La victoria de la cultura como embajadora de América Latina

Las artes han sido los mejores agentes para crear el nuevo imaginario universal del continente americano. Un congreso periodístico en Santander (España) reflexiona sobre el valor de la diplomacia cultural

“Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano”, dijo Honoré de Balzac. Porque si las artes son las mejores embajadoras de un pueblo, la literatura y los libros guardan el secreto de convertir a quien los lee en sus nuevos aliados, embajadores o divulgadores de aquello que se quiere resaltar, presentar, obsequiar, solucionar o con quien se desea empatizar.

Una de las verdades más repetidas es que a través de las novelas de Dostoievski y de los cuentos de Chejov se descubre más sobre la Rusia del siglo XIX que cualquier libro de historia. No se podría conocer mejor a los cuchilleros de la pampa que en la poesía de Borges o el corazón de los pueblos latinoamericanos sin Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, o las calles de Montevideo sin haber recorrido primero la Santa María de Juan Carlos Onetti.

Otra verdad repetida es que la cultura es el mejor recurso o arma de la diplomacia. La Historia ha demostrado que la cultura y los obsequios artísticos han servido para acercar a los pueblos, sellar pactos, reconciliarse con países o limar asperezas.

“El patrimonio cultural se convierte así en un embajador con la más persuasiva de las credenciales: las obras maestras del talento nacional. La diplomacia cultural articula de este modo la idea que cada nación tiene de sí misma y da forma a una nueva manera de entender el diálogo internacional”, explica Basilio Baltasar, director de la Fundación Santillana Cultura. “Cuando los museos, los festivales o los certámenes inauguran sus programas, estrenan sus instalaciones o acogen la itinerancia de las grandes muestras artísticas, propician entre la ciudadanía el acercamiento a las otras culturas y modalidades de ser y estar, pensar y crear”. Un tema que se analiza a fondo este fin de semana en Santander (España), en el Tercer Congreso de Periodismo Cultural: La diplomacia cultural. El arte de la diplomacia y la diplomacia del arte, organizado por la Fundación Santillana, en el Centro Botín.

Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes, en la inauguración del 3 Congreso de Periodismo Cultural. /Fotografía de Winston Manrique

Y una tercera verdad es que esas obras artísticas entradas en la cadena comercial funcionan como embajadoras itinerantes y contribuyen a modelar en el imaginario universal la identidad del pueblo de origen de esa obra. América Latina es un ejemplo de ello.

La historia de América Latina ha sido narrada, y continúa siéndolo, a través de la pluma de sus escritores, de las voz y el sonido de los instrumentos de sus músicos, de la lente de sus cineastas, de las pinturas de Frida Kalho o Roberto Matta. Creaciones artísticas que, desde la narrativa y la estética, interpretan la realidad, la reinventan, la ordenan y la cuestionan. “Definitivamente la producción y la acción cultural tanto en América Latina, como en otros espacios regionales, son fundamentales para la construcción de imágenes sobre esos lugares, su gente, su historia; porque los lenguajes que se utilizan –el de la música, las artes visuales, el teatro, la gastronomía o los nuevos formatos, los disruptivos, los que deconstruyen, etcétera- son volátiles y se cuelan a través de los viajeros, de los migrantes, de los libros, de las obras y sus copias, logrando llegar más allá de los límites de la región”, afirma Silvia Ramírez, coordinadora del área de Nuevas Culturas del Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ).

El poder diplomático de las artes es tan fuerte que “su literatura, su música, su cine, sus artes visuales y escénicas han sabido narrar el subcontinente de una manera tan magistral, que nadie pone en duda que han moldeado imaginarios colectivos dentro y fuera de su geografía”, asegura Marianne Ponsford, directora del Centro Regional para el Fomento del libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), donde se publican más de 500 títulos al día. “Basta pensar en García Márquez, quizás el escritor que de manera más contundente logró moldear la imaginación del mundo sobre la región”. Para Ponsford, desde Cervantes no se había creado una idea literaria del mundo tan “poderosa”.

