Philip Hoare (Inglaterra, 1958).

Philip Hoare: “Bowie fue la persona que me inventó, yo me definiría como su creación”

El autor de 'Leviatán o la ballena' cierra su trilogía con 'El alma del mar'. Es un autorretrato sobre sus héroes personales, literarios y artísticos y la manera como el mar ha influido en sus obras

Philip Hoare terminó de escribir su trilogía días antes de que su creador o gran inspirador muriera: David Bowie. Poco después de aquel oscuro 10 de enero de 2016, Hoare retomó el libro que ya se titulaba Rissing TideFallingStar para retocar algunas páginas y escribir el último capítulo: ELMARQUECESÓDERUGIR. Y al final de este, una frase de Shakespeare de La tempestad recuerda el destino circular: “Estamos hechos de la misma sustancia que los sueños; y un sueño cierra nuestra breve vida”.

Y Bowie murió cuarenta años después de que Hoare (Inglaterra, 1958) lo viera por primera vez en un concierto en Londres, en un antiguo auditorio que había sido una piscina, y le escuchara citar una frase de Próspero en La tempestad, de Shakespeare: “Me encuentro aquí en esta habitación contemplando el sol, ese material mágico del que están hecho los sueños”.

ELMARQUECESÓDERUGIR son solo ocho páginas convertidas en la última pieza de su cofre de los tesoros personales, literarios y soñados: El alma del mar (Ático de los libros). Un volumen en el cual funde sus dos libros anteriores, Leviatán o la ballena que le dio prestigio y El mar interior que confirmó su nombre.

A primera vista, todo alrededor del mar y las ballenas, pero son libros que van mucho más allá, es la naturaleza, es el asombro ante la belleza, es el enigma ante la relación entre ser humano y los animales, es el pensamiento navegando por la vida, preguntando por la existencia. Y si en los dos primeros libros hay obsesión, en El alma del mar, Philip Hoare reúne todo eso con un elemento enriquecido: el autorretrato de la pasión de un hombre por la literatura y cómo esta ha intentado reflejar y apresar la relación de las personas con el mar y su alma.

Hoare es su embajador y parece siempre en el borde de un muelle, incluso en una ciudad sin mar como Madrid. Con su camiseta marinera de rayas azules, no se sabe si este hombre delgado y fibroso de pequeños ojos celestes va o viene del mar…

“Yo me baño todos los días en el mar. Es algo que hago a lo largo de todo el año sin importar las condiciones meteorológicas. Si tuviera que definirla, para mí el agua es meditación, me permite llevar a cabo un encuentro con el mundo natural. No concibo la natación como un ejercicio, lo hago porque es una locura”.

Ha recorrido los mares conocidos, y se ha bañado casi en todos. Y lo hizo ya adulto, porque no aprendió a nadar hasta los 29 años. Quizás le dio la espalda al mar por haber nacido en una caravana muy cerca de sus rugidos. Prefirió meterse en la urbe, en el mundo más cosmopolita, perteneció al movimiento punk de Londres en los setenta, fue representante de músicos y llevó una vida de fiestas. Hasta que…

“Un día que estaba en una piscina de estilo eduardiano de Londres, una mujer de unos 80 años me enseñó a nadar. Era una mujer muy glamurosa que llevaba un gorro de plástico con aplicaciones de margaritas, parecía una actriz de los años 30. Era la década de los ochenta, yo estaba en el paro y, aunque había trabajado en la industria de la música, en ese momento no sabía lo que estaba haciendo con mi vida. Ya había empezado a escribir. Fue cuando en esa piscina la mujer me vio chapoteando y se apiadó de mí. Reconoció que necesitaba que alguien me guiase en el proceso de aprender a nadar y rompiese esa piel del océano en forma de piscina. Lo que hizo fue enseñarme a colocar la cara en el agua… y cambió mi vida por completo”.

