La escritora argenitna María Moreno en una foto de la portada de su libro ‘Black Out’. /Cortesía Literatura Random House-Sebastian Freire para WMagazín

María Moreno: «En tiempos de internet lo más subversivo es la pareja monogámica»

La periodista, crítica cultural y escritora argentina recopila sus crónicas y ensayos sobre erotismo y feminismo de 40 años en los libros 'Banco a la sombra', y 'Panfleto'. Una autora de referencia que en esta entrevista reflexiona sobre el deseo, el amor y lo sensual en tiempos de cambios para la mujer

Cuando los discursos y nuevas reivindicaciones «revolucionarias» sobre el amor y el sexo, el futuro de la pareja, los consentimientos mutuos y de la igualdad de la mujer se reactivaron, María Moreno ya estaba ahí hacía varias décadas. Por eso ante algunas ideas sobre feminismo y las nuevas clases de relaciones, la escritora, crítica cultural y periodista argentina reflexiona con la claridad y contundencia y provocación de sus textos que la han hecho una autora de referencia en estos temas y deja entrever su malestar ante el adanismo de algunas ideas:

Lo más subversivo es hacer la pareja monogámica. Y no es una idea mía, sino de Barthes, como múltiples vínculos intensos con la forma del amor y que no excluye el erotismo, pero no hacer ese amoroso anclaje de un solo objeto. No estoy hablando del poliamor; me parece algo frívolo, sin historia. En la revolución sexual hubo proyectos en las comunas californianas que terminaron en el Club Méditerranée como una cosa de consumo. Pero sí habría que pensar que un día uno tendrá amores intensos con gran proporción de amistad y erotismo sin duda, pero no ser exclusivo, quizá no tengamos esa necesidad de anclarnos en un solo espacio con sufrimiento por lo general”.

Es lo que piensa María Moreno (Buenos Aires, 1947) una pionera del feminismo en su país al preguntársele sobre qué es más subversivo en estos tiempos de internet con tantas ofertas de amor y sexo de todo tipo y a la carta; y si, acaso, esa búsqueda de sexo no es más que un pretexto o máscara para dar con el tesoro anhelado y no reconocido: el amor.

“A todo esto no lo llamo poliamor porque, en realidad, no sé muy bien qué es el poliamor. Pero lo que sí noto es que es algo ahistórico. Se hicieron muchas experiencias anteriores. No sé si se puede hablar de algo sin historizarlo un poco y sin ver qué tiene lo anterior de diferente. La revolución sexual tenía una ética, no causar dolor, tenía un fondo de conflicto”.

Y la autora argentina continúa su reflexión y descreimiento sobre el llamado poliamor. Un tema que surgió en Madrid a finales de 2019 durante la promoción de dos de sus libros que recopilan buen aparte de sus piezas periodísticas a lo largo de cuatro décadas: Panfleto. Erótica y feminismo y Banco a la sombra (ambos en Literatura Random House). Obras que se suman a sus memorias de hace cuatro años: Black Out. Una excelente cronista y ensayista y escritora de prestigio que ha sido nombrada directora del Museo del Libro y de la Lengua de Argentina que funciona como anexo a la Biblioteca Nacional, dirigida por Juan Sasturain.

María Moreno escribe en el diario argentino Página/12 y obtuvo recientemente el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas. Sus inicios fueron en el periódico La Opinión; luego colaboró en Sur y las revistas Babel y Fin de Siglo. Entre sus principales aportaciones se encuentra la creación del suplemento Mujer en el diario Tiempo Argentino y la revista Alfonsina. Entre sus libros figuran la novela El affair Skeffington, y las obras de no ficción El petiso orejudo, A tontas y a locas, El fin del sexo y otras mentiras, Vida de vivos, Banco a la sombra, Teoría de la noche y Subrayados.  Una gran cronista y narradora combativa y activista sobre la mujer y la igualdad.

María Moreno calla. Piensa. Y sigue con su reflexión sobre un tema que ha tratado durante tantos años y del que ha visto su transformación. De cómo el amor crea un anclaje involuntario por muchas promesas de paraísos de sexo sin compromiso que intenten distraderlo, porque el amor no se deja sobornar.

“Hay un artículo muy interesante de Judith Butler que rara vez la veo aplicable, es atractiva como filosofa pero poco aplicable para la práctica cotidiana. En él trata sobre el consentimiento, creo que bastante autobiográfico porque ella pone un ejemplo: ella expone el tema del consentimiento como bueno a veces en la pareja: porque puede vivificarla, incluso uno de los dos propone tener sexo con otras personas pero manteniendo el vínculo amoroso estable y con el consentimiento del otro; a su vez promete  que el vinculo que va a adquirir no va a ser un vínculo romántico y la persona consiente porque le parece que se siente subversiva en otorgar el consentimiento y ampliar la posibilidades de relación casi como un proyecto político. Pero hete aquí que de pronto el otro se involucra y sin tener mala fe el consentimiento termina, se rompe el contrato… Y ahí retrocede. Uno podría exigirse ir más allá de sí mismo y admitir algo que no le gusta del todo y hay que reconocer los propios límites también. Para esas propuestas te hacen sentir grandiosos porque piensas que estás inventando otro modo de amar. Ese es el conflicto, el poder. La palabra consentimiento indica que hay alguien que propone y otro que concede”.

