El poeta Pere Gimferrer. /Fotografía de Lisbeth Salas

Pere Gimferrer: “El amor es escenificación de la vida, como una obra de teatro o una película”

El poeta barcelonés vuelve al amor en 'Las llamas', un poemario en estado de gracia sobre este sentimiento, el tiempo y la muerte. Un libro en deuda con 'Candilejas', de Chaplin. Gimferrer lee un poema en vídeo para WMagazín

Vanamente se encuentran estos cuerpos en la noche escarpada,/
como los meteoros en la luz entrechocan:/
una borra borracha, plumajes de paloma, cojines desventrados,/
quedaría luego de lo que fue quemazón y fue braza, y extraños,/
como no conocidos en la liana del acto de tinieblas,/
otra vez quedarán los cometas errantes,/
y no se llamarán más por su nombre, aquel nombre/
que pronunció un instante la verdad de los cuerpos, cierta
verdad de espíritu,/
y esta fulminación, arrasada en sí misma, se parece al amor…/

Es el umbral del poemario de un poeta en estado de gracia. Un Pere Gimferrer siempre en la senda de la innovación con las raíces en el clasicismo y el aliento entre lo mítico y pasional.

Gimferrer lee este poema, El Roquedal, sentado junto a un gran ventanal que da a la calle con la luz madrileña amortiguada por un visillo blanco de media altura que deja el lado derecho de su cara luminoso y el izquierdo entre sombras.

Las llamas. Su título, lo dice todo. Veintidós poemas alrededor del amor, “el amor que nos hace perdurables más allá del tiempo”, repite el poeta. El amor que condensa el tiempo y la muerte, los otros dos temas del libro escritos en solo cinco meses, entre noviembre de 2016 y marzo de 2017, y editado en la colección Vandalia de Fundación José Manuel Lara.

El amor que ha vuelto al centro de su poesía luego de que en su anterior poemario, No en mis días (2016), la actualidad política española tocara sus versos de principio a fin con referencias cultas y críticas.

Ahora en Las llamas late la vida como representación, como una obra de teatro o una película, versos que son la escenificación de lo más sentido por el ser humano.

Y al juntar dos de sus pasiones, el amor y el cine, surge la pregunta de qué película de amor le ha gustado más a este poeta barcelonés de 73 años.

-Bueno, de amor… ¿solo de amor?

Pregunta el poeta detrás de sus gafas de marco grueso, mientras hace gala de su fama de la precisión no solo de la palabra sino de los conceptos sobre los que se expresa para saber, exactamente, qué terrenos pisar o en cuáles aventurarse. Ha sido así siempre desde que debutó en 1963 con Mensaje del Tetrarca, y dos años después con Arde el mar que lo puso en la órbita de los poetas contemporáneos más destacados del español. Aclarada la pregunta sobre su película favorita de amor amor, Gimferrer levanta un poco la barbilla y dice:

– Si hemos de considerar una película de amor, aunque de eso no estoy seguro que ahí hay amor, Candilejas, de Chaplin. Pero es una película de amor en parte; aunque en parte no trata solo de eso…

Pere Gimferrer lee uno de sus poemas de 'Las llamas', en la primavera de Madrid. /WMagazín

Gimferrer deja claro que el amor no es todo y que a su alrededor el mundo sigue, aunque el amor pueda estar en el centro y este modifique el mundo individual. Incluso en Romeo y Julieta, de Shakespeare, no todo es amor, pero de ellos nacen y mueren el resto de cosas de la vida que sigue su curso…

Romeo y Julieta es otra perspectiva. Pero no sé si Candilejas es una película de amor, en parte sí, pero no totalmente…

Bueno, hay una cosa clara en Chaplin, en sus memorias, autobiografías en realidad, cuenta que había fracasado por primera vez y última en su vida comercialmente con la película Monsieur Verdoux, de 1947,  que a él le gustaba pero que el público no la recibió muy bien…

Entonces, cuenta en sus memorias, que se dijo: “Tengo que hacer otra cosa para resarcirme de esto en lo económico y en la reacción del público que nunca me ha fallado hasta ahora”. A ver, y dice él en su autobiografía: “¿Qué es lo que todo el mundo querrá ver? Una historia de amor”. Ahora bien, aquí oculta un dato: tenía escrita una novela que era el embrión de Candilejas, que se ha publicado recientemente en inglés. Está solo publicada en inglés, no es igual que la película, pero hay muchas cosas buenas para la película…

Una biografía que Gimferrer ha leído y que le parece muy interesante y cree que lo sería aún más para quienes han visto la película.

-La idea de Chaplin era hacer algo que a la gente le interese. Monsieur Verdoux tenía un problema, era un personaje al mismo tiempo odioso y atrayente. Y se dijo: “¿Qué es lo que todo el mundo querrá ver? Pues una historia de amor”. En ese sentido, para él, Candilejas es una historia de amor, pero es también muchas más cosas con bastantes elementos. El último poema de este libro procede de Candilejas, claramente, se titula Telón:

“Los zíngaros del cielo de la noche
se desmaquillan en lo oscuro azul”.

