El escritor rumano Mircea Cartarescu.

Mircea Cărtărescu: “La misión de los artistas es recordar aquello que no recuerda nadie”

El escritor rumano creó con 'Solenoide' uno de los libros del año donde convoca los géneros literarios en una narración hipnótica. El candidato al Nobel cuenta en esta entrevista las claves: las fronteras de la realidad, la imaginación y el cerebro

En la sala de espera anodina de un hotel de Madrid y frente a un tulipán amarillo de plástico un hombre habla de su viaje en busca de la belleza. A su alrededor el bullicio del mundo, personificado en unos pocos huéspedes, intenta eclipsar sus palabras. La voz de Mircea Cārtārescu, serena y juvenil, se abre paso sin necesidad de subir el volumen, como si creara una campana a su alrededor de aquella mesa donde está sentado.

Es un atardecer de finales de octubre. Casi mes y medio después de un otoño que sigue arrinconado por el verano. Cārtārescu hace un breve paréntesis en su gira española, procedente de Bucarest, donde nació en 1956. Vino a España a recibir en León el Premio Leteo y en media hora se irá andando hasta la librería Rafael Alberti para presentar ante sus lectores su nueva novela: Solenoide (Impedimenta).

Una obra de 2015 convertida en España en uno de los mejores libros de 2017, un poema, un poema en prosa, una novela poética, un tratado de filosofía, de ética, del mundo de la escritura, de los sueños, de la metamorfosis de la realidad en ficción o alucinaciones y viceversa… De la exploración y la fuga de los sueños en una Bucarest comunista y postcomunista… Del juego de la realidad… No, son 786 páginas de un poco de todos los géneros literarios inasibles para definir este libro, aunque lo único claro es la búsqueda estética presente en alguna parte de cada una de esas 786 páginas.

“Una de las apuestas del libro es teológica y metafísica, ciertamente. Pero esta no es la principal novedad del libro. Solenoide es mi primer libro de meditación ética. El concepto de realidad está en el meollo del libro e intento demostrar que la realidad no es algo sencillo, sino que es la más compleja construcción de nuestra mente. Incluye no solo nuestra vida cotidiana sino nuestra dimensión nocturna. La vida interior, la vida onírica, la vida alucinatoria. Estos dos elementos configuran la realidad como las dos partes de una banda de Moebius: nunca sabes cuál es el punto en el que cambia. En Solenoide, como en otros libros míos, la realidad se transforma en ficción y la ficción en realidad”.

Una frontera dudosa, como ese tulipán de plástico de color amarillo ya descolorido pero que está en un pequeño florero con agua. Lo que obliga a sacudir la cabeza para comprobar si es de verdad o de mentira. Cārtārescu lo mira sin inmutarse. Su cerebro ha detectado la verdad desde el minuto uno. Solenoide recorre esos estadios del cerebro que construyen, destruyen y deconstruyen la realidad y la ficción a través de lo que vive un profesor de escuela en Bucarest y, también, poeta frustrado. Un hombre que lleva el cabello largo desde la época que quiso convertirse en escritor. Es un yo literario sofisticado de Cārtārescu, es y no es, que habla con confianza, sinceridad, desparpajo o ingenuidad a medida que describe su vida en un carrusel de imágenes a través de las cuales reflexiona, a la vez que apuesta por el placer de la estética por la estética.

Es una oración sobre la vida y la literatura. Un aire de melancolía y aventura interior recorre este rosario de historias en una narración hipnótica. Y este hombre tímido, en las quinielas del Nobel y con los codos apoyados sobre la mesa, da un paso más allá en la escritura con una obra de agradecimiento a las artes, a la literatura. Una voz potente emerge de sus páginas, y tras ella más voces, del pasado, de lo que hay atrás del pasado, de los sueños.

“Virgil es un eco de la Divina comedia. Trae el depósito ante la divinidad de mal. No solo sus propios contenidos sino todos los contenidos de la humanidad. Todos las producciones geniales, así como el aparato biológico que las envuelven en una ofrenda que intenta halagar a la divinidad de la noche, pero esta divinidad se revela implacable. Virgil muere aplastado por el pie implacable de esa diosa”.

