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Así sueñan el libro del futuro nueve expertos y los lectores

Los desafíos del sector editorial son debatidos estos días en el III Forum Edita Barcelona. WMagazín pidió a varios profesionales que contaran cómo les gustaría que fuera el libro del mañana: del formato de papel a la obra sensorial sin límites...

Del libro tradicional perfeccionado a uno que contiene todos los libros en una experiencia sensorial

Cierre los ojos. Deje la mente en blanco… Ahora, imagine un libro en formato tradicional con su portada y páginas que contienen todos los libros. Es decir, una especie de vademécum con un índice de la bibliografía que usted elija (como hoy en los libros electrónicos). Una vez decide qué título leer, las páginas de ese libro se llenarán de la obra elegida y usted podrá leer pasando cada página como lo hace hoy en día y se ha hecho desde hace 569 años cuando Gutenberg publicó el Misal de Constanza. Solo que en este nuevo volumen las palabras impresas tienen vida propia porque a medida que usted va leyendo y construyendo la historia en su cabeza en su cerebro se activarán algunas sensaciones relacionadas con el olfato y el oído para una experiencia sensorial más real. Pero su cerebro, su imaginación, la de cada lector, seguirán siendo los dueños de la historia, los que completen y complementen lo escrito por un autor. Y, como toda la vida, cada libro tendrá tantas versiones como gente lo lea.

Es una versión más sofisticada del cuento El libro de arena de Borges enriquecido por el mundo digital.

Se trata de un prototipo del libro del futuro que es la suma de varios sueños y deseos de nueve profesionales y expertos presentes en el III Forum Edita Barcelona.

En un momento en que se está creando parte del futuro del nuevo mundo editorial y de la creación literaria, WMagazín pidió a nueve personas del Forum que cerraran los ojos y pensarán cómo les gustaría que fuera el libro del futuro. El libro que a ellos les gustaría tener. La décima pieza del rompecabezas será la propuesta-sueño de los lectores en la sección de comentarios.

Con el lema La energía de la innovación, el Forum reunió a una treintena de expertos entre el 4 y 6 de julio para debatir y analizar los retos y desafíos del sector. El primer día Markus Dohle, CEO de Penguin Random House, ya vaticinó que el futuro del libro como industria irá más por el lado del audiolibro que por el ebook.

Un día después, Ferrán Adriá, uno de los grandes innovadores, no solo de la gastronomía, sino también del mundo editorial con sus libros alrededor de su restaurante El Bulli, dio una charla magistral en la cual recordó que “la innovación tiene que abrir caminos”. Pero primero, aseguró, hay que hacer calidad y ser eficientes. “El gran problema de la sociedad es que no somos eficientes. ¿Por qué? Porque no estamos conectados. Y la gente solo quiere hacer lo suyo. Nadie hace el trabajo del otro o está habilitado para desarrollar funciones de otros departamentos en un momento dado”. Para Adriá, “el riesgo es la gran diferencia. Salirse del sistema”.

Antes, Luigi Spagnol, (vicepresidente del Gruppo editoriale Mauri Spagnol, Milà) dijo que los editores no innovan, “son los escritores quienes innovan”. Preguntada sobre esto, Almudena Grandes contó en su diálogo con Toni Iturbe: “Los escritores innovamos sin darnos cuenta. Innovamos en la medida en que creamos”.

Los siguientes son los libros que habitan los sueños de algunos expertos del sector. Este es un rompecabezas hecho de varios deseos:

Guillermo Schavelzon, agente literario de Schavelzon & Graham:

“Me gustaría que el libro del futuro fuera como el libro del pasado. Los libros multimedia son un derivado del libro tradicional. No es demanda del mercado, es una imposición de los editores”.

Diego Moreno, fundador y editor de Nórdica Libros:

“Me gustaría que fuese en papel, con materiales más cuidados y originales, encuadernaciones flexibles, duraderas y elegantes. Junto a esto habrá mejores ebooks, con integración de vídeo y audio, entrevistas con el autor, etcétera.  Y un mercado del audiolibro fuerte, con muchos suscriptores que harán las escuchas desde el móvil desde cualquier sitio en el que se encuentren”.

Pilar Blasco, CEO de Endemol Shine Iberia, productora de la serie anime Virtual Hero:

“Puede que vayamos hacia la experiencia total, que te envuelva literalmente en el universo sensorial que plantea el autor gracias a la tecnología de realidad aumentada y virtual y otras por desarrollar. No hay vuelta atrás. Todos los mundos estarán relacionados”.

