La escritora francesa Laetitia Colombani. / Foto de Céline Nieszawer-cortesia Salamandra

Laetitia Colombani: «Los políticos y la justicia deben tomarse más en serio la violencia contra la mujer»

El mundo femenino de la autora francesa de la 'La trenza', que ha vendido más de un millón de ejemplares, regresa apoyado en la historia de la creadora del Palacio de la Mujer en Francia y un personaje contemporáneo. Explora los sueños básicos que no pueden realizar muchas mujeres

“La felicidad de los demás es cruel”. Eso se lee en Las vencedoras. Es cruel para aquellas personas, y sobre todo mujeres, que han tenido o tienen que hacer actividades en su vida alejadas del sueño real que la sociedad y la cultura les impide.

Ese mundo en apariencia feliz, a veces, de las mujeres también esconde la tristeza. Incluso en la vida de mujeres exitosas el trauma es grande. Laetitia Colombani (Burdeos, 1976) lo describe en Las vencedoras (Salamandra). Aquí deja testimonio de esto a través de la vida de dos mujeres separadas por un siglo pero donde la influencia de la primera llega hasta hoy.

Tras vender más de un millón de ejemplares de su debut novelístico en 2018 y traducido a 40 idiomas con La trenza, Laetitia Colombani vuelve al mundo femenino que tiene como espacio central el Palacio de la Mujer en París creado hace un siglo por Blanche Peyron (1867-1933), Comandante del Ejército de Salvación en Francia, donde termina yendo Solène, una abogada exitosa contemporánea y con depresión.

Las mujeres protagonizan las obras de Colombani, también directora de cine, guionista y actriz. Busca establecer sus mundos, las conexiones entre ellas y entre ellas y la sociedad. La manera como han estado en otra esfera distinta a la del hombre y por esa razón no han podido ser ni hacer lo que han querido. Una frase de la novela recoge parte de su espíritu: “Olvidar sus sueños de niña es fácil, basta con dejar de pensar en ellos, con cubrirlos con un velo”. La escritora y cineasta reflexiona sobre su novela en un hotel de Madrid, justo días antes de que se declarara el estado de alarma por la covid-19, el 15 de marzo de 2020:

“Hasta hace muy poco las mujeres no tenían derechos, no se les daba la palabra. No tenían derecho a trabajar, no podían ir en bicicleta… Todavía hay regiones en el mundo donde las mujeres no tienen elección. La presión de la sociedad sobre la mujer es aún muy fuerte e injusta en muchas regiones».

La novela tiene una estructura especial en forma de puzle alrededor de la vida de sus dos protagonistas separadas por un siglo.

«Escribí en paralelo la parte de Blanche y la de Solène. La parte de Solène me exigió más reflexión porque me llevó tiempo saber cómo iba a entrar en el Palacio de la Mujer. En mi investigación, había muchas mujeres para ser objeto del personaje y no sabía a cuál favorecer. Así es que decidí crear un personaje exterior que penetrara dentro de la comunidad de mujeres y descubriera ese mundo.

Reflexioné bastante sobre cómo articular la parte contemporánea y la parte histórica para que avanzaran en paralelo. Lo que quería decir era cómo Blanche había influido en las mujeres de hoy, aunque no parezca tan evidente La creación del Palacio de la Mujer un siglo después sigue salvando la vida de mujeres de hoy. Supe que la puesta en paralelo era la mejor opción y más interesante».

Así avanzan las dos historias de estas mujeres y con una tercera que las va juntando, la historia que relata Solène sobre Blanche al tiempo que va haciendo realidad su sueño de escribir. Crea más que un juego de cajas chinas un trío de cartas. Laetitia Colombani quería vincularlas a través de ese lugar, del Palacio y rendirle un homenaje. Y la solución fue que la abogada pudiera tras esta depresión realizar su sueño de escribir y a la vez reencontrarse consigo misma como lo explica:

“Los sueños de Solène se quedaron en el camino, había perdido las aspiraciones más íntimas y de realización de ser escritora por cumplir con lo establecido por su familia y la misma sociedad”.

A esto se suma la dureza con que la sociedad mira y juzga a las mujeres solas. Lo que ven positivo en los hombres en ellas no.

La sociedad trata de manera desigual e injusta a las mujeres, sobre todo a las mujeres que no tienen hijos, por ejemplo. Como si hubiese sido un determinismo fundamental que obligara a toda mujer a fundar una familia tradicional. La mirada de la sociedad sobre la mujer es muy exigente con respecto a los hombres. Por ejemplo, la sociedad ve con malos ojos a una mujer que trabaja mucho y no se ocupa los que considera suficiente a los hijos, pero un hombre no es juzgado así y se considera que el cuidado, cariño y orientación de los hijos es responsabilidad exclusivamente nuestra.