Mircea Cartarescu en Madrid, el otoño de 2017. /Fotografía de WMagazín

La voz del escritor rumano es la misma, pero su aspecto es distinto. Tiene un nuevo corte de pelo, él se siente raro, pero lo rejuvenece. Su melena ha caído por equivocación en la peluquería. Sacrificios inesperados, indeseados. Como en su novela cuando en uno de sus pasajes se lee: “¿Qué más puedo ofrecerte en sacrificio? ¿Mi memoria? Te ofrezco todos los instantes de mi vida, que ha durado un instante”. El escritor escucha la frase, su propia voz hecha letra. Calla unos segundos…

“…No podemos existir como seres humanos sin nuestra columna vertebral diacrónica. Sin nuestra historia personal. Son esos puntos que recordamos y que no sabemos por qué son esos puntos precisamente los que recordamos. Sospecho que las cosas importantes no las recordamos. Creo que esa es la misión de los artistas: recordar aquello que no recuerda nadie. Me interesan los primeros años de vida. He intentado siempre descender en mi interior para recuperar aquellos años o recordar incluso mi propio nacimiento, como los místicos indios”.

Solenoide recorre muchos de esos caminos. Su estructura simula la del propio cerebro y sus pensamientos que no siempre tienen un orden establecido, ideas, imágenes o emociones que entran y salen como les da la gana. ¿Qué retiene, entonces la memoria?

“La memoria puede retenerlo todo, como Funes el memorioso, de Borges, o puede ser extremadamente vil. Nos puede esconder aquellas cosas que nos podrían destruir psíquicamente. Ninguno de nosotros es consciente del complejo de Edipo o Electra, pero, sin embargo, existe en cada uno de nosotros transformados e irreconocibles. En este libro me he entretenido haciendo una interpretación de los sueños siguiendo a Freud, naturalmente, porque, voy a decir una vez más: Yo no soy un autor al que le preocupe publicar libros, escribo realmente para saber qué pasa conmigo y para trazar mapas de mi mente. Para mí los sueños son extremadamente importantes. Cada mañana apunto todo lo que he soñado esa noche. Los más o menos cincuenta sueños que aparecen en Solenoide son reales. Así que, en ese sentido, en mi opinión, Solenoide es mucho más que una novela. Al menos yo partí con la intención de hacer un libro sin necesidad de asociarlo a un género literario o tipo de libro, puede ser definido como poema, como novela o como texto sapiencial. No me preocupa”.

Solenoide es solo el asomo a la que Cārtārescu considera su obra maestra: sus diarios. La tercera parte de la novela procede de allí. Es un escritor que arriesga. Sabe que lo catalogan como el mejor autor rumano vivo, y candidato al Nobel. No parece hacer caso a eso. Él solo sigue en su empeño de ser feliz con la escritura sin atenerse a códigos preestablecidos, ni géneros. Escribir… escribir…

“Siempre he intentado expresar una cierta plenitud. Pero, concretamente, en los últimos libros como El cegador y Solenoide he intentado expresar todo lo que sé sobre la vida”.

El escritor rumano Mircea Cartarescu.

Y sabe mucho por lo vivido, penurias, dolores, ilusiones…Ahí están en ese rosario de historias personales y de so entresijos de la escritura en la Bucarest postcomunista. Lo cuenta mientras el bullicio del mundo sigue en su emboscada infructuosa de aplacar su voz amable y de modesta sinceridad. Alguien que escribe para saber quién es, para encontrarse ¿alguna pista?

“… Soy una persona muy corriente… Todo el mundo me dice que no tengo aspecto de poeta. Soy muy racional, me alegro de la vida como cualquier persona normal, sin embargo, cuando me siento ante el escritorio me transformo en otra persona. Es como una especie de trance… Esa persona que escribe en mi lugar tiene muy poca relación conmigo. Y cuando me encuentro ante la hoja de papel me dejo a su merced. Tengo mucha confianza en ese otro Mircea. Creo que me lleva en la buena dirección. Nos entendemos bastante bien, como si fuéramos dos gemelos en el que uno es ingeniero y el otro artista”.