“América Latina siempre ha demostrado tener una cultura –como creación artística– muy potente, para el que la ha querido conocer, pero sus problemas políticos y económicos han ensombrecido el esplendor cultural”, lamenta Santiago Miralles, director de la Casa de América de Madrid. Aunque Miralles, diplomático de profesión, aclara que, como la situación de varios países como Colombia, Chile y Perú ha ido mejorando, la cultura que se está produciendo en América Latina está entrando a Europa por una nueva puerta.

El interés cultural por el continente se difundió primero por su lado exótico. “La cultura latinoamericana interesaba desde un punto de vista antropológico, como a quien le interesa la cultura vietnamita. Ahora ya no se mira como algo meramente exótico o antropológicamente interesante, sino como una cultura loable a la altura de la que se produce en Europa”, explica Miralles. Para el director de Casa de América, no cabe duda de que una película mexicana que se estrena en Berlín se está viendo como un producto igual de homologable que una película italiana o sueca: “La gente ya no va a ver el exotismo del otro lado del atlántico”.

Balsa de El Dorado, del Museo del Oro, de Bogotá.

Historia precolombina, conquista, colonización, independencia, desarrollo y una cadena de desigualdades y violencias han crecido con el continente. “La identidad nacional de los países latinoamericanos, especialmente la colombiana, se ha construido desde la negación, el desconocimiento y el menosprecio de lo propio”, dice Martín Gómez, delegado del Instituto Caro y Cuervo en Madrid, que se encarga de estudiar, investigar y promover las lenguas indígenas, criollas y rom que se hablan en Colombia. “Pero eso ha cambiado”, añade contundente Gómez, “la revisión de nuestro pasado precolombino y colonial nos ha llevado a comprender que tiene mucho valor y que no somos herederos directos de una tradición europea, sino que nuestro patrimonio es una mezcla muy interesante, que nos hace ser únicos y que nos ha hecho cambiar el discurso que estamos elaborando alrededor de la nuestra cultura”.

En varias ocasiones se ha relacionado el hecho de haber nacido en ciertos países y el haber vivido experiencias traumáticas con la calidad de la obra, sea en el campo que sea, como si vivir en una sociedad convulsa fuera el mejor caldo de cosecha para un creador. Hace unos días, en lo que fue la ruptura del silencio de Mario Vargas Llosa frente al tema de García Márquez, el escritor de La ciudad y los perros dijo que la “literatura se alimenta más de la mugre que de la belleza de la realidad” y que con el subdesarrollo de América Latina escritores como García Márquez, Rulfo y Carpentier habían hecho gran literatura. Y terminó diciendo que no iba a permitir que América Latina se quedara como está para que se siguiera produciendo buena literatura, porque “el subdesarrollo solo es bello en la literatura”.

América Latina ha dejado de ser una región golpeada por una realidad social, política y económica muy compleja, eclipsada por la pobreza y la violencia, para pasar a reconocerse como una región que con todo y eso produce cultura y arte de alto nivel. Hoy en día los escritores, los músicos, los cineastas y demás creadores son la mejor carta de presentación del continente.

Cada vez hay más festivales, ferias, carnavales, bienales, encuentros y congresos con relevancia internacional en América Latina. Una muestra: la Bienal Arte Joven de Buenos Aires, el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, el Hay Festival en Cartagena, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la feria de arte contemporáneo Zona Maco en Ciudad de México, el carnaval de Río de Janeiro, el Festival Internacional de Poesía de Medellín

Uno de los pioneros y de más impacto es el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá cuando se creó en 1988. Contribuyó a “transformar de manera sustancial, en un primer momento, la percepción de los artistas de nuestro país y nuestra ciudad”, afirma Anamarta de Pizarro, directora del festival, que hoy hace parte de los más importantes del mundo en las artes escénicas. “En los primeros años nos costaba trabajo convencer a los grupos para que vinieran a una ciudad señalada por la violencia y el narcotráfico. A punta de calidez, de calidad y de un público maravilloso se logró el cambio al extremo de que hoy los grandes grupos teatrales del mundo que han participado en el festival siempre quieren regresar y se han convertido en nuestros mejores embajadores”.