En sus escritos también habla de la pulsión homosexual cuando se trae a otro a la pareja porque una de las dos personas va a tener sexo con alguien de su mismo sexo. Pero Moreno también recuerda que puede surgir un sentimiento amoroso que no puede domar, y que podrá enmascarar, pero no retirar de su ser.

“El amor es un sentimiento indomable. Otra cosa es que la razón diga ‘yo amo a esta tercera persona pero prefiero quedarme con la que estoy porque quiero quedarme con mis hijos o ser responsable con lo ya adquirido’.

Sartre dijo una frase horrible a Simone de Beauvoir: ella le preguntó por su amante de entonces: ‘¿Usted la extraña?’. Y él le respondió: ‘Sí, pero estoy con usted’.  Es una frase tremenda. Pero al mismo tiempo para él era de una importancia absoluta. La había elegido a ella. Puede ser una frase hiriente que representa haberse quedado del lado de obligación. Creo que no hay con qué resolver eso. El anclaje amoroso siempre es imposible de evitar y aparte de eso los celos van a aparecer”.

Surge así un dilema o duelo entre traicionarse a sí mismo o ser fiel a sí mismo o a otra persona, a la responsabilidad adquirida.

“El deseo es múltiple. Uno no desea a alguien y por lo tanto quisiera estar con ese alguien pero se queda con las responsabilidades. Yo lo llamaría también el deseo de seguridad y al deseo de la estructura familiar y eso va ser muy difícil de romper. Queda de lado el deseo como pasión vivificante. No hay ahí traición. La persona está dividida. El deseo está dividido siempre entre el deseo de refugio y el deseo de riesgo”.

La evolución no es tanto como parece. Las personas aman, desean, sueñan, pero suelen preferir la estabilidad, el deseo seguro que dice María Moreno. Y ella trata de encontrar una explicación sobre por qué el ser humano quiere amar y ser amado.

“Quiere salir de sí. Lo que Barthes dice es que el sentimiento más vergonzoso es el amor. Decir que uno está enamorado es decir que está atrapado. El amor al objeto supera al amor a sí mismo. Freud tiene una frase maravillosa, un verso que dice, más o menos: ‘La sombra del objeto cae sobre el yo’. Una sombra que puede ser tanto protección como oscuridad.

Las nuevas generaciones tienen menos coacción a elegir la diversidad. La palabra bisexualidad es negociadora. En los jóvenes hay menos corsés. También se supone que hay menos vergüenza por la homosexualidad. Pero nunca estoy segura de que no hay evolución lineal, hay retorno. Periodos históricos que uno se da cuenta que se retorna al matrimonio y otros que son más abiertos amorosamente. Hay historiadores que no ven un proceso hacia adelante, hacia la democracia. No hay democracia en el amor. El amor no es el lugar del bien, el deseo siempre tiene algo oscuro. Marguerite Yourcenar decía una frase terrible: ‘No siento respeto por quien amo y mucho menos por quien deseo’. No se trata de respeto. Todos los sentimientos ligados al bien estallan en el amor y el deseo.

Freud trabaja eso, el egoísmo del amor es absoluto. Uno busca su satisfacción. El amor nunca es altruista, por más que tenga una retórica altruista”.

La periodista, escritora y crítica cultural entra en el tema de la sensualidad y la ambigüedad para seducir al otro en estos tiempos complejos:

“Lo sensual como una categoría de deseo atravesada por la ternura. Es algo disperso, no tiene que ver con lo genital ni con eso del anclaje que hablábamos. Es seducción y expandir el deseo. Descentralizar lo sensual es un valor.

Habría que ver dónde está la sensualidad en cada cultura porque no es igual y hay que respetarla y comprenderla. En ese momento de enamoramiento o deseo hay ese juego que busca conseguir el objeto.

La sensualidad es opuesta a la cacería. Puede haber una ceremonia no apresurada, pero es estrategia. La sensualidad es más vaga, no es utilitaria».

Por todo esto María Moreno es una cronista e intelectual de referencia en América Latina. Comenzó como redactora en el diario La Opinión; luego colaboró en  Sur y las revistas Babel y Fin de Siglo. Una de sus principales aportaciones fue la creación del suplemento Mujer en el diario Tiempo Argentino. Más adelante, en 1984, fundó la revista Alfonsina. Moreno es autora de importantes cronicas y ensayos y es autora de la novela El affair Skeffington, y los libros de no ficción El petiso orejudo, A tontas y a locas, El fin del sexo y otras mentiras, Vida de vivos, Banco a la sombra, Teoría de la noche y Subrayados. Escribe en Página/12, fundamentalmente contratapas. Este año obtuvo el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.

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