Dos que buscan lo mismo, la belleza. Vivirla, sentirla, compartirla, transmitirla… Solenoide está esparcida de ella, sobre los destinos de la condición humana, los sinsabores, las frustraciones, los laberintos, los temores, las zonas oscuras del individuo, los desamores… Algunas ruinas de la vida que Cārtārescu cuenta, reflexiona y describe de tal manera que hace brillar aquellas zonas sombrías que hacen inevitable preguntarle qué es para él la belleza.

“Es esa energía de la que Dostoievski decía que va a salvar el mundo. La identifico con la gracia, todo aquello que es gracioso, poético y por eso es bello. Incluso aunque sea gracioso de forma violenta, obscena o por el contrario celestial. Esto es lo que pasa con cualquier persona que tenga un alma de poeta. Incluso aunque no escriba versos es capaz de ver qué es poético en aquello que lo rodea, ese pequeño secreto que todo el mundo conoce”.

“Se trata del hecho de que un poeta es esa persona que ha mantenido la mente de un niño que juzga el mundo. Más o menos hasta los cuatro años el sistema de nuestro cerebro empieza a pensar de otra manera y crea otro sistema de pensamiento. Es similar a un ordenador, el previo no desaparece, simplemente queda sellado y ya no recordamos nada de nuestra edad anterior, pero toda la información sigue ahí. El poeta es aquella persona que consigue recuperar esa información, que es capaz de descender hasta ese espacio para recuperar esa forma genuina de ver las cosas”.

He dicho que esto podría resultar peligroso porque hacer esto es parecido a entrar en un palacio gigantesco donde te vetan una habitación. Como en los cuentos de héroes al que le dicen que puede entrar en todas las habitaciones excepto en una. Creo que el verdadero artista asume todos los riesgos, entra en la habitación prohibida y tiene el valor de mirar a los ojos al monstruo que tiene en su interior”.

Mircea Cārtārescu lo hace. Lo ha hecho desde hace muchos años, se ha asomado en esa habitación y lo ha reflejado en diferentes libros, pero es en Solenoide donde parece haber recorrido esa habitación. Y desde allí el narrador se dirige a alguien. La pregunta es, ¿A quién se dirige Cārtārescu contando Solenoide?

“Es cierto. Otro de los temas fundamentales del libro es el famoso tema de un relato de Albert Camus: una persona está en el lecho de muerte y pronuncia su última palabra. Y esa palabra tendría que recoger o expresar lo que ha entendido en la vida, pero aquellos que lo rodearon no acabaron de entender si lo que dijo esa persona fue: Solitario o Solidario”.

“Mi personaje duda entre ambas posibilidades. Tiene que elegir entre una especie de autismo o aislamiento de la humanidad, una forma de convertirse, en un hombre con una cicatriz, un poeta maldito y, por otra parte, de su necesidad de solidaridad humana. Finalmente elige el segundo camino. Por eso decía que este libro tiene una gran carga ética. Entre la salvación individual y la condena común él elige la condena, pero junto a aquellos a quienes ama, junto al resto de la humanidad. Rechaza escapar solo de este mundo terrible y prefiere quedarse para ayudar a sus semejantes”.

Y Cārtārescu se queda en silencio. Ahora solo hay ruido a su alrededor, el bullicio del mundo que sigue empeñado en quedarse en la sala de espera del hotel. Unos minutos después el escritor rumano camina unas cinco cuadras hasta la Librería Rafael Alberti. Varios lectores lo esperan. Aún faltan unos minutos para la hora prometida, las siete de la tarde, así es que ese queda mirando los libros de las mesas de novedades, pero no puede, uno de sus lectores se acerca, habla con él, le pide que le firme la novela, luego otro y, al final, se forma una pequeña fila de lectores. A las siete baja las escaleras que conducen al área de presentaciones de libros y charlas con los autores. Andrés Ibáñez lo presenta. Luego, solo la voz de Mircea Cartarescu sin ruido alrededor.

Sobrecubierta

4 comentarios

    1. Me alegro de que te guste la entrevista a Cartarescu. Y el libro es una obra excepcional y varios aspectos, hay que leerla con calma para irla disfrutando y entendiendo. Un saludo

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