Javier Celaya, director General de Storytel España y América Latina, y de sociofundador de Dosdoce.com:

“El libro de papel seguirá existiendo, pero estará acompañado de otros formatos donde el lector va a saltar de un lenguaje a otro, como en un videojuego que se lee. Una nueva narrativa con componentes sonoros. Lo que nace es una generación de creadores que entienden estos enlaces visuales y sonoros para contar historias sin las limitaciones actuales y va a poder hacerlo de múltiples formas en una narrativa transmedia. El audiolibro es una vía donde los libros se pueden convertir en ello pero también donde los autores empiezan a concebir historias expresamente para ese formato, para ser escuchadas.

En un momento donde son muchas las opciones de ocio y en la era Netflix que quita lectores el mundo editorial tendrá que inventar nuevas formas de leer. Porque así como los editores fueron capaces de atraer la atención de los lectores en la era analógica descubriendo a los autores de esa época, el reto para el sector editorial actual es apostar por la creación nuevas historias en múltiples formatos y lenguajes digitales que atraigan el interés de los lectores en pantallas.

La definición del libro en el siglo XXI es amplia, aunque haya editores y libreros aferrados a la definición tradicional y romántica de lo que es el libro. Ante la simple idea de redefinir el concepto que hoy tenemos de un libro, así como de la lectura, la mayoría indican que las nuevas narrativas digitales no pueden ser consideradas libros, y son vistas como apps o videojuegos. Sin embargo, para más gente, cada día son historias del siglo XXI contadas para lectores en pantallas del siglo XXI, independientemente de su edad. Estamos ante el nacimiento de la creación de un nuevo género”.

Arantza Larrauri, directora General de Libranda:

“Mi sueño sería que, -gracias a los avances tecnológicos que están por venir-, el libro del futuro permitiera a los lectores registrar, guardar de alguna forma a medida que avanzan en la lectura, esas imágenes, esos escenarios, esos personajes de los libros que cada lector recrea en su mente. Sería como una grabación de una película particular y propia que surge de la imaginación de cada lector.

Esas grabaciones estarían registradas en algún lugar al que poder acceder y en el cual sería posible adentrarse mediante una experiencia de inmersión, -tipo realidad virtual-, de forma que podríamos introducirnos visualmente en la historia que hemos leído y observar a los personajes y espacios tal y como los hemos recreado e imaginado en el acto de leer. Incluso podríamos (a través de la inteligencia artificial) hablar con dichos personajes, increparles y entender sus motivaciones.

Cada libro tendría tantas versiones imaginadas como lectores hay y sería divertido poder comparar la versión propia con la de otros amigos y conocidos”.

Ángel María Herrera, socio fundador de Leemur!:

“Vamos hacia un concepto de libro reflejo de la sociedad: plural, tolerante, diverso. Es decir, veo conviviendo el libro de papel con libros digitales, también híbridos y formatos a medio camino entre el juego, la lectura y lo audiovisual. Leemur muestra parte de ese camino, es la versión del libro de bolsillo y el relato breve de la sociedad actual”.

Joaquín Álvarez de Toledo, director General Editoriales Especializadas e Innovación de Grupo Planeta:

“El futuro de lo que hoy conocemos como libro va a seguir afrontando, de forma más acelerada en los próximos años, un constante cruce de caminos. Un cruce que visualizo como un MOSAICO donde las historias se formarán al juntar todas las piezas, y cada una de esas piezas tendrá mucho que ver con el mejor formato o combinaciones de formatos posibles para cada historia.

El desarrollo tecnológico, el cambio de hábitos en general de los lectores y de los canales de acceso a la lectura ya están provocando que el libro, entendido estrictamente como soporte papel, no sea el ideal para determinados contenidos.

En función del tipo de contenido (texto, fotografía, vídeo, audio y las combinaciones de estos)  y de la forma de acceso (lectura secuencial, sosegada, acceso esporádico, consulta puntual, consumo formativo, etcétera) los contenidos tomarán destinos muy diferentes: el tradicional formato en papel seguirá siendo sin duda alguna el mejor soporte y formato para un relato de ficción, de lectura secuencial y sosegada mientras que los nuevos soportes digitales (móviles, tablet, TV ) desarrollarán los contenidos transmedia donde la combinación de los distintos tipos de contenidos facilitará y potenciará nuevos usos en el consumo de contenidos. Estos nuevos soportes también permitirán desarrollar nuevas formas de creatividad a los autores, un nivel de interacción con sus lectores sin límites, la personalización de los contenidos y el desarrollo de nuevos modelos de negocio.

