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Carlo Feltrinelli, editor y presidente del Grupo Feltrinelli y dueño en España de la editorial Anagrama y accionista de las librerías La Central.

Carlo Feltrinelli: “El mercado de ideas está en riesgo de sufrir daños graves debido al predominio de plataformas tecnológicas”

WMagazín publica la conferencia que dio el presidente del prestigioso grupo italiano Feltrinelli en la inauguración del IV Foro Edita Barcelona. "Para proteger esta industria del libro del futuro es necesario instaurar un diálogo sano y una relación estable con los sujetos que pueblan el nuevo ecosistema"

Presentación WMagazín Carlo Feltrinelli, presidente del Grupo Feltrinelli y dueño de la editorial Anagrama y accionista de las librerías españolas La Central, fue el encargado de inaugurar el IV foro Edita Barcelona, del 3 al 5 de julio de 2019. WMagazín publica íntegro la conferencia del editor italiano por tratarse de una mirada y análisis de uno de los editores más prestigiosos de Europa sobre el momento actual que atraviesa el ecosistema del libro.

Carlo Feltrinelli (Milán, 1962) habla de qué es ser un editor hoy, cómo las plataformas tecnológicas han cambiado y condicionado el ecosistema del libro o de lo que significa y significará el libro y la lectura. Señala ideas como las siguientes:

  • “Desafortunadamente, ahora el mercado de ideas está en riesgo de sufrir daños graves, si no irreparables, debido al predominio sin precedentes de un número muy pequeño de plataformas tecnológicas”.
  • “Vivimos cada vez más bajo la inminente tiranía de los oligarcas de la tecno-finanzas y capitalismo de plataforma”.
  • “AAP subraya el hecho de que las plataformas tecnológicas dominantes ejercen un poder de mercado extraordinario en los mercados de distribución de los libros y en la búsqueda en Internet”.
  • “La palabra cultura ha sido sustituida por la palabra contenidos y los contenidos son imprescindibles para aumentar las horas de uso de las “nuevas pantallas” a favor de los fabricantes de cacharros electrónicos”.
  • “Para proteger esta industria del futuro es absolutamente necesario hacer que sea capaz de instaurar un diálogo sano y a la par y una relación estable con los sujetos que pueblan el nuevo ecosistema”.
  • “Leer es una acción revolucionaria porque presupone tomarse tiempo para uno mismo, aislándose del zumbido constante que le rodea”.
  •  “El libro sigue siendo la solución más sofisticada y técnica para un desarrollo en profundidad de la cultura”.

Para ampliar la información sobre los temas del Foro Edita 2019 puedes ver los siguientes dos reportajes de WMagazín:

El libro como estrella de la nueva era de la cultura, el ocio y el entretenimiento del mundo analógico y digital.

Juergen Boos: “Hay que aceptar la diversidad, si no la abrazamos la humanidad morirá”.

La siguiente es la conferencia completa de Carlo Feltrinelli en la inauguración del Foro Edita Barcelona 2019:

De la época Gutenberg a la época Zuckerberg

Por Carlo Feltrinelli

Es un gran honor para mí estar aquí hoy y querría agradecer la invitación a los organizadores del Foro Edita.

Hace ya muchos meses los organizadores me pidieron que focalizara mi intervención en las tendencias internacionales y en las nuevas dinámicas de mercado del mundo editorial. Como pasa a menudo, conforme se iba acercando este viaje, me di cuenta de hasta qué punto era un reto, al límite de lo imposible -al menos para mí-, decir algo apropiado sobre este tema, y reconozco que estuve a punto de caer en una crisis de pánico a la hora de preparar esta intervención.  Todo ello por distintas razones: por un lado, y de esto hablaremos en unos momentos, porque estos diez últimos años de la industria editorial podemos verlos como una época de gran tsunami o, en el mejor de los casos, un mundo muy cambiante, cuyas dinámicas resultan difíciles de definir. Por otro lado, porque me considero un hombre de oficio y no un teórico, y porque mi perspectiva está muy vinculada a la realidad específica de la que me ocupa, la marca Feltrinelli, un grupo independiente europeo, uno de los “últimos mohicanos”. Así fue como nos definió una vez Jorge Herralde: un grupo con características y problemáticas propias y muy particulares, siendo un mosaico que incluye editoriales, librerías de diferentes formatos y en diferentes países, una tienda online, un canal de televisión con un perfil cultural, una escuela de narración y humanística contemporánea, una fundación dedicada a la historia y a las ciencias sociales y muchas cosas más.

