El escritor argentino Pedro Mairal, autor de ‘La uruguaya’. /Fotografía de Xavier Martín

Pedro Mairal: “Todo lo que sos es en gran medida cosas que no controlás”

'La uruguaya' es una de las novelas cortas más relevantes de los últimos tiempos. El autor argentino aborda la crisis de un hombre casado y padre de familia que no ha logrado sus sueños y muestra las grietas de los deseos de una generación

Diez años tardó Pedro Mairal en quitarse de encima los escombros de sus sueños y reconstruir su mundo. Diez años en los que en medio de sus desastres vitales buscaba y practicaba una voz que le permitiera narrar una historia. Hasta que dio con el tono, entre coloquial y confesional, y se sentó a escribir sobre Lucas para cruzar la ficción y su propia vida en una de las nouvelles más interesantes de los últimos tiempos, La uruguaya (Libros del Asteroide).

Un día. Todo transcurre en un día, tiempo más que suficiente para iluminar las grietas de los deseos de una generación. De las dichas cantadas sobre la pareja, el amor, la familia, los hijos o la profesión. Promesas poco cuestionadas a las que sobreviven personas como Lucas con existencias minadas por la frustración porque no se resignan a aceptar que sus sueños cotidianos sean más grandes que la realidad que les toca vivir. O al revés, dice Mairal:

“Supongo que yo estaba en una situación parecida a la de Lucas. No escribía ficción, estaba mal de plata y muy metido dentro de la frustración. La novela llegó como a salvarme, a sacar lo tóxico que tenía. Sino escribía La uruguaya terminaría apaleado. A veces las novelas son exorcismos”.

“Cuando escribís de verdad escribís con todo lo que sos. Y todo lo que sos es en gran medida cosas que no controlás, así sale todo fuera de ti. Este libro tiene algo de contarlo todo, hablar de temas de los que no se suele hablar, como el dinero, la infidelidad o lo terrible que es tener un hijo. Lucas no tiene filtro, no le puede decir eso a su mujer, pero lo siente y piensa”.

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) le da voz a Lucas y cuenta en ciento cuarenta y dos páginas los restos de lo que este quiso ser. La manera en que las esquirlas de esos sueños acompañarán siempre una vida modelada más por el entorno que por el propio individuo. Es una novela escrita con precisión, fluidez y sentido del humor en la que el escritor Lucas Pereyra, de 40 años, casado y con un hijo, cuenta su viaje de Buenos Aires a Montevideo a recoger un dinero y se ve con un antiguo-eterno amor, un viaje que no tendrá precio por su encuentro con el pasado siempre latente y el futuro y los sueños que nunca duermen. Más que una crisis conyugal es una crisis existencial, de la radiografía de un hombre y padre de familia con sueños de soltero.

Publicada en 2016 en Argentina, y en 2017 en el resto de Latinoamérica y España, La uruguaya recuerda que en 2007 Mairal fue uno de los escritores de Bogotá 39, una selección de los narradores latinoamericanos menores de 40 años más prometedores, según el Hay Festival. Con la música de un bar de Madrid sepultada por las voces de los españoles, Pedro Mairal conversa sobre La uruguaya al final de su periplo de presentaciones por el país.

Winston Manrique Sabogal. La novela ha tenido muy buena crítica en Latinoamérica y España y ganó el Premio Tigre Juan (mejor obra narrativa del último año).

Pedro Mairal. Ha sido muy entendida en España. No sentí lo mismo en otros países latinoamericanos. El español tiene mucha sensación de parodia, de ironía, de ese sentido del humor. Más que en México, por ejemplo. Esto es polémico, pero hay más distancia cultural entre Argentina y México que entre Argentina y España. Y no es un argentino haciéndose el europeo. Me da la sensación de que metemos toda América Latina como si fuera una sola comunidad. Y México o Colombia tienen muchas culturas dentro, no tenemos en cuenta las particularidades. Latinoamérica es algo que existe con perspectiva europea. ¡Nunca estás en Latinoamérica! ¡Vos estás en Colombia, en México, en Perú, pero no en Latinoamérica! El concepto de Latinoamérica es una cuestión europea.

W. Manrique. Incluso en el periodismo cultural se suele referir a la creación latinoamericana como una sola entidad, o hacer comparaciones de España respecto a Latinoamérica, sin tener en cuenta que no se puede homologar por que allá son 19 países de habla hispana.

P. Mairal. Algunas cosas empiezan a cambiar. Antes para que una novela se volviera latinoamericana se tenía o se tiene que publicar en España. Siento que eso está cambiando. Están los grandes grupos editoriales que, a veces, distribuyen en diferentes países, y empieza a haber vínculos entre los países latinoamericanos. Había una balcanización. Ahora se están volviendo más permeables. En América Latina se empieza a editar sin mirar tanto a Europa.

W. Manrique. La novela transcurre entre Argentina y Uruguay. Todo es fronterizo, el espacio, los temas y lo que viven y sienten los personajes.