Quizás deberíamos empezar a repensar la denominación de “libro” no estrictamente como un soporte sino como un contenedor de historias y contenidos, en múltiples formatos (libro, audiolibro, libro digital… pero también “libropelícula”, “librovideojuego”, “libroguía”, “librocurso”, etcétera) apropiarnos de lo que “es nuestro” y seguir reconociendo los casi ya 600 años que nos acompaña, nos divierte, nos entretiene, nos recuerda, nos enseña y nos hace soñar”.

Maria Carme Ferrer Busquets, presidenta del Gremio de Libreros de Cataluña y dueña de la librería Empuries de Girona.

“Me imagino un libro en un papel nuevo, perfeccionado en sus acabados, dibujos, ilustraciones. Si es para niños tendrá dibujos sensacionales donde él pueda tocarlos y sentir lo que lee. En adultos imagino libros objeto de regalo para disfrutar más del placer de leer. En cualquier caso serán con una textura impermeable y ligera. Algo aún por descubrir y más sofisticado en la producción.

Luigi Spagnol, vicepresidente del Gruppo editoriale Mauri Spagnol:

“Me imagino una experiencia de hábito lector igual a la actual pero más ligera en el soporte. Lo más innovador que ha tenido el libro desde Gutenberg fue el formato de bolsillo de Penguin. Imagino un libro que se pueda leer sentado en una habitación como una experiencia perfecta que no necesito más. Lo más importante es que se mantenga la remuneración del autor”.

Ahora, cierre los ojos, sueñe su libro del futuro. Y comparta con nosotros su sueño en la sección de comentarios:

 

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4 comentarios

  1. El libro moderno debe complementar la lectura, pero no reemplazarla. Con posibilidades de construir la línea del tiempo de lo que se narra a medida que se avanza y poder regresar al acontecimiento que sea dentro del libro, sólo con señalar en esa guía. Esa guía debe incluir personajes y lugares que van apareciendo, con sus imágenes (que el lector pueda activar o desactivar según su gusto). También podría permitir escuchar la música o sentir los olores que describe el autor, o ver planos con los recorridos de personajes. Y podría complementarse con un apartado entrevistas en que el autor explique los orígenes del libro y sus influencias

  2. Yo creo que los libros impresos deben fusionarse con los digitales, dando tanto un soporte en papel como digital, intercalando páginas donde el lector encuentre imágenes vivas, en movimiento y de acuerdo al capítulo de la novela que está leyendo. Por ejemplo, en una narración donde la acción transcurre en varios lugares reales (o no) se puede ver una imagen digital de esa escena, o darle al lector la posibilidad de elegir entre varias imágenes o incluso que la construya él mismo. También si la historia incluyera algún viaje o derrotero de los personajes, incluir un mapa interactivo o varios mapas que vayan demarcando el trayecto de los personajes, incluyendo en este enlaces de puntos de interés para incluir imágenes mas concretas.

