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Barcelona recordada y vivida a través de novelas emblemáticas y lejos de los disturbios

Rendimos homenaje a la capital de Cataluña que afronta agravios inmerecidos derivados de algunas manifestaciones. Los invitamos a un paseo por la Barcelona protagonista de obras de autores como Pla, Rodoreda, Laforet, Marsé, Mendoza...

Barcelona es una ciudad con una admirable tradición cultural y esencial para el mundo de la literatura y la industria editorial en español, de esto último es su capital. Una ciudad amada, a la que debemos mucho y siempre deseamos lo mejor.

En días de manifestaciones allí contra una sentencia del Tribunal Supremo de España, que condenó a varios líderes afines a la independencia de Cataluña por el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017, que han derivado en graves disturbios han mostrado una ciudad desconocida y afectada físicamente y en su mejor imagen. WMagazín rinde homenaje a esta gran ciudad a través de una antología que conjuga lo mejor de la ciudad y de sus escritores. Hemos elegido novelas en las que Barcelona es protagonista o coprotagonista. Una manera de acercarnos y solidarizarnos a través de pasajes de obras de Josep Pla, Mercè Rodoreda, Carmen Laforet, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Carlos Ruiz Zafón, Jaume Cabré…

Por no hablar de la gran fiesta del libro que es Sant Jordi cada 23 de abril. Una expresión de agradecimiento hacia la ciudad como ya hicieron veinte escritores en WMagazín tras los atentados terroristas del 17 de agosto de 2017 en Las Ramblas. Puedes ver el artículo en este enlace.

Al final de las recomendaciones, hemos dejado un apartado a uno de los libros de referencia en cuanto a la historia de la cultura catalana en español escrito por Sergio Vila-Sanjuán: Otra Cataluña. Seis siglos de cultura catalana en castellano. Una obra fundamental para conocer el espíritu de Cataluña y cómo su cultura y literatura y mundo editorial ocupan el lugar relevante que hoy tiene. Una comunidad bilingüe, multicultural y abierta en la que Barcelona juega un papel esencial tanto por convertirse desde hace seis siglos en centro de la edición de libros como por sus autores, además de ser escenario de obras en todos los géneros. (Puedes ver la entrevista a Vila-Sanjuán por ese libro en este enlace).

Mientras todo vuelve a la normalidad, te invitamos a pasear, recordar y sentir a Barcelona en las palabras de algunos de sus mejores escritores:

'La ciudad de los prodigios', de Eduardo Mendoza

“El año en que Onofre Bouvila llegó a Barcelona la ciudad estaba en plena fiebre de renovación. Esta ciudad está situada en el valle que dejan las montañas de la cadena costera al retirarse un poco hacia el interior, entre Malgrat y Garraf, que de este modo forman una especie de anfiteatro. Allí el clima es templado y sin altibajos: los cielos suelen ser claros y luminosos; las nubes, pocas, y aun éstas blancas; la presión atmosférica es estable; la lluvia, escasa, pero traicionera y torrencial a veces”.

'La plaza del diamante', de Mercè Rodoreda

«Le dije que no me podía mover porque un joven que buscaba la ame-ricana y que estaba empeñado en bailar conmigo me había dicho que le esperase. Y la Julieta me dijo, baila, baila… Y hacía calor. Los chiquillos tiraban cohetes y petardos por las esquinas. En el suelo había pipas de sandía y por los rincones cáscaras de sandía y botellas vacías de cerveza y por las azoteas también encendían cohetes. Y por los balcones. Veía caras relucientes de sudor y muchachos que se pasaban el pañuelo por la cara. Los músicos tocaban, contentos. Todo como en un decorado. Y el pasodoble. Me encontré yendo arriba y abajo y, como si viniese de lejos estando tan cerca, oí la voz de aquel muchacho que me decía, ¿ve usted como sí sabe bailar? Y sentía un olor de sudor fuerte y un olor de agua de colonia evaporada. Y los ojos de mono brillando al ras de los míos y a cada lado de la cara la medallita de la oreja. La cinta de goma clavada en la cintura y mi madre muerta y sin poder aconse-jarme, porque le dije a aquel muchacho que mi novio hacía de cocinero en el Colón y se rió y me dijo que le compadecía mucho porque dentro de un año yo se-ría su señora y su reina. Y que bailaríamos el ramo en la plaza del Diamante.

Mi reina, dijo.

Y dijo que me había dicho que dentro de un año sería su señora y que yo ni le había mirado, y le miré y entonces dijo, no me mire así, porque tendrán que le-vantarme del suelo y fue cuando le dije que tenía ojos de mono y venga a reír. La cinta en la cintura parecía un cuchillo y los músicos, ¡tararí!, ¡tararí! Y la Julieta no aparecía por ninguna parte. Desaparecida. Y yo sola con aquellos ojos delante, que no me dejaban. Y la noche avanzaba con el carro de las estrellas y la fiesta avanzaba y el ramo y la muchacha del ramo, toda azul, girando y girando…».