Naturalmente, no pretendo decir cosas originales ni dar respuestas reveladoras, especialmente ante una audiencia tan competente y puesta al día como esta.

¿Qué significa ser un editor hoy? ¿Es posible afrontar las transformaciones digitales, la desmaterialización del mercado, la evolución de las costumbres de los consumidores, manteniendo un papel activo en la sociedad para alguien cuya labor siempre ha sido producir, distribuir, pensar y comunicar con los libros? Son temas de los que se habla a todos los niveles en cualquier parte del mundo, pero nadie parece haber encontrado la receta adecuada.

“Desafortunadamente, ahora el mercado de ideas está en riesgo de sufrir daños graves, si no irreparables, debido al predominio sin precedentes de un número muy pequeño de plataformas tecnológicas”, dijo María A. Pallante

Digamos la verdad: no es un momento fácil para ser editores, especialmente para aquellos que han entendido esta profesión como algo profundamente vinculado a una idea utópica de progreso. El hecho de que el sentido común entienda “utopía” como sinónimo de fantasía o deseo vano, revela toda su miseria actual, nuestra impotencia para concebir cualquier fin que simplemente se desvíe de la demanda de bienestar individual. Y, además, vivimos cada vez más bajo la inminente tiranía de los oligarcas de la tecno-finanzas y capitalismo de plataforma.

“Desafortunadamente, ahora el mercado de ideas está en riesgo de sufrir daños graves, si no irreparables, debido al predominio sin precedentes de un número muy pequeño de plataformas tecnológicas”, dijo María A. Pallante, presidente y CEO de la Asociación de American Publishers en una declaración la semana pasada. “Para mitigar esta crisis” -continúa Pallante- y proteger el interés público, la AAP insta a la Federal Trade Commision a ejercer una supervisión y regulación muy necesarias, particularmente en las circunstancias donde las plataformas tecnológicas reprimen la competencia y manipulan los resultados de los consumidores.

En su presentación de 12 páginas, AAP subraya el hecho de que las plataformas tecnológicas dominantes ejercen un poder de mercado extraordinario en los mercados de distribución de los libros y en la búsqueda en Internet. Ningún editor puede evitar la distribución a través de Amazon y, a todos los efectos, Amazon dicta los términos económicos con los editores que pagan más por los servicios de Amazon cada año y reciben menos a cambio.

AAP también destaca el importante papel que las plataformas desempeñan para facilitar las transacciones de libros no autorizados. El enfoque de Amazon a su librería virtual permite “falsificación generalizada, productos defectuosos y comentarios falsos que degradan la experiencia del consumidor y disminuyen los inventivos de los autores y editores para crear nuevas obras y llevarlas al mercado”.

Con respecto a la búsqueda, AAP señala que el dominio completo e intocable de Google es altamente problemático “porque su modelo de negocios es en gran medida indiferente a si los consumidores llegan a productos legítimos o pirateados”.

En total, AAP señala a la FTC cinco áreas principales de preocupación:

  • Plataformas que ejercen un poder de mercado extraordinario en los mercados de distribución y búsqueda en línea.
  • La amenaza a la competencia cuando las plataformas actúan como productores y proveedores de los mercados donde operan.
  • La imposición por parte de las plataformas de disposiciones de paridad que reprimen la competencia, la entrada en el mercado y la innovación.
  • El uso de plataformas de algoritmos de búsqueda no transparente e instrumentos de descubrimientos manipulados que facilitan la infracción y engañan a los consumidores.
  • Vinculación, por parte de las plataformas, de los servicios de distribución con la compra de servicios de publicidad.

No creo que los editores estadounidenses se hayan expresado nunca con una posición común tan radical y llena de preocupaciones, como en esta declaración.

Bromeando, podríamos decir que hemos pasado de la época Gutenberg a la época Zuckerberg. Los partidos políticos han perdido el poder de movilizar y orientar el pensamiento. La televisión generalista del Estado ha perdido terreno que le ha ido ganando otras formas de disfrute

Para volver a consideraciones más generales, la percepción que tienen todos los editores es que el disfrute de libros está disminuyendo más o menos constantemente, incluso en países con mercados tradicionalmente fuertes como Alemania y Francia.

Me ha impresionado una reciente entrevista a Antoine Gallimard que, desde su observatorio tan sólido y prestigioso, ha declarado antes del Salón del Libro de París de este año que “se tiene la sensación de que el libro está perdiendo su papel”. Difícil no culparle.

Repasemos un poco la historia, aunque sé que les diré cosas que ustedes saben bien.

