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La escritora Cristina Morales. (Fotografía de Laura Rubiot

Batalla contra lo establecido y respaldo al deseo en ‘Lectura fácil’, de Cristina Morales

El Premio Herralde de Novela a la joven escritora española da voz a cuatro mujeres con "discapacidad intelectual" para señalar problemas, injusticias y prejuicios enquistados que nadie quiere reconocer. WMagazín avanza un pasaje

Presentación WMagazín …Y llega una de las novelas más esperadas de fin de año: Lectura fácil, de Cristina Morales (Granada, España, 1985), ganadora del 36º Premio Herralde de Novela que edita Anagrama, en librerías a partir de este 5 de diciembre. Esperada por los comentarios elogiosos y que apuntan a su riesgo recibidos antes de su publicación y por tratarse de una escritora de 33 años, pero que desde los 23 está dando qué hablar cuando publicó La merienda de las niñas; luego siguieron Los combatientes, Malas palabras y Terroristas modernos.

WMagazín avanza un pasaje de la novela. La de una voz que va del pensamiento y los sentidos a sus manos que teclean. Una voz sin filtro rebosante de sinceridad frente al mundo presente. Un caudal de reflexiones e ideas alrededor de temas de interés y a su vez en la periferia. Cristina Morales logra dar desibelios a lo escrito. No callar es la consigna de la voz narradora. El título de la novela, Lectura fácil, tiene su origen en un método literario de los años sesenta para acercar a los discapacitados intelectuales los clásicos de la literatura y a los lectores con dificultades de comprensión lectora.

En la novela de Morales hay cuatro mujeres: Nati, Patri, Marga y Àngels. Y esas cuatro mujeres dan sentido al título porque tienen diferentes grados de discapacidad intelectual. Eso les permite señalar, hablar, contar y opinar sobre lo que piensan, sienten y hacen sin tapujos y para ser entendidas por todos, aunque lo que digan incomode o no guste a la gente, pero que es lo que muchos no se atreva a expresar públicamente. Una especie de escritura automática, limpia y sin prejuicios, pero calculada en la estructura de Morales para tener el efecto expansivo y transparente emparentado ocn la rebeldía.

“Esa diversidad funcional de lo que antes se llamaba el loco o el tonto del pueblo me parece de una gran potencia; (…) me interesa esa gran potencia crítica que hay en los márgenes de los márgenes; y confrontar la retóricas institucional con la del supuesto analfabeto”, ha dicho la escritora. “Existe muy poca tradición literaria del idiota o el tonto del pueblo. Quería acercarme literariamente a estos personajes denostados porque están al margen, porque creo que hay una potencia crítica en los márgenes”. Lectura fácil incluye un fanzine feminista, las actas de una asamblea libertaria, las declaraciones ante un juzgado que pretende esterilizar forzosamente a una de las protagonistas, la novela autobiográfica que escribe una de ellas con la técnica de la Lectura Fácil.

El escenario: “la Barcelona opresiva y bastarda: la ciudad de las okupas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, los ateneos anarquistas y el arte políticamente correcto”. La editorial la define el libro como “un campo de batalla: contra el heteropatriarcado monógamo y blanco, contra la retórica institucional y capitalista, contra el activismo que usa los ropajes de ‘lo alternativo’ para apuntalar el statu quo. Pero es también una novela que celebra el cuerpo y la sexualidad, el deseo de y entre las mujeres, la dignidad de quien es señalada con el estigma de la discapacidad y la capacidad transgresora y revolucionaria del lenguaje. Es sobre todo un retrato –visceral, vibrante, combativo y feminista– de la sociedad contemporánea con la ciudad de Barcelona como escenario”. El jurado que eligió este Herralde de Novela  fue: Rafael Arias, Gonzalo Pontón Gijón, Marta Sanz, Jesús Trueba, Juan Pablo Villalobos y la editora Silvia Sesé.

Quedan en compañía de Cristina Morales y su Lectura fácil:

'Lectura fácil'

Por Cristina Morales

Un porté que, improvisado, sale bien, es lo más parecido a un beso sorpresa. Un beso sorpresa deseado. Se puede decir porté o porte. En clase se suele decir en español cuando va en plural: hacer portes. En singular se suele decir en francés, o sea, hacer un porté. También hay  profesores españoles que lo llaman cogida: vamos a hacer cogidas, qué buena cogida, cuidado al salir de esas cogidas difíciles. Esta última denominación me parece la idónea debido a su connotación sexual, porque efectivamente los portes son besos más o menos largos, más o menos saboreados, con o sin choque de dientes, y me gusta pensar que los bailarines españoles que dicen hacer cogidas en sus clases de danza lo hacen a sabiendas de que una cogida es un polvo latinoamericano, queriendo así inocular lubricidad entre sus alumnos, pero tras diez años bailando puedo asegurar que ningún bailarín español dice cogida por esos motivos, sino simplemente porque “porte” o “porté” le suena a rancio ballet clásico. Los bailarines latinoamericanos no dicen cogida ya los maten, con lo fácil que lo tendrían. Tristemente, el de la danza es un oficio muy conservador.

