El escritor italinao Paolo Giordano.

Paolo Giordano: «La pandemia nos enseña que nuestros deseos no pueden ser ilimitados»

El escritor italiano reflexiona sobre sus libros 'En tiempos de contagio', sobre la covid-19 y las grietas que crea en la sociedad y el mundo, y 'Conquistar el cielo' sobre conceptos como la amistad, la soledad, los sentimientos y el amor

Sentado en una sillón de mimbre de cojín blanco en Cartagena de Indias, Paolo Giordano conversa con periodistas y lectores sobre la amistad, el amor y los laberintos de los sentimientos abordados en Conquistar el cielo (Salamandra). No imaginaba que esos días el destino ya extendía taimado una emboscada al mundo entero con una pandemia hasta ponerlo en jaque y cambiar hábitos de la gente para poner a prueba, muchas cosas, incluidos aspectos vitales para el ser humano como esos tratados por él en sus cuatro novelas desde aquel exitoso debut de 2008 cuando con 25 años publicó La soledad de los números primos.

Con 37 años Paolo Giordano (Turín, 1982) fue uno de los protagonistas del último gran encuentro cultural y literario antes de la covid-19 en el Hay de Cartagena de Indias entre enero y febrero de 2020. Una fiesta con escritores, creadores, economistas, artistas y amantes de la cultura en diferentes escenarios, sobre todo en los amplios pasillos del antiguo convento de las clarisas reconvertido en hotel.

El Hay Festival terminó el 3 de febrero, Giordano volvió a Italia y a las dos semanas comprobó cómo el destino se precipitaba sobre su país con el coronavirus covid-19. Entonces el escritor que trata de descifrar emociones del ser humano e indagar en sus sombras dio paso al científico que es, pues es Físico Teórico: pensó, analizó y reflexionó sobre la nueva realidad y se puso a escribir un libro: En tiempos de contagio (Salamandra).

Lo escribió casi al mismo ritmo que el virus se expandía por su país y Europa entre febrero y marzo de 2020. Exploró no tanto lo que sucede con la pandemia como en los estragos que esta puede causar a la sociedad.

Los temas de la entrevsita de entonces por Conquistar el cielo quedaban un poco de lado frente a la magnitud de la nueva situación que afecta, precisamente, temas esenciales tratados  en sus obras y sobre los que responde por email:

“Desear lo mejor no es desear lo mejor: esperar lo imposible, o incluso en lo improbable, nos expone a una constante decepción. En tiempos de contagio somos parte de un solo organismo; en tiempos de contagio volvemos ser una comunidad”.

Así encabeza sus respuestas Giordano. Para luego contestar:

“El libro en el que estaba pensando ya lo he borrado parcialmente. Por suerte, aún no lo tenía comenzado… Pero aún sentiría el deber de comenzar a pensar de nuevo desde cero. Eso es lo que traen los grandes cambios: la obligación de renovación.

En cuanto a las relaciones personales, espero que las mantengamos intactas tanto como sea posible. Esta expresión que ahora usamos mucho, ‘distanciamiento social’, es terrible. Debemos asegurarnos de que no estamos convencidos de que sea algo realmente bueno. Tenemos que recordar que esto es una necesidad temporal, y tal vez aparezca una expresión mejor. Sin embargo, se producirán cambios”.

Paolo Giordano cree que la pandemia ha traído consigo la conciencia de que ciertos comportamientos humanos no son sostenibles y de que la sociedad debe cambiar su relación con el planeta:

“Para empezar no se puede sostener este viajar a todas partes y de manera continua (estoy entre los más culpables), o por el consumo desenfrenado, etcétera. ¿De qué se trata esto con la pandemia? Viene porque los riesgos de nuevas pandemias están estrechamente relacionados con el uso y abuso de los recursos del planeta. Así que debemos ingresar este nuevo pensamiento en nuestras vidas: la pandemia nos enseña que nuestros deseos no puede ser ilimitados. Porque nuestro deseo, que estamos acostumbrados a considerar ilimitado, no puede ser, los recursos del planeta son limitados. La pandemia introduce la idea de renuncia, que ya no era parte de nuestra vida. Lo digo sin ninguna intención moralizadora. Es una observación pura. Pero, afortunadamente, esto tampoco concierne al amor o al sexo, que, por fortuna, no consume recursos, por el contrario”.