Fue a partir de la Segunda posguerra cuando el libro empezó a desempeñar un papel cada vez más importante en la formación cultural de las clases dirigentes; en la elaboración y difusión de ideas políticas y sociales; y en la formación del imaginario colectivo o de puntos de referencia metafóricas y simbólicas ampliamente compartidos. Esta función del libro fue creciendo gracias a la formación de una industria editorial cada vez más variada y organizada, con capacidad de dirigirse a un número cada vez más alto de lectores. La industria editorial creció y se reforzó en un “ecosistema” formado por una serie de sujetos con capacidad de activar ideas y sentimientos en segmentos importantes de la sociedad: los partidos políticos de masa que inculcaban ideas de sociedad y de futuro; la influencia de la televisión (y la radio) generalista, transmitiendo sentimientos e imágenes del mundo; los grandes periódicos, que dictaban la agenda y los temas  de relevancia de la clase dirigente; las librerías, que constituían lugares de encuentro y fuentes de información para determinada clase de población más cultivada. Con todos estos sujetos  -partidos, televisión, periódicos, librerías (a los que en algunos países podría añadirse la Iglesia, por ejemplo en Italia)- la industria editorial tenía fuertes relaciones de simbiosis e intercambio. Y dentro de este ecosistema el libro ocupaba una posición central.

En los últimos diez o quince años este ecosistema se ha ido progresivamente disgregando, llegando a ser sustituido por un ecosistema totalmente diferente. Bromeando, podríamos decir que hemos pasado de la época Gutenberg a la época Zuckerberg. Los partidos políticos han perdido el poder de movilizar y orientar el pensamiento. La televisión generalista del Estado ha perdido terreno que le ha ido ganando otras formas de disfrute (primero llegó la televisión comercial, después el modelo vía satélite, hoy tenemos Netflix,…). Los grandes periódicos ostentan cada vez menos el monopolio de las noticias y han perdido la capacidad de dictar la agenda de la clase dirigente. Las librerías son cada vez más débiles y se ven seriamente amenazadas por el modelo Amazon. Simplificando y abreviando, se puede decir que la tendencia de un joven de hoy es no pertenecer a un partido, no ver televisión generalista, no leer periódico y no entrar en una librería. Por el contrario, sigue movimientos y campañas específicas, ve series de televisión en el ordenador, se informa a través de redes sociales o network y compra libros en Amazon.

El significado histórico de la revolución informática y digital ha modificado radicalmente la manera que teníamos de comunicarnos y de compartir ideas. Innovación es lo improbable y lo inexplorado que irrumpe tanto en la realidad como en las relaciones sociales. Una de las características de nuestro tiempo es la pérdida de confianza en los círculos de competencias. Como decía Umberto Eco, los sistemas de competencia han colapsado. La digitalización ha facilitado el acceso al conocimiento, a nuevos mercados o a una gran cantidad de información, la palabra cultura ha sido sustituida por la palabra contenidos y los contenidos son imprescindibles para aumentar las horas de uso de las “nuevas pantallas” a favor de los fabricantes de cacharros electrónicos. La innovación tecnológica ha contribuido, entre otras cosas, a poner en tela de juicio esa idea tan arraigada de que e libro -sobre todo en la forma que tuvo a partir de Gutenberg- pueda considerarse insustituible. No cabe duda de que, en este contexto, la llegada del digital afecta plenamente a la relación interactiva entre un sujeto (el lector o el autor) y un objeto (el texto destinado a la lectura). Una relación que, por supuesto, es mental pero también, por mucho que se nos olvide, es física, corporal. Se suele infravalorar este aspecto en el proceso de lectura. Es evidente que la naturaleza de un texto electrónico forma parte de una realidad muy diferente, que todavía está por evaluar y estudiar. Cuando en el 2017 el eBbook hizo su aparición entre la gente, se pensó que iba a ser el futuro del mundo editorial. Los más entusiastas, incluso, se atrevieron  a profetizar la desaparición del libro de papel: que si eran difíciles de transportas, que si ocupaban mucho espacio etc… Los libros digitales, en cambio, cambian a decenas en un pequeño aparato más pequeño que un tablet, ligero y con una pantalla que facilita la lectura. Como casi siempre suele ocurrir, la profecía no se cumplió: a diez años del lanzamiento del eBook es verdad que se ha hecho con un espacio, pero no ha triunfado como se esperaba, especialmente en los países como Alemania, Francia, España e Italia. Pero también en los Estados Unidos, según los datos de 2017, la venta de libros electrónicos después de un crecimiento constante durante algunos años, volvió al mismo nivel de 2011. Una vez agotado el efecto novedad, los porcentajes de lectura trámite eBook se están reduciendo y la gente está regresando al libro tradicional. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué en un momento dado la carrera del eBook se detiene y comienza la bajada? Los editores americanos tienen una idea muy clara: “Es la consecuencia del cansancio digital -explican en la AAP- hoy las personas pasan muchas horas delante de una pantalla, con lo que prefieren volver al papel cuando lo que quieren es relajarse y leer”. La superación del libro digital al de papel ha dejado de ser una hipótesis, al menos a corto plazo, y el ejemplo de esta parábola del eBook nos explica bien lo inescrutable que es este mundo. Los más optimistas, entre los editores, argumentan que el libro de papel, a diferencia de lo que ocurre con los periódicos, ya ha pagado el precio más alto del impacto de la revolución digital.

Yo, la verdad, no lo sé.

Para proteger esta industria del futuro es absolutamente necesario hacer que sea capaz de instaurar un diálogo sano y a la par y una relación estable con los sujetos que pueblan el nuevo ecosistema

A pesar del desmoronamiento del ecosistema al que hice referencia anteriormente, estoy convencido de que el libro no ha perdido su función, que sigue manteniendo un papel importante tanto en la formación como en el disfrute de segmentos más o menos constantes de población y que sigue siendo el vehículo que hace posible la continuidad cultural. El libro ha demostrado ser un objeto que resiste dentro de la revolución que está teniendo lugar en los medios de comunicación, sigue siendo un mecanismo de intermediación. El libro, además, cualifica por ser un producto de un determinado autor y al mismo tiempo el autor es cualificado por el determinado editor que lo publica. Esto no puede ser sino motivo de satisfacción para quien trabaja en el sector de la industria editorial. Sin embargo, para proteger esta industria del futuro es absolutamente necesario hacer que sea capaz de instaurar un diálogo sano y a la par y una relación estable con los sujetos que pueblan el nuevo ecosistema: los grandes player de la red, los protagonistas de los movimientos sociales productores de series de televisión, el mundo del comercio online, son ahora interlocutores importantes e imprescindibles. También dentro de este nuevo ecosistema -que está cambiando drásticamente costumbres sociales, comerciales y culturales- el libro puede mantener una centralidad propia y construir un propio futuro. Todo depende no ya del destino, sino de la inteligencia, de la clarividencia y de la fantasía que ponga en la industria editorial.

Quizás Gutenberg y Zuckerberg pueden formar parte de la misma aventura de progreso, siempre que logremos poner en el centro de nuestra discusión pública lo que nos hace personas: comprender nuestro mundo, cultivar los dones humanos, la cultura y el espíritu crítico.

Hablando de fantasía, quisiera contarles un caso que me impresionó mucho: el asunto de la editorial E/O de Roma y de su proceso de internacionalización. Sandro Ferri y Sandra Ozzola fundaron en 1979 esta pequeña editorial que al principio estuvo especializada en la publicación de literatura proveniente del este de Europa. Sus primeros éxitos fueron Christa Wolf y Bohumil Hrabal. La editorial se ha distinguido a lo largo de los años por una producción de calidad, y se ha ido abriendo, poco a poco, a la literatura proveniente de otras áreas geográficas, pero sin descuidar el número de títulos publicados, que siguen siendo unos cuarenta al año. En el 2005, E/O abrió una editorial en Nueva York, la Europa Editions, con la idea de importar y traducir literatura europea en un país en el que el porcentaje de libros no americanos que se publican está entre el 3% y el 6%. Pues bien, nuestros amigos de E/O consiguieron llevar a cabo su proyecto editorial presentándose como un editor con un perfil muy claro y definido, haciéndose hueco entre los editores independientes, convirtiéndose en el tercer editor estadounidense por número de traducciones y ganándose la atención de los grandes medios empezando por el New York times. En 2016 Europa Editions, una editorial en la que trabajan cinco personas, alcanzó una facturación de diez millones netos de dólares, aprovechando el éxito mundial de Elena Ferrante cuyo lanzamiento en Italia lo hizo precisamente E/O.

Me parece un proyecto muy acertado de internacionalización, fuera de los típicos esquemas de las grandes corporaciones editoriales que compran espacio de mercado, adquiriendo sellos editoriales.

Quisiera hablarles ahora, y concluir con ello mi intervención, de una aventura que me toca muy de cerca y que tiene que ver con la adquisición de Anagrama. También este proyecto queda fuera de los esquemas típicos de las adquisiciones editoriales, ya que Feltrinelli es más un editor independiente que un gran grupo. Y ello ha sido posible porque Anagrama y Feltrinelli son dos editoriales que presentan muchas afinidades (también tienen muchos autores en común) y tiene el legado de una historia maravillosa. Con Jorge Herralde, Inge Feltrinelli mantuvo una larguísima y muy afectuosa relación de amistad, y yo tengo el mismo privilegio. Una vez más quiero agradecerle la confianza que ha depositado en mí.

El catálogo editorial de Anagrama es fruto de una obsesión intelectual y de un trabajo apasionado que siempre ha contado con mi más profunda admiración, por otro lado, cuando nació Anagrama en el 1969 encontró inspiración en la radicalidad de Feltrinelli. Nuestra colaboración, por tanto, nace de una fuerte afinidad y de una comunidad de visiones intelectuales y políticas. Pondremos a su disposición toda la experiencia de Feltrinelli para reforzar aún más la estrategia de Anagrama, colaborando con Jorge y con todo el equipo editorial que hoy dirige la estupenda Silvia Sesé.

Celebramos con Jorge Herralde los 50 años de Anagrama con un convencimiento: hoy más que nunca hay un espacio no intercambiable para una labor editorial que tiene como sustento una pasión innegociable por la literatura y el pensamiento crítico. La Anagrama que sigue on the road continúa animada por un proyecto audaz y antisolemne, decididamente alérgico a la banalidad y a la uniformidad. Es una contraseña que los lectores de España y de Latinoamérica reconocen muy bien.

Leer es una acción revolucionaria porque presupone tomarse tiempo para uno mismo, aislándose del zumbido constante que le rodea.

Para concluir esta intervención, no sé si habré respondido bien a los temas que me dijeron que tratara, al menos espero haberles dado algún elemento de inspiración. En resumen, podría decirles solo cuatro cosas:

La primera: que en una época en la que nos pasamos conectados a todo y con todos las 24 horas del día, con miles de mensajes que nos bombardean cada minuto, leer es una acción revolucionaria porque presupone tomarse tiempo para uno mismo, aislándose del zumbido constante que le rodea.

La segunda: el libro sigue siendo la solución más sofisticada y técnica para un desarrollo en profundidad de la cultura.

La tercera: las librerías siguen siendo un lugar necesario y el mejor posible para permitir una mirada a lo contemporáneo. En Internet puedo encontrarlo todo, pero el atractivo de las estanterías de una librería bien surtida no tiene parangón. Es una cuestión que me interesa sobremanera, dada nuestra participación en las librerías La Central aquí en Barcelona.

La cuarta: las editoriales, con especial referencia a las más temerarias y de calidad, son las proteínas nobles esenciales de un sistema cultural.

En nuestra época “Retrotopía” -para citar a Zygmunt Bauman- de necesidades inducidas, de creaciones algorítmicas sofisticadas y de pasiones tristes en sociedades aparentemente saturadas, el trabajo editorial, vinculado a fuertes convicciones, a curiosidades no provinciales, al sentido de la lucha y al gusto por el descubrimiento, sigue siendo una moneda preciosa y esencial.

Si, como dije antes, hoy se entiende la palabra “utopía” como algo irrealizable, la realidad es que siempre este concepto ha sido parte de nuestra historia no como una fantasía sino como algo posible. Creo que la posibilidad de generar utopía aún depende mucho del mundo de los libros. Para hacer esto, necesitamos luchadores como Inge Feltrinelli, que ha dedicado su vida a los libros y a la promoción de librerías, o como mi amigo Jorge Herralde, con quien celebramos, llenos de orgullo, medio siglo de su brillante editorial este año.

Muchas gracias.

  • Carlo Feltrinelli es editor y presidente del Grupo Feltrinelli y dueño en España de la editorial Anagrama y accionista de las librerías La Central.
  • El IV Foro Edita Barcelona, del 3 al 5 de julio de 2019, fue organizado por el Gremio de Editores de Cataluña y la Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra. Sus codirectores son Patrici Tixis Padrosa, presidente del Gremio de Editores de Cataluña y de la Cámara del Libro de Cataluña y director de Comunicación Corporativa del Grupo Planeta; Javier Aparicio Maydeu, catedrático de Literatura Española y Comparada y creador y director del Master en Edición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona School of Management; y Sergio Vila-Sanjuán Robert, responsable del suplemento Cultura/s de La Vanguardia y escritor. Como presentador estuvo Toni Iturbe, periodista, escritor y director de la revista literaria Librújula.

 

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