Panorama del libro, según Guillermo Schavelzon. /WMagazín

Libros a precios bajos, bibliotecas abastecidas, librerías activas y otras propuestas para sobrevivir

El agente literario de Schavelzon-Graham analiza el ecosistema del libro y plantea soluciones en el ámbito privado y público para ayudar a que la gente siga leyendo. La Covid-19 lo que hace es aflorar una realidad

Presentación WMagazín El 25 de marzo de 2020, recién empezado el estado de alarma en España debido a la Covid-19 y por ende el confinamiento con el cierre respectivo de las librerías y ralentización de la industria editorial, Guillermo Schavelzon, de la agencia literaria Schavelzon – Graham, escribió un análisis sobre la situación del sector y sus respectivas propuestas. WMagazín reproduce el artículo, con autorización de su autor, con el ánimo de contribuir a una mirada más amplia sobre la realidad del ecosistema del libro. De la misma manera que publicamos el comunicado de la editoral Errata naturae en una línea parecida donde anunciaba que no iban a publicar libros hasta finales de este año 2020.

El siguiente es el artículo de Guillermo Schavelzon:

Ante la emergencia: una propuesta concreta para los escritores y todo el ecosistema del libro

Nadie pone en duda que vivimos una situación de emergencia global que, dentro del ámbito que nos compete, afecta a los escritores, agentes, editores y libreros de todo el mundo por igual. No sabemos cuándo y cómo saldremos de esta situación, pero imaginamos que sus consecuencias se llevarán varios meses. Existe un complejo tejido, construido desde que se inventó la imprenta y la gente comenzó a poder leer, que se ha interrumpido. Necesitamos que no se dañe.

Las industrias culturales, que, de manera absurda, muchos insisten en considerar no prioritarias, ya están afectadas y lo estarán un buen tiempo más. Ateniéndonos al mundo del libro, y a la necesidad de sostenerlo de alguna manera, hay algunas propuestas que se pueden implementar. Y confío en que otros aporten algunas más.

Hay que encontrar un paliativo, que permita ayudar a cubrir el hueco que deja, desde hace casi un mes, paralizada la circulación de dinero, las librerías cerradas y las editoriales llenas de los libros que no pudieron lanzar, apilados en los depósitos, sin saber cuándo podrán circular.

La paralización de la venta paraliza los ingresos de las editoriales, que, según su tamaño y sus espaldas financieras, comenzarán a tener dificultades para cumplir con sus compromisos de pago. A las librerías, que ya no tenían reservas, la deja en pésima situación.

Más difícil aún, por su precariedad, es la situación de los escritores y las escritoras, cuyos ingresos, por lo general en niveles de subsistencia, se verán afectados. Aunque los talleres literarios, de los que muchos viven, podrán mantenerse de forma digital, y sé que ya lo estén haciendo, los integrantes de estos talleres, escritores o aspirantes a escritores, también tendrán dificultades para pagar su participación. Los esfuerzos deberán pedirse a todas las partes, proporcionalmente a los recursos de cada quién. Es el momento en que los más poderosos de la industria editorial reaccionen. No hablo de pedirles solidaridad, sino de cuidar su negocio futuro.

 Los lectores, los lectores de toda la vida, nunca dejarán de leer. Quizás los compradores de best sellers restrinjan sus compras, y eso es malo para todos. Quienes publican para estos clientes volátiles, compradores ocasionales, no se podrá sorprender.

Los lectores literarios, los que leen novelas, cuentos, poesía, ensayos científicos o de divulgación, harán todos los esfuerzos posibles por seguir leyendo, de la misma manera en que lo han hecho siempre: sacrificando otras cosas. Pero hay que ayudarles a que puedan seguir haciéndolo, y hacerlo ya.

Regalar libros electrónicos suena más a propaganda que a solidaridad real. La gente quiere libros de papel, los e-books, en diez años no han llegado al 5% del total de libros vendidos. No veo sentido regalar lo que la gente no parece querer.