Es muy importante en Candilejas el maquillaje, el camerino… La idea de que la gente quiere una historia de amor es exacta… También habla de la juventud, del paso del tiempo. Pero el cerrar con estos dos versos no fue algo premeditado, surgió mientras escribía.

Una estructura que poema tras poema va creando el puzle de amor-tiempo-muerte. Recuerdo, recuerdos presentes, vívidos, olvidados, silenciosos, pero, en cualquier caso, vivos en cada persona como cápsulas de tiempo, atentos a revivir y trastocar el tiempo.

-El poema tiene su propio mundo, su propio tiempo, y a la vez está fuera de él. La poesía es una emoción revivida en el recuerdo, decía Rilke. Y el amor es una prueba porque es lo que nos hace perdurables más allá del tiempo.

Es el amor como escenificación de la vida, como una obra de teatro o una película.

El poeta barcelonés Pere Gimferrer. /Fotografía de Lisbeth Salas

Las llamas recuerdan el amor, también, como salvación y refugio. Lo que hay entre la vida y la muerte, siendo, a su vez, vida y muerte. El amor como máscara y elemento clave en la escenificación de la vida y del juego de la vida, como lo expresa en THE JOLLY JOCKER:

“Como se nos derrumba el aire todo,
con qué fragor de vigas desgajadas
la polvorera del rufián de pólvora
se ríe cuando estalla el armazón.

En el derrumbamiento de la luz
hay un último rostro carmesí
que no se borrará con la estampida:
la careta de fuego del amor”.

Y Gimferrer despliega el juego del teatro como el gran telón con el cual cierra el poemario. Las llamas está lleno de una serie de palabras o términos que están muy presentes, o sus derivados, que son evidentemente llamas, fuego, árbol y naturaleza….

-La naturaleza, no nos engañemos, procede de la naturaleza que está en la poesía desde hace mucho… Es una naturaleza filtrada por su papel en la poesía…

No faltan la oscuridad y la luz.

-Bueno es muy barroco, la luz y la sombra.

“Con este aletear de luces tuertas”.

– Como el día… se entiende bien la intención. Lo importante es que al lector le guste y le suene bien lo que lee.

Sensaciones e imágenes, emociones e imágenes, sentimientos y recuerdos hechos de belleza, aunque nazcan del dolor y la incertidumbre. Y siempre presente en la obra de Gimferrer aunque al comienzo dude de cuándo fue consciente por primera vez de la belleza.

-¿Pero de qué belleza hablamos? Es que hay muchas bellezas. ¿Belleza del mundo natural?¿belleza física de personas? ¿belleza del arte?

Es muy difícil recordar eso… si me preguntas la primera vez…

Bueno quizá este tema, de un poema mío que trata de Venecia más desde los teatros. Sin embargo, antes de conocer Venecia, que conocí hacia el año 61, había visto también belleza en otros lugares, está el cine, la arquitectura, la pintura, la vida real… La belleza natural o el paisaje pertenecen a una categoría distinta…. El paisaje tiene un papel que no es de génesis de esa belleza que es más de contemplación. Es la belleza artística… En la belleza personal de las personas hay una intervención más activa… una cascada que el género humano haya suscitado.

Venecia sin duda, pero también en Valladolid un poco antes.

Académico de la Lengua y ganador de premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el reciente Federico García Lorca, Gimferrer habla de un libro que habla de la poesía y que, como es habitual es sus obras, hay referencias a grandes autores sin que sea explícito para el lector al incorporar las frases de manera natural creándoles un nuevo mundo.

Sentado junto al gran ventanal que deja uno de los lados de su cara más luminoso que el otro, Pere Gimferrer accede a leer un poema en vídeo. Dice que sí y pide la bolsa que traía donde tiene sus gafas de leer. Las saca y se las pone sobre las que tiene puestas… Pregunta cuál poema, y se decanta por el primero, El roquedal, y empieza a leer con su voz de palabras arrastradas:

“Vanamente se encuentran estos cuerpos en la noche escarpada,/
como los meteoros en la luz entrechocan:/
una borra borracha, plumajes de paloma, cojines desventrados,/
quedaría luego de lo que fue quemazón y fue braza, y extraños,/
como no conocidos en la liana del acto de tinieblas,/
otra vez quedarán los cometas errantes,/
y no se llamarán más por su nombre, aquel nombre/
que pronunció un instante la verdad de los cuerpos, cierta
verdad de espíritu,/
y esta fulminación, arrasada en sí misma, se parece al amor/
pero devuelve a extraños quienes extraños eran, y el amor/
transfigura al extraño en nunca más extraño, en la profundidad/
de los ojos dormidos, de par en par abiertos, en la revelación/
que es sombra de una resurrección:/
en la noche del sueño en vigilia, las estrellas ilícitas persisten”.

(17-XI-2016)

  • Las llamas. Pere Gimferrer. Epílogo de Aurora Egido. Fundación José Manuel Lara.

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