El escritor y teçorico físico no entiende por qué los gobiernos insisten en tratar la pandemia con políticas nacionales y fronterizas e ignorar que el virus, los virus en general, no conocen de fronteras:

“Vivimos de una manera interconectada como nunca antes en la historia. Si hace un siglo a la gripe española le tomó un par de años infectar al mundo, este virus solo h necesitado dos meses. Es una medida directa de la globalización. Creemos que la globalización es justa o ¿incorrecto? Ya no importa eso. Es la característica principal del mundo que vivimos, y ni siquiera esta crisis la revertirá. Aun así, nuestra mente lucha por pensar globalmente, al igual que nuestros gobiernos. No estamos a la altura de la globalización que hemos creado. Pensamos resolver la situación dentro de nuestras fronteras y que esto nos salvará, pero es un pensamiento sin sentido. Ahora, a medida que disminuyen las infecciones en Italia o Europa, debemos preocuparnos por África e India, donde es probable que la situación degenere y quede fuera de control. Porque esos lugares se convertirán en los nuevos reservorios de virus de los cuales continuaremos infectados. Pero parece ser un pensamiento demasiado grande, demasiado complejo y demasiado altruista para entrar en el debate público. Haríamos bien en cambiar el debate público lo más rápido posible”.

Son reflexiones sobre el presente inmediato en busca de mejorar el futuro y que Giordano plasmó en el ensayo En tiempos de contagio. Antes de eso en Cartagena de Indias habló de algunos de los temas esenciales en su vida y obra literaria que permanecerán incluso con la covid-19. Uno de ellos es la amistad, pilar de su narrativa y que sustenta su novela Conquistar el cielo:

“La amistad es lo más importante, y no hay que confundir la amistad con la familia ni el amor. La amistad no tiene límites tan claros como sí parecen tenerlos muchas emociones, aunque puede tener tramas, envidias y secretos. En estos diez años, tras la publicación de La soledad de los números primos, he perdido muchas amistadas, como nunca en mi vida.

No es el dinero lo que hace perder las amistades, es la percepción, lo que la gente cree que has ganado y cree que tú has cambiado. Es como si fuera todo mucho más difícil. Puede que el problema sea yo. Tengo una idea idealizada de la amistad, una idea romántica heredada de la adolescencia, porque cuando se entra en las relaciones de los adultos todo se complica.

Yo creo que no he cambiado tras el éxito de La soledad de los números primos, pero la gente sí lo cree. Ese éxito para mí fue muy abrupto y me obligó a ciertos cambios de mi vida, pero no de trato con la gente, aunque se ve que esto ha sido un problema para algunos”.

Lo dice con un halo de tristeza e impotencia. Reconoce que somos lo que creemos ser, pero de cara al mundo exterior somos como nos ven, lo que uno ve en el otro.

“Conquistar el cielo es verdaderamente sobre eso. Hay varias versiones sobre una misma persona y cuando las comparas te preguntas quién es realmente esa persona, es un tema clásico de la literatura. Es un tema que encuentro muy interesante a pesar de que se ah escrito mucho, pero la condición humana es inagotable. Pasa con la amistad, pasa con el amor. En esta novela la primera escena es clave porque una chica ve todo lo que sucede. A veces no sabemos a dónde fueron los demás, mientras uno estaba allí”.

Sube los hombros y las cejas en señal de “no puedo hacer nada”.

