La escritora franco-iraní Maryam Madjidi.

Maryam Madjidi: “Muchos derechos de las mujeres están en juego”

La ganadora del Goncourt a la Primera novela con 'Marx y la muñeca', sobre la revolución iraní y la construcción de la identidad en Francia, habla de la fabulación de la realidad, de la mujer y de la integración en Francia

En un jardín de Teherán quedaron enterrados los sueños de una pareja. Unos cuantos libros con ideas contrarias al régimen iraní. La niña lo vio. Quedaron junto a sus juguetes a mediados de los años ochenta. Ahora aquella hija de la revolución lo cuenta desde el exilio en Francia en una mezcla de realidad, recuerdos, memoria y ficción con aliento de fábula. Una historia de sueños rotos, desenterrados y otros nuevos que revolotean para seguir avanzando.

Tres décadas después, Maryam Madjidi ha comprobado que el pasado siempre es futuro. Así es que un día se sentó a escribir para desenterrar aquellos sueños, resucitar a los difuntos soñadores de sueños, revivir las raíces de su vida resumidas en dos palabras: libertad e identidad. A aquel escrito lo tituló Marx y la muñeca (Minúscula) para que todo aquel que quisiera leer ese relato viviera una historia que va desde la revolución iraní de los años ochenta hasta las turbulencias del mundo contemporáneo unidas por una misma idea de libertad e identidad amenazadas en diferentes frentes.

“La identidad es algo que siempre está en movimiento, que no se puede reducir a una etiqueta”, explica Maryam Madjidi (Teherán, 1980) en una salita de un hotel madrileño. Se trata de su debut literario con el cual ha ganado en Francia varios premios como el Goncourt a la mejor primera novela en 2017. Esa historia de madre e hija que huyen de Irán para reencontrarse con su padre en París esta llena de verdades hechas ficción donde la estructura narrativa forma parte del argumento, organizada en pequeños capítulos que saltan en el tiempo y no siguen una linealidad tradicional, casi independientes pero engarzados unos a otros para iluminar la historia completa.

Una estructura que muestra la imbricación de las identidades múltiples de Madjidi, pero una sola a la vez. En todas combativa y en todas está la libertad en el centro:

“La primera identidad para mí en estos momentos es ser mujer. ¿Y por qué? Porque eso me obliga a estar vigilante, atenta a todo lo que tiene que ver con los derechos de las mujeres. Participar en una lucha por los derechos de las mujeres y con otras mujeres. La segunda identidad es que soy una mujer iraní y una mujer francesa”.

El orden aquí no importa, si primero se siente iraní o luego francesa.

“Son dos identidades profundamente relacionadas, imbricadas. Soy incapaz de distinguir una de otra. El hecho de sentirme una mujer iraní me obliga a ser muy vigilante con todo lo que sucede con los derechos de las mujeres en Irán, uno de los países donde esta situación es más delicada; pero al mismo tiempo me obliga, en tanto que mujer francesa, a sentirme perteneciente a una línea feminista que viene de Violett Leduc, Simone de Beauvoir, Virginie Despentes, etcétera. Estoy atenta porque muchos derechos de las mujeres están en juego en estos momentos en Francia y otros países. Por lo demás, me siento ciudadana del mundo”.

Nada de lo que le ocurra a la humanidad le es ajeno, insiste la escritora. Por eso la situación que atraviesa la mujer le preocupa y otea los movimientos feministas. Sobre los cuestionamientos alrededor de la seducción, Madjidi es clara:

“No hay un solo feminismo. Hay tantos feminismos como mujeres en el mundo, por lo tanto, no es solo seguir en una dirección. No creo que la seducción sea un asunto de sometimiento, o una degradación de la persona. De hecho, de lo que se trata es de que las mujeres dispongamos libremente de nuestro cuerpo y nuestra palabra. Pero la seducción en la novela hay que ponerla en su contexto. Por ejemplo, cuando la protagonista habla de seducir al otro a través de los recursos de la poesía, en realidad lo que hay detrás es una crítica del orientalismo, ese orientalismo que encerrado en su cliché ve a la mujer oriental como una mujer con una seducción de pacotilla”.

