Malcolm Lowry (Cheshire, Reino Unido, 1909 – 1957)

La sombra de Lowry es alargada

El traductor de 'Rumbo al mar blanco', la obra inacabada y perdida del escritor inglés que acaba de editarse en España, cuenta cómo fue el proceso de traducción. Uno de los títulos del auge de obras póstumas

Cuando, a principios de marzo de 2016, y por mediación de Olivia de Miguel, recibí de Malpaso el encargo de traducir In Ballast to the White Sea (¡una novela inédita de Malcolm Lowry!), no pude recibirlo con más entusiasmo. La traducción de la “alta literatura” es un coto bastante exclusivo y, aun siendo consciente de que no sería una labor fácil y sí, probablemente, frustrante en mayor o menor medida, me las prometía muy felices ante la perspectiva de probar mi valía. Mal podía imaginar que la navegación de este texto de trasfondo marinero resultaría una travesía tan poco apacible, con mar de leva.

Las aguas que había de surcar ya eran procelosas de por sí: una sintaxis endemoniada, salpicada de malabarismos verbales y juegos musicales onomatopéyicos, a lo que se añadía una densidad insospechada de referencias literarias e históricas (que podrían haber pasado desapercibidas de no ser por las exhaustivas notas que incluía la edición original, académica y erudita). En definitiva, un texto de una dificultad de traducción mayúscula, por su ambición formal, por su especificidad geográfica, histórica y cultural. Ante las previsibles dificultades que me aguardaban abordé la traducción con cierto respeto reverencial.

Lo que no había previsto es que la versión castellana fuera a quedar (aparentemente) atrapada en la órbita de la infausta estrella del autor, como por obra de alguna ley de gravitación mística, o como si las palabras de Lowry tuvieran la virtud de un aciago conjuro. Sin entrar en patéticos detalles, un desprendimiento de retina, dos intervenciones de cirugía ocular y una larga recuperación dieron al traste con el calendario de publicación previsto, y la fecha de entrega se pospuso indefinidamente, en lo que se diría una prolongación de la accidentada historia del original, sesenta años después de la muerte de Lowry.

He de agradecer a los editores de Malpaso su comprensión y apoyo durante todo el proceso. Quisieron que acabara yo lo que había empezado. A la postre, creo que la calamidad redundó también en beneficio de la obra, al hurtarla a la presión habitual de los plazos señalados, que en la traducción literaria siempre se figuran cortos, y dar al traductor la calma, y el tiempo, que la novela merecía: un pálido reflejo del tiempo que le dedicó el autor: cuarenta años para dejarla inacabada. Confío en que el forzado reposo al que se ha visto sometido el texto le habrá dado también más poso, haciendo justicia al original, para disfrute del lector.

Puedes ver AQUÍ el reportaje Auge de libros inéditos póstumos: ¿aporte literario o negocio?

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