“Mi terapeuta me dice que tengo una capacidad fuerte para entender a otras personas, pero ninguna capacidad de saber cómo me perciben los otros. Hay gente que me dice cosas sobre mí que yo no tenía ni idea. Es difícil».

Como si la soledad llenara varios espacios en su vida.

“Me encanta. (y se ríe de sí mismo). Es un lugar muy natural. Siempre lo ha sido, siempre ha sido algo necesario. Estoy bien con la soledad, no la busco tanto, y sé que mucho tiempo no la soportaría».

Otra cosa es la evolución del concepto de la soledad en su narrativa.

“Los escritores somos los peores para abordar la coherencia. He empezado para una intimidad y una soledad que ha sido demasiado introvertida. Aunque después, poco a poco, ha salido. Tengo una intimidad bastante complicada, creo, y con relaciones controvertidas, pero todas mis energías son para el afuera. Me interesa más lo que está fuera de mí que lo que sucede dentro de mí”.

Paolo Giordano cree, al igual que autores como Álvaro Pombo, que el escritor siempre maneja los mismos temas en todos los libros y cada libro es una  variación de ellos; es decir, que hacen el mismo libro en diferentes volúmenes:

«Yo también lo creo. Hay cosas de ti como escritor que se desarrollan y otras como persona que siempre son iguales, estables. Me sucede cada vez que empiezo un libro, y esas cosas iguales afloran y digo: ‘no me interesa’. Son las obsesiones de nuestras vidas, pero son importantes porque son un motor inquieto, activan la inteligencia y despiertan ganas y deseo, pero no puedes dejar que esas cosas acaben contigo. Todo eso es muy difícil”.

Es parte de la fragilidad del ser humano, uno de los aspectos que Giordano refleja en sus obras. ¿Cuándo despertó en él ese interés? ¿Sobre todo de la fragilidad y vulnerabilidad ante temas como el amor?

«Vengo de una familia complicada, y esto ayuda siempre. Recordar que hay fragilidades y complicaciones. Hay un personaje en esta novela, Cesare, uno de los adultos, que al principio es muy positivo pero después vemos más y más de él. Hay lectores que lo detestan. Yo, en cambio, empecé a amar ese personaje cuando descubrí las partes que más vergüenza le daban, es lo que más me emociona de los seres humanos. Cuando veo la parte de vergüenza que todos tenemos y tratamos de esconder. Eso me abre el corazón, me conmueve. Eso busco en los personajes. Lo que me interesa de las personas y la literatura es detectar el grado de vergüenza, hay algo vivo que nos hace más humanos, que viene de atrás, del principio, que hay una pureza en la vergüenza que todos tenemos”.

El amor no escapa a esa vergüenza. El amor es un tema por el que se le reconoce. El concepto y acercamiento literario a ese sentimiento ha cambiado en él en estos doce años desde la publicación de La soledad de los números primos.

“Es complicado… Literariamente sí ha cambiado. Mientras en el primer libro no había sexo, ahora hay mucho. Ese es el punto central y más importante. Ha habido un cambio desde el pensamiento y deseo hasta la acción. No es fácil, en general, llegar a la acción. Abordar esta novela a través de un narrador femenino fue muy interesante. Nunca había tenido a una mujer como narradora y salir de mi voz masculina fue un reto, siempre busco retos. Siempre busco salir de mí mismo y con la literatura busco retos y desafíos. Es bueno para la salud. Descubres cosas de tu literatura que nunca hubieras explotado».

Dos días después de esta entrevista Paolo Giordano voló a Italia. Dos semanas después vio cómo el destino empezaba a desplegar su red extraña con el coronavirus. Así es que dio paso al científico y físico para pensar y reflexionar sobre lo que se avecinaba y escribió En tiempos de contagio cuya realidad pone a prueba los temas que había abordado en Conquistar el cielo: amistad, sentimientos, relaciones interpersonales, amor, soledad…

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