Marx y la muñeca refleja en su argumento y estructura el propio caos vivido en Irán, la manera como funcionan los recuerdos que pueden saltar de uno a otro y la vida misma que se desarrolla de manera desorganizada muchas veces.

“Esta estructura fragmentada que pulveriza la linealidad es un espejo de cómo concibo la identidad, algo múltiple. Es un reflejo de la complejidad de la vida, de eso se trata. También en mi vida detecto esa presencia-ausencia de Irán-Francia que es como la identidad se va construyendo, diluyendo, reconstruyendo. Es así como se hace la vida. Es el movimiento de la vida lo que quise captar. Y la identidad de los exiliados es una identidad múltiple.

Fue Alain Robbe-Grillet, uno de los autores y teóricos del nouveau roman, quien planteó la pregunta sobre por qué una novela tiene que tener un comienzo, un desarrollo, un clímax y un final cuando la vida no es organizada. Entonces, ¿por qué la novela tiene que reflejar algo que la vida no es? Lo que busco es una estructura que se acerque a la vida”.

Y la  de Maryam Madjidi ha dio bien, en términos generales, como profesora de francés a niños extranjeros, jóvenes de secundaria, discapacitados físicos y psíquicos; ha vivido en Pekín y Estambul y ha escrito esta elogiada novela en francés, Marx y la muñeca, con una gran sensibilidad y momentos muy emotivos. Aunque eso no parece suficiente en Francia.

“Es una paradoja: me han dado el Goncourt, me han dado otros tres premios literarios importantes, me han invitado a los programas de televisión, pero me presentan como escritora iraní o como la escritora que se dedica a temas iraníes. Es una locura, porque cuando pienso que ya he escrito en francés y ganado premios literarios franceses cada vez más me identifican como iraní. En cambio, cuando era pequeña y llegué a Francia y fui a la escuela me decían: ‘¡Hay que ser francés!, ¡hay que ser francés!”.

Lo dice con cierto tono contrariado mientras sonríe perpleja antes de continuar su reflexión:

“La pregunta es qué visión del mundo esconde eso. Qué hay detrás de esto si escribo en francés, enseñé francés, he ganado premios en francés y vivo en Francia desde los seis años. Pero no es suficiente para que me reconozcan como francesa. ¡Lo que hay detrás es el viejo colonialismo de siempre! Hay un límite, hay una frontera y no puedes cruzarla. ¡Lo que hay es cinismo! Diferencian claramente entre literatura francesa y literatura francófona, es una distinción que sirve, a veces, para colocar a cada uno en su sitio. Lo que importa es el linaje, de dónde vienes. El mensaje es: ustedes viven aquí, trabajan aquí, conocen mejor nuestro país que nosotros, pero no olviden nunca que hemos sido nosotros quienes los hemos aceptado”.

Y abre los ojos como diciendo: No entiendo nada. Ella que cree en la integración y en la riqueza del mestizaje de toda estirpe. Como ha hecho en lo personal y literario. Eso es Marx y la muñeca, resultado de sus experiencias y recuerdos pasados por su imaginación, recorrido por el mundo y la influencia de autores que van desde Gabriel García Márquez hasta la literatura persa donde la poesía tiene un peso enorme; hasta sentirse vinculada, como mujer y francesa, a Marguerite Duras, Romain Gary, Simone de Beauvoir o el uruguayo Carlos Liscano. “Todo lo que leo me influye, incluso lo que no me gusta”. Y en la página 40 de su novela escribe:

“Escribiendo, desentierro los muertos. ¿En eso radica mi escritura, pues? ¿En el trabajo de un sepulturero al revés? A veces yo también tengo náuseas, que me atenazan la garganta y el vientre. Me paseo por una llanura vasta y silenciosa que se parece al cementerio de los malditos y desentierro recuerdos, anécdotas, historias dolorosas o desgarradoras. (…) Me vuelvo a encontrar con todos los muertos que me clavan la mirada y me imploran que cuente sus vidas”.

  • Marx y la muñeca. Maryam Madjidi. Traducción del francés de Palmira Feixas (Minúscula).

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