La escritora francesa Pauline Delabroy-Allard. /Fotografía de Catherine Gugelmann-Cortesía Lumen

Pauline Delabroy-Allard: «La pasión en el amor va hacia lo oscuro del ser humano y suele terminar mal»

La escritora francesa debutó con una novela convertida en uno de los libros del año en su país: 'Voy a hablar de Sarah'. Es la historia insospechada de dos mujeres escrita con lirismo y armonía bajo el influjo de la tempestad

Lo que marca la diferencia en una historia de amor pasional no es la trama sino la forma como cada uno la vive, la siente y se la cuenta a sí mismo como un organismo autónomo. A partir de esta idea Pauline Delabroy-Allard escribió Voy a hablar de Sarah (Lumen) su primera novela convertida de uno de los mejores debuts franceses de los últimos años y finalista del Premio Goncourt 2018; además de obtener varios premios.

Este retrato de la vida en suspensión es el resultado de la pasión de una mujer de 31 años que escribe poesía desde su adolescencia, a quien un día se le vino a la cabeza la imagen de una mujer contemplando el cuerpo de su amada junto a ella en la cama hasta colonizar su mente y no tuvo otra salida que sentarse a escribir y prestar una parte de su vida para dar voz a la narradora.

El día que Pauline Delabroy-Allard cumplió 3o años intentó cumplir su promesa de publicar un libro antes de los treinta. Así es que envió el manuscrito de Voy a hablar de Sarah a varias editoriales… hasta que Ediciones Minuit se interesó. No en vano uno de los autores de referencia de la editorial es Marguerite Duras quien escribió con belleza, hondura y dolor sobre el amor y su destino a fracasar.

La poesía resuena en esta novela de Delabroy-Allard. Consta de dos partes y 112 capítulos breves que narran el descubrimiento de un amor pasional e insospechado entre dos mujeres y su viaje al paraíso (primera parte) y luego las nubes y sombras que cubren el paraíso (segunda parte). La obsesión por un amor pasional y erótico cuyo proceso de escritura fue particular porque mientras lo hacía también gestó un poemario.

“Me fui a una casa a aislarme para escribir la segunda parte de la novela. Estaba sola en una casa grande que no era mía donde había una discoteca con discos de vinilo. Cada día, como ejercicio para entrenarme, ponía un vinilo y me propuse que en el tiempo que duraba cada tema musical escribiría un poema”.

«¿Le parezco loca?», pregunta Paulie Delabroy-Allard entre una risa sonora adolescente en la pequeña biblioteca de su editorial madrileña. El sol veraniego de junio se ve en lo alto tras la ventana, pero la escritora lleva puesto su gabardina beige como precaución al aire acondicionado. Parece una mujer tímida que de repente se entusiasma al hablar de sus poetas preferidos.

“Entre mis poetas favoritos están Louis Aragon, los surrealistas y Francis Ponge. Me encanta que se note el lirismo de la novela. Antes solo escribía poesía, quizás por eso las resonancias. Aunque no tengo ningún poeta concreto que me haya inspirado”.

Como tampoco la música. Escribió bajo un absoluto silencio. Tanto en la escritura de la primera parte en su casa de París, entre las tres y cinco de la mañana todos los días, durante un año, como en la casa que le prestaron donde solo ponía el vinilo a primera hora de la mañana para escribir aquel poema en un cuaderno como ejercicio y preámbulo a la escritura de Voy a hablar de Sarah cuyo origen es tan inesperado como el amor que narra.

“La novela parte de una imagen muy concreta que un día llegó a mi cabeza. Es la escena del comienzo de una persona en la cama que observa, a su lado, el cuerpo de una mujer y no se sabe si acaban de hacer el amor o si la mujer observada ha fallecido. Era una escena que me obsesionaba antes de escribir. Y empecé a escribir para desembarazarme de esa imagen. Yo sabía que eran dos mujeres, pero quería hacerlo de manera que los lectores pudieran pensar cualquier cosa”.

El lector ve lo que la narradora ve y siente, eros y tánatos. Voy a hablar de Sarah está inspirada en buena medida en la propia escritora que utiliza para narrar la voz de una de las protagonistas, una madre soltera y profesora que en una cena conoce a otra mujer, a Sarah, una violinista atractiva y vivaz. Confusión, pero un sentimiento cristalino e inevitable. De ahí que la novela oscile entre el lirismo de la narradora y su estructura musical. Pero estos dos aspectos bajo el ritmo de los pensamientos del destello amoroso, de la intermitencia de las ilusiones, las dudas, los nervios y las especulaciones en el proceso de enamoramiento que se insufla de pasión.