Fue un destello en su vida. Sentir y vivir el agua, entrar en ella y compenetrarse. Una reinvención de su vida…

“El hecho de empezar a nandar en el mar fue como una especie de antídoto a ese momento decadente que vivía en Londres. Visitaba muchas discotecas, clubs nocturnos, iba a conciertos, tenía mi propia discográfica, era manager de diferentes grupos, coincidía con mucha gente del arte y la música, pero de alguna manera sentía que Londres ejercía una presión muy fuerte sobre mí y necesitaba liberarme. Entonces me fui a mi ciudad natal, Southampton, y empecé a nadar en el mar. A las tres de la mañana me dirigía al mar y me encontraba con mi antiguo yo, con ese Yo que volvía de fiesta con resaca y me saludaba a mí mismo cuando me disponía a meterme en el mar. El mar se convirtió en una nueva discoteca para mí”.

Fue cuando la lectura se convirtió en su gran compañía, y ya empezaba a escribir. Si Philip Hoare tuviera que elegir las obras que más lo influyeron de joven sin duda está la poesía de su querido Wilfred Owen, de quien habla en El alma del mar; también Cumbres borrascosas y Denton Welch

“Pero mi libro favorito es Moby Dick, de Herman Melville. Porque es muchas cosas al mismo tiempo, no solo un libro que habla de las ballenas o el mar, sino sobre el trascendentalismo, sobre la otredad, la opresión, la maldad, la belleza y la naturaleza, sobre el apocalipsis y la utopía”.

Pero antes que Melville estaba Bowie. El artista británico fue su inspiración, su guía, su salvador…

David Bowie fue la persona que me inventó, yo me definiría como su creación. Creo que muchas personas lo son de un modo u otro. Él me enseñó todo lo que sé sobre el arte, la cultura, el hecho de ser diferente. Y me enseñó también que ya podías venir de una ciudad aburrida como Southampton que tenías el derecho y capacidad de reinventarte a ti mismo. Cuando vi por primera vez a Bowie fue en 1976. Yo tenía 18 años. Fue en un auditorio que en 1934 había sido una piscina utilizada para los Juegos de la Commonwealth celebrados en Londres. Esa noche fue como si cantara solo para mí. Recuerdo las palabras con las que abrió el concierto, una cita de Próspero sacada de La tempestad, de Shakespeare: ‘Me encuentro aquí en esta habitación contemplando el sol, ese material mágico del que están hecho los sueños”.

Shakespeare como gran espoleador, Shakespeare como amigo y nunca como rival o enemigo, como el gran motivador…

“La obra de Shakespeare y Shakespeare en sí mismo son muy inclusivas; todo lo que aparece en la literatura se recoge en su obra. Él ya nos habla en esa época de la fluidez de género; la obra La tempestad es ciencia ficción en sí misma, es un mago y viaja en el tiempo. Muchos pensaban que Shakespeare era marinero por lo que contaba”.

Y así Philip Hoare junta en El alma del mar las sustancias esenciales que componen su vida, de Bowie, Shakespeare, Melville y el mar, siempre el mar. Todos presentes en su vida sin que él lo supiera. Hablaba con ellos y de ellos sin saber que hablaba de ellos y con ellos. Es el origen de su libro…

“Lo he desarrollado a lo largo de toda mi vida. Este libro en concreto empezó cuando tenía 14 años con ese Cuaderno azul que cito en las primeras páginas que me encuentro en mi casa y donde menciono todas esas historias. En ese cuaderno escribí sobre Bowie, sobre la ballena, sobre la ciencia ficción… Esos elementos que más tarde inspirarían mis obras y que se mueven como las aguas”.

Es a finales de los años ochenta cuando Philip Hoare decide organizar todo ese material y sus ideas, obsesiones y sueños…

“Intenté cambiar estos elementos a partir del libro que escribo sobre Stephen Tennant, un artista de los años veinte, que como Bowie fue también un starman. Luego con el descubrimiento del mar me reinventé a mí mismo y el producto de esa reinvención personal fue Leviatán o la ballena, que surgió tras otro encuentro trascendental y extraño, como el que viví con Bowie, pero al ver una ballena en el año 2000. El mar se erigió como una especie de ángel, emisario de las profundidades y me llevó a una confrontación espiritual y física, trascendental. A partir de ahí escribí sobre Melville y sobre las islas en el libro anterior, El mar interior, y eso me llevó a este El alma del mar”.

