de Leila Alaoui, es una obra preciosa que merece ser conocida

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