“Estoy de acuerdo con esto de los destellos amorosos. He intentado construir el texto como una estructura musical clásica, como los movimientos de una sinfonía clásica. Luego dentro de cada movimiento hay momentos de destellos, de golpes de luz.

Por eso encontré ese mecanismo narrativo con el cual nunca sabemos qué piensa Sarah, sino que todo pasa por el pensamiento de la narradora. Ese es el personaje que evoluciona, todo lo que sabemos es por ella, la historia de amor que se construye en una especie de puzle cuyas piezas van encajando poco a poco”.

Eso lleva a que solo se conozca un lado de la historia. Como la vida amorosa misma. Acaso como señal de que no habría que creer todo lo que cuenta, del amor como invención en un gran porcentaje, pero real para quien lo vivió. Y donde el amor y la pasión no tienen orillas y se viven como un solo sentir. La luz de Platón y su Fedro en el siglo XXI.

«Para mí la historia es la narración. Lo que quería escribir era describir el mecanismo de la pasión, no la trama. En esta historia puede haber muchas invenciones, muchos sueños. La diferencia entre el amor y la pasión es que la pasión es mucho más fuerte que el amor y no puede durar siempre. Pero la pasión es algo mórbido, va hacia lo oscuro del ser humano y suele terminar mal. Mientras que el amor es un sentimiento que se piensa en algo a largo plazo y puede terminar bien. Pero no me interesaba una historia de amor que terminaba bien. Me interesa la pasión. Porque nos hace sentir vivos”.

¿Acaso existe un amor verdadero sin pasión? Vuelve Platón, aparece Walt Whitman y tantos otros…

«Ese es el debate. Hay gente que cree que la única manera de vivir es un amor con pasión. Creo que el amor sin pasión no sirve para nada. En la novela las dos mujeres se ven envueltas en un remolino en el cual quedan atrapadas, es el destino trágico del que no se pueden liberar”.

En la novela anida la idea de que este amor se convierte en amor fou y no llega a buen puerto por culpa de los prejuicios, a pesar de dejar claro que el amor no entiende de géneros.

«Alguien puede no querer amar a otra persona de su propio sexo, pero el sentimiento se impone. De cara a la gente podrá negarlo, pero la realidad es que sí quiere a esa persona. En unos casos ese rechazo puede ser por cobardía, por prejuicios o por responsabilidad o por proteger a alguien. Aunque cada vez hay menos prejuicios. En el caso de las dos mujeres de mi novela ellas se ven abocadas a ese destino de manera repentina”.

Pauline Delabroy-Allard muestra la génesis del amor y la siembra silenciosa del dolor que un día brotará. Muestra los laberintos del sentir y cómo estos se transforman en pensamientos que colonizan todo el ser.

El amor y la pasión nunca son inocentes. Y no lo son porque al compartir una sensibilidad con otra persona te pones en peligro. Diría, incluso, que una historia pequeña de amor para que sea bonita debe compartir, conocer y asumir riesgos.

El amor es un estado de suspensión, en pausa. Vivir un amor sin estar en un estado de suspensión puede ser un poco aburrido”.

Este es el lado por el que ha decidido salir a lo público la hija de Jean Delabroy, reconocido profesor y novelista francés que publicó su primer libro en la treintena. Acaba de empezar y ya hace mucho que se inclinó por una vida vibrante y con pasión, desde que abandonó la carrera de Humanidades y salió en busca de la vida de verdad. De las primeras cosas que hizo fue viajar al Kirguistán. Luego con 22 años tuvo un hijo, como la protagonista de su novela.

La escritora convoca todos los sentidos en Voy a hablar de Sarah, al igual que lo sensato y lo insensato, la cordura y la locura, ¿según quién en el amor?, para dejar testimonio de que todo sucede en un lugar donde en cualquier momento el paraíso puede convertirse en «un aullido por el amor en fuga».

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2 comentarios

    1. Hola, Lupe. Nos alegra de que te guste la entrevista con Pauline Delabroy-Allard por su interesante novela. Gracias por seguir WMagazín. Un saludo!

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