Una trilogía singular que son tres libros diferentes y uno solo a la vez. En el primero el centro es la ballena, en el segundo un viaje a través de diferentes islas y en este tercero mira a estos libros con retrospectiva así como a su infancia y sus fantasías…

“Intento explicar cómo he llegado hasta aquí, qué me llevó al movimiento punk en el que viví en los setenta y starman, hasta lo que es conocer y aprender a conocer el mar y su cultura. Y hablo de las personas a las que admiro, que han creado arte inspirados en el mar, sin olvidar la relación, a veces, trágica que se tiene con el mar.

Estos son mis héroes personales. Como decía la canción de Bowie, Héroes, ‘me gustaría nadar como un delfín’. Pero esa percepción y concepto de héroes es algo irónico en el título porque aparecen entre comillas, como si fuese una cita, y creo que tiene que ver con la ironía europea de sus héroes caídos”.

De ahí que el título que Hoare puso en inglés siempre fuera Rissing TideFallingStar, algo así como Pleamar y la estrella que cae del cielo…

“Cuando Bowie murió yo estaba en Estados Unidos editando el libro. Algunos me dijeron que el libro tenía como un deseo de muerte, ¡pero ni mucho menos! Recuerdo que cuando mi madre murió en mis brazos, en 2006, me dijo que cuando ella muriera iba a echar a nadar en el mar. Cuando murió reí, entendí que me había estado enseñando a prepararme para el momento de su muerte, aunque yo no sabía cómo iba a confrontarlo. Y lo que hice nada más falleció fue caminar hacia el mar y bañarme en él. Me di cuenta que eso, el mar, era lo que me había dejado como legado”.

Y vio las obras literarias donde vive el mar. Desde Homero y Shakespeare hasta Melville, Conrad, T. S. Eliot y tantos otros que Philip Hoare recuerda y homenajea en esta bitácora literaria repartida en capítulos que pueden ser leídos de manera individual, pero que en su conjunto forman una sola criatura, la vida como una cadena de pequeños anillos. Un libro de un autor cuya mirada cósmica conecta o relaciona pasajes, momentos, ideas, cuadros o canciones de todos los tiempos como un solo fluir de fuerza, inspiración y belleza…

“Recuerdo una frase de Virginia Woolf que decía que estaba convencida de que la gente en el futuro no sería capaz de creer que su obra estuviera inspirada en una imagen de una aleta distante en el océano. Es una imagen preciosa”.

Entonces Philip Hoare piensa qué es para él la belleza:

“Todo el mundo es bello en el mar. El mar cubre nuestros pecados. Dos veces al día viene la marea y dos veces al día se marcha otra vez… La marea, el mar, revela y cubre nuestros pecados y vuelve a crear ese mundo perfecto”.

Su mundo de El alma del mar lo cierra con estas palabras que recuerdan a sus héroes:

“Una estrella solitaria brilla en el cielo de la mañana. (…) La vetana es un espejo oscuro. Lo veo en esa pantalla negra, y en su rostro veo el mío, con un ancla dibujada en su empolvada mejilla como un marinero de Ámterdam. Siente que la energía me atraviesa como una descarga eléctrica ¿Qué hace falta para sentirse así de nuevo? La sensación de la seda sobre su piel. Tus ojos en el centro de todo. (…)

Canto en voz alta al océano y escribo su nombre en la arena. Las olas lo borran enseguida.

Dory permanece en pie allí mientras contempla la escena y yo me quito la ropa y nado, como un delfín, en el gélido mar”.

  • El alma del mar. Philip Hoare. Traducción de Joan Eloi Roca (Ático de los Libros).

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