Escritores e invitados en el Hay Festival de Arequipa (Perú), en 2016. / Fotografía de Daniel Mordzinski

El Hay Festival, originalmente inglés, hace 11 años escogió Cartagena de Indias como una de sus sedes. “Una de las razones por la que la escogimos fue por ser la ciudad del imaginario universal de El amor en los tiempos del cólera”, cuenta Cristina Fuentes, creadora del festival en América Latina. Con tan buenos resultas que hace dos años decidieron abrir un festival en Arequipa (Perú), por ser la ciudad de nacimiento de Vargas Llosa.

México, Argentina y Brasil eran vistos, hace varias décadas, como los mayores generadores de cultura en el continente. Salvo casos aislados se reconocía un escritor o pintor colombiano o chileno, pero desde los años 60, gracias a los diferentes movimientos artísticos, entre ellos el llamado Boom literario, esto ha cambiado sustancialmente. Los festivales de cine de Venecia, Berlín o Cannes invitan a muchos directores latinoamericanos y películas del contienen han ganado importantes premios en los últimos años. Bogotá fue nombrada en 2007 Capital Mundial del Libro y Colombia fue el país invitado de honor en ARCO2015. La revista Granta, o el mismo Hay exaltan los nuevos nombres de la narrativa latinoamericana.

En Cartagena (España) este verano, del 14 al 22 de julio,  la región invitada a protagonizar el festival La mar de Músicas en Cartagena es América Latina. Cantantes, escritores y directores de cine desde México hasta Argentina. “Sabíamos que con América Latina como invitado no solo íbamos a tener una excelente calidad de artistas, sino un éxito de público y de crítica”, dice Paco Martín, director del festival. Martín cree que “el continente sigue cargando con el estigma de la pobreza, la violencia y la corrupción, y que a la vez contrasta con una producción cultural de calidad: una cosa no es más importante que otra”. Desde el punto de vista musical, “ya no solo se habla del folclore latino de toda la vida, sino también de otros géneros que se han ido actualizando en pop, indie y electrónica”. Simultáneamente a la La mar de Músicas se celebre la Mar de Letras y La Mar de Artes que este año es sobre el continente americano.

En lo que todos estos promotores de la cultura latinoamericana coinciden es en el hecho de que no se puede hablar de una misma y única cultura latinoamericana. Aunque desde fuera se ve a América Latina como una unidad, en realidad no lo es. “No existe una única percepción de América Latina, ni una sola identidad, y esa multiplicidad de ideas y de imágenes sobre nuestra región responden a las expresiones culturales que reflejan nuestra diversidad social, económica, política, marcada por la desigualdad, pero también por la riqueza de la historia y las construcciones de la memoria”, reflexiona Silvia Ramírez, de la Organización Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ).

El imaginario universal ya no es sobre un continente sino sobre 19 países hispanohablantes y Brasil que dan cuenta de la multiculturalidad de unas artes que como la diplomacia muestran la riqueza de recursos y mestizajes acordes a estos tiempos en los que las obras son memoria. Un tiempo donde cada vez cobran más valor las palabras de Borges: “El libro es la gran memoria de los siglos… Si los libros desaparecieran, desaparecería la historia y, seguramente, el hombre”.

Bahía de Santander (España) desde el Centro Botín, sede del Tercer Congreso de Periodismo Cultural: ‘La diplomacia cultural. El arte de la diplomacia y la diplomacia del arte’. / Fotografía de Winston Manrique

 

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