  3. Para mí, el libro del futuro será una combinación entre la variedad de los formatos antiguos y la potencial diversidad de los nuevos, materializados en soportes, muchas veces, independientes de otros y, otras veces, incrustados en otros; unas veces, tan compactos que será inexplicable pensar que allí pueda existir una historia de tal magnitud y, otras veces, tan grandes como una enciclopedia en edición de lujo o, incluso, tan grandes como un museo. En este sentido, el formato codex evolucionará gracias a la tecnología y a las necesidades y requerimientos del entorno. Quizás no las contemos ahora entre nuestras posibilidades, pero la intangibilidad y el poder multidisciplinar de la imagen impere hasta tal punto que solo requiramos de una interfase para adentrarnos a una biblioteca holográfica de títulos que incorporan palabras tridimensionales, voces de distintos narradores, gráficas y tablas hipervinculadas, personajes de IA, bandas sonoras inéditas y videos en realidad virtual en donde el lector sea el autor y el protagonista. Los nuevos soportes tecnológicos tendrán mucho que ver con este cambio y la calidad de contenido que se empiece a derivar de ellos. Nos adentramos en un laberinto propuesto ya hace tiempo por las letras. La pregunta es hasta qué punto toda esta experiencia total rescatará la lectura como acto. Probablemente, no tengamos ya tiempo de leer una tras otra palabra, sino que hayamos desarrollado la capacidad propia de los invidentes de escuchar a velocidades inimaginadas, mientras llevamos a cabo otro montón de cosas más en el aire. Todo lo anterior, por fortuna o infortunadamente, no lo sé, hará de la elaboración de un libro un proceso mucho más complicado de lo que es. Si la tecnología pertinente para leer este tipo de literatura ha sido masivamente democratizada y la gente en general se habitúa a estos cambios, todos accederemos a este tipo de información de manera relativamente homogénea; si no, habrá cada vez más una brecha entre aquellos que sí tienen la posibilidad de experimentar esta literatura y la gente que queda por fuera de ese nuevo ejercicio lector. Ahora bien, habría que pensar en el número de personas que estarían capacitadas para crear este tipo de contenidos, sin duda alguna, más demandantes. Tal vez una solo persona no sería suficiente y aquella que llegara a lograrlo casi por sí misma sería tildada de «genio». A este punto llegaremos muy seguramente gracias a creadores que se salgan del sistema y se arriesguen a experimentar con historias armadas de otras formas y soportadas en tecnologías más inusuales. Digo creadores porque el cambio quizás no provenga del gremio de escritores. Siento que la mayoría de ellos son demasiado conservadores. Les gusta tanto ser leídos por masas que buscan siempre el lugar común. Por obvias razones, en general, nos contentamos con dominar suficientemente la lengua y entramar magistralmente los personajes, porque ya con estas dos exigencias es más que suficiente. Y después de todo este esfuerzo por lograrlo, el riesgo de experimentar, lo cual implica considerar muchos más factores, es que al final no vayan a ser adquiridas masivamente esas historias y, por consiguiente, no vayan a ser leídas por multitudes. Eso es lo que siento que se cree en el ecosistema editorial. No hay geografía donde no quepa el lenguaje en sus múltiples interpretaciones, pero el talento y el presupuesto no alcanzan para llegar tan lejos ni a tantos lugares. Por tal razón, el medio editorial se atiene a lo que ya conoce y se conforma bien con ello. La conspiración de la bombilla también se aplica a la industria editorial. Ya deberíamos estar haciendo libros en papel piedra y en otros materiales incorruptibles, pero por negocio no nos conviene. Por otra parte, el autor debe ceder finalmente gran parte de su protagonismo al lector-espectador, quien tendrá la libertad de pasearse por la historia tal como le place hacerlo en la realidad. Orientado hacia este perfil, si han habido novelas largas en la historia, el mundo de la nueva narrativa será casi ilimitado, tanto así que el lector-espectador tendrá la posibilidad de saltar o postergar las partes que no quiere conocer aún. Sus experiencias de inmersión serían extensivas a más personajes aparte del protagonista. Muchos nos responderían cuando les habláramos o escribiéramos. Incluso, por qué no, tener la posibilidad de mantener una relación permanente con cualquiera de ellos. Así se construirían las diversas versiones de una misma historia a destiempo, según el gusto y ritmo del lector participante. Alguien habló de poder construir la línea de tiempo narrativo a su antojo. Otro pudo haber hablado de entrelazar relatos nuevos y viejos: hipertextos con otros relatos que expandan el mundo literario… Es interesante y hasta gracioso ver cómo dirigimos nuestros esfuerzos a lograr que nuestras creaciones logren una experiencia más real que la misma realidad. Le damos mucho poder a la ilusión. ¿Será nuestro anhelo siempre latente a la magia? Atención que en esta cesta del autor no solamente cabe el lector como creador, sino el poder creador de la IA, que ya ha demostrado escribir tan bien como los humanos y ha dado muestras de poder pasar por nosotros e incluso poder reemplazarnos. Su papel como lector y autor sin duda tendrá la debida trascendencia. Este es el libro de mi futuro, que en verdad no está tan lejano. ¿No les parece?

    1. Hola, Sandro. Muy interesante tu exposición sobre cómo imaginas el libro del futuro. Desde luego esta es una nueva época. Gracias por leernos y ayudarnos a difundir WMagazin.com Un saludo

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