Eso fue lo que respondí cuando me preguntaron qué era un porté en la reunión de autogestores a la que van Patricia y Ángela todos los martes y a la que me llevaron obligada, pero lo hice por Marga, que es una artista y les ha metido el dildo doblado a todas. Marga se ha librado del coñazo de los autogestores porque ya está oficialmente deprimida. Llevaba semanas luchando por el diagnóstico de la psiquiatra y al fin lo consiguió ayer, en contra de los informes de la psicóloga y de la educadora social que decían que lo que le pasaba a Marga es que era muy calurosa, que este verano estaba siendo muy sofocante y que eso estaba aumentando la frecuencia de sus episodios exhibicionistas, de los que la gente o se ríe o sale despavorida o llama a la guardia urbana, y que en contadísimas ocasiones acaban en encuentro sexual, que es el objetivo masivo de Marga y cuya no consecución la tiene encerrada en su habitación masturbándose con todo lo que pilla.

La terapia que proponían la psicóloga Laia Buedo y la educadora social Susana Gómez era, por supuesto, el lavado de su coño y su cerebro bajo las siguientes consignas: aumentar la frecuencia de su asistencia a las actividades sociales y de ocio organizadas por las RUDIS a nivel local y provincial, entre ellas la reunión de autogestores de los martes por incluir sesiones de educación sexual y reproductiva, con el fin de propiciar la interacción de Marga con personas de su edad y de su entorno y favorecer el establecimiento de una relación íntima saludable con un compañero o compañera.

Para la felicidad de mi prima y el avasallamiento de ese fascismo terapéutico, el tratamiento que proponía y finalmente impuso el fascismo médico, o sea la psiquiatra, fue un comprimido de Tripteridol cada doce horas durante dos meses y no obligar a Marga a hacer nada que, habiendo ya obrado su efecto domador el fármaco, no quisiera hacer.

Y como la educadora social hizo un mohín el otro día al verme llegar a casa a las diez de la mañana en mitad de su explicación de cómo untar en el pan la mantequilla, y como Patricia y Ángela comen pollas con tal de que no las saquen del piso tutelado, ahora ni se separan de mí ni le pían a Marga, que por lo demás se toma el Tripteridol cuando se lo pide el cuerpo, y las tres horas que estamos fuera entre que llegamos a la reunión de autogestores, la reunión se celebra y nos volvemos, Marga se baja a la calle, se sube a quien quiere a casa y se lo folla tranquilamente (más tranquilamente que de costumbre si va colocada de Tripteridol) y si no hay suerte o ganas se masturba enfrente del espejo del salón y gime como una cerda en el matadero. Puede masturbarse con lo que pille, pero tan sensible es el clítoris de mi prima y tan sofisticada su técnica que es capaz de masturbarse sin manos y sin ningún objeto. Le basta con ponerse a cuatro patas y mover la pelvis para que el roce de las costuras le dé gusto, y hasta puede hacer eso mismo sin que le roce nada y estimularse genitalmente con el mero movimiento. Esto último se lo enseñé yo: es un ejercicio de calentamiento que se hace en las clases de danza. Sirve para desbloquear todos los músculos y articulaciones que hay más allá de las caderas. No se trata de estirarse como un gato; si haces eso pierdes el foco del placer y sudas en vano. De lo que se trata es de ubicar mentalmente, siquiera de forma aproximada, tus caderas, tu bajo vientre, tu pubis, los labios externos de tu vulva, tu periné, tu coxis, tus isquiones, tu ano. Nivel superior es ubicar los labios internos, la vagina, el recto. Ubicas mentalmente todo eso y te clavas a cuatro patas. Clavarse quiere decir que tus brazos, tus piernas y tu espalda son como las cuatro patas y la superficie de una mesa. En este ejercicio consideramos que la superficie de la mesa empieza donde te quedaría el elástico de unas bragas altas y termina en la coronilla, o sea que el cuello debe estar alineado de tal manera que tu mirada caiga exactamente en el espacio de suelo que queda entre tus manos. La posición del cuello es fundamental. Si en vez de caer la mirada ahí cae más atrás y lo que te miras son las piernas, o cae más adelante y lo que miras es la pared, el ejercicio deja de ser una masturbación y se convierte en un mero calentamiento tendente a evitar la lumbalgia.