P. Mairal. Los dos países están pegados y funcionan como estímulo mutuo. Un uruguayo va a Buenos Aires a llenarse de ruido, de estímulos, a ver teatro, cine, quedan agotados. Y los argentinos vamos a Uruguay a estar más tranquilos y con una idea ingenua del país. Con la idea de que es un paisito y todos son buenos. Todo el tiempo pasamos de la familiaridad al extrañamiento. Eso me interesaba, esa vecindad, la frontera, la idealización de la ciudad y de la chica, Magalí. Pero Lucas se topa con una Montevideo áspera y la chica, al final, no es lo que tenía en su cabeza. Ese contraste me interesaba. El sueño y la realidad.

W. Manrique. Es la constatación de los restos de los sueños y deseos que tuvo.

P. Mairal. Sí. Al final encuentra un equilibrio, a golpes. Descubre que lo que quería era mucho. Se da cuenta de que, como se dice en el libro, “si no puedes con la vida, prueba con la vidita”. Hay que simplificar. Dejar de lado el supershow de que ibas a hacer la obra maestra y tener el gran amor y una vida vibrante. Él aprende a simplificar, a aceptar, a disfrutar lo que tiene. Es difícil, pero lo logra.

Estamos todos colgados de algo. Pensando: mi vida dará un vuelco. ¡Siempre a la espera!

W. Manrique. Lucas tiene 40 años y está en tierra fronteriza en todo, identidad, amores, trabajo…

P. Mairal. Y sin saber cómo lidiar con su pareja. Te venden la pareja como la panacea de la felicidad y él se siente asfixiado con todo eso. Te dicen que lo mejor que te puede pasar es tener un hijo. Y Lucas dice: Bueno, es como cuidar un enano borracho. Es una experiencia traumática, el miedo que da un hijo, pero nadie lo menciona. Y si se dice esto es como si uno fuera contra la ley natural.

W. Manrique. Son tiempos en que más que nunca se vende la idea de felicidad como un producto diseñado, mientras Internet potencia la idea de que te estás perdiendo algo.

P. Mairal. Internet facilita que desarrollemos ese lado. Hay demasiada información. Favorece el romanticismo retrospectivo de las parejas que tuviste al verlas en Facebook, por ejemplo. Internet es un tormento para el amor. Es una herramienta muy poderosa pero te puede enloquecer.

W. Manrique. Lucas no deja de ser un romántico ante lo que ve como una estafa del mundo prometido.

P. Mairal. La novela muestra la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano al contar una historia sobre la distancia que hay entre el deseo y la realidad quijotesca.

W. Manrique. Muchos lectores empatizan con él.

P. Mairal. Todos estamos colgados de algo público o secreto. Un oficinista gris que toca la guitarra, quiere ser como Paco de Lucía y nunca lo va a lograr, pero cuelga el video en Youtube y tiene su club de fans. Me interesan esos personajes. Los antihéroes. Me interesaba mostrar la fragilidad y vulnerabilidad de un hombre, su costado débil. El deseo te vuelve vulnerable y te hace hacer cosas locas. La gente reconoce eso en Lucas.

W. Manrique. Tras un año de hablar de la novela por varios países, ¿quién cree que empatiza más con Lucas, los hombres o las mujeres?

P. Mairal. Creo que las mujeres. Ellas también se sienten asfixiadas en las parejas, no es algo privativo de los hombres. Las mujeres también querrían, de golpe, tener una aventura. Arman más un relato. También pensé que se iban a identificar más los cuarentones pero no es así.

W. Manrique. ¿Por qué decidió esa estructura en la que todo transcurre en un solo día?

P. Mairal. Vi que una sola jornada le iba a dar mucha fuerza e iba a tensar el relato. Los detalles de ese viaje de Lucas a Montevideo era mi base melódica, en el trayecto podía contar cosas pasadas, pero siempre volvía al presente.

W. Manrique. ¿Qué tanto hay de su vida?

P. Mairal. La novela es un frankenstein de cosas que me pasaron y que invento. Uso mucho mi vida, fracasos de pareja, deseos no cumplidos. Lo que hago es proyectar cosas que estaban ahí. Tomo episodios que me sucedieron y que estaban a mi alrededor. También escribo mucho sobre la periferia de la realidad posible, lo que me habría podido pasar o deseaba que me pasara pero tenía miedo. Esa vida de la periferia de futuros posibles es tan real como la vida misma.

No fue fácil dar con la novela. Practiqué diez años la voz, el tono. Un amigo me dijo: ‘La escribiste de taquito’. Le dije, sí, pero me llevó diez años dar con la voz y afinarla. Hay que saber trabajar con las palabras.

La uruguaya entra en la línea de novelas que retratan e indagan en la vida de personas que deben conformarse con llevar sus deseos incumplidos solitarios en el recuerdo. Y deben levantar sonrientes su vida sobre las brasas de sueños incumplidos y de un amor frustrado. Podría ser una versión siglo XXI de Relato soñado, de Arthur Schnitzler (1925), o de Seda, de Alesandro Baricco, de los años noventa.

Una novela que habla de una generación que debe reinventar su vida. Y en ese propósito, Lucas crea otro sueño y deseo: “tenemos que pensar de una manera nueva”.

5 comentarios

  1. Yo la releí y aún disfruté más que la primera vez. Bajo la protección de un abrigo de humor e ironía, trenzado con cierto cinismo, Lucas Pereira nos relata con brevedad, con la palabra exacta, la historia de un fracaso superado. LA VIDA.

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