Afortunadamente hemos evolucionado un poco, pero el recorrido aún es largo. Todos vemos reacciones con juicios de valor frente a las mujeres que hay que cambiar. Persiste la desigualdad laboral y profesional y en la esfera doméstica. Hay la idea de que las mujeres hacen todo lo que hacían en casa, más el trabajo que es su apuesta realmente personal, la sobrecarga de trabajo y responsabilidad es más alta que la de los hombres».

En Las vencedoras planea la presencia de Virginia Woolf, contemporánea de Blanche Peyron.  Colombani rinde homenaje a la mujer y la literatura y el nombre de Woolf es fundamental para ella:

“Es una escritora que aprecio enormemente. Encarna el genio literario. Cuando leí La señora Dalloway descubrí que era un genio y un libro excepcional. Una habitación propia es un libro también tremendo, significa mucho y no pierde vigencia, sino que la gana. La personalidad de la propia Virginia Woolf es trágica y su vida con un final con mucha tragedia y melancolía, pero su genio sobrevive e hizo escuchar su voz en una época en la que no se publicaba a las mujeres y ellas no tenían muchas posibilidades de hacer oír. Es una escritora muy potente”.

Violencia contra la mujer

A pesar de los avances de la sociedad frente a los derechos de las mujeres, Laetitia Colombani insiste en que falta mucho por parte de las instituciones públicas, privas, la sociedad y la familia.

“Lo que faltan, sobre todo, son decisiones políticas, presupuestos. Por ejemplo, en la violencia conyugal las mujeres deben ser más escuchadas, crear más dispositivos que las protejan. Faltan decisiones judiciales ejemplarizantes. En Francia hubo un caso  de un hombre que mató a su cónyuge y recibió solo cinco años de prisión. El mensaje que se envía con eso es que la vida de una mujer solo cuesta cinco años de cárcel. Los políticos y la justicia deben tomarse más en serio esta violencia contra la mujer, solo eso puede hacer que la sociedad avance en sus derechos que son los derechos de todos por la igualdad”.

Si en su debut novelístico de La trenza Laetitia Colombani narra la historia de tres mujeres diferentes que se van empoderando, en Las vencedoras son dos mujeres que están en una buena situación, no están en la periferia, pero se buscan a sí mismas y terminan ayudando a las demás:

“Sobre todo quería confrontar e investigar cómo una mujer preparada y culta se podía enfrentar a una situación de gran vulnerabilidad en un universo sin referencias y que le da cierto miedo con mujeres más dolidas que ella. Quería explorar eso, dejarme llevar. Pensé que en ese trayecto Solène iba a sufrir, iba a ser algo doloroso, pero que iba a ser aceptada en esa comunidad. Quería investigar y ver la interacción entre las mujeres rotas por uno u otro motivo”.

Durante sus procesos de escritura, Colombani suele leer muchos libros, y en esta ocasión se decantó por testimonios, ensayos y la biografía de Blanche Peyron de los años 30. En ese lapso aflora, también, la cineasta y guionista de tal manera que las dos formas de escritura pueden imbricarse por momentos explicados así:

“Un ejemplo de cómo literatura y cine se apoyan en mi caso es que había escrito los primeros tres capítulos sobre la depresión de Solène, muy descriptivos y bastante sombríos. Pero había algo que no funcionaba y me pregunté que haría si fuera cine, entonces pensé que empezaría con una escena muy chocante, contundente. Mi marido es abogado y un día llegó conmocionado diciendo que un hombre se había suicidado al tirarse al vacío desde un sexto piso. Pensé que eso en el cine funcionaría, y decidí que un cliente de Solène haría algo así y esto la llevaría a ella a desencarrilar. Es una idea cinematográfica, y mostré que Solène es arrastrada por una pesadilla, por esa imagen del suicidio. Eso transmite más que empezar hablando de la depresión. En general pongo a los personajes en acción. Es curioso porque cuando escribí La trenza me dijeron que era muy cinematográfico, pero es una novela con pocos personajes y no hay diálogos apenas; lo de cinematográfico es porque los personajes están en acción”.

  • Las vencedoras. Laetitia Colombani. Traducción de José Antonio Soriano Marco (Salamandra).

Un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Apoya a WMagazín como mecenas cultural Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter · Suscríbete a nuestra newsletter ·