'La sombra del viento', de Carlos Ruiz Zafón

“Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no existían. Aquélla fue la primera vez en que me di cuenta de que mi padre envejecía y de que sus ojos, ojos de niebla y de pérdida, siempre miraban atrás. Se incorporó y descorrió las cortinas para dejar entrar la tibia luz del alba.
– Anda, Daniel, vístete. Quiero enseñarte algo -dijo.
– ¿Ahora? ¿A las cinco de la mañana?
– Hay cosas que sólo pueden verse entre tinieblas -insinuó mi padre blandiendo una sonrisa enigmática que probablemente había tomado prestada de algún tomo de Alejandro Dumas.

Las calles aún languidecían entre neblinas y serenos cuando salimos al portal. Las farolas de las Ramblas dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se desprendía de su disfraz de acuarela. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul. Seguí a mi padre a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y cornisas en soplos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo.

Finalmente, mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado de un palacio, o un museo de ecos y sombras”.

'Los mares del sur', de Manuel Vázquez Montalbán

“Stuart Pedrell pasó en esa habitación las noches de un largo año. Le bastaba recorrer unos kilómetros para recuperar todo lo que había sido durante cincuenta años y en cambio permaneció en aquella oscuridad, noche tras noche, interpretando el papel de un Gauguin manipulado por un autor fanático del realismo socialista, un autor cabrón dispuesto a castigarlo por todos los pecados de clase dominante que había cometido. Y ese autor era él mismo. Incapaz de sacar el lenguaje de sí, él mismo se había convertido en lenguaje. Vivía la novela que no podía escribir o la película que no podía dirigir. Pero ¿para qué público? ¿Quién tenía que aplaudir o silbar al final de la interpretación? Él mismo. (…)

-Vámonos.
-Yo no me canso de mover el esqueleto.
-Vamos a moverlo de otra manera.
Loli amontonó sus mofletes para sonreír y sopló hacia arriba removiendo el flequillo a lo Olivia Newton-John. -Estás caliente.
-Hoy toca, chachi.
El Bocanegra se puso en pie sobre sus piernas arqueadas. La bóveda galáctica del local formaba un arco de fluorescencias sobre su cabeza. Se subió los pantalones y anduvo con las piernas locas en dirección a la barra. Los camareros servían milagrosamente a tientas. Bultos amontonados sobre la barra se definían de pronto como parejas desperezadas, salientes de un nudo de brazos y lenguas. El Bocanegra pegó un puñetazo suave sobre un bulto”.

'Nada', de Carmen Laforet

“Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie. Era la primera vez que viajaba sola, pero no estaba asustada; por el contrario, me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche. La sangre, después del viaje largo y cansado, me empezaba a circular en las piernas entumecidas y con una sonrisa de asombro miraba la gran estación de Francia y los grupos que se formaban entre las personas que estaban aguardando el expreso y los que llegábamos con tres horas de retraso”.

  • Nada. Carmen Laforet (Destino).

'Últimas tardes con Teresa', de Juan Marsé

«Hay apodos que ilustran no solamente una manera de vivir, sino también la naturaleza social del mundo en que uno vive.

La noche del 23 de junio de 1956, verbena de San Juan, el llamado Pijoaparte surgió de las sombras de su barrio vestido con un flamante traje de verano color canela; bajó caminando por la carretera del Carmelo hasta la plaza Sanllehy, saltó sobre la primera motocicleta que vio estacionada y que ofrecía ciertas garantías de impunidad (no para robarla, esta vez, sino simplemente para servirse de ella y abandonarla cuando ya no la necesitara) y se lanzó a toda velocidad por las calles hacia Montjuich. Su intención, esa noche, era ir al Pueblo Español, a cuya verbena acudían extranjeras, pero a mitad de camino cambió repentinamente de idea y se dirigió hacia la barriada de San Gervasio. Con el motor en ralentí, respirando la fragante noche de junio cargada de vagas promesas, recorrió calles desiertas, flanqueadas de verjas y jardines, hasta que decidió abandonar la motocicleta y fumar un cigarrillo recostado en el guardabarros de un formidable coche sport parado frente a una torre. En el metal rutilante de la carrocería, sobre un espejismo de luces deslizantes, se reflejó su rostro melancólico y adusto, de mirada grave y piel cetrina, mientras la suave música de un fox acariciaba su imaginación; enfrente, en un jardín particular adornado con farolillos y guirnaldas de papel, se celebraba una verbena».