Desde el ámbito público, además de las medidas generales de las que cada país habla para apoyar a los autónomos, a los trabajadores irregulares (que no son culpables de serlo), y a quienes tienen menos ingresos o ninguno, en el mundo del libro, desde el autor al lector, se requiere una rápida acción oficial para llenar las bibliotecas y los colegios de todo tipo de libros, al día siguiente de que abran, no unos meses después. Los países del hemisferio sur, que no pudieron comenzar su ciclo lectivo anual (marzo), que lo recomiencen llenos de libros, lo mismo quienes vieron el curso interrumpido a la mitad. Los alumnos tienen que comer, pero también tienen que leer para aprender, si no lo hacen, nunca podrán salir de la situación de precariedad.

Las bibliotecas tienen que recibir dinero, no libros, con la obligación de comprarlos en la librería geográficamente más cercana. Hay que enviarles dinero con la velocidad que exige una emergencia, todo el dinero disponible del presupuesto del año, más un suplemento por la emergencia.

Los libreros deben comprar los libros que les pidan las bibliotecas a sus proveedores habituales (editoriales o distribuidoras), comprometiéndose ambas partes a considerarlas operaciones especiales, que serán pagadas al proveedor de inmediato, fuera de la operatoria habitual, que ya estaba dañada, sin considerar las deudas por compras anteriores.

Los ministerios de educación y cultura, a nivel nacional, estatal, provincial y municipal, tienen que comprar con urgencia libros para los colegios, tanto libros de enseñanza, como libros complementarios para la biblioteca del aula o escolar. Estos libros los tienen que comprar a las editoriales, con los mecanismos habituales, y pagarlos a gran velocidad.

Las editoriales, que recibirán un volumen de ventas inesperado, deben pagarle a los autores los derechos provenientes de estas ventas de inmediato, mediante una liquidación fuera de la rutina habitual, de carácter excepcional.

Al mismo tiempo, es un buen momento para detener o ralentizar (en realidad la situación ya lo detuvo), el exceso de novedades que se venían publicando mensualmente, libros condenados a la destrucción y descatalogación, y dedicarse a poner a la venta, a precios reducidos, los stocks de libros que tienen años, y estaban destinados a la destrucción. Estos “excedentes”, se destruían para no enturbiar el mercado. El mercado hoy, más turbio no podría estar, aunque no sea por razones provocadas por el mundo de la edición.

Muchos de esos libros que las editoriales consideran invendibles, o de muy baja venta, suelen ser libros excelentes, y por eso se venden poco. A precios reducidos, habrá muchos lectores dispuestos a comprarlos.

Las editoriales podrán llegar a acuerdos, que no dudo que serán muy rápidos, con los autores y con sus agentes literarios, para pagar los derechos de autor producto de estas ventas especiales, en la proporción que corresponda.

Una condición fundamental es que los derechos de autor correspondientes a todas estas ventas especiales tienen que pagarse al autor de inmediato, en forma mensual, de manera excepcional y mientras duren estas operaciones, algo fundamental para ayudar al principal proveedor de las editoriales (los autores), a que pueda sobrevivir y seguir escribiendo.

Los estados, y las editoriales también, tienen procesos burocráticos complicados, que solo se podrán resolver con el esfuerzo de las personas que trabajan allí. El mundo de la edición, que conozco bien, está integrado por trabajadores y trabajadoras eficientes, solidarios y voluntariosos, que, si se lo proponen, son capaces de resolver en días lo que, siguiendo los sistemas administrativos de periodos de normalidad, no podría funcionar ni rápido ni bien.

Esta propuesta se basa en dos cosas: que los lectores puedan comprar buenos libros a precios bajos, que los organismos oficiales abastezcan rápido a bibliotecas y colegios, que las compras de las bibliotecas las haga cada una, a su criterio, que sin duda es el bueno, a través de las librerías, y que todas estas operaciones se consideren excepcionales, para darle una veloz circulación al dinero, que los autores, las editoriales y las librerías, lo reciban ya.

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