El escritor chileno Pablo Simonetti. /Fotografía de Andrés Herrera

Pablo Simonetti: “El imperio del silencio y la negación de los sentimientos es común en los hombres”

El escritor chileno reflexiona sobre su novela 'Desastres naturales' en la que escribe de la casi nula relación con su padre, de las diferentes masculinidades, de la homofobia bajo la dictadura de Pinochet y la búsqueda de la identidad

Entre los 10 y los 12 años el futuro de Pablo Simonetti dejó sus semillas. Fueron los días del descubrimiento de los deseos, los sentimientos, las ideas, los miedos, las culpas, su país y la identidad que, con dudas y dolor, habrían de moldearlo hasta convertirlo en el escritor chileno que es, un autor con un romance poco habitual: buena crítica y venta de libros.

En aquellos años empezó su verdadero viaje. A saber, poco a poco, que su lugar de pertenencia no es otro que él mismo. Un niño y joven asustado por su homosexualidad y luego ingeniero civil reconvertido en narrador oficial hace 22 años.

Esa doble peregrinación, personal y literaria, Pablo Simonetti (Santiago de Chile, 1961) la ha compartido en varias de sus novelas que se mueven en los laberintos emocionales del territorio familiar. Tras un debut novelístico en 2014 sobre la mamá (Madre que estás en los cielos) es la hora de padre: su fuerza, su poder, su distancia, su ascendencia, su severidad, su sombra… su cataclismo.

Desastres naturales (Alfaguara) le puso por título y Marco llamó al niño y luego adulto que le sirve de alter ego y cuenta lo acontecido en la voz pausada de Marco, esparcida de lirismo y con ráfagas de crudeza. Llama a las cosas tal cual como se ven, se sienten y se piensan. Y se desean.

Es una novela sobre el imperio del silencio de los afectos en un mundo que despliega diferentes masculinidades con un mismo miedo atávico. Del descubrimiento de verdades a través del reconocimiento de la relación nula con el padre y del proceso de identidad propia bajo la sombra y desenmascaramiento del Chile del dictador Augusto Pinochet que condicionó las vidas, incluso puertas adentro.

-Concebí la novela como tres arcos temporales: la infancia, es la época pre sexual de Marco y ese momento de mucha cercanía con su padre; después está  la muerte del padre y todas las consecuencias que eso tiene, y, por último, el arco temporal que explica, o intenta explicar, o intenta desplegar, las situaciones que llevaron de aquel momento de tanta cercanía a este momento de distancia e incluso de alivio que tiene Marco cuando su padre muere. Podríamos decir que entre esos dos puntos de relación está el proceso de crecimiento y autoconocimiento de Marco, todo esto bajo el paraguas oscuro de la dictadura.

Con los codos apoyados en la mesa redonda de madera en su editorial en Madrid, Simonetti vuelve a echar la vista atrás en su vida. Primero lo hizo al escribir la novela y ahora al conectar lo escrito con los recuerdos presentes. Se le ve tranquilo y jovial. Los nubarrones de sus primeros veinti cinco años quedaron atrás.

-Cuando doy una charla sobre mi obra en general la llamo El ciclo de la identidad. Esta novela entra dentro de la manera que tengo de mirar el mundo, aunque podríamos agregarle el tema de la pertenencia. Es como si caminara en esa frontera conflictiva entre identidad y pertenencia; la cuestión es cuánto poder e identidad sacrificamos para pertenecer; cuánto de pertenencia sacrificamos para ser quienes somos o quienes pensamos que somos…

Su mirada fija y amable se mueve unos segundos en silencio. Busca la idea precisa. La tiene. Por lo que dirá parece ser la del padre fallecido en 1993 que recordó cuando él, Pablo Simonetti, veinte años después tuvo un microinfarto cerebral. Ahí está parte del origen de la novela. El escritor retoma la conversación con palabras rápidas antes de que la idea escape.

-Hay otro elemento representado que yo creo que se implica también con las transacciones de la identidad… No sé si sea la mejor palabra, pero bueno, las transacciones de la identidad y la pertenencia, que es el manejo… La circulación de poder dentro de una familia que es algo que me ha ido pareciendo un tema a partir de La soberbia juventud, en 2013. Pero con más fuerza en Jardín, en 2014, y ya muy claramente aquí, en Desastres naturales. Es cómo se maneja el poder, cómo se entrega el poder, cómo se delega, cómo se hereda, cómo se pierde… Esa es también una pregunta que hago constantemente a través de la novela. El poder simbólico que el padre representa y que una vez muerto se diluye… y cómo se diluye y quién lo toma y quién se hace cargo de él…

Simonetti aprieta los labios y mira como si estuviera viendo algo en su cabeza. El poder alrededor de Marco, niño, joven y adulto. Marco marginado porque es homosexual. El poder del padre y sus ondas. Aunque Marco también tiene consciencia de un poder a partir de la adolescencia… Un poder sentimental o sensual no reconocido por un amigo. Un poder repartido porque este sabe quién es Marco.