'Un señor de Barcelona', de Josep Pla

«He de anunciarle a usted, porque hasta ahora no había tenido ocasión de decírselo, que hace muchos años que le conozco de vista. Cuando en 1917, estudiando yo el quinto curso en la Facultad de Derecho me hicieron socio transeúnte del Ateneo Barcelonés, me crucé algunas veces con usted en las escaleras de la docta corporación. Descendía usted los peldaños con su amigo Font Torner.

Era al atardecer. La pareja que hacían ustedes era un dibujo de Toulouse-Lautrec.

Usted, tan alto y espigado, con el sombrero de fieltro gris y la cinta azul, su gran cuello de pajarita y la corbata inglesa, su fuerte terno marrón y en su cara este juego de luces y de sombras, a veces angélicas, de pronto volterianas, a veces cáusticas y luego bondadosas, siempre profundamente humanas. A su derecha marchaba Font Torner, irrisorio y pequeño, con el último macfarlán de Barcelona, con su corbatita y su sombrerito, su ojo de vidrio y su cara entre morosa y sarcástica.

Luego, muchos años después, cansado de haber andado yo la Ceca y la Meca por Europa, fui presentado a usted en su tertulia del Colón por don Amadeo Vives, que engloria esté. Debía ser el año 1932. La tertulia era un poco crepuscular. Sus asistentes parecían un poco fatigados. Tenían aquel punto de fatiga que se tiene en Barcelona a las nueve menos cuarto de la noche. Pero usted estaba igual. Se hablaba de mujeres».

  • Un señor de Barcelona. Josep Pla (Destino).

Otros libros sobre Barcelona

La catedral del mar, de Ildefonso Falcones (Grijalbo).

Taxi, de Carlos Zanón (Salamandra).

La noche fenomenal, de Javier Pérez Andújar (Anagrama).

Lectura fácil, de Cristina Morales (Anagrama).

Yo confieso, de Jaume Cabré (Destino).

No voy a pedir a nadie que me crea, de Juan Pablo Villalobos (Anagrama).

Listas, guapas, limpias, de Anna Pacheco (Caballo de Troya).

Antes del huracán, de Kiko Amat (Anagrama).

Aquí solo regalan perejil, de Luis Luan Maldonado (Alfaguara).

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de Pablo Tusset (Lengua de Trapo).

'Otra Cataluña. Seis siglos de cultura catala en castellano', de Sergio Vila-Sanjuán

Un libro muy interesante sobre la cultura y la literatura catalana es Otra Cataluña. Seis siglos de cultura catala en castellano, de Sergio Vila-Sanjuán. La obra recuerda que esta comunidad ha sido modelada, en parte, por la lengua española y su industria editorial. El libro invita al diálogo y reivindica la tradición bilingüe y multicultural de Cataluña que más que una amenaza es un aliado.

En una entrevista a WMagazín, Vila-Sanjuán dijo por ejemplo:

«El nacionalismo catalán no ha sabido qué hacer con esta tradición editorial y cultural en castellano que yo explico en mi libro. Para una parte importante, no toda, pero una parte importante, sobre todo una época de Jordi Pujol, la línea cultural castellana o española la veían muy defensivamente. Consideraban y temían que al ser tan potente el castellano se comería al catalán, cosa que no ha sido cierto porque a lo largo de los siglos han convivido. Entonces en la política nacionalista de los últimos cuarenta años han dicho: “Vamos a potenciar mucho, vamos a defender toda la cultura en catalán, y la otra vamos a hacer ver como si no existiera”. Lo que pasa es que seguía existiendo, pero no la han potenciado. Y no la han potenciado porque les inquietaba y porque una parte del nacionalismo consideraba que Cataluña para renacer y reafirmarse tenía que aspirar a que todo fuera homogéneo en lengua catalana. Esto ha sido un objetivo que se contradice con la propia historia de la cultura catalana que es una cultura bilingüe. Es una paradoja que hay que resolver en los próximos años y que ahora ha aflorado con el tema del proceso de independencia. Hay un debate cultural pendiente y en algún momento habrá que hacerlo. Yo he escrito este libro para favorecer el diálogo, para aportar toda una línea de documentación que la gente no conoce del todo». (…)

«En Barcelona, a partir de 1550, su primera producción editorial es en castellano, la segunda en latín y la tercera en catalán. El catalán ha ido subiendo, actualmente ocupa el 24% de la producción que está muy bien. Barcelona tiene que tener esta riqueza bilingüe, pero, evidentemente, la industria cultural que genera la edición para Barcelona la hace líder en un terreno que además nos interesa. Desde el punto de vista de la convivencia, Barcelona ha sido una ciudad muy latinoamericana. Para mí es autobiográfico. Para mí la dimensión cultural de Latinoamérica es muy importante».

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