Una vez convertida en mesa, debes transformarte en una mesa con motor, pero un motor que no sirve para desplazarte en el espacio sino internamente; o en una mesa sobre la que reposa una adivinatoria bola de cristal dentro de la que relampaguean los vectores del futuro: tu motor interno o tu bola de cristal es tu sistema masturbatorio previamente identificado. Debes amasarlo en el aire y con el aire, y amasar el aire con él, moviéndolo adelante y atrás, en círculos, en semicírculos, con rebotes o sin ellos, más lento o más deprisa, según te vaya pidiendo el cuerpo, y no falla. Es una estimulación de baja intensidad pero inusitadamente estable en el tiempo. Te tiras así diez minutos y diez minutos que dura la caricia a lo largo de la raja del coño. Yo no me he corrido haciéndolo, pero se me queda el clítoris afilado y ardiendo como si lo hubiera pasado por una piedra de afilar cuchillos.

Rompo la posición de mesa para masturbarme clásicamente y en tres segundos estoy lista.

Había empezado a contar eso en la reunión de autogestores porque era la invitada bailarina. Me preguntaron por mis clases y yo empecé por el principio, por el calentamiento, por las últimas tendencias en la danza contemporánea que incluyen también la activación de los genitales, pero cuando pronuncié la palabra vagina pasó lo que fascistamente  tenía que pasar. Patricia me interrumpió y me toreó un cambio de tema. Clic de las compuertas y luces led rojas atravesándolas con el mensaje SI NO QUERÍAS QUE HABLARA PARA QUÉ MEHAS TRAÍDO, COMEPOLLAS DE FUNCIONARIAS PRECARIAS.

Pero mi hermana, aparte de facha ocasional, está cegata perdida y no ve ni las letras de neón. Esto de las luces led es figurado, mis compuertas no tienen luces. Lo que quiero decir es que como Patricia es tan miope y como no la tenía sentada cerca, no se daba cuenta de que las compuertas habían hecho clic, no se daba cuenta de que el mensaje figurado en leds se iba a convertir en mensaje literal en mi boca. Ni es mi culpa que ella no vea un pimiento ni son mi culpa sus ramalazos fachas, o sea que se merecía el por qué me invitas a hablar si solo quieres que le haga eco a tu mierda de discurso que ni siquiera es tuyo, y sin embargo cedí. Me dio pena Patricia representando el papelón buenista delante de la payasa sin gracia que es la persona de apoyo de los autogestores, quien debía moderar, o sea reconducir, o sea censurar determinados derroteros que pudiera tomar la reunión, pero cuya censura no hacía falta porque ya se encargaba mi hermana de hacer de presentadora de programa de sobremesa. Me dio pena Àngels leyendo en la pantalla del móvil los primeros párrafos de la novela que está escribiendo y siendo felicitada.

Me dieron pena todos los demás que al ser preguntados adónde iban a ir de vacaciones respondieron que a Port Aventura, sobre todo otra autogestora que tenía compuertas como las mías y que se las contenían con una diadema de aeróbic. Lo que duele eso cuando te la quitan, que te salen las compuertas disparadas, que se te chocan en el centro y hasta se te pueden romper.

–De lo que se trata es de ubicar mentalmente, siquiera de forma aproximada, tus caderas, tu bajo vientre, tu pubis, los labios externos de tu vulva, tu periné, tu coxis, tus isquiones, tu ano. Nivel superior es ubicar los labios internos, la vagina…

–Qué interesante lo del calentamiento, Nati, ¿verdad?

Pero como no tenemos mucho tiempo, ¿por qué no nos cuentas directamente eso tan bonito que haces cuando bailas con una pareja? –me toreó Patricia.

Retraje las compuertas para que su orden me penetrara, para evitar mi habitual rebote de los lanzamientos de autoridad, que le habría impactado en toda la cara y le habría hecho trizas las gafas de culo de vaso. Pensar para actuar a largo plazo es una claudicación. Pensar para actuar a medio plazo es una claudicación. Pensar para actuar a corto plazo es una claudicación. Cualquier proyección a futuro es una quimera que nos han inoculado importándola de lo institucional, o sea de lo militar, o sea de lo capitalista, que lo único que consigue es inhibir nuestra reacción inmediata dándole, así, ventaja al agresor, en este caso mi hermana. Y sin embargo heme ahí pensando que esa me la guardaba para cobrármela más tarde en forma de algo.

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