– Pero siempre habría un poder diría yo, negativo en el sentido de que él está esperando que Felipe haga algo… Un poder en sentido de responsabilidad… no es un poder que avanza sino que sencillamente también está a la expectativa de lo que el otro haga y en ese sentido pues puedes responder o no…

El escritor chileno Pablo Simonetti durante la entrevista. / Fotografía de WMagazín

Desastres naturales retrata el mundo familiar de Marco rodeado de hombres, de la severidad del padre, del primer despertar del deseo por otro hombre, de los sentimientos por un compañero. El poder tradicional visible es evidente, pero la novela también muestra los poderes secretos de los sentimientos y los deseos inconfesables.

-Para mí era muy importante representar esa fuerza del deseo porque permitía que viéramos lo natural con todo propósito. Sin ningún misterio, y al mismo tiempo como esa fuerza natural que se enfrenta a una serie de situaciones que pueden ser humillantes… Como cuando, de repente, una persona se siente privada de su humanidad tras sus encuentros sexuales de los que no hay nada; sencillamente hay una vuelta a una supuesta normalidad, una negación de que eso ocurrió, de que están juntos como compañeros y de que no hay ninguna intimidad especial en particular entre ellos.

A Marco le gustaría que esto tuviera una prolongación afectiva y esa afectividad está totalmente decepcionada por el silencio que los rodea… ¡Claro! Es un proceso de descubrimiento de él. Todas las primeras etapas están sometidas a este imperio del silencio y de la negación. La novela tiene algo de eso o sea, uno de los motivos más personales que tuve yo para escribir esta novela fue poder decir y contar todo eso que en esa época de silencio y de disciplina cultural, disciplina católica, disciplina de ideas preconcebidas sobre el hombre y la mujer… Todo el modelo de género que impuso la dictadura. Debajo de todo eso hubo muchas personas que vivieron vidas que sencillamente no tenían ni palabras ni lugar. El imperio del silencio y la negación de los sentimientos es común en los hombres.

El escritor se acomoda en la silla habla un poco más de esas experiencias. Cuenta historias de comportamientos escondidos, de la homofobia en la familia, en su familia, de afectos escondidos. Pero aclara:

-No es una novela activista, pero sí el de poder decirlo porque es parte de las vidas y esas vidas estuvieron rodeadas de silencio. La dictadura de Pinochet también fue de género…

Es un tema que controla. En 2011 fue uno de los que creó la Fundación Igualesque aboga por la inclusión de la diversidad sexual en Chile no solo con campañas sino que tien una estructura de formulación de políticas tanto a nivel escolar ocmo públicas, así como de investigación. Acompaña u orienta a personas con desastres naturales íntimos en ese aspecto. Su novela recuerda la importancia de los afectos más allá de la sexualidad entre personas del mismo sexo y que algunos heterosexuales temen reconocer ya no públicamente sino íntimamente.

-Siento que es así. El deseo está y en ese sentido el deseo surge sin ningún tipo de control y no necesariamente en un primer momento asociado a la afectividad. Pero después uno busca esa prolongación, sobre todo en relaciones que se van prolongando en el tiempo. El protagonista tiene una relación de un año de más de dos años con Mariano por ejemplo y la negación de que haya ya una intimidad mayor es contranatural porque ahí sí están viviendo una relación afectiva solo que la niegan a sus ojos y a los de los demás.

Es así como la novela trasciende el caso Marco para desplegar una galería de masculinidades. Hombres que suelen ver la homosexualidad como algo negativo, hombres que sienten atracción por otros hombres pero prefieren callar y convertirlo en un desastre natural por siempre.

-La novela dibuja prototipos de masculinidades, desde la del padre distante y severo, obreros ásperos, Marco en la incertidumbre por su homosexualidad y al final la acepta, otro que la niega para seguir su vida heterosexual, otro que la genitaliza… Marco se topa con hombres que lo pueden querer y desear pero que nunca reconocerán esos afectos y deseos y si lo hacen será solo como algo genital-sexual.

Marco, Pablo… Pablo, Marco… Realidad y ficción, realidad y metáforas. Una novela de búsquedas de identidades y pertenencias. A él, Pablo Simonetti.

-Al protagonista le toma muchos años llegar allí. Ahora que tú haces esa lectura novedosa y que me gusta porque es estimulante me obliga a pensar, me hace acordar, la relación que Marco tiene con Tino de quien está enamorado, pero este se niega a reconocer que también está enamorado. Al final a Marco le cuesta salir de esa relación mala y sigue buscando hombres traicionándose en esa idea de buscar afecto y no se entrega a la relación.

Miedo. El miedo agazapado en cada uno de los personajes ya sea en lo sexual o sentimental. El miedo es otro de los temas de Desastres naturales. El miedo del padre a expresar amor por el hijo, de los hombres a otros hombres, a aceptar los afectos y deseos